Milos Alcalay advierte: Regresar al TIAR no es “solución mágica” para Venezuela

El reconocido diplomático de carrera ve positiva la reincorporación al TIAR, pues con él “retorna Venezuela a la legalidad hemisférica”. Pero advierte la falta de profesionales en el equipo de Juan Guaidó y estima que con ajustes el grupo de Estados que le apoyan podría duplicarse.

 

Carlos Zapata | Aleteia

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) nace en 1947 en el inicio de la Guerra Fría, y establece una alianza entre los países de la Organización de Estados Americanos (OEA) para evitar cualquier injerencia de una fuerza militar extra-regional en territorio de América, en el sentido de que un ataque a uno de ellos implica la solidaridad automática de los demás.

 Milos Alcalay, uno de los más respetados diplomáticos de carrera de América Latina, exembajador que supera las tres décadas de experiencia ante el Parlamento Andino, el Latinoamericano y el Europeo.

“Es un tratado que existió antes de la OEA, la cual se creó en 1948, en una época de la Unión Panamericana, que la OEA como heredera de la Unión incorpora en sus normativas”, dijo.

“Este tratado, aunque ha tenido contradicciones, como en el caso de las Malvinas, donde EEUU optó por la opción militar de la OTAN, establece un marco que evita que potencias extra-regionales, en aquel momento la Unión Soviética; hoy día: Rusia, Turquía, Siria y otros aliados del régimen (de Nicolás Maduro), puedan continuar interviniendo, ya que se trata no sólo de una posible intervención en Venezuela, sino de algo que afecta a la región en su conjunto”.

“Cuando los países del ALBA vieron dentro su dimensión no buscar la solidaridad hemisférica, sino relaciones con países como Rusia, Turquía, Siria y Corea del Norte, paulatinamente fueron atacando el tratado; y países como la Venezuela de Chávez; Rafael Correa, en Ecuador; esos y otros países latinoamericanos salieron del TIAR”.

“El hecho de que en estos momentos la Asamblea Nacional vote por la reincorporación, no solamente significa volver a tener un esquema de solidaridad militar hemisférica, sino también de sumarse a reconstruir el tejido de integración interamericano, como en el caso de la OEA y el de la Convención Interamericana de Derechos Humanos”.

 

Pero es un tratado de orden defensivo más que ofensivo, que además nunca se ha  aplicado militarmente. ¿Qué aplicación práctica, operativa, tendría en el caso Venezuela, más allá de representar un hecho simbólico?

Sí, es un tratado defensivo, pero establece la solidaridad de todos los países miembros de la OEA. Nunca ha sido aplicado porque no hemos tenido presencia física, salvo en el caso de los misiles soviéticos en Cuba, en donde los EEUU no invocaron el TIAR sino hubo una posición firme del presidente John F. Kennedy frente a la Unión Soviética.

Tampoco ha habido una intervención expresa militar de Turquía ni de Siria. Por ende, es una nueva realidad lo que estamos viviendo.

Ciertamente, no es sólo simbólica, que lo es, sino de pertenecer a la comunidad interamericana y establecer mecanismos que den un mensaje claro con respecto a que el hemisferio no está de acuerdo con la presencia militar extrajera extra-regional, lo cual está establecido en el tratado.

Es un tratado netamente defensivo…

-Evidentemente, no es ofensivo. Ni Venezuela ni ningún país de América Latina quiere ir a otra región a buscar conflictos militares, ni en Rusia, ni en en Ucrania, ni en Crimea, ni en Siria; ese no es el papel de los países latinoamericanos, pero tampoco vamos a permitir que haya una amenaza de la presencia militar extra-regional. Es un mensaje claro de que Venezuela retorna a la legalidad hemisférica.

Entonces ¿no iría más allá de condenar la presencia militar de Rusia y Cuba en Venezuela? ¿Condenaría también la eventual presencia militar estadounidense?

-Es un mecanismo como la OTAN, como lo era antes el Pacto de Varsovia en los países comunistas; evita que países fuera de la región puedan intervenir. Pero hay una serie de cláusulas, no es automático, no es algo que va a mejorar ya, hoy, la situación. Establece sí una especie de escudo protector. Con EEUU no, porque EEUU no es una fuerza extra regional y forma también parte del TIAR. Se aplica fundamentalmente a fuerzas que están fuera de la región hemisférica.

Tanto el TIAR como la intervención militar de EEUU son peticiones continuas de un ala radical dentro y fuera de Venezuela, como exigencia a Guaidó. Pero eso no implica que enviarán tropas al país…

-Estoy de acuerdo con sus comentarios, pero creo que regresar a una arquitectura legal hemisférica nos ayuda a definir nuestro rumbo. El TIAR no es la solución a nuestro drama, pero da un mensaje claro de que somos parte integral de la OEA y de sus Tratados.

Ante la urgencia por la crisis, ¿qué les diría a quienes sostienen que ha sido el mismo Guaidó con sus designaciones desafortunadas (caso Cúcuta), la falta de transparencia al rendir cuentas, no admitir que hay negociación, quien da oxígeno a Maduro?

-La situación de Venezuela es inédita. No hay en la historia de la humanidad una nación con dos Asambleas, dos Poderes Judiciales y muchas otras instituciones paralelas. Bajo esta realidad, no ha sido fácil poder llevar a cabo una estrategia internacional coherente.

Es verdad que ha habido altibajos y es verdad que ha habido errores, pero también es verdad que ha habido aciertos. Creo que uno de los temas importantes es que hace falta crear una especie de Gabinete en materia internacional. Hace falta una persona en Venezuela encargada de coordinar las acciones internacionales; así como exigirles a los representantes (de Guaidó) una acción transparente; y en caso de que no cumplan, destituirlos.

Implica también el aumentar los respaldos. De los 54 estados, con una representación con personal profesional calificado en la ONU podría aumentarse, incluso duplicarse el número de respaldos de países de África, Asia, Oceanía y otras regiones del mundo; eso exige aplicar una estrategia con mayor profesionalización echando mano de gente con conocimiento, ¡que los tenemos!

Puede buscarse una sólida visión estratégica y apoyar a aquellos que están haciendo un buen trabajo en el exterior, pero complementarlo con gente que tenga mayor experiencia.

Lo importante es seguir adelante. Cuando uno ve el balance y el avance, el apoyo del Grupo de Lima, el de la OEA, el de EEUU y Canadá; así como de varios parlamentarios de Europa; eso nos muestra que independientemente de lo que nosotros hagamos, tenemos solidaridad, porque afortunadamente están basados en la lucha por la democracia, la libertad y los derechos humanos.

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