Reporte Católico Laico

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Caracas acude al Nazareno de San Pablo a pedir por Venezuela este Miércoles Santo

Caracas acude al Nazareno de San Pablo a pedir por Venezuela este Miércoles Santo

La más querida imagen sacra de la capital sale al encuentro con los fieles esta Semana Santa, cuando miles peregrinan a sus pies para pedirle interceder ante Dios por un milagro… para Venezuela. 

Carlos Zapata | Aleteia

 

Como todos los años, este Miércoles Santo, miles acuden a la basílica de Santa Teresa, donde se resguarda una muy querida imagen centenaria de Jesús, el Nazareno de San Pablo, obra en madera de Flandes atribuida al escultor Felipe de Ribas, que a principios del siglo XVI habría llegado a tierras venezolanas.

La tierna talla del Nazareno de San Pablo siempre ha acompañado a Caracas en sus tragedias. Y lo hará en esta oportunidad, cuando la nación sudamericana sufre la peor crisis humanitaria de su historia y aún no supera los daños de un apagón eléctrico nacional, nunca visto en América.

Miles de orquídeas adornan cada año la sacra imagen de madera en la víspera del Miércoles Santo, cuando recibe la visita de los miles de peregrinos que acuden a suplicar su intercesión ante Dios por favores. De acuerdo con la tradición, a través de una visión el mismo Jesús le habría dicho al escultor tras culminar la obra: “¿Dónde me has visto, que tan perfecto me has hecho?”.

 

Perdió su capilla…

A su llegada a Caracas, la imagen fue llevada a la Capilla de San Pablo, de la que eventualmente recibió su nombre; pero esa sede la perdió en 1880 como consecuencia de los desencuentros del entonces presidente Antonio Guzmán Blanco con la Iglesia Católica en Venezuela.

El mandatario no sólo ordenó la confiscación de parte de sus propiedades y la expulsión o disolución de varias órdenes religiosas, sino que también pidió que fuera derribada la infraestructura en el año 1880, edificando en su lugar el Teatro Nacional.

El arribo de la imagen a la ciudad no es preciso, pues algunos registros lo ubican en 1597 y otros en mediados del siglo XVII. No obstante, tras la llegada de la pieza, una peste azotó la ciudad:  “Vómito negro”, escorbuto o viruela, lo cierto es que la imagen fue sacada en procesión.

Durante el recorrido, la corona de espinas del Nazareno de San Pablo se enredó en un limonero y algunos de los frutos cayeron al suelo; los fieles los recogieron, y los dieron a los enfermos, quienes sanaron al poco tiempo de beberlos.

 

Así lo narra el poeta Andrés Eloy Blanco en “El Limonero del Señor”:

 

Y pasó el Domingo de Ramos

y fue el Miércoles del Dolor

cuando, apestada y sollozante,

la muchedumbre en oración,

desde el claustro de San Felipe

hasta San Pablo, se agolpó.

 

Un aguacero de plegarias

asordó la Puerta Mayor

y el Nazareno de San Pablo

salió otra vez en procesión.

 

En el azul del empedrado

regaba flores el fervor;

banderolas en las paredes,

candilejas en el balcón,

el canelón y el miriñaque

el garrasí y el quitasol;

un predominio de morado

de incienso y de genuflexión.

 

—¡Oh, Señor, Dios de los Ejércitos.

La peste aléjanos, Señor…!

 

En la esquina de Miracielos

hubo una breve oscilación;

los portadores de las andas

se detuvieron; Monseñor

el Arzobispo, alzó los ojos

hacia la Cruz; la Cruz de Dios,

al pasar bajo el limonero,

entre sus gajos se enredó.

Sobre la frente del Mesías

hubo un rebote de verdor

y entre sus rizos tembló el oro

amarillo de la sazón.

 

De lo profundo del cortejo

partió la flecha de una voz:

—¡Milagro…! ¡Es bálsamo, cristianos,

el limonero del Señor…!

 

Y veinte manos arrancaban

la cosecha de curación

que en la esquina de Miracielos

de los cielos enviaba Dios.

Y se curaron los pestosos

bebiendo el ácido licor

con agua clara de Catuche,

entre oración y oración.

 

Efectivamente, los devotos tomaron los frutos, y los dieron como medicina a los enfermos, quienes sanaron al poco tiempo de beber el cítrico.

Consagrada el 4 de julio de 1674 por Fray González de Acuña, la sacra talla fue trasladada a la Basílica de Santa Teresa, también construida durante el mandato de Antonio Guzmán Blanco.

 

El Nazareno siempre ha confortado a los caraqueños durante tragedias y les ha conseguido de Dios muchos milagros. 

El Nazareno de San Pablo siempre ha acompañado a Caracas en sus tragedias: en el terremoto de Caracas, en 1967, cuando la capital venezolana fue sacudida por un sismo de 6.7 grados en la escala de Richter que dejó unos 2000 heridos y 236 muertos.

También estuvo con los caraqueños durante la terrible tragedia de Vargas que dejó miles de muertes en 1999, debido a la vaguada que literalmente desapareció a la región.

En todas y cada una de las dificultades de los caraqueños, y de los venezolanos en general, el Nazareno de San Pablo ha acompañado a sus hijos.

En esta oportunidad lo hará cuando la nación pasa por la peor crisis humanitaria de su historia, al concluir un mes en el que el 90% de los días fueron “no laborables” debido a un apagón que detuvo al país y mantiene sin luz a gran parte de la población.

Hoy los devotos piden al Nazarenos de San Pablo interceder ante Dios para que que “vuelva la luz a Venezuela”, se haga justicia divina y sus hijos recuperen la libertad.