Reporte Católico Laico

/

Luis Xavier Grisanti: “Nunca conocí a un ser humano más integro, decente, noble, afable, ingenioso, desprendido y sensato como mi padre”

Luis Xavier Grisanti: “Nunca conocí a un ser humano más integro, decente, noble, afable, ingenioso, desprendido y sensato como mi padre”

Palabras de Luis Xavier Grisanti en la Misa de Cuerpo Presente por el eterno descanso de su padre, Dr. Héctor Grisanti Luciani (1926-2019), Iglesia del Cementerio del Este, Caracas, 26 de marzo de 2019.

La familia Grisanti agradece especialmente a Monseñor Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira, por oficiar hoy la Santa Misa; a nuestros primos, el Padre Hector Franceschi desde Roma, y el Padre Noel Franceschi desde la Universidad Monteavila, por oficiar misas por su eterno descanso.

Queridos familiares y amigos,

En nombre de mi madre, hermanos, esposa, nietos y bisnietos, quiero agradecerles de todo corazón vuestra presencia.

La familia Grisanti agradece especialmente a Monseñor Raúl Biord Castillo, Obispo de La Guaira y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, por oficiar hoy la Santa Misa; a nuestros primos, el Padre Héctor Franceschi desde Roma (Universidad Pontificia de la Santa Croce), y el Padre Noel Franceschi desde la Universidad Monteavila, por ofrecer misas también hoy por su eterno descanso.

Mi gratitud a los compañeros de la Asociación Venezolana de Hidrocarburos, el Banco Exterior, la Asociación de Amigos de la Universidad Simón Bolívar, el Centro Venezolano – Americano y la Asociación Cultural Corsos de Venezuela.

Es poco lo que puedo agregar a las sentidas palabras de mi fraterno amigo, el Dr. Fernando Luis Egaña Benedetti, cuya semblanza dibuja con lucidez la dimensión humana de nuestro padre.

Ayer, en conversación con mis amigos, el Dr. Rómulo Aponte y la Ing. Gisela Olavarría de Aponte, desde su exilio en Cuenca, Ecuador, ellos advertían que siempre notaban en quien les habla una admiración poco común por su padre, más allá del amor filial. Y es cierto: papá ha sido el referente principal de mi vida, junto a mi noble madre, su inseparable esposa, Yolanda Cano Febres-Cordero .

Héctor Grisanti Luciani nació el año en que el petróleo pasó a ser el primer componente de la producción nacional: 1926. La prosperidad agraria y rural de su Rio Caribe natal, de la península de Paria y del país pronto comenzaría a disiparse al iniciar su tránsito hacia una nación urbana, cosmopolita e industrial.

Las fincas de cacao y cañamelar y el alambique de ron de sus abuelos inmigrantes, venidos de la isla de Córcega en el siglo XIX, languidecieron para siempre, y sus padres, Jesús Emilio Grisanti y Lucrecia Luciani Franceschi de Grisanti, decidieron mudarse a Caracas en 1943, para que sus hijos menores pudieran estudiar en la universidad y labrarse una vida mejor a tenor del progreso democrático de Venezuela.

Sus fuentes de inspiración profesional fueron sus admirados paisanos y parientes, quienes le insuflaron su pasión por el Derecho y la justicia: los Dres. Carlos F. Grisanti, Pedro Arismendi Lairet, Luis Gerónimo Pietri, Andrés Grisanti Franceschi, Luis F. Calvani Grisanti, Vicente Grisanti, Arístides Calvani y el historiador Ángel Grisanti.

De sus padres y tíos, Arturo Hernández Calvo y Julia Grisanti de Hernández, asimiló el amor por su terruño y por sus familiares y paisanos, cuya amistad nunca dejó de cultivar. El Dr. Julio Otaola Paván fue el amigo y pariente que nunca faltó en las urgencias médicas, con gran generosidad. Juan Bernardo Arismendi le facilitó su primera casa.

Papá prosperó honestamente en Caracas. Alcanzó la más alta cima a la que un jurista puede aspirar en un real Estado de Derecho: la extinta Corte Suprema de Justicia. Pero jamás olvidó sus raíces modestas en un hogar cristiano donde nunca faltó nada; pero tampoco sobró nada.

El ejercicio por dos décadas de su profesión en la Compañía Shell de Venezuela le permitió brindar a su esposa e hijos una vida digna y holgada en Caracas, Nueva York y Washington. Ajeno a los lujos y a la ostentación, fue un hombre austero, sencillo y generoso.

Papá siempre prefirió el cultivo del intelecto, la catedra universitaria y la tertulia cultural, al menú de un lujoso restorán o la habitación de un hotel cinco estrellas. Mas no desperdició una buena copa de vino entre amigos y familiares, desplegando siempre un torrencial sentido del humor.

Papá fue un apóstol de la amistad. A todos recibió y a todos ayudó.

Tuvo una sola obsesión: dar a sus hijos una educación de calidad.

Concluyo subrayando que nunca conocí a un ser humano más integro, decente, noble, afable, ingenioso, desprendido y sensato como mi padre.

Gracias a mis hermanos y cuñados, en especial a Sabrina y Gerónimo, y a mi esposa Ingrid, por sus denodados cuidados.

A sus nietos, a quienes dirijo especialmente estas palabras, sólo les exhorto a que sigan el legado de su abuelo Héctor como ciudadano probo, profesional honesto, intelectual curioso y padre de familia ejemplar.

Papi, gracias por querernos tanto, descansa en paz.

Muchas gracias.