Reporte Católico Laico

/

Leonardo Da Vinci y Miguel Angel Buonaroti:  Dos genios en el siglo de oro de las artes

Leonardo Da Vinci y Miguel Angel Buonaroti:  Dos genios en el siglo de oro de las artes
  RCL les invita a leer a Raúl Sanz Machado.- 
 

En estos días pasados, reseñamos la  celebérrima vida  del genio universal del Renacimiento,  Leonardo Da Vinci, con motivo del 500° aniversario de su fallecimiento, el 2 de mayo de 1519.  Para medir la dimensión de su obra cultural, bastaría señalar su inmortal pintura  MONA LISA,  obra capital del arte universal, la  mas visitada en el mundo, por millones de admiradores,  aunque Da Vinci murió solitario y fracasado en muchas de las obras que había planeado. Sin embargo hizo una cuantiosa fortuna que legó a su discípulo Francesco Melzi 


 Cuarenta y cinco  años después, otro genio singular, Miguel Angel Buonaroti, arquitecto, escultor y pintor  pasaba a la eternidad a sus venerables 89 años.  Su portentosa obra, la llevó a cabo a lo largo de 70 años,  principalmente en Florencia y Roma, donde residían sus consecuentes mecenas, los Medicis y los Papas, desde Sixto IV hasta Julio III. De Miguel Angel, genio del arte universal, se conocen 2 biografías, cuyos autores son: Georgio Vasari en 1550 y  dos años después, en 1553 otra escrita por su amigo, Ascanio Condivi, gracias a las cuales se conservan dos testimonios elocuentes de la vida y obra de  tan insignes manos humanas. 
 
La portentosa maestría de Miguel Angel para esculpir figuras humanas, como el David , instalado en la plaza de la Academia, de Florencia, es considerada  por Miguel Otero Silva, «la más poderosa y limpia manifestación del culto al hombre, a su espíritu combatiente, a su estructura corporal». A eso que el propio Miguel Angel  sentenciaba:  
 
«Nunca Dios ha dignado mostrarse a SI mismo
más claramente que bajo las formas humanas
las que yo, como imagen suya, amo y reverencio»
 
Así también está Miguel Angel en su impronta escultural, en la tumba de los Médicis, en la sobrecogedora e imponente fuerza  del Cristo en brazos de su Madre, presente en su obra La Pietá en  El Vaticano.  Irrebatible, agrega MOS, la imprecación de Romain Rolland:
 
Como escultor de cuerpos unido a su fascinación por todo lo joven y vigoroso, Miguel Angel mostró su inclinación a la belleza humana y al amor sensual hasta muy avanzada edad, aunque ademas de su David y La Pietá, dejó muestras de su impecable talento arquitectónico, como la basílica de San Pedro en El Vaticano, diseñada y construida por él, la venerable, espléndida Capilla Sixtina y los frescos que adornan sus techos y paredes como portentosos regalos a las generaciones del pasado y el presente.
 
Raúl Sanz Machado