Reporte Católico Laico

/

Nigeria después del voto, entre miedo y futuro; el arzobispo de Lagos: “El país debe volver a comenzar”

Nigeria después del voto, entre miedo y futuro; el arzobispo de Lagos: “El país debe volver a comenzar”

Tensiones y desórdenes tras la elección del 23 de febrero, el 9 de marzo de vuelve a las urnas para las elecciones locales. Monseñor Adewale Martins: seguridad y economía son los desafíos que hay que afrontar.

Al final, las elecciones que se llevaron a cabo el 23 de febrero pasado, ganó claramente el presidente Buhari, por más de cuatro millones de votos (56% contra 41%), contra el vicepresidente Atiku Abubakar (que no aceptó el resultado y pidió anular la votación). Y ahora, el presidente “integérrimo”, pero acusado de no haber contrastado el elevadísimo nivel de corrupción que daña al país, tendrá que redoblar los esfuerzos para afrontar los grandes desafíos que lo esperan.

La elección en Nigeria, uno de los países más importantes y poblados de África (casi 200 millones de habitantes, el 20% de todo el continente), encrucijada de intereses estratégicos, sede de uno de los grupos yihadistas más peligrosos y activos en el mundo (Boko Haram), potencialmente riquísimo pero, en la realidad, afligido por grandes problemas sociales y corrupción, raramente se lleva a cabo en una atmósfera de clama. Desórdenes y tensiones han provocado también en esta ocasión varios muertos en diferentes zonas del país. Según Africanews, han muerto al menos cuarenta personas solamente durante los enfrentamientos relacionados con las elecciones, a los que se suman 130 muertos en el Estado de Kaduna de pocos días antes, por micro-conflictos de naturaleza étnico-económica. El inesperado retraso de una semana debido a cuestiones técnicas, anunciado a pocas horas de que comenzaran las elecciones el 16 de febrero, complicó la situación y provocó mayores tensiones.

Según el presidente de la comisión electoral Mahmood Yakubu, considerando el elevado número de electores (73 millones, de los cuales el 51% tenía menos de 35 años), las elecciones se llevaron a cabo «generalmente bien» y se puede estar «satisfechos por el comportamiento de los votantes en todo el país». Se presentaron a las elecciones, oficialmente, 73 candidatos, pero los que se jugaron la verdadera partida fueron dos de ellos: el presidente Muhammadu Buhari, de 76 años, y el hombre de negocios y ex vicepresidente Atiku Abubakar. El primero es un musulmán del norte y es considerado, a diferencia de muchos políticos, una persona incorruptible. Se presentó con Yemi Osinbayo, cristiano del sur. El segundo candidato, también musulmán, se presentó con Peter Obi, de religión cristiana. Buhari, que debe someterse a menudo a largas terapias fuera del país, tendrá que afrontar desafíos importantes.

Monseñor Alfred Adewale Martins, arzobispo de Lagos, ¿puede comentar los satos sobre las elecciones? La victoria parece clara, pero hay muchas dudas…

«Como usted sabrá, hubo muchísimos candidatos e imagino que será difícil ocuparse de las reclamaciones y de las objeciones que todos presentarán. Nosotros, como Iglesia, hemos declarado claramente que esperamos que cada posición se exprese con calma y ponderación, y esperamos que no se verifiquen otros enfrentamientos. Nigeria espera que muchos problemas sean resueltos».

La zona de su diócesis, Lagos, ha sido una de las más afectadas por la violencia… ¿Cómo es la situación por el momento?

Sí, en nuestra zona ha habido varios enfrentamientos, sobre todo en la zona de Okota. Después, la situación ha vuelto a la calma. Esperamos que todo se aplaque porque dentro de pocos días volveremos a votar en las elecciones locales (el 19 de marzo, ndr.). Hemos insistido en ello en cada ocasión pública posible: la vida, después de las elecciones, por importante que sean, continúa, no hay necesidad de poner en riesgo ni la propia existencia ni la de los demás por razones electorales. Teniendo en cuenta el elevado número de gente que fue llamada a votar y el clima de tensión anterior, podemos decir que las elecciones del 23 de febrero no salieron tan mal».

¿Cuáles son, en su opinión, las prioridades de las que tendrá que ocuparse el nuevo ejecutivo en los próximos días?

«Hay un enorme problema de seguridad en Nigeria, la gente se siente amenazada, tanto en las propiedades como en la propia vida y de sus seres queridos. En algunas regiones, la presencia de Boko Haram todavía es un elemento de gran inestabilidad. También tenemos varias zonas en las cuales los conflictos entre ganaderos y agricultores se dejan sentir. El pueblo necesita tranquilidad, que haya políticas de inclusión capaces de generar un sentimiento de pertenencia a la nación. También hay un grave problema de desempleo que golpea a un cada vez mayor número de franjas de edad, y no solo a los jóvenes. También tendrá que ocuparse urgentemente de la economía, que está viviendo un pésimo periodo, favoreciendo inversiones privadas, ocupándose de las infraestructuras. Nigeria debe levantarse lo más pronto posible».

¿Cuáles son las estrategias que ha puesto en marcha la Iglesia para favorecer la paz y la distensión?

«La Iglesia ha establecido contactos firmes con el gobierno central y desempeña un servicio de consejo pues tiene una relación directa con la población en todos los Estados. La violencia principalmente se vive en dos regiones, la llamada “Cintura de en medio” (Middle Belt) y el noreste. Podemos decir que ahí se concentra la mayor parte de los problemas vinculados con enfrentamientos y nosotros estamos trabajando mucho para favorecer el diálogo y establecer procesos para construir la paz. Muchísimos sacerdotes y un buen número de obispos están comprometidos en comisiones de diálogo interreligioso. Nosotros siempre estamos en estrecho contacto con todos los niveles de la población y podemos representar la voz del pueblo que pide con insistencia paz y seguridad. A veces vemos discriminaciones contra los cristianos en la asignación de tierras o en las oportunidades de trabajo. En estos casos, por una parte tratamos de hacer que se escuchen sus voces y garantizar los derechos, por otra tratamos de favorecer una actitud positiva entre nuestros fieles, para no exacerbar el clima. Otras veces, los cristianos, sobre todo los que viven en las regiones más inestables, son el blanco de violencia, aunque esperamos que con nuevas políticas se cree mayor estabilidad. El futuro, de cualquier manera, se podrá construir a partir de mañana, solo si el país sabrá ocuparse de los niños. Todavía hay demasiada disparidad en la oferta educativa, demasiados niños tienen poca o mala educación: si no partimos con ellos, no habrá futuro»

LUCA ATTANASIO
LAGOS-VaticanInsider.es