Reporte Católico Laico

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José Gregorio Hernández: Pensamiento y Acción

José Gregorio Hernández: Pensamiento y Acción

 

RCL les invita a  leer a Francisco González Cruz.-

 

“El Dr. José Gregorio Hernández, fue un individuo esencialmente auténtico”.

Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry[1]

 

En una conferencia a la que tuve el gusto de asistir, le preguntaron al filósofo español Fernando Savater si los filósofos vivían así como les aconsejaban a los demás. Contestó con mucha gracia que los filósofos eran como las señales de carretera, que indican para donde queda la ciudad y la distancia, pero no se van con el viajero.

En el caso de José Gregorio Hernández no es así, pues no era un filósofo que reflexionaba sobre lo divino y lo humano, sino que vivía conforme a unos ideales. Así lo escribió el mismo en el prólogo de su libro “Elementos de Filosofía”: “publico hoy mi filosofía, la mía, la que yo he vivido”. (Hernández, 1912)

El propósito de esta breve síntesis, en la cual con toda seguridad se escapan aspectos sustantivos de la personalidad del Dr. Hernández, es dar la idea de la total armonía, la absoluta coherencia, en el tránsito vital de este hombre singular. Por ello no se puede hablar a secas del su pensamiento filosófico. Es el testimonio de su vida la que habla de su pensamiento, la que dibuja un conjunto de valores y creencias que son la guía para su ejemplar vida familiar, profesional y religiosa, pública y privada. Pero no contento con esto, sorprendió hasta a sus mejores amigos con un libro llamado “Elementos de Filosofía” donde escribe la síntesis de la que cree y practicó.

También es propósito de este modesto ensayo, reflexionar sobre la validez de su pensamiento y de su obra, con el fin de tenerlo como modelo o referencia para la nueva Venezuela que indudablemente debemos construir y lograr el desarrollo humano integral.

 

De allí que para tratar de entender el pensamiento del Dr. José Gregorio Hernández es necesario intentar primero conocer al personaje, pues representa una coherencia total entre pensamiento y acción. José Gregorio Hernández fue un monumento a la coherencia, pero la popularidad de su imagen, de una recatada elegancia, puede confundir y llevar a una idea lejana a su extensa y dilatada cultura, a su rigurosidad como científico, vocación como docente, compostura ciudadana, profunda formación teológica y a su inquebrantable fe como católico practicante.

 

SEMBLANZA

¿Quién era realmente el Dr. José Gregorio Hernández? No es fácil la respuesta. De un interesante trabajo titulado ¿Cómo era José Gregorio Hernández? escrito por el Dr.  Alfredo Gómez Bolívar (Gómez, 2014) extraigo las palabras del eminente médico y científico Dr. Francisco Antonio Rísquez quien fuera su discípulo y se expresó así ante la noticia trágica de su muerte:

“Yo no pude nunca penetrar en aquella psicología, ni alcancé jamás a descubrir los secretos de aquella ecuanimidad imperturbable. Yo le veía recorrer, con incansable actividad,  el intrincado laberinto del mundo, sin comprender qué fuerza le guiaba o sostenía; pero sabiendo, sí, que sus caminos eran los de la virtud y su norte la Eterna Bienaventuranza.

Yo le acaté científico, le admiré carácter, le aprecié compañero, le respeté justo y bueno, como arrastrado a amarle y venerarle por su inclinación inconsciente, y hoy incapaz de trazar unos rasgos que le representen y le expliquen, suelto la pluma impotente, en espera de que un día, disipado el torbellino del desastre y asentadas las ideas que atropellan, psicólogo más hábil o pluma más discreta delineé la personalidad culminante y enigmática del Doctor José Gregorio Hernández”.

Esa tarea está pendiente aún, aun cuando el médico y académico Dr. Miguel F. Yaber Pérez escribió una excelente biografía que apunta certeramente hacia el logro de este propósito (Yaber, 2009). Lo analiza como estudiante desde el seno familiar hasta su postgrado en París. Destaca “sus modales delicados, su aplicación en los estudios, su gentileza y constante ayuda con los menos avanzados, su sobrio pero ajustado arreglo de su persona, su moderación y sencillez, su caballerosidad y su cultura, su respeto por los profesores y su extraordinaria disciplina…”. Todos los prestigiosos profesores que tuvo en París, Berlín, Roma, Nueva York o Madrid resaltaron sus cualidades de excelente estudiante, e incluso  recibió una Medalla como el mejor médico alumno en la cátedra del afamado Dr. Isidore Strauss.

 

Ejerció la medicina desde su grado en  1888 hasta su muerte en 1919. Desde médico rural en Isnotú hasta su ejercicio en Caracas cuando tenía justificada fama, nunca abandonó el estudio y la investigación. Hace cursos, está suscrito a prestigiosas revistas científicas internacionales, comenta con sus colegas los casos que tiene y pide sus orientaciones,  ejerce su profesión con elevado compromiso ético, con esmerada vocación, amorosa solidaridad y con mucho interés por sus enfermos. Gracias a esta forma de ejercer la medicina obtiene la reconocida fama de “médico de los pobres”.

Yáber lo llama “egregio universitario”, pues fue un modelo de universitario “corrector, honesto, sencillo, humilde”. Sus clases no eran cátedras magistrales con aburridas lecturas de textos o largos discursos, sino amenas demostraciones prácticas, observaciones dirigidas, experimentaciones, todo de forma amena, es decir una metodología activa y participativa, con apoyo de laboratorios, ayudantes y preparadores, uno de ellos su asistente Rafael Rangel. Escribía sus ideas o trabajos científicos y los exponía a sus alumnos. Era de una puntualidad  emblemática.

Era uno de  científicos más respetados de su época, por la profundidad y actualidad del dominio de la ciencia, por su actividad como investigador, conferencista en foros internacionales, la publicación de trabajos científicos y fundador de la Academia Nacional de Medicina.  “El biólogo más ilustre que haya brillado en la Escuela Médica de Caracas» sostuvo el científico Diego Carbonell. (Hernández Briceño, 1958)

 

José Gregorio Hernández era un ciudadano ejemplar, culto, moderno, activo “muy diferente a la imagen que se nos presenta ordinariamente”  dice el Dr. Yaber. Y agrega: “Era un joven bien parecido, de ojos grandes, pero de serena mirada; amable, bondadoso, de modales delicados; vestía siempre modestamente. Pero muy bien arreglado. En la adultez, se dice que era de simpático y distinguido talante: era un hombre de mediana estatura, aspecto saludable y contextura normal. La estatura de Hernández era de un metro sesenta centímetros, vestía de color oscuro o negro, a la usanza de la época. Como tuvo una vista perfecta no usaba anteojos para leer ni escribir. Llevaba el cabello y los bigotes bien arreglados y teñidos. Esto era lo usual. Creemos que Hernández en su aspecto exterior y en su conducta diaria, salvo su invariable fe a su práctica de la religión, quiso estar acorde con las cambiantes modas de la época”.

El Dr. Leopoldo Briceño-Iragorry lo describe así: “José Gregorio era de apariencia delgada, apenas alcanzaba 1.60 de estatura, su piel era blanca, ligeramente tostada por el sol, tenía una mirada vivaz, clara y penetrante, sus ojos oscuros sabían mirar de frente e inspirar confianza. De labios delgados, frente despejada, nariz perfilada, rostro ligeramente ovalado y cabeza bien formada, tenía las manos suaves y una sonrisa acogedora y oportuna. Predispuesto a hacer bien, era magnánimo y abnegado” (Briceño-Iragorry, 2016).

Muy culto, dominaba el latín, inglés, francés, alemán y el italiano y, sobre todo, hablaba y escribía correctamente el castellano. Escribió hermosos textos literarios, pintaba, tocaba el piano y bailaba muy bien. Tenía conocimientos de sastrería y carpintería. Viajó por diversos lugares del país y del exterior. Vivió en Paris y en Berlín, visitó Estados Unidos, México, Puerto Rico, Cuba, España, Italia, Curazao. Estaba pendiente de los problemas de país y fue un venezolano integral.

José Gregorio Hernández era un hombre de familia, aunque nunca se casó ni tuvo hijos.  Su familia fueron sus hermanos y hermanas y sus sobrinos de los cuales estaba siempre pendientes, procurándoles bienestar y educación[2]. Pero por sobre todo esto José Gregorio Hernández era un hombre de Dios y todo lo hacía para honrar su santo Nombre. De “castidad varonil y edificante” afirmó Diego Carbonell quien afirmó igualmente: «fue un santo de estos tiempos, que curaba enfermos con la terapéutica de estos días». Sus virtudes heroicas están reconocidas por la Iglesia y el 16 de enero del año 1986 el papa Juan Pablo II lo declaró Venerable.

 

PENSAMIENTO FILOSÓFICO

José Gregorio Hernández no era un filósofo, era una persona que vivía conforme a una filosofía.

Publicó su libro “Elementos de Filosofía» bajo con el permiso de la autoridad eclesiástica. Veamos lo que escribió » El Cojo Ilustrado» cuando salió a la luz: » En el mundo intelectual venezolano es bien conocida y reputada la personalidad del señor Dr. José Gregorio Hernández, médico eminente, de aplaudidos aciertos clínicos, bacteriólogo de autoridad acatada, cuya acción ha sido fecunda en bienes por lo que respecta al progreso de los estudios que se relacionan con la medicina práctica. Poseyendo esas cualidades y dedicado a esos estudios, cualquiera imaginaria que la mente del Dr. Hernández se apartaba, ya que no por repugnancia, por forzosa carencia de tiempo y espacios precisos para cultivarlas con fruto, de las ciencias metafísicas. Mas la inteligencia del autor de este libro, inquieta ante los misterios de la vida y del mundo, fue buscando por donde quiera que anduvo la cifra del misterio de la existencia, y, cuando creyó haberla encontrado, quiso formularla y exponerla a los ojos de todos con   tranquila e ingenua confianza».

Su mejor amigo, Santos Aníbal Dominici escribió: «La obra maestra de José Gregorio Hernández, la que por años meditó, en la que vertió la abundancia de sus conocimientos enciclopédicos es, sin duda, Elementos de Filosofía…En ella desbordan su pensamiento y las sensaciones de su alma, que la constante meditación en sí mismo concentraba y retenía; toda la obra es la revelación de su personalidad en ninguna otra forma ni ocasión manifestada» (Hernández Briceño)

 

Al leer esta obra destaco en primer lugar su carácter pedagógico. Se trata de un tratado didáctico bien organizado, con una estructura clara, con contenidos conceptuales precisos y presentados de manera directa, entre los cuales el autor intercala sus interpretaciones y las ilustra con casos prácticos o situaciones aclaratorias.

Luego del prólogo inicia con unos “Preliminares” en los cuales expone los primeros conceptos sobre filosofía, ciencia, la división de las ciencias y ubica las distintas ramas de la filosofía. El Libro Primero abarca las Ciencia Psicológicas y contiene cuatro Tratados; el primero es sobre Psicología Experimental, el segundo sobre la Lógica, el tercero es sobre la Estética, el cuarto sobre la Moral. El Libro Segundo es sobre Metafísica y contiene tres   Tratados, el primero sobre la Ontología, el segundo sobre la Teología Práctica o Teodicea; el tercero es sobre Psicología racional (sobre la naturaleza del alma), el cuarto es sobre la Cosmología racional. El Libro Tercero trata de la Historia de la Filosofía.

En este último capítulo no está dividido en tratados sino en capítulos y en ellos hace un enfoque de la historia de la filosofía desde el método deductivo hasta el inductivo y la actualidad (año 1912). Presenta su visión desde los presocráticos, Sócrates, Platón, Aristóteles y otros clásicos griegos, los neoplatónicos, la escolástica de San Anselmo de Canterbury, Alberto el Grande, Santo Tomás de Aquino, Alejandro de Halés, San Buenaventura,  Rogerio Bacon, Duns Scott. Luego continúa con Lord Bacon, Descartes, Spinoza, Leibniz, Hobbes, John Locke, Hume y otros empíricos ingleses; presenta a Adam Smith, Kant, Augusto Comte, Darwin y otros. Son presentaciones cortas en las cuales hace una apretada síntesis de sus planteamientos fundamentales.

Transcribiré algunos textos de estos Elementos para brindar algunas ideas centrales del Dr. Hernández:

  • Los deberes personales reposan en la dignidad de la persona humana y en su perfectibilidad. El hombre, porque es un ser racional tiene una gran dignidad, es superior a todos los otros seres del mundo; por ello está obligado a respetarse en todos sus actos, y a desarrollar sus facultades, acercándose mientras vive, en lo posible, al ideal de perfección moral.
  • Ningún hombre puede vivir sin tener una filosofía. La filosofía es indispensable para el hombre, bien se trate de la vida sensitiva, bien de la vida moral, y en particular de la vida intelectual.
  • Las inclinaciones superiores o ideales son las aspiraciones del alma hacia lo perfecto. Son el amor de lo verdadero, de lo bello, del bien: el sentimiento religioso; ellas son las que levantan la dignidad humana y ennoblecen al hombre, de quien son la propiedad exclusiva.
  • El bien es lo que conviene a la naturaleza racional del hombre, y la perfecciona. El mal es lo contrario a la naturaleza racional del hombre. El bien es por su naturaleza conforme a la ley moral; es el ideal moral.
  • Dios es la causa primera, la causa eficiente de todo cuanto existe, y todo lo que existe, por él fue creado de la nada.
  • Las propiedades que constituyen la esencia del alma son la de ser una sustancia simple, espiritual, libre e inmortal.
  • Para conocer de una manera práctica la claridad y belleza de las operaciones del método deductivo, y lo absoluto de las verdades por él demostradas, propongámonos hacer la demostración deductiva de esta verdad: Dios existe.

Dios existe. Hay un orden admirable en el universo entero. Este orden perfecto se encuentra en los sistemas estelares o solares y planetarios, como también en todos los fenómenos del mundo terrestre y principalmente en la constitución del hombre, del microcosmos.

En todo el universo no encontramos fuera del hombre, único ser inteligente que podemos ver, sino fuerzas y materia.

La materia y las fuerzas, estando privadas de dirección, enseña la experiencia que siempre obran desordenadamente.

Luego es indispensable una inteligencia ordenadora, bastante poderosa para haber podido crear ese orden maravilloso y el mismo universo que contemplamos.  Este ser inteligente no es el hombre, ser finito y débil, incapaz de producir semejante orden.

Luego hay un ser infinitamente poderoso y sabio, creador del universo admirablemente ordenado que conocemos. Este ser lo llamamos Dios.

Luego Dios existe.

  • Esta filosofía me ha hecho posible la vida. Las circunstancias, que me han rodeado en casi todo el transcurso de mi existencia, han sido de tal naturaleza, que muchas veces, sin la filosofía, la vida me habría sido imposible. Confortado por ello, he vivido y seguiré viviendo apaciblemente. Mas, si alguno opina que esta serenidad, que esta paz interior de que disfruto a pesar de todo, antes que a la filosofía, la debo a la Religión santa que recibí de mis padres, en la cual he vivido, y en la que tengo la dulce y firme esperanza de morir, le responderé que todo es uno.
  • Es cierto que existe el mal, y esta existencia del mal, a primera vista, parece oponerse a la Providencia divina; pero el mal es un producto de la libertad humana dependiente de la limitación del hombre, que es un ser finito; más Dios, que ha creado al hombre libre y responsable, le tolera sus malas acciones, mientras suena la hora de la justicia. Además Dios sabe sacar del mal el bien, y la historia nos da a conocer la vida de muchos hombres, que arrepentidos de sus malas obras, cambiaron su forma de vivir y llegaron después a la cumbre de la perfección moral.
  • Los actos voluntarios libres son aquellos que se ejecutan con conocimiento de la causa y eligiendo entre varios actos posibles y aun contrarios.
  • Los actos voluntarios libres necesitan, pues, de dos fundamentos que son el conocimiento y la libertad.
  • La libertad, llamada también libertad de albedrío o libertad moral, es el poder de elegir entre muchos actos posibles, son coacción interior no exterior.
  • La conciencia es un testigo perfecto de la existencia de la libertad humana.

 

 

OPINIONES SOBRE PENSAMIENTO Y ACCIÓN

Leopoldo Briceño-Iragorry:

“Su compleja personalidad estaba integrada dentro de un monolítico bloque de imposible desintegración, tanto así de que casi a cien años de su muerte, resulta aventurado pronunciarse sobre si era mejor médico, que catedrático; o si por el contrario se distinguió más como filosofo, que como filántropo o religioso; pues José Gregorio Hernández lo poseía todo y lo reunía a la vez dentro de una armoniosa y bien estructurada unidad espiritual”.

Luis Razetti:

“Cuando Hernández muere no deja tras de sí ni una sola mancha, ni siquiera una sombra, en el armiño eucarístico de su obra, que fue excelsa, fecunda, honorable y patriótica, toda llena del más puro candor y de la inquebrantable fe”. “…31 años consagrados a la práctica del bien bajo las dos más hermosas formas de la caridad: derramar luz desde la cátedra de la enseñanza, y llevar al lecho del enfermo, junto con el lenitivo del dolor, el consuelo de la esperanza…”.

 

Dr. Francisco Antonio Rísquez:

“¿Qué luces de rarísimos fulgores brotaban de aquel cerebro, en este campo intelectual de suyo tan brillante, para que yo mismo, apenas apareció en el terreno científico le apellidase sin hipérbole “el sabio casi niño”? ¿Qué chispa ultra terrena encendió en aquel cuerpo a un mismo tiempo, el cirio de la Fe Suprema, y la antorcha de la Ciencia Soberana, hasta ofrecer a la admiración de todos un arquetipo de filósofo creyente?”

El Universal, dirigido por Andrés Mara, en su edición del lunes 30 de junio de 1919, día siguiente del fatal accidente, encabeza su primera página “Duelo de la Patria y de la Ciencia”.

“…eminente médico venezolano, querido y respetado generalmente tanto por su profunda sabiduría como por las nobles y generosas virtudes, que eran ornato de su espíritu”.

 

Dr. David Lobo, Presidente de la Academia Nacional de Medicina:

“¿Dónde hubo dolor que no aliviara? ¿Dónde penas que no socorriera? ¿Dónde flaquezas que no perdonara? En su pecho generoso, no germinaron nunca el odio ni el rencor…”

 

Dr. Rómulo Gallegos:

“Lágrimas de amor y gratitud, angustioso temblor de corazones quebrantados por el golpe absurdo y brutal que tronchara una preciosa existencia, dolor estupor, todo esto formó en torno al féretro del Dr. Hernández el más hermoso homenaje que un pueblo puede hacer a sus grandes hombres” … “No era un muerto a quien se llevaban a enterrar; era un ideal humano que pasaba en triunfo, electrizándonos los corazones. Puede asegurarse que en el pos del féretro del Dr. José Gregorio Hernández todos experimentamos el deseo de ser buenos”.

Ante la tumba, Rómulo Gallegos:

“No fue el duelo vulgar por la pérdida del ciudadano útil y eminente, sino un sentimiento más hondo, más noble, algo que brotaba en generosos raudales de lo más puro de la sustancia humana; un sentimiento que enfervorizaba y levantaba las almas. (…) Cada cual había concurrido con lo mejor de sí mismo. (…) En el plano espiritual (…) cada cual buscó su luz propia y la encendió (…) Dieron así los corazones sus mejores destellos; la incomparable emoción de la lumbre interior, ardiendo ante un ideal noble, nos ennobleció la vida (…) Sin duda fue éste el más precioso don de cuantos otorgó próvidamente el doctor Hernández (…) El bien que se hace brotar espontáneamente en cada alma, porque éste nos devuelve la fe en nosotros mismos y nos hace conocer el santo orgullo de sentirnos buenos”.

 

REFLEXIONES FINALES

En el mundo de la “modernidad líquida” o “sociedad líquida” para citar al sociólogo Zigmund Bauman, que define así a estos tiempos en los cuales casi nada es sólido y todo es provisional, precario, incoherente, veloz y donde los principios que cuentan solo predominantemente el consumo y la codicia, muchas son las voces que se elevan clamando prudencia, pensamiento, cordura y coherencia entre principios o valores y acciones.

En Venezuela en particular, cuya sociedad y su entorno natural se han degradado hasta extremos inconcebibles, fruto de la corrupción, la codicia desbordada, el secuestro de la libertad, la imposición de la dictadura, la destrucción de las instituciones republicanas y la violación a la dignidad de la persona humana, el ejemplo de personas como José Gregorio Hernández puede servir de faro luminoso que inspire los valores y los caminos estratégicos, que lleven a la construcción de un nuevo país, más modesto, educado, veraz, trabajador, virtuoso y coherente con los valores expresados en la Carta Magna.

Este hombre tiene muchas condiciones para llenar la necesidad de un líder ejemplar que inspire los principios y las acciones de los nuevos liderazgos y del pueblo en general. Es el personaje más popular de todos los lugares y todos los tiempos en Venezuela. Su imagen en conocida y querida en todas partes. Su vida es admirada y reverenciada. La proyección crece con el tiempo. Hoy debe servirnos de ejemplo luminoso para la Venezuela posible.

 

BIBLIOGRAFÍA

Carvallo Ganteaume, Marcel “José Gregorio Hernández Un hombre en Busca Dios” Ediciones Trípode 1995

Gómez Bolívar, Alfredo. “¿Cómo era José Gregorio Hernández?” 2014.Consultado en: http://todo-sobre-el-dr-jose-gregorio.webnode.es/novedades/biografia. Consultado el 24-01-2015.

Hernández Briceño, Ernesto. “Nuestro Tío José Gregorio”. Primera Edición, Tomo II. Caracas, 1958.

Yáber Pérez, Miguel. “José Gregorio Hernández”. Ediciones Trípode. 5ª Edición. Caracas, 2009. Reproducido en Hernández Briceño, 1958.

Yaber Miguel. José Gregorio Hernández. Hombre de Dios y Siervo de los enfermos. Caracas 2010

[1] Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina, Sillón XVIII. Individuo de Número de la Sociedad de Historia de la Medicina.

[2] Guardo personalmente un pequeño diario donde anotaba algunos de los acontecimientos de sus allegados, como bautizos, primeras comuniones, confirmaciones y matrimonios.