Reporte Católico Laico

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Muere Gene Wolfe, católico y escritor de ciencia ficción oscura: «Infravaloramos mucho a Jesús»

Muere Gene Wolfe, católico y escritor de ciencia ficción oscura: «Infravaloramos mucho a Jesús»

Premiado autor de «Soldado en la Niebla» y «La Sombra del Torturador», contra paganismos  idealizados.

Ha muerto el 14 de abril, a los 87 años, el escritor de ciencia ficción Gene Wolfe, uno de los más premiados y reconocidos. De familia nominalmente presbiteriana, se hizo católico en su juventud al volver de la guerra de Corea y casarse con una católica. Profundizó en la fe y algunas de sus ideas religiosas se dejan traslucir en sus obras, aunque pocas veces de forma evidente.

De hecho, casi nada en su obra es «fácil» o «evidente». Sus narradores nunca son fiables, la información llega al lector deformada y densa y el lector debe insistir y perseverar para recomponer las piezas del puzzle que se le proponen. El escritor Orson Scott Card, popular autor de El Juego de Ender, admitió que no entendía nada de su segundo libro de Latro, el soldado con amnesia en las guerra de griegos y persas.

El escritor Neil Gaiman, uno de sus lectores más apasionados, escribió un artículo sobre Cómo leer a Gene Wolfe: «Es un material tortuoso y desesperante y puede que se caiga de tu mano en cualquier momento. Relee. Es mejor la segunda vez. Será aún mejor la tercera vez«.

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Un joven Neil Gaiman con un veterano Gene Wolfe

De 1981 a 1984, Wolfe ganó casi todos los premios en disputa de ciencia ficción y fantasía: dos Locus, un Nebula, un August Derleth, un World Fantasy, un Joseph Campbell y un BSFA. En total, ganó el Premio Nébula y el World Fantasy Award dos veces cada uno y el Locus cuatro veces. Muchas veces fue nominado al Hugo y fue finalista en infinidad de premios de relato, novela y novela corta. En 1996 se le dio el World Fantasy Award por la labor de una vida. En España ganó dos premios Gigamesh.

Su primera novela de éxito fue en 1972 La quinta cabeza de Cerbero (finalista al premio Hugo). Se sentía muy orgulloso de sus novelas Puertas (1988), Castleview (1990) y Paz(2005).

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Era popular sobre todo por dos series. Una es la trilogía de Latro, el «soldado de la niebla», un soldado que despierta cada mañana en la Grecia antigua con amnesia y tiene que leer un diario que describe lo que ha vivido en los días anteriores. Además, de vez en cuandoconsigue ver a los dioses actuando entre los hombres y ve que no son entidades realmente recomendables. Él mismo no tiene claro ni su origen, pues habla el griego como lengua extranjera y nadie entiende su lengua nativa.

La otra serie consta de 3 ciclos: el Libro del Sol Nuevo (5 libros), el Libro del Sol Largo (4 libros) y el Libro del Sol Corto (3 tomos). Ambientados en el mundo de Urth, inspirado por novelas de Jack Vance y Clark Ashton Smith, desarrolla la figura de Severian, un torturador culpable del crimen de haber tenido piedad.

En 1992, durante la Convención Mundial de Fantasía en EEUU, Wolfe habló durante dos horas de temas de cristianismo y literatura en una detallada entrevista con James B. Jordan, quien escribía para lectores cristianos protestantes.

Su conversión en su juventud

Explicó que su madre había sido criada como presbiteriana y que su padre, un vendedor itinerante en época de la Gran Depresión, no tenía convicciones religiosas. Cuando les preguntaban, decían ser presbiterianos.

El joven Gene Wolfe no terminó sus estudios, fue reclutado por el Ejército y participó en la guerra de Corea como ingeniero de combate. Volvió a casa, declaró, «hecho un desastre». «Me tiraba al suelo al menor ruido«, recoge en una entrevista en la revista del MIT. Rosemary, que era católica «me salvó». Ella se convirtió en su esposa.

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Con su esposa Rosemary; ella lo llevó a la fe y «lo salvó» tras la Guerra de Corea; fueron un matrimonio feliz siempre; ella murió en 2013

En la preparación al matrimonio recibió formación católica. «Me interesó, leí, estudié, hablé con gente sobre ello, y al final me convertí». Especifica que se convenció de la verdad de la doctrina católica.

Sobre la crueldad de las culturas sin Cristo

El mundo del Sol Nuevo es un mundo cruel, y también la Grecia antigua y países paganos que recorre Latro, el mercenario amnésico. Wolfe recuerda que Leónidas, el héroe de las Termópilas, hizo matar a los ilotas que había prometido premiar por su coraje, una escena real que recoge en sus novelas de Latro. Y no duda en señalar que Esparta «hacía que los nazis parecieran unos boy scouts», en cuanto a crueldad y tiranía.

«Infravaloramos enormemente la importancia de Jesús. Pensamos que no, que tenemos todas esas iglesias, decimos, ‘¿cómo vamos a infravalorarlo?’ Hasta que nos planteamos como sería si Él no hubiera vivido. Él es una figura mucho más importante de lo que le reconocemos. […] Somos muy afortunados de haberlo tenido», insiste.

Pone ejemplos: un amigo que estudia turco encontró un libro de chistes turcos, y la mayoría van sobre gente que hace bromas crueles y humillantes a ciegos. Eso choca con la cultura bíblica que en Levítico 19,14 enseña: «no pondrás piedras para que tropiecen ciegos ni maldecirás al sordo».

Después habla de un autor («creo que de la Antigüedad») que comenta que una mujer acudió a Platón y le describió una sociedad ideal donde todas sus amigas se dedicarían a «hacer danzas rituales y hacer todas esas cosas a lo Úrsula LeGuin», comenta, mencionando irónicamente a la popular autora de fantasía y ciencia ficción que tiende a ser más bien optimista. Y Platón pregunta: ¿y quién hará el trabajo? Y ella responde: ‘oh, tendremos esclavos'».

Como Wolfe es ingeniero, reconoce que «la máquina de vapor probablemente hizo más por liberar esclavos que cualquier ser humano, más que Lincoln o Ulises Grant». Pero aún así, dice, la cultura cristiana ha transformado el mundo para bien.

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Severian el Torturador: su mundo de Urth no es un lugar agradable

«Yo no soy de los que dice que la Iglesia nunca hizo nada mal. Es una organización de seres humanos que ha existido dos mil años. Ha tenido muchas oportunidades para hacerlo mal. Pero lo que separa a la Iglesia de otras instituciones humanas es que la Iglesia siempre ha intentado hacerlo bien. Simplemente, no siempre lo consiguió».

Lecturas cristianas que le influyeron

Explica Wolfe que «no leí mucha teología. Leí libros modernos que explican la teología católica a laicos y esas cosas. Me gustaría poder decir que leí a Santo Tomás de Aquino en latín, pero no fue así. Sería mentir. Leí biografías de Santo Tomás. Leí el libro de Chesterton sobre Tomás de Aquino. Descubrí a Chesterton y acabé leyendo todo lo que pude encontrar de Chesterton. Antes me había pasado prácticamente lo mismo con C.S.Lewis».

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Chesterton, Tolkien y Lewis influyeron en Wolfe; Tolkien en lo literario;
Chesterton y Lewis en lo religioso

Otros autores cristianos de ficción que le influyeron fueron J.R.R.Tolkien (que él y su mujer se leían en voz alta en el coche, incluso recibió una carta del autor de El Señor de los Anillos), Charles Williams y David Lindsay por su Viaje a Arcturus «que es realmente extraño y creo que muy orientado teológicamente. Estoy en desacuerdo con mucha de su teología, pero pensé que era maravilloso como ficción. Un ejemplo maravilloso de alguien expresando su creencia teológica en una novela». De George MacDonald, autor de cuentos de hadas que influyó a Tolkien y Lewis, le gustó Lilith, de 1895.

Algunas visiones sobre la ciencia

Como ingeniero y escritor de ciencia ficción, Gene Wolfe «le daba vueltas» a las cosas y no daba por supuestas muchas ideas, incluso en los debates científicos. Así, por ejemplo, decía, quizá para provocar, «nunca he estado convencido de que Lamarck estuviera equivocado. Presentamos lysenkoísmo, que es un hombre de paja, lo llamamos lamarckismo y lo reprochamos y decimos que Lamarck no puede tener razón. O decimos que Darwin tenía razón y Lamarck no puede tenerla, lo cual no es cierto, porque las dos teorías no se excluyen mutuamente. Es como decir que Newton estaba equivocado porque Einstein tenía razón. Pero la física newtoniana es con la que de verdad calculas muchas cosas».

Más adelante, añadía: «no por pensar que Darwin tenga razón pensaría que tiene la respuesta completa, no creo que la tenga. El tipo de cosas que postulaba suceden, pero me parece claro que hay otros mecanismos implicados».

A veces, de sus lecturas sobre ciencia nacían sus historias de fantasía. Latro, el mercenario amnésico de la Grecia antigua, fue el personaje que creó leyendo sobre esa enfermedad que existe realmente, la de quien, cada noche, al dormir, olvida casi todo lo que vivió el día anterior. Leyó más cosas sobre la memoria, incluyendo partes de «El Palacio de la Memoria de Mateo Ricci«, las técnicas de este famoso misionero jesuita en China que utilizaba la técnica mental de imaginar un edificio con salas, pasillos y archivos para memorizar contenidos, aunque Wolfe asegura que «originariamente el concepto deriva de Simónides, un poeta griego del siglo V a.C.»

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Sobre la novela católica

En 1992 Wolfe ya era un escritor profesional, consagrado y a tiempo completo, y admitía que había leído pocos autores católicos de literatura general. Había leído algo de la joven literata rural Flannery O’Connor. Decía que en EEUU la literatura cristiana protestante era más rural, y la católica más urbana: los católicos llegaron a EEUU más tarde, no tenían tierras y se quedaron en las ciudades.»El padre Andrew Greeley, con el que nunca me he encontrado, es probablemente mi cura preferido, y es consciente de ello y tiende a escribir de ello», apuntaba. Andrew Greely (www.agreeley.com), sociólogo, predicador popular y escritor prolífero, murió en 2013.

«Pienso que el novelista católico generalista [mainstream] no puede evitar escribir como cristiano. Puedes disfrazarlo, pero habrá gente aguda que te descubrirá tras el disfraz y dirá: ajá, ahí hay un trasfondo cristiano. Y si es católico, lo mismo: dirán, ajá, ahí detrás hay un trasfondo católico«, comentó a James B. Jordan.

La sombra del torturador… y Cristo

Las historias de Severian, miembro de la orden de torturadores castigado por haber tenido piedad, empezaron su mayor ciclo de novelas de fantasía, más bien oscura. Severian sufre mucho, y también libera a muchos que sufren. Pero él niega que sea una figura crística, aunque sí puede representar mucho de la vida del cristiano que vive y cae y a veces se levanta en un mundo caído y siniestro.

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Severian el Torturador, con su máscara

«Pienso en Severian como una figura del cristiano. Es un hombre que ha nacido en un ambiente muy perverso, que gradualmente intenta mejorar. Creo que todos tenemos un instinto de intentar ser mejores. Algunos lo destrozamos a conciencia. Matamos esa parte de nosotros, igual que matamos al niño en nuestro interior. Está muy ligado a ese niño en nosotros«, explica en la entrevista.

Más adelante añade: «Severian está en una posición similar a la de Cristo. Pero en realidad es diferente, porque Cristo es tanto Dios como hombre. Severian no lo es. Severian es un cristiano, más que un cristo. Pero ha sido tomado como representante de la humanidad, por quien la humanidad va a ser juzgada. Esto es lo que creo que pasó realmente con verdadero Jesús humano. Él [Cristo] es tan plenamente humano como tú o yo, y somos salvados por Él, por el hecho de que murió. De que la corrupción no le dstruyó. Pienso queSan Pablo tiene toda la razón cuando dice que Jesús fue tentado para cometer asesinato o cualquier otro pecado que quieras nombrar igual que el resto de nosotros. Y la diferencia es que Él no pecó».

Sobre la Eucaristía

A Gene Wolfe le preguntaron por varias escenas más o menos macabras en que personajes del mundo del Sol Nuevo comen partes humanas. «Hay eucaristías diabólicas: gente que come cadáveres para obtener la memoria del muerto. Y por supuesto, cuando un católico recibe la comunión está recibiendo la carne de Cristo en un sentido místico». Como Wolfe sabe que se dirige a lectores protestantes, añade más detalles para que se entienda mejor: «hace lo que Cristo mismo le pidió hacer, que es absorber un pedacito de Cristo en sí mismo para ser más como Cristo, y así nos levantamos en misa y consentimos a eso, diciendo que quiero ser más como Cristo. Quien te de la comunión, el cura o quien le ayude, te dice, «el Cuerpo de Cristo» y alza la hostia y tú dices ‘amén’, que significa ‘sí, estoy de acuerdo en que es el cuerpo de Cristo’, y la tomas y te la comes».

Sobre el amor de Dios

Cuando preguntan por los amores ideales de Severian, el torturador (que no lleva una vida amorosa muy feliz) Wolfe señala que el corazón humano necesita al amor de Dios. «Creo que el verdadero ideal de amor para cualquier persona es Dios. No es ningún otro ser humano. Si mi esposa estuviera aquí se ofendería profundamente [ríe]. No quiero decir que Dios es la única cosa que una persona puede amar. Pero pienso que el objeto final del amor es Dios».

Ese amor incluye el mejorar a las personas, y eso incluye también que haya dolor y sufrimiento, porque en ese sufrimiento la gente mejora.

«Dios es el Amante último, por encima del amante humano, y Dios tiene que hacer eso», explica. «Encuentras gente que ha sufrido de verdad, realmente, presos durante años en el Hanoi Hilton [terrible cárcel comunista vietnamita, con una película de 1987] o algo así. Y descubres que esa gente, sí, sacó algo de allí que yo no tengo» ]

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La Sagrada Catarina, venerada en el Gremio de Torturadores

Sobre el problema del dolor

«Es el problema del dolor, sobre el que C.S.Lewis tiene un ensayo. Aún me encuentro gente que habla del dolor como si nadie lo hubiera tratado antes. La idea del dolor es que debe impedirte hacer cosas que son destructivas. Y dicen: ‘seguro que podría haber otra forma en que Dios nos enseñase’. Sí, hay otras formas, pero te quejarías también de esas formas igual que te quejas del dolor. Sólo cambiaría la vestimenta de la situación, no la situación en sí», explicaba en la entrevista de 1992.

En la entrevista de 2014, Wolfe mantenía una posición parecida, pero varias cosas habían cambiado en su vida. Su amada esposa había padecido Alzheimer y había muerto unos meses antes. Su perro, desaparecido durante días, acababa de aparecer muerto, atropellado. Llevaba años perdiendo vista (sólo podía leer 15 minutos antes de descansar) y con problemas de corazón que le matarían en 2019.

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Le preguntaron si seguía pensando que el dolor no era una dificultad teológica. «No, no lo es», respondió. «Si atrapas a una libélula y la doblas subiendo el final de su cuerpo a su boca, se devora a sí misma hasta que muere. Cuando a la gente le anestesias la boca en el dentista has de avisarles para que no muerdan su lengua. Creo que si asumimos que el dolor es solo un mal, simplificamos exageradamente el asunto. […] Si tuvieras cosas vivas sin dolor, tendrían muchas dificultades para sobrevivir».

Sobre hombres y mujeres y el mejorar

«La gran mayoría de hombres ha defendido que las mujeres, de alguna manera, son innatamente malvadas. Y la gran mayoría de las mujeres decía, cuando se atrevía, y pensaba, cuando no osaba hablar, que los hombres son todos bestias y brutos y tal. Lo terrible es que mucho de todo lo malo que decimos unos de otros es cierto. Pero seguimos gritando a los otros para que sean buenos sin intentar ser buenos nosotros. Somos los únicos que podemos hacer buenos. Yo puedo hacerme bueno, o al menos puedo intentar, y tú puedes hacer que tú seas bueno, pero ninguno de nosotros puede hacer mucho por el otro».

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Sobre el Cielo, el Infierno y el Purgatorio

Wolfe está muy orgulloso de su novela Paz, que tiene por protagonista a un fantasma que no tiene muy claro que está muerto. Eso le lleva a hablar sobre la vida tras la muerte. «No sabemos mucho sobre el Cielo y aún menos sobre el Infierno y casi no sabemos nada del Purgatorio. ¿Qué es? Si crees en fantasmas, y resulta que yo creo en fantasmas, ¿qué pasa con ellos? Hace mucho, mucho tiempo, un contemporáneo de Shakespeare dijo que el infierno no es un lugar, es un estado. Donde yo esté, está el infierno. Doctor Fausto, de Christopher Marlowe. Y pienso que tenía razón».

«Tiene que ver con la relación del alma con Dios tras la muerte. Si esa relación es fundamentalmente buena, entonces el alma está en el Cielo. Jesús no dejaba de repetir que el Reino del Cielo está aquí. No en el futuro lejano: está aquí y ahora. Y es aquí y ahora para aquellos cuya relación con Dios es correcta».

Sobre los dioses del paganismo

En las novelas de Latro y en otras, Gene Wolfe hace aparecer lo que serían divinidades paganas. Al principio no parecen especialmente malas, pero a medida que avanza la trama se observa que no son nada recomendables.

«Uno de los puntos en los que probablemente me alejo del pensamiento católico convencional es que creo que los dioses del paganismo fueron reales. No creo que merecieran el culto que recibían de los paganos. Creo que lo que muchos autores bíblicos dicen es: ‘sí, son poderes reales, pero es malo que le des los honores que solo se deben a Dios’. Creo que eso es completamente correcto. Entonces, si Afrodita tuviera que sobrevivir en un mundo contemporáneo, ¿cómo sería?«, plantea el escritor, que explora el tema también en su libro Puertas (There are doors).

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¿Y si Afrodita viviera en nuestra época… y no fuera buena?

Recuerda que los antiguos también creían eso y que en Hechos de los Apóstoles los paganos pensaban que Pablo y Bernabé eran Zeus y Hermes, «porque la gente en esa época pensaban que podías ver a Zeus y Hermes en forma humana. No estoy convencido de que se equivocaran. Nos gusta pensar que somos mucho más listos que la gente de la antigüedad o de tiempos bíblicos, pero lo dudo mucho».

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Cuando lo entrevistaron en 2014, en su casa, el entrevistador observó una Biblia frente a la ventana y un rosario a su lado. Ya era viudo y se sabía anciano. Le preguntó: «¿usted se considera un católico practicante?»

«Ciertamente, lo soy. Voy a misa, recibo la comunión, rezo«, respondió él.

Pablo J. Ginés/ReL