Reporte Católico Laico

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El fin de la economía rentista

El fin de la economía rentista

RCL les invita a leer a Aurelio F. Concheso.-

Se comenta mucho que Venezuela es una sociedad “rentista” y que para recomponer el modelo socio-económico venezolano hay que “acabar con el rentismo”. Este último comentario irónicamente es muy popular entre apologistas del régimen que con más fervor ha perseguido, confiscado y dilapidado la acumulación de rentas de la sociedad nacional. Valdría la pena analizar de que se está hablando para poner las cosas en su justo lugar.

El concepto de “renta” en una actividad económica no es intrínsecamente malo per se. Todas las empresas buscan un elemento diferenciador de su producto o servicio que les permita maximizarlo lo que cobran por él, sin afectar el mercado para el mismo, claro está. Es así como, por ejemplo, Apple se da el lujo de cobrar una prima substancial por sus productos en relación a sus competidores en función de la aceptación de sus clientes. Un caso clásico de “renta” así entendida puede ser el diferencial que puede cobrar Coca-Cola por la venta de una jarabe azucarado mezclado con agua carbonatada, que por otro nombre tendría que ser vendido a precios cercanos a su costo de producción. Renta también es la prima que paga un comprador de un Mercedes Benz, o de cacao venezolano Premium en comparación con cacao africano.

Pero en Venezuela asociamos renta, y con razón, al valor de nuestro petróleo, y específicamente el diferencial entre el costo de producirlo recibiendo solamente un rendimiento industrial razonable, y el precio a que se ha podido colocar en los mercados internacionales. Especialmente desde que los precios del petróleo, mas no asi sus costos, se triplicaron de la noche a la mañana después de la Guerra de Yon Kippur en 1973, y en general se han mantenido muy por encima del costo a boca de pozo de países como los del Golfo Persa (donde el valor esta por los $2,50 por barril) y Venezuela (donde el promedio hasta hace poco no llegaba al $ 10.00 por barril).

 Sociedades más sensatas tal vez que la nuestra la han sabido administrar con prudencia esa renta sin satanizarla: Los noruegos creando un fondo de reserva para futuras generaciones que es el más grande del Mundo, y alternativamente, el Estado de Alaska mediante la distribución directa de dicha renta a los residentes de ese Estado de la Unión Norteamericana. En nuestro caso, con la estatización total de la industria petrolera en 1974, el Estado venezolano se apropió a priori de esa renta con los lamentables resultados que ya conocemos.

Por mirando a futuro, no son necesarios golpes de pecho socialistas sobre la “sociedad rentista y capitalista”. Si algún día existiera la voluntad de recuperar la colapsada industria petrolera venezolana, habrá que hacerlo sobre el criterio de una actividad industrial cuyos niveles de renta fortuita serán insignificantes. Esta realidad la impone el hecho que Estados Unidos, una economía de mercado donde el Estado no interviene en la producción, y no el cartel de la OPEP, es quien impone hoy el ritmo de los precios. La producción de EEUU aumentó de 5.2 millones de barriles diarios en junio de 2009 a 12,2 millones en 2019, un aumento de 134%, con perspectivas de llegar a 15 millones en 2022, mientras Arabia Saudita y Rusia los otros dos grandes productores se han estancado en 10 millones en ese lapso.

Entre tanto, el ingenio empresarial de los productores americanos ha hecho que los costos, antes elevados, vayan bajando dramáticamente con la aplicación de tecnología de punta y la eficiencia financiera propia de mercados abiertos y competitivos. Ante esta situación si es que la industria petrolera venezolana va a resurgir de sus cenizas, es necesario despojarse por completo del complejo rentista y tratar al petróleo como lo que es: una industria en la cual abrirse paso de nuevo requerirá ingenio empresarial y capital privado y no burocracias estatales ávidas de cooptar una renta fácil que ha dejado de existir.

Editorial Laotravia

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