Hablando del “Plan” Divino

RCL les invita a leer a James V. Schall, S.J., quien se desempeñó como profesor en la Universidad de Georgetown durante treinta y cinco años, uno de los escritores católicos más prolíficos de los Estados Unidos.-

La Escritura, y el Canon No. 4 de la Misa, hablan de un plan divino para la Creación, la Redención, y el llevar todas las cosas a un Tiempo Final. En ese tiempo final, cualquier asunto pendiente entre Dios, el hombre y el mundo será resuelto.

 

La esencia de este «plan» ya está en el Génesis. En el «principio», vemos manifestado un orden definido. El Génesis trata acerca de Dios, que pone orden en un abismo inicial. Las cosas son creadas. Ellas no simplemente «suceden». Hay una considerable cantidad de azar dentro del plan existente. El azar resulta del cruce de dos o más cosas, cada una con su propio propósito; presupone un propósito. Los eventos del azar caen dentro del orden general de las cosas.

 

En el Prólogo al Evangelio de Juan, incluso antes de la Creación misma, el plan tuvo un «comienzo» más temprano en una Palabra que estaba con Dios; que era Dios. Dentro de ese plan, a la raza de los hombres le fue dado un «dominio» sobre otras cosas existentes. Esa palabra precisa, «dominio», no significaba una empresa ecológica elegante para salvar al planeta durante el mayor tiempo posible de las actividades de los propios hombres.

 

El mundo no se completó desde el principio. El mundo no estaba completo sin el hombre en él. Solo podía ser lo que estaba destinado a ser con la adición del uso, por el hombre, de la tierra, el agua y el cielo. Abundantes riquezas estaban almacenadas en el planeta, desde los eones, antes de que el hombre apareciera en este planeta.

 

El hombre no existía únicamente para usar los recursos de la tierra para su bien. Existía para ver dónde se encontraba respecto de Dios, quien lo había creado, hombre y mujer, con un destino que lo elevaba más allá de sus capacidades naturales. El fin clásico de todos los esfuerzos del hombre, su felicidad, no se encuentra en ninguna cosa existente que él sepa o encuentre en este mundo. No obstante, las cosas buenas que él encuentra, y usa, no son ilusiones. Las cosas que son menos que Dios no son malas. No somos gnósticos.

 

Pero, nos encontramos con que ninguna cosa finita nos hace finalmente felices. Nos damos cuenta de que algo más nos es ofrecido dentro o por medio de las cosas buenas que encontramos en nuestras vidas pasajeras. Desde el principio, el plan de Dios incluía lo que por sí solo haría feliz a la criatura racional que Dios creó a su imagen. Dios, de hecho, no creó a ningún hombre que tuviera un destino meramente natural, uno propiamente debido al nivel de su ser, «un poco menos que los ángeles», como lo expresó el salmista.

 

Para entender lo que aquí sucede, debemos recordar lo que es una causa final. Es la primera causa, aquella que inicialmente identifica el «qué» que estamos intentando hacer. Dios no “necesitaba” al mundo ni a nadie en él. La creación lleva la marca de la libertad, no de la necesidad. Se pueden dar muchos propósitos posibles, como razones lógicas por las que Dios podría crear algo de la nada.

 

La razón principal, sin embargo, por la que Dios creó un vasto cosmos con una raza de seres racionales finitos era doble. La primera parte de esa razón era que el universo no estaría completo a menos que, dentro de él, alguien pudiera entenderlo. El universo como tal tiene signos de orden, pero de un orden que el universo mismo no puso allí. Era un orden dado, un orden natural.

 

Este ser racional dentro del universo, no afuera de él, como Dios, puede devolver el honor y la gloria a Dios en forma consciente de alabanza y acción de gracias. En este sentido, el universo tiene una función litúrgica. El universo, a través del conocimiento del hombre, ahora vuelve a Dios en la forma de asombro respecto de su belleza y respecto de cómo encajan armoniosas las cosas las unas con las otras.

 

La segunda parte de esa razón y, en última instancia, la más importante para la creación de Dios, fue Su invitación, a cada persona existente, no a una colectividad, a vivir dentro de su propia vida eterna trinitaria. Cada persona humana es invitada a la amistad divina como un hijo (o hija) adoptado. El universo existe para que esta invitación sea reciprocada libremente por el hombre. Su existencia en el tiempo tiene que ver, esencialmente, con cómo responderá el hombre a esta invitación divina.

 

En 1989, Joseph Ratzinger escribió: “La preocupación por la salvación de los demás no debe llevarnos a ignorar. . . el particularismo de Dios. La historia de la salvación y la historia del mundo no deben considerarse como entidades idénticas solo porque la preocupación de Dios por ellas deba extenderse a todas. Tal universalismo directo destruiría la verdadera totalidad de la acción de Dios, la cual se completa, precisamente, a través del proceso de selección y elección” (Co-trabajadores de la Verdad, 75)

 

La naturaleza de la amistad, divina o humana, significa que no puede ser forzada. El último drama del universo es visto en el Juicio Final. Nuestras breves vidas en el tiempo y el espacio constituyen el escenario en el que decidimos si aceptamos o rechazamos la causa final de Dios al crearnos, la de darnos la bienvenida a la amistad que nosotros llamamos la Trinidad.

P. James V. Schall, S.J.

Martes 12 de marzo de 2019

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero

Imagen en el mensaje

James V. Schall, S.J., quien se desempeñó como profesor en la Universidad de Georgetown durante treinta y cinco años, es uno de los escritores católicos más prolíficos de los Estados Unidos. Entre sus libros recientes se encuentran The Mind That Is Catholic, The Modern Age, Political Philosophy and Revelation: A Catholic Reading, Reasonable Pleasures, Docilitas: On Teaching and Being Taught, y Catholicism and Intelligence. [La mente que es católica, La edad moderna, Filosofía política y Revelación: Una lectura católica, placeres razonables, Docilitas: sobre la enseñanza y la enseñanza, y el catolicismo y la inteligencia.], y, más recientemente, On Islam: A Chronological Record [Sobre el Islam: un Registro Cronológico] 2002-2018

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