Comunicados de los obispos de Bolívar, Cojedes, Tucupita, Táchira y El Tigre: lo cuentan todo

Bishop mitre and crosses. Seamless backdrop. Vector illustration. Catholic symbols
Comunicado al pueblo de Dios que peregrina en nuestra Iglesia bolivarense en la actual crisis
social, política, económica y humanitaria que vive el pueblo venezolano:
*“NO TENGAS MIEDO, PUES YO ESTOY CONTIGO PARA LIBRARTE”… JR 1,8*
El Arzobispo y el presbiterio de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar, en nuestra condición de
pastores del pueblo de Dios, movidos por una creciente preocupación, levantamos nuestra
voz para denunciar la trágica situación que sufrimos, sin distinción de pensamiento, credo o. ideologías, al tiempo que expresamos nuestra angustia ante la violación constante de los
derechos humanos que socavan la dignidad de la persona:
1. En el Estado Bolívar se sufre, al igual que en el resto del país, el deterioro
progresivo y acelerado de la calidad de vida del pueblo Venezolano: el alto costo
de la vida producto de la hiperinflación sin precedentes, la carencia de alimentos y
medicinas, el deficiente servicio de transporte público y sistema de salud, la
precaria y humillante distribución de los servicios básicos. El crecimiento desbordante
del hampa y el manejo de nuevas formas autoritarias de control social, promovidos
por el Estado, ha generado mafias y pranatos bajo el seudónimo de “colectivos,
sistemas o sindicatos”. Agravan estos problemas la presencia de la guerrilla
colombiana y la injerencia cubana en los estamentos del Estado.
2. El llamado Arco Minero del Orinoco, hábitat de las distintas etnias indígenas, en
lugar de constituir un factor de progreso, se ha convertido en instrumento de
corrupción, deterioro y destrucción del medio ambiente, fomentando la propagación
de la malaria, el dengue y otras enfermedades que habían sido erradicadas. La migración de personas desde las ciudades hacia las minas conlleva la deserción
escolar y riesgos para sus vidas, por las inexistentes condiciones de seguridad y sanidad.
3. Los pueblos originarios, que fueron bandera política del régimen, hoy son los más desasistidos, humillados y violentados en sus derechos humanos. Como Iglesia Misionera, nos hacemos solidarios y seguimos al lado de nuestros hermanos
indígenas, que han sufrido la muerte y desolación en las últimas semanas a consecuencia de querer proteger el ingreso de la ayuda humanitaria tan necesaria
para el país. Elevamos nuestra sentida oración a Dios por estos hermanos que han sido víctimas de la dictadura que hoy impera en Venezuela.
4. No podemos olvidar el importante papel que juegan las empresas básicas en el contexto económico venezolano. Fueron concebidas como fuente de desarrollo
integral para la nación. Hoy vemos con tristeza cómo en las últimas dos décadas, la incapacidad gerencial, la politización, y la falta de inversión ha destruido progresivamente nuestras empresas del hierro y el aluminio llevándolas a la debacle, con niveles mínimos históricos de producción y cierres técnicos.
5. El Estado Bolívar posee el más grande recurso hidroeléctrico del país, que provee cerca del 80% de la energía al territorio nacional. Venezuela depende del correcto funcionamiento de sus centrales hidroeléctricas y sus redes de distribución. Desde hace más de 12 años y muy especialmente en los últimos días, hemos sido testigos de la incapacidad del régimen a la hora de afrontar crisis eléctricas que son
producto de su propia falta de gerencia y desidia. Una industria eléctrica abandonada, deteriorada y convertida, como todas las empresas del Estado, en un brazo político del partido del régimen, ha generado un colapso cuyas consecuencias
seguimos sufriendo en este momento los venezolanos. El país se ha quedado a oscuras: apagones en el territorio nacional por más de 5 días, han afectado
hospitales y clínicas, servicios públicos, comunicaciones, actividades bancarias,
paralizando el país como nunca antes en su historia. Ha muerto un número significativo de ciudadanos al no recibir la atención médica necesaria por falta de
energía eléctrica.
6. El responsable de esta situación es el régimen que busca culpables donde no los hay para evadir el desastre que ha propiciado. Son momentos cruciales para la nación, los venezolanos exigimos un cambio urgente que conduzca al país por el camino del progreso y la paz, en justicia y democracia. Los bolivarenses nos unimos al reclamo nacional para una transformación absoluta en la estructura del gobierno y que cese
de una vez el secuestro del poder por parte de aquellos que se aferran a él, a costa del sufrimiento, humillación y muerte del pueblo.
7. Invitamos a las FANB a ponerse de parte del pueblo, haciendo cumplir la Constitución. A su vez, exhortamos a los distintos Organismos de DDHH para que
investiguen y denuncien estos crímenes. Pedimos a la Comunidad Internacional para
que velen por el ingreso de la ayuda humanitaria, tan necesaria para aliviar el. sufrimiento del pueblo.
8. En este tiempo de cuaresma que estamos transitando, invitamos al pueblo de Dios a orar y convertirse. Desde las Cáritas Parroquiales llamamos al servicio, abriendo nuestro corazón al hermano, viendo en cada uno de ellos el rostro sufriente de
Cristo, quien al final de los tiempos nos juzgará sobre el amor. Que Nuestra Señora
del Valle, patrona de nuestra Arquidiócesis, nos ayude a trabajar en la transformación de la realidad temporal a través de los valores que identifican la instauración del Reino de Dios.
Con nuestra bendición:
+Mons. Ulises Gutiérrez
Arzobispo de Ciudad Bolívar
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San Carlos, 12 de marzo de 2019
Comunicado de Monseñor Polito Rodríguez Méndez, en comunión con el Presbiterio, al pueblo de Dios que peregrina en Cojedes.
En mi condición de Obispo de la Diócesis de San Carlos, me dirijo al pueblo de Dios que peregrina en Cojedes,  ante la situación económica, política, social y de manera especial ante el mega apagón ocurrido en los últimos días; inspirado en la Palabra del Señor que dice:
“DIOS ESCUCHA EL CLAMOR DE SU PUEBLO OPRIMIDO…” (Dt 26,7)
1. Desde que llegué al Estado Cojedes, en junio de 2016, como obispo de la Diócesis de San Carlos, he venido escuchado con insistencia el clamor del pueblo oprimido que pastoreo, he sido testigo de sus miserias y sufrimientos, de sus vejaciones e injusticias, de su silencio y paciencia,  pero también de sus anhelos y esperanzas, de su cercanía y lealtad, de su coraje y de sus ansias de liberación.
2. Durante las frecuentes visitas a las parroquias y comunidades  y los frecuentes encuentros con ellas he presenciado situaciones de pobreza y miseria,  dolor e impotencia,  injusticia y explotación. Frente  a todo esto he sido prudente en mis pronunciamientos.  Sin embargo, ante el apagón eléctrico  ocurrido en  todo el país,  entre el 7 y el 11 de marzo del año 2019,  no puedo quedarme callado. Ese hecho y las graves consecuencias que de él se derivan, me han  llevado a fijar,  públicamente, una posición clara y firme.
3. No pronunciarme ante este nefasto acontecimiento sería ir en contra de  la misión que me ha sido encomendada por  el Señor y su Iglesia, de iluminar y acompañar a la grey que me ha confiado, siendo  mensajero de la verdad, defensor de la justicia, abogado de los pobres,  ante  el  clamor de un pueblo oprimido, que grita libertad y que busca su liberación.  Callarme en esos trágicos momentos  me  haría  ser cómplice de la mentira, apoyador de la injusticia, tolerante con la represión y aliado del opresor.
4. Venezuela hoy   enfrenta  la peor crisis  humanitaria  de su historia republicana, observo cómo  se  violan los derechos humanos  impunemente, su esencia:   la libertad y la igualdad han sido desconocidos por quienes gobiernan a su real saber y entender , sin  tomar en cuenta  ni respetar  esas condiciones, movidos por  ideologías que ya  en el mundo se demostró que  son contrarias al derecho y a la condición humana  , la calidad de vida  de las personas   se ha deteriorado cada día  más, hay un desgaste progresivo y acelerado   de las condiciones morales,  materiales y psicológicas de   las personas , producto de la hiperinflación  e improductividad;  la carencia de servicios públicos  esenciales  que garanticen  el  derecho a  la vida, la  salud,  la alimentación , la seguridad personal y de los bienes,  la libertad de pensamiento, la libertad de expresión , la libertad de tránsito,  el derecho a la propiedad, la protección a la familia ,  el derecho a vivienda digna  , el derecho a un entorno sano y apacible.
5. Las consecuencias de este trágico fallo energético son múltiples,  incluso han  traído consigo la pérdida de vidas humanas. En los centros hospitalarios y de salud  se puso en riesgo la vida  de los pacientes  que estaban en los quirófanos y/o en unidades de cuidados intensivos, de los niños que permanecían en incubadoras y de los enfermos cuya vida dependía del funcionamiento de aparatos eléctricos que dejaron de funcionar tras el apagón. Cabe destacar también, que la falta de energía  eléctrica  destruye la poca cantidad de medicamentos que requieren de una cadena de frio.
6. La carencia de electricidad  impidió laborar a pequeñas empresas y comercios ocasionando  cuantiosas pérdidas al comercio local   Durante la noche las calles estaban totalmente oscuras, facilitando la actividad de  la delincuencia.  Los vehículos no podían abastecerse de combustible, porque  las  gasolineras estaban cerradas, ello incidió en la  mala prestación del servicio de transporte.
7. Gran parte de la población dejó de recibir agua potable, porque las plantas de tratamiento no siguieron bombeando debido a la falta de electricidad. Hemos sido testigos de personas que se han bañado o recogido agua en ríos y canales con aguas contaminadas. Los escasos alimentos que tenían algunas familias en sus neveras, algunos se perdieron, otros  tuvieron que consumirlos rápidamente o regalarlos  antes de que se dañaran.
8. En medio de esta  grave situación quedó demostrado que la solidaridad es un valor cultural de los venezolanos  que se activó en estos momentos. Los intercambios  y regalos de alimentos entre familiares, amigos o vecinos ha sido constante
9. Como corolario necesario  del panorama descrito  concluimos   que estamos en  presencia de un ESTADO que no  está cumpliendo con los cometidos   que le  están encomendados en  la  Constitución Nacional , viola y niega  los postulados contenidos en el Articulo 2 sobre los principios fundamentales del Estado Venezolano, razón por la cual  el pueblo que es víctima de tanta ineficiencia e indiferencia. Consciente de  su derecho considera que es hora de cambiar  y así se expresa  en las multitudes que  frecuentemente  se lanzan a las calles a manifestar su insatisfacción y su descontento, en forma pacífica, es una especie de catarsis a su angustia y desesperación ,  pretendiendo   que quienes ostentan el poder, comprendan que el pueblo ya no les apoya en sus propuestas  cargadas de injusticia, desigualdad, privilegios para aliados y afines y    miseria y desolación para  quienes piensan distinto.  Se ha impuesto y generalizado una especie de esclavitud   ideologizada que  solo ha conseguido  nutrir las  ambiciones desmedidas  de quienes ostentan el poder  a expensas del sufrimiento, la pobreza y la muerte de inocentes, que en muchos casos  incluso vienen de sus propias filas y descubren tarde  que  fueron  víctimas de una oferta engañosa.
10. Las consideraciones que anteceden van en contra de la conciencia humana como lo dice el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) en el numeral 1776: “En lo más profundo de su conciencia el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena cuando es necesario, en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal”
11. El pueblo  requiere  volver al trabajo productivo, bien remunerado, que su salario le alcance para sustentar a sus familias, que haya disponibilidad de los  bienes y servicios básicos que permitan  disfrutar de una mejor  calidad de vida, que se supere  la pobreza y la miseria  en que se encuentra sumido.
12. Como Pastor responsable de esta Iglesia diocesana  que  solidariamente vive y sufre con sus fieles todas las  calamidades que le aquejan,  ratifico, que la iglesia estará siempre junto a  los  hermanos oprimidos;  es nuestro deber como  bautizados y seguidores de Cristo: denunciar  todo aquello que vaya en contra de la dignidad de la persona humana.
13.  A los políticos  les pido que  prioricen el interés del colectivo por encima de sus intereses individuales y a los militares que vuelvan al honorable rol que les espera en  los cuarteles y dejen la vida civil para los civiles.
14. A nuestros hermanos  de  la comunidad internacional, vecinos del mundo, que  conocen nuestros padecimientos y conocen la flagrante violación de los derechos humanos en Venezuela, incluso mejor que nosotros por cuanto gozan de libertad de prensa, les pido una participación más  contundente y  concreta.
15.  Los venezolanos esperamos que la ayuda humanitaria se   materialice en el corto plazo, pues la agonía de este pueblo que sufre y  le duele, va cada día dejando victimas mortales en este   camino al calvario que  estamos transitando  y que  no se vislumbra  solución  consensuada por falta  de   voluntad política   en quienes  ostentan caprichosamente el poder y se niegan a abrir paso hacia la libertad y la democracia.
16. En esta hora aciaga  de la historia venezolana, es necesario que nos unamos para salvar la patria. La crisis del país es de tal magnitud que ningún grupo solo puede acabar con ella. Para superarla es imprescindible que todos los venezolanos, sin excluir a  ninguno, participemos en la construcción de la Venezuela que queremos. Venezuela ha llegado al caos. Está tan destrozada que sólo un gobierno de unidad nacional  con capacidad gerencial e impregnada de ética y la moral será capaz de emprender las acciones necesarias para reconstruirla y lograr la paz y el bienestar de todos.
Encomendamos  a la Divina Pastora, Patrona de nuestra Diócesis, interceda por nosotros ante su Hijo, para  que logremos  alcanzar la paz, la libertad, rescatemos la democracia  y seamos firmes en la fe
Con mi bendición
+ Polito Rodríguez Méndez
Obispo de San Carlos
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COMUNICADO
VICARIATO APOSTÓLICO DE TUCUPITA
EDO. DELTA AMACURO
12 de marzo de 2019
“He venido para que tengan vida, y vida en abundancia”
​Queridos hermanos y hermanas, cristianos católicos, hombre y mujeres de buena voluntad,
saludos fraternos de Paz y Bien!
Me dirijo a ustedes, como Pastor de esta iglesia que peregrina en el Vicariato Apostólico de Tucupita, preocupado y alarmado por los últimos acontecimientos suscitados en amplias zonas del territorio nacional a causa de la interrupción del servicio eléctrico, causando sobresalto, sufrimiento, angustia e inseguridad al pueblo a quien servimos desde el Evangelio.
Como a Jesús de Nazaret, también hoy se nos conmueven las entrañas a compasión  viendo la indefensión y la tragedia de tantas hermanas y tantos hermanos nuestros a quienes acompañamos y confortamos según nuestras posibilidades.
QUÉ VEMOS
Vemos y estamos experimentando situaciones muy trágicas, que van más allá de un juego político, situación que va desgastando al ser humano en lo social,  en lo anímico, en lo mental, en lo moral y en lo espiritual.
Esto nos ha sumergido en un mar de deterioro que no solo violenta los derechos humanos, sino el concepto de lo humano. Hay un colapso total de todo aquello que permite vivir con calidad: los servicios públicos no funcionan, las instituciones están secuestradas, la corrupción reina descaradamente, no hay control social de los planes administrativos, etc.
Todo son promesas que se transforman en retórica política mientras el pueblo se muere de hambre, sed, penuria, falta de medicamentos, deterioro creciente de los Centros de salud y asistencial.
La paralización del servicio eléctrico en casi todo el  país no es más que una muestra de la indolencia, desidia, falta de mantenimiento y de la incompetencia del gobierno nacional.  Extrañamos sobremanera que las autoridades gubernamentales no hayan salido, desde el primer momento de la emergencia, a dar respuesta eficiente de la situación socorriendo a los enfermos hospitalizados con generadores eléctricos a los Centros asistenciales, agua, alimentos y medicinas, pues entre otras muchas cosas, quedó interrumpido el servicio automatizado de pago “por Punto”.
QUÉ DICE DIOS
La Constitución de nuestra nación como proyecto país sigue siendo una deuda con el pueblo. Los desafíos y retos plasmados allí aún reposan en letra muerta.  Venezuela necesita volver al desarrollo integral, volver a la productividad a través del trabajo digno y el disfrute justo. Las instituciones deben estar al servicio de los ciudadanos y no de parcialidades políticas e intereses personalistas. Las personas y el pueblo no son esclavos de una doctrina o tendencia política partidista y menos de sus líderes. El proyecto de Dios es que todos tengan vida y ésta en abundancia (Jn 10,10) y esto se logra con la justicia y la libertad. También Dios, hoy como en otro tiempo al pueblo de Israel esclavo en Egipto, escucha el clamor de su pueblo que hoy está oprimido y agobiado. La política debe estar al servicio de la ciudadanía, ésta es el arte de hacer el bien común. Es la más alta expresión de la caridad y el derecho.
QUÉ DEBEMOS HACER
El gobierno nacional y regional debe enseguida acudir y socorrer a la población más vulnerable con equipos para solventar la falta del servicio eléctrico, agua para la hidratación y servicio domestico, alimentos, medicinas, etc. La Iglesia seguirá sirviendo al pueblo de Dios. Le acompañará en esta desventura. Seguirá sufriendo y caminando juntos. El gobierno debe dar paso a una nueva forma de hacer política con personas idóneas, capacitadas y éticas. Los militares dejen de jugar a políticos y se pongan al lado del pueblo. Dejen de reprimir. La solidaridad y la caridad en la verdad deben ser los ejercicios de toda comunidad eclesial. La Comunidad Cristiana seguirá cercana a los que más han sufrido este apagón: niños, enfermos, familiares de los difuntos. Es urgente la necesidad de un cambio de rumbo gubernamental. Hasta ahora las políticas públicas naufragaron, son un desacierto, una burla hacia el pueblo. Hacemos finalmente un llamado a la Comunidad Internacional, principalmente a los Organismos de los DDHH, a que sean garantes eficaces de la vida y seguridad de nuestro pueblo.
 +Ernesto Romero
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MENSAJE DEL OBISPO Y CONSEJO PRESBITERAL
DE LA DIOCESIS DE SAN CRISTOBAL AL PUEBLO DEL TACHIRA
Que la gracia, la paz y la misericordia que vienen de Dios estén con todos Ustedes.
I.- LO QUE ESTAMOS VIVIENDO.
1.- Estamos viviendo el tiempo de cuaresma compartiendo con todos los venezolanos sus sufrimientos surgidos de una situación de iniquidad. Se sigue profundizando la crisis que nos golpea a todos como ciudadanos. Al hambre y a la escasez de insumos necesarios para la salud se ha unido el flagelo del llamado “apagón eléctrico nacional. Las horas que éste ha durado (así como los continuos cortes intermitentes que le han seguido) han producido graves consecuencias: además de poner en peligro la vida de numerosos enfermos (en muchos lugares hasta ha habido muertes por esta causa), en la inmensa mayoría de los hogares se han perdido alimentos necesarios para el sustento cotidiano. La falta de energía ha provocado desasosiego, cierre de escuelas y fuentes de trabajo además de desestabilizar la sana convivencia ciudadana. Las explicaciones de los voceros gubernamentales no han convencido para nada a la mayoría de los venezolanos, pues han pretendido distraer la atención con el habitual argumento de una tal guerra “electromagnética y cibernética”. Ya la gente se siente cansada de tanta mentira y de tanto menosprecio a la inteligencia del pueblo.
2.- Lejos de atender los justos reclamos del pueblo, se sigue endureciendo los corazones de quienes tienen en sus manos la solución de las dificultades y, sobre todo del principal problema por el que clama la misma gente: un cambio de dirección política y la no imposición de un sistema inaceptable que no está al servicio del hombre y la mujer de Venezuela. Se pisotean los derechos humanos por no darse la verdadera centralidad a la dignidad de la persona humana. Ya es hora de que cambie la situación.
3.-Afortunadamente se ha abierto un “camino humanitario” para que niños y adolescentes escolares, así como enfermos necesitados de tratamiento puedan dirigirse a la Ciudad de Cúcuta. Aunque, si al regreso traen algún alimento se les prohíbe introducirlos al país. Esto es un atentado contra el derecho fundamental a la vida y su subsistencia. Sin embargo, se requiere de otro paso: terminar de abrir la frontera para el libre tránsito entre dos países hermanos. Así podrá entrar también la “ayuda humanitaria” que países e instituciones quieren donar a Venezuela. No hacerlo es también otro atentado contra el derecho estipulado en el ordenamiento jurídico constitucional de Venezuela, el cual garantiza el libre tránsito de todos los ciudadanos de y en el país.
4.- En el Táchira, somos solidarios con todos los hermanos de otras regiones del país donde el “apagón” está causando mayores estragos y con aquellos que han venido siendo reprimidos por grupos violentos y por fuerzas del orden público que parecieran estar compuestos por personas sin alma ni corazón. Lo triste que todos ellos son miembros del pueblo que actúan irrespetando el derecho fundamental a la vida. Ya el pueblo venezolano, paciente y con su dignidad golpeada, quiere superar esta horrible pesadilla, pero sin violencia ni derramamiento de sangre, con justicia y libertad.
II.- ILUMINADOS CON LA PALABRA.
5.-Apelamos a la Palabra de Dios que nos ilumina. Con su enseñanza, imploramos a Dios que escuche el clamor de este su pueblo, como lo hizo con el de Israel esclavizado y oprimido por el Faraón (cf. Ex. 3,7ss). Junto con el salmista, conscientes de la condición que vivimos, cada uno de nosotros exclama: “Desde lo profundo clamo a ti, Señor; Dios mío, escucha mi voz, estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica” (Salmo 130, 1-2). Nuestra súplica se dirige a un Dios liberador que nos envió a su Hijo para darnos la salvación. Así lo reconocemos con San Pablo: “Para esto nos liberó Cristo, para ser libres” (Gal. 5,1).
6.- Nuestra libertad ha sido ofendida de tal modo que la pretenden sometes a una ideología deshumanizante. Esto causa desolación, desesperanza, debilitamiento en las auténticas fuerzas que sustentan y sostienen a la persona humana. Sin embargo, somos conscientes que la nave de nuestra historia y existencia como país,  hoy, en medio de la tormenta que la agita, no zozobrará, pues Jesús de Nazaret está dentro de ella para protegernos y sostenernos. El nos alienta con la fuerza de su Espíritu y nos sigue llevando “mar adentro” donde se dará la pesca abundante: allí, lanzando la red solidaria con todos, conseguiremos la libertad, la justicia, la dignificación, el respeto a nuestra condición de hijos de Dios.
7.- La Palabra de Dios nos invita a mantenernos despiertos, a renunciar a las obras de las tinieblas y a revestirnos con las armas de la luz (Cf. Rom 13, 9-10). A su vez, hemos de recordar que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de amor, fortaleza y dominio de nosotros mismos (Cf. 2 Tim 1,7). No es tiempo para el desaliento sino para hacer manifiesta una esperanza que supera las pruebas, pues actuamos en el nombre del Señor. Tampoco es el momento para que quienes prefieren el conformismo se refugien en posturas cómodas en espera de que otros den los pasos que se necesitan; igualmente  no es el momento para que quienes se dejan llevar por la mediocridad exijan a otros que actúen mientras ellos se valen de la situación para especular, aprovecharse de los demás y encerrarse en sus egoísmos. Debemos unirnos y hacer sentir nuestra voz con coraje profético y decisión de creyentes. La Iglesia en Venezuela, con sus Obispos y Sacerdotes, es pueblo y, al compartir las angustias y esperanzas de la gente quiere seguir siendo luz en este momento de la historia. En el Táchira, todos los miembros de la Iglesia y las personas de buena voluntad, reafirmamos nuestra opción por la libertad, la solidaridad y la justicia.
III.- ¡QUÉ HAY QUE HACER!
8.- Volvemos a reiterar el llamado que hemos venido haciendo desde hace tiempo. Queremos vivir en paz y con dignidad. Ello supone que se abran las puertas al anhelado cambio de dirección política. Es necesario que oigan la voz del pueblo y se arriesguen a responder al clamor de la inmensa mayoría de los venezolanos. Recordamos, en este sentido, parte de la plegaria que dirigimos a la Trinidad Santa el pasado 1 de marzo: Te pedimos toques el corazón de quienes tienen la responsabilidad de los cambios que se requieren en nuestra nación. Ellos necesitan de tu luz. Que se aleje la maldad y la prepotencia, que quienes buscan los cambios no se dejen llevar por el ansia de poder o de riquezas… Que todos se sientan pueblo y se solidaricen con él. Sabemos que tienes tus formas de hacerlo. Toca el corazón de quienes están haciendo el mal, asesinando, promoviendo el menosprecio de la dignidad humana… toca el corazón de quienes se dedican a aprovecharse de la situación para enriquecerse, especular, corromper a tantos jóvenes y adolescentes… Toca el corazón de cada uno de nosotros para que no dejemos de ser fieles a tu mandato de amor y al compromiso de anunciar tu Palabra y construir tu Reino.
9.- Volvemos a hacer el llamado a las Fuerzas Armadas, a cada uno de sus miembros sin excepción. El juramento que hicieron de defender la Constitución no era para proteger a una parcialidad política sino al pueblo todo. Más aún, Ustedes también son miembros de este pueblo que está sufriendo. Es a él a quienes Ustedes se deben. Nunca alcen la voz en su contra ni disparen contra él. Más que al juicio de la historia sientan temor de Dios por el juicio divino ante quien todos tenemos que comparecer. Reafirmen su condición natural de pueblo y pónganse siempre a su lado.
10.- Se ha alabado el comportamiento cívico de la ciudadanía en estos días del “apagón eléctrico”. Ciertamente se debe admirar esa conducta. Pero no hay que jugar con los sentimientos de la gente. No se han dado explicaciones convincentes y más bien se está demostrando incapacidad de resolver la situación y también de comunicar la verdad. No hay que olvidar que somos un pueblo de convicciones democráticas, amante de la fraterna convivencia y, como cantamos en Navidad, “gente de paz”. Pero hay que respetarlo y atender su clamor. Es un pueblo con entereza y paciencia. Por eso, es bueno escuchar lo que Cicerón dijo ante quien no quería respetar la convivencia ciudadana de su tiempo: “¿Hasta cuándo vas a abusar de nuestra paciencia?”
11.- Nos seguimos encomendando a la maternal protección de María del Táchira, Consoladora de este bravío pueblo y contamos con el Santo Cristo de los Milagros de La Grita, quien escucha nuestras plegarias y nos sostiene con sus brazos amorosos.
Con nuestra bendición,
+Mario del Valle, Obispo de San Cristóbal y el Consejo Presbiteral de la Diócesis.
San Cristóbal, 12 de marzo del año 2019.
*“…He visto como sufre mi pueblo…” (Éxodo 3,7)*
*1. La Iglesia Naciente, Iglesia en Salida.*
   La Iglesia que peregrina en la zona sur del Estado Anzoátegui, en la Diócesis de El Tigre comparte las angustias y las necesidades de todos los hombres y mujeres que habitan en esta región. La opción de  asumida como Iglesia particular venezolana, nos lleva a detener el  paso  y mirar a los ojos al pueblo del sur de este  estado que sufre,  como todo el país, el irrespeto a su dignidad humana, lesionándose gravemente los valores fundamentales de la democracia.
   La vida de los que vivimos en esta parte de la geografía venezolana ha estado sujeta a una creciente violencia estructural,  que no golpea con puños en la humanidad de sus pobladores, sino que se expresa en la omisión de los responsables de la gestión pública para atender las necesidades básicas de la población, necesidades consagradas como derechos en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela; omisión que se evidencia  en la carencia de los servicios indispensables  para una vida digna, tales como agua,  energía eléctrica, educación, transporte  y  servicios médicos.
  En los últimos 4 días estas carencias se han vuelto más extremas. El Tigre estuvo 72 horas sin luz eléctrica que en algunos sectores se prolongó a mas de 80 horas; registrándose que el 80% de la población de la ciudad de El Tigre carece del preciado líquido por imposibilidad de bombeo de agua generado por la falta de electricidad, sumado a un problema ya existente  antes de esta emergencia nacional, de ineficiencia en la gestión del servicio de agua en la ciudad.
  En el área de salud, el principal centro de salud de la región, que es el hospital de El Tigre, tiene 3 plantas eléctricas y funciona solo una, lo que generó una atención medica con mayores limitaciones, a las ya conocidas por falta de medicamentos y  deterioro de equipos de diagnóstico.
   Iguales condiciones de irrespeto a los derechos fundamentales del ciudadano, agudizados por la emergencia eléctrica de los últimos cuatro días,  se registraron en  ciudades como Pariaguán, donde estuvieron  sin agua y sin luz durante dos días; así como Soledad,  y el resto de las comunidades rurales e indígenas ubicadas en el ámbito territorial de la Diócesis de El Tigre.
   El apagón continuado que hemos vivido en la región, trae como consecuencia la inoperatividad de los puntos de venta, registrándose imposibilidad para las familias de comprar lo necesario para la subsistencia diaria. Y para los comerciantes,  formales e informales, un duro golpe al no poder vender los productos y servicios que ofrecen, con la amenaza adicional de perder toda la inversión en materiales perecederos que pueden descomponerse sin refrigeración.
   Otro problema asociado a la falta de energía eléctrica de los últimos días, es la incomunicación porque no se cuenta con servicio de telefonía celular ni internet  para conocer sobre la situación de familiares que viven en  localidades distantes y en el extranjero.
    No menos importante enfrentamos también como ciudad pequeña, grandes  problemas de transporte público. Con un acceso limitado por  los altos costos del pasaje y la desmejora en las unidades de servicio, ¿cuántos accidentes tendremos que esperar, para que deje de ser una costumbre emplear cavas, góndolas o transporte de animales, para movilizar seres humanos?
*2. Escuchando el clamor del pueblo.*
   Mirando este panorama impresiona que  nos hemos convertido en un pueblo deshumanizado.
   En las comunidades de esta Diócesis el sistema escolar colapsó: los y las docentes no pueden cumplir los horarios porque no tienen transporte;  los niños no van a la escuela porque no tienen ropa ni calzados; en las escuelas donde funciona el PAE (Programa de Alimentación Escolar), se sirve una comida  incapaz de satisfacer las necesidades nutricionales  de nuestros niños, dándosele en muchos casos  arroz solo. Maestros desmotivados, no solo por la situación país, que nos afecta a todos, también por sentir y pensar que su loable labor no es valorada por quienes dictan leyes y resoluciones en torno a los beneficios de ellos como  personal docente.
   Ante esta situación de colapso de los servicios públicos, se ha generado un sentimiento justificado de insatisfacción y el pueblo se ha volcado a las calles a protestar en reclamo de sus derechos. Hemos tenido noticias confirmadas de represión por parte de los organismos policiales y de detención de ciudadanos; lo que es realmente repudiable porque en  lugar de gestionar soluciones para dar a  la población lo que por Ley le corresponde y protegerla, también como obligación legal, se constata que los cuerpos de seguridad bloquean el ejercicio de la legítima protesta, reprimiéndola sin piedad, como ocurrió a pobladores que manifestaban su descontento en la entrada de El Tigre por la vía hacia Puerto La Cruz.
   Hemos hecho un llamado a la solidaridad, y como Iglesia respaldamos iniciativas para aliviar necesidades de alimentos y agua. Pero es hora de reflexionar  si es esto suficiente. Nuestros gerentes públicos ¿están conscientes del sufrimiento del Pueblo?
*3. ¿Cultura de la vida o de la muerte?*
   Las autoridades deben estar al servicio de la vida satisfaciendo las necesidades básicas de los individuos, generando calidad de vida y fortaleciendo la dignidad humana, en orden a contribuir al logro del bien común, mediante la justicia animada por la caridad. No obstante, constatamos que  han fallado en el  acompañamiento a los ciudadanos,  encerrándose en sus propios  intereses ideológicos, partidistas, mientras que el pueblo deambula en búsqueda de medicinas y alimentos para su supervivencia. Como consecuencia,  aparece el fenómeno de la violencia, que surge como producto de este caldo de cultivo representado por la violación de los  derechos fundamentales de los ciudadanos de alimentación, salud, educación, transporte y expresión, por vías pacíficas, de las inconformidades del pueblo con la actuación de los funcionarios públicos.
   Esta realidad ha sido generada por un proyecto político que dejo de atender las necesidades del pueblo para aferrarse al poder, gestando  una cultura de la muerte que se corresponde con una verdadera y auténtica estructura de pecado, caracterizada por la práctica y difusión de antivalores contrarios al amor, a la solidaridad,  a la justicia y a la paz, como elementos distintivos de la cultura de la vida que el Señor Jesús nos propone en su Evangelio.
   Esta cultura de la muerte se constituye en dique que impide  al hombre y a la mujer de esta región, y de toda Venezuela, pasar  a  unas condiciones  más humanas de vida, garantizándose la afirmación insoslayable de los derechos de cada ser humano, coherentes con su principal dignidad, representada, no  por lo que tiene o lo que sabe, sino por su condición de hijo de Dios que le hermana con los demás; fraternidad que exige un orden económico y  una actividad política basados en el logro del  bien común.
*4.  Actuemos porque Dios no es indiferente.*
   Los Párrocos, la Vida Consagrada, junto con los movimientos de apostolado, acompañados  por muchos hombres y mujeres de buena voluntad,  han estado asistiendo a la comunidad, dentro de sus posibilidades, en la satisfacción de algunas necesidades básicas como agua, alimentación, medicinas.
  La precaria realidad  ha llevado a las personas a buscar en los sacerdotes el apoyo moral y espiritual y estos han servido de guía para superar  dolores y angustias.
   Como pastores estamos convocados a ser agentes de comunión, llamando a la reconciliación a todos los sectores de la vida social. El mensaje del amor de Jesucristo ha sido predicado a educadores, militares, políticos, empresarios, invitándolos al trabajo mancomunado en beneficio de los sectores más vulnerables.
   No podemos dejar de compartir el dolor de nuestros hermanos  y desde la opción preferencial por los pobres, ejercer un influjo real de transformación de las estructuras del poder, acompañando a nuestro pueblo anzoatiguense en la construcción de un proyecto político económico y social más justo y más solidario y, como tal, más propicio al desarrollo integral de todos y cada uno de los habitantes de esta hermosa región, como lo hizo María que animó a la primera comunidad cristiana, así nosotros nos colocamos bajo la protección de la Virgen Santísima en su advocación tan querida de la Virgen del Valle.
Desde el secretariado de medios de nuestra Diócesis, con nuestra bendición.
El Tigre, 12 de Marzo de 2019.
+José Manuel Romero Barrios, Obispo de El Tigre.

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