Reporte Católico Laico

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In memoriam: Padre Pepe Castañeda, carmelita

In memoriam: Padre Pepe Castañeda, carmelita

RCL les invita a leer al Cardenal Baltazar Porras Cardozo.-

 

José Ramón Castañeda Bermúdez, el Padre Pepe, nació en Rubio, estado Táchira el 20 de marzo de 1942, siendo el sexto de catorce hermanos. Cursó sus estudios primarios y secundarios en San Cristóbal, en el Liceo Simón Bolívar, y se trasladó a Mérida para los estudios de medicina en la ULA, donde recibió el título de Médico en la promoción Dr. Hugo Dávila, siendo el más destacado de su promoción. Obtuvo la cátedra de fisiología por concurso en la universidad emeritense. Sus compañeros de carrera, entre ellos el Dr. Néstor López Rodríguez, lo recuerdan con cariño y admiración por sus dotes humanas, su cercanía y testimonio de hombre probo y sabio consejero.

 

Inesperadamente para sus amigos, abandona la docencia en medicina e ingresa en el Carmelo en 1964, comenzando su periplo de formación en España. Nunca dejó sus vínculos de amistad con Mérida a la que volverá más tarde al concluir sus estudios teológicos en el Teresianum de Roma. Se ordenó sacerdote in articulo mortis el 28 de noviembre de 1970, en Zaragoza. Se recuperó milagrosamente y en Mérida se dedicó en compañía del P. Eduardo Contreras Pernía, a implantar el Carmelo masculino en Venezuela, primero en Mérida, y años más tarde en Barquisimeto y en Potrero de las Casas en las inmediaciones de Lobatera.

 

A través de la Renovación Carismática realizó una labor gigante en la promoción del laicado y en el discernimiento de espíritu y la necesidad de pisar en la realidad para construir una espiritualidad firme que ayude a la transformación personal y social. Después de sus años merideños, desde Barquisimeto siguió desarrollando su actividad sacerdotal y de guía de numerosas personas y grupos. Visitado por la enfermedad y las dolencias desde hace casi veinte años, su espíritu se mantuvo en alto, minando sus fuerzas pero sin desmayar en mantenerse activo, sonriente, cercano como un auténtico maestro espiritual.

 

Cuando llegué como obispo auxiliar a Mérida, el Padre Pepe venía a la ciudad esporádicamente. Me impresionaron no solo sus cualidades personales, humanas y cristianas, sino la estela de bien y de referencia que marcaba su nombre. Entrego su alma al creador el 21 de marzo último, justo al cumplir los 77 años de vida. Su testamento es reflejo de lo que fue su vida. Un místico con olor a oveja, ductor de almas y amigo de mucha gente, más allá de sus creencias y vivencias. Su ausencia es ciertamente una pérdida pues estamos necesitados de hombres de su talla y temple, capaces de acompañar en tiempos recios a quienes requieren de un instrumental de valores y virtudes que nos permitan salir del marasmo al que nos han conducido una camarilla que no tiene otro dios sino el del poder. Fue un padre espiritual, importante guía para muchos seglares, matrimonios, jóvenes, seminaristas, sacerdotes, religiosas y religiosos. En cada uno dejó un sello imborrable de conversión, esperanza, paz y sanación interior profunda. Descanse en paz.

17.- 25-3-19 (2997)