Reporte Católico Laico

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Salvemos dos vidas

Salvemos dos vidas

RCL les invita a leer a Mons Fernando Castro Aguayo.-

“La ruina humana, espiritual y afectiva que supone un aborto provocado es inimaginable: puede ser la muerte en vida”.

El aborto se ha hecho cultura. Sorprende la excesiva cobertura mediática en apoyo a la legalización del aborto en algunos países, invocando  el derecho a la libertad individual  o el “derecho a decidir”  de las mujeres. Promueven algo tan monstruoso como lo es la licencia para matar, se pone la libertad al servicio de la muerte y del descarte.

El sistema que incorpora el aborto provocado es creador de “campos de exterminio”, se trata de seres humanos vulnerables e indefensos. Las consecuencias -del aborto criminal, del aborto provocado- son fatales. No solo se acaba con la vida del niño, sino que es la causa de muerte de muchas mujeres, otras quedan discapacitadas.

La ruina humana, espiritual y afectiva que supone un aborto provocado es inimaginable: puede ser la muerte en vida.

Una mujer que aborta actúa en contra del don más grande que se le ha dado: dar la vida.  “El embarazo es una época difícil, pero también es un tiempo maravilloso. La madre acompaña a Dios para que se produzca el milagro de una nueva vida” (Papa Francisco, Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, n 168)

Comprendo y acompaño a los hombres y mujeres que toman la “bandera” de la defensa de la vida, que promueven el seguimiento y acogida de las madres embarazadas en situación de vulnerabilidad, que creen en el valor de cada vida humana en sí misma y defienden lo obvio: la vida de esos niños que merecen todo el amor, la ternura y el cuidado  propios del indefenso y del desvalido – y que en esa etapa- solo pueden ser proporcionados por sus padres.

Pienso que todos los niños abortados, no nacidos, sentenciados por algunos legisladores, previamente y sin derecho a la defensa, son poderosos intercesores que imploran una conversión del corazón.

Amar la vida es el camino para reconstruir el tejido social. Se conjuga la misericordia al acompañar a las madres y la determinación de defender la vida del que ha de nacer. La vida es siempre un don de Dios.

Fernando Castro Aguayo

fcastroa@gmail.com