Reporte Católico Laico

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El chofer que traicionó a Frei Montalva

El chofer que traicionó a Frei Montalva

Por 20 años, Luis Becerra fue un hombre de confianza de Eduardo Frei Montalva. Lo acompañaba a reuniones privadas e iba a buscar a sus hijos al colegio. Lo que todos ignoraban es que trabajaba como informante para la CNI y -según el reciente fallo del juez Madrid- fue una pieza clave en su homicidio. Esta es la historia de una traición y de un secreto guardado.


– ¿Es verdad que trabajaste para la CNI? Andrés Zaldívar decidió interrogar sin rodeos a Luis Becerra, su chofer. Era el comienzo de la Semana Santa de 2004. El entonces presidente del Senado iba a descansar al campo, pero antes necesitaba aclarar las cosas. La periodista Mónica González le había dicho que Becerra tenía una doble vida como informante de la CNI y que espió a dirigentes de la DC durante el régimen militar.

El chofer se descompuso. Le confesó a su jefe que lo habían amenazado y que la vida de su hija corría peligro. Por eso había aceptado el trabajo. Le aseguró que solo había pasado información poco relevante, datos de conocimiento público y que no ponían en riesgo la vida de nadie.

Lo que Becerra ocultó es que -según establecería el juez Alejandro Madrid, quien indagó el presunto homicidio del expresidente Eduardo Frei Montalva con quien había trabajado por 20 años- había tenido un rol clave en el deceso del exmandatario.

Andrés Zaldívar no estaba convencido de sus respuestas.

– ¿Y por que nunca me lo dijiste después de tantos años?

El chofer no supo qué responder. Fue el último día que trabajaron juntos.

Luis Becerra fue condenado por Madrid a 7 años de cárcel por ser el coautor del homicidio de Frei Montalva. El juez concluyó que había pasado información para cometer el homicidio en contra del expresidente.

El chofer había logrado mantener ese secreto por años.

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Becerra nació el 21 de marzo de 1933 en Rancagua. Fue militante DC, dirigente social y ha vivido casi toda su vida en Lo Prado. A los 31 años llegó a la casa de los Frei Montalva, en calle Hindenburg, Providencia, donde trabajó de mozo y chofer. Tenía que hacer el aseo en el primer piso, servir la comida, acompañar a la cocinera a comprar verduras, atender el teléfono y a las visitas que llegaban.

Con el tiempo se volvió el hombre de confianza de Eduardo Frei Montalva. Lo acompañaba a reuniones privadas. Podía circular en todos los lugares de la casa sin problemas y servía el té a sus patrones.

La relación era tan estrecha que Becerra jugaba fútbol con los hijos de Frei Montalva en los patios de La Moneda cuando su jefe era el Presidente de la República.

“Nunca le tuve confianza porque lo encontraba muy patudo y además se jactaba de ser la mano derecha de don Eduardo Frei Montalva. Decía que le contaba cosas íntimas de la familia. No creo que haya sido tan así. Muchas veces le llamé la atención por hablar cosas que no correspondían”, declaró en la investigación de Madrid Carmen Valenzuela, enfermera de Frei.

“Era muy servil, aunque suene fuerte la palabra”, recuerda Marta Larrechea.

Cuando Frei Montalva asumió como presidente del Senado, en 1970, designó a Becerra como su chofer oficial, incorporándolo a la planta de funcionarios del Congreso. El vehículo que manejaba era un Mercedes Benz 280, uno de los más modernos de la época.

Pasaba a buscar a los nietos del expresidente al colegio. Los tomaba de la mano y los llevaba a la casa.
Un día después del Golpe Militar, Becerra viajó junto a la familia Frei Montalva a La Serena. El clan decidió que estaban más seguros lejos de Santiago. El chofer, sin embargo, debió regresar por un llamado de Carabineros. Debía presentarse en la Base Naval de Quinta Normal. Después de eso quedó como chofer de una unidad de Telecomunicaciones.
Según consta en el expediente del caso, Becerra declaró que trabajando para la Armada salió a hacer patrullajes, pero que nunca siguió ni detuvo a personas.

Luego se compró una camioneta y mantuvo el contacto con los Frei Montalva. Iba a la casa a vender frutas y verduras. La familia siempre lo ayudó para encontrar trabajo estable.

En 1976, Becerra declara que fue detenido y torturado por 20 días. Lo interrogaron para pedirle información sobre Frei Montalva y lo amenazaron con detener a su hija, quien era pareja de un militante de izquierda. Cuatro años más tarde, en julio de 1980, fue contactado por agentes de la CNI. Le dijeron que podían proteger a su hija a cambio de información. El chofer se quebró y aceptó el trabajo por 50 mil pesos de la época.

 

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¿Qué opina usted de Luis Becerra?
– Para toda la familia ha sido el emblema de la traición.

Marta Larrechea, ex primera dama y nuera de Eduardo Frei Montalva, responde rápido y de manera enfática. No tiene dudas al repasar la historia del chofer de la familia Frei. El mismo hombre que traicionó la confianza y el cariño de años.

-Todos nos acordamos con mucha rabia de él.

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La última vez que Luis Becerra vio a Eduardo Frei Montalva fue el mismo día en que el expresidente ingresó a la Clínica Santa María para operarse de una hernia, el 4 de diciembre de 1981.

Había ido a la casa en Hindenburg para vender frutas y verduras. Lo recibió Frei Montalva, quien le contó que debía someterse a una intervención quirúrgica.

Ahí empiezan las versiones cruzadas. Becerra ha dicho que nunca más tuvo contacto con su exjefe tras la operación, pero miembros de la familia aseguraron en la investigación que lo vieron en la clínica por esos mismos días.
El chofer ya llevaba un buen tiempo trabajando para la CNI. Era un informante clave por su cercanía con la familia del expresidente.

Cuando Frei Montalva murió, el 22 de enero de 1982, un miembro de la familia llamó a Becerra. Le pidió que fuera de inmediato a la casa. No había nadie y necesitaban a alguien de confianza que recibiera las condolencias de conocidos y autoridades políticas.

Ese día, el infiltrado de la CNI acompañó a la familia en su duelo. Lloró la muerte de su exjefe y dio el pésame.
La investigación judicial concluyó que el chofer había pasado información necesaria para cometer el homicidio.

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Becerra siguió visitando la casa de los Frei Montalva de manera habitual. Era parte de la familia. María Ruiz-Tagle, la viuda, le regaló un espejo antiguo de mucho valor.

“Un día vimos ese mismo espejo en una entrevista que le hicieron por televisión a Becerra. En su casa. Ese espejo debería estar ahora en un museo”, reclama Marta Larrechea.

Los favores para el chofer siguieron. La señora “Maruja” le pidió a Zaldívar que lo contratara . Con el exsenador Becerra trabajó durante 12 años en el Congreso. Solo la revelación de su pasado como informante de la CNI hizo que rompieran su relación laboral.

Algunos cercanos recuerdan que Becerra tuvo problemas con otros choferes del Congreso mientras Zaldívar era presidente del Senado. El exinformante de la CNI pensaba que tenía la misma autoridad que su jefe y trataba de mandar al resto.
Eduardo Frei Ruiz-Tagle contrató al hijo de Becerra para que trabajara como su chofer. Eso también fue un pedido personal de María Ruiz-Tagle, su madre.

“Un día se fue a otro trabajo. Nos enteramos que llegó ahí diciendo que lo habíamos recomendado nosotros. Cosa que era falsa”, recuerda Marta Larrechea.

El contacto entre Luis Becerra y la familia Frei terminó cuando se supo su pasado vinculado a los servicios de seguridad. Todos presagiaron inmediatamente sobre su rol en el homicidio de Frei Montalva.

Andrés Zaldívar también empezó a sospechar. Recordó que muchas veces fue seguido en la calle por agentes de la CNI. Una vez incluso le tiraron una bolsa con excremento.

En todas esas ocasiones iba acompañado por el chofer.

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Luis Becerra tiene hoy 85 años. Sus días los pasa encerrado en su casa en calle Los Copihues, en Lo Prado. Sus vecinos, también gente mayor, lo conocen bien.

Por años fue presidente de la junta de vecinos. Quienes han tratado con él aseguran que es una persona muy amable. Un dirigente social reconocido.

En el barrio quedan pocas personas que confían. Saben del pasado que por años trató de ocultar y que hoy -en primera instancia- lo condena a 7 años de cárcel.

9 de febrero de 2019.

Fredi Velásquez y Leslie Ayala – La Tercera /America 2.1