Reporte Católico Laico

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Valentín Arenas: “Trabajar por la justicia es como ejercer un sacerdocio laico”

Valentín Arenas: “Trabajar por la justicia  es como ejercer un sacerdocio laico”

Recuerda que “la justicia es el fundamento de la paz”, “no te hagas nunca cargo profesionalmente de un caso de cuya justicia no estés absolutamente convencida”. Las enseñanzas de un padre a su hija, al graduarse de abogada.

 

Carlos Zapata | Reporte Católico Laico

Falleció hace muy poco, pero su enseñanza está intacta y es tan grande como su legado, con una carga ética y moral extraordinaria que sigue dejando eco luego de más de cuatro décadas de formación universitaria a no pocas generaciones de profesionales en Venezuela.

Enseñó en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) tras huir de la dictadura de Cuba, donde fue un perseguido -junto a su familia– de su antiguo compañero de estudio, Fidel Castro, por quien lejos de sentir odio, sintió pena y compasión.

Se hizo venezolano, más que muchos nacidos en la tierra sudamericana. Y allí dejó una amplísima cosecha con frutos abundantes, impregnados todos con la doctrina social de la Iglesia católica, en cuyo seno se formaron sus criterios desde niño.

Al cumplirse un mes de su partida física, se hizo pública una carta del abogado Valentín Arenas Amigó -padre de Macky Arenas- a una de sus hijas, María Elena, cuando ésta se graduaba en leyes, en octubre de 1.986.

Enseña que “un grado universitario implica compromiso con los padres, pero sobre todo con la Patria y con la Iglesia. A renglón seguido afirma que “es equivocado el juicio social de que un profesional realizado es aquel que tiene mayor número de clientes o aquel que percibe más honorarios al año. Esa es una muy pobre medición del éxito profesional. Un profesional realizado es aquel que mejor cumpla con la función social y humana que tiene su profesión”.

“Queremos formar hombres, que además sean profesionales; y no fabricar profesionales que sólo ocasionalmente sean seres humanos; queremos profesionales al servicio de la sociedad y no de una cuenta bancaria. ¿Duro? Pero, ¿no es cierto que sucede con escandalosa frecuencia?”, sostiene-

“Un título no da el derecho moral a percibir honorarios si el profesional no ha prestado antes un servicio responsable y equivalente que lo justifiquen.

“Un título no es tampoco un escalón para situarse dentro de un sector social privilegiado, sino el documento que acredita lo mucho que puede exigirle la comunidad a quien se lo entrega. Porque estamos en una sociedad donde cada cual reclama sus derechos y nadie cuida de cumplir con sus deberes.

“Estamos en una sociedad en crisis. Esa es la crisis. La llamamos económica cuando Dios nos ha regalado un país maravilloso en riquezas naturales y cuando nuestra riqueza petrolera nos hizo nadar en la abundancia, sólo para ocultar que es una crisis de responsabilidad colectiva y, en el fondo, de los valores éticos que son la única base sólida de la fortaleza de una nación”.

“La profesión que libremente escogiste es apasionante porque la justicia es el fundamento de la paz, tanto a nivel individual como social. Trabajar por la justicia es como ejercer un sacerdocio laico.

“Debes esforzarte en tu proyección nacional para que nuestra organización social misma sea capaz de promoverla para “todos los hombres” y no sólo para una minoría de ellos. Y si esto exige cambios “urgentes y profundos”, como afirmó Pablo VI, comprométete sin miedos con ellos aunque puedas presumir algún perjuicio material para tu sector social o profesional. El no hacer cambios profundos es hoy el riesgo  mayor para la estabilidad de nuestras instituciones”.

“A nivel profesional nunca he creído en una ética estatutaria que sea contraria a la justicia y mucho menos en un abogado. No permitas que te esgriman esa ética mercantilista si contradice tu conciencia. Y en el ejercicio de tu carrera, no te hagas nunca cargo profesionalmente de un caso de cuya justicia no estés absolutamente convencida.

“Practicar esto no te será fácil. Vendrán los consejos de amigos, las presiones de quienes creías amigos pero están demasiado comprometidos con sus intereses materiales, y las amenazas abiertas de aquellos dispuestos a todo contra aquel que les quiera impedir su oración ante el becerro de oro o ante el poderío del Estado totalitario.

“Cuando te cerquen busca fuerzas en ti misma, en tu Patria y en Dios y te sorprenderás de cuánta es tu fortaleza y de qué débiles son ellos, los adversarios de tu Patria. Devuelve tu título y la toga a la Universidad antes que claudicar de esta posición ante la vida.

“Tendrás muchas tentaciones, sé fuerte. Te harán muchas ofertas, desprécialas y compadece a quienes te las hagan. Tratarán de halagarte, que es una forma más sutil de doblegar tus principios; pero estate alerta y hazles sentir, también sutilmente, que tu conciencia no está ni estará nunca en el mercado.

“Verás como llega un momento en que ya no se atreven y te respetarán, porque con tu conducta les has enseñado lo que es ser un profesional auténtico del derecho. No los rehuyas porque acaso son tus compañeros de profesión, acaso del mismo curso, y porque pueden necesitar de tu fortaleza y de tu ayuda, pero hazte respetar siempre por una conducta clara que refleje los valores que te inculcaron en la Escuela de Derecho de la UCAB.

“Y si cuando no aceptas lo que no puedas aceptar, algún colega se sonríe y le dice al otro: ‘Es que estudió en la UCAB’, te aseguro que será ese el testimonio que tus profesores, entre los que estuvo tu padre, esperamos de un egresado de la Escuela. Ese testimonio vivencial de nuestros graduandos en su vida profesional es lo que da especificidad a nuestra Escuela de Derecho.

“María Elena, es bastante la distancia generacional entre tu edad y la mía. Tu pelo ha sido siempre muy negro, el mío es ya casi blanco. No sé cómo recibirás estas reflexiones que sólo buscan enrumbarte en la vida profesional que ahora empiezas en una sociedad difícil, casi selvática. Pero de lo que sí estoy seguro es de que tu hogar y la Universidad te respaldan con una educación integral. Lo que aumenta tu responsabilidad.

“Y que ese hogar y esa Universidad serán siempre un Alma Mater para darte aliento y para recibirte en sus brazos, como a cualquiera de sus hijos o de sus hijas, que en el fragor de la vida se lleguen hasta ella con risas o con lágrimas.

“No lo olvides. Compartir es lo único auténticamente humano y también cristiano”.

Una bendición especial

“Con esto entendí que cuando logras tener es porque Dios te ha bendecido para que compartas con el que no tiene”, compartió por su parte María Elena, y agregó:

“Estas frases me acompañaron en mi vida al lado de papá y, ahora que no está, se quedan tatuadas en mi ser como parte de mí porque es lo que he aprendido de él, lo que siento que me hace fuerte y sólida ante cualquier adversidad”.

“A los 22 años, el contenido de esa carta, aunada a sus ejemplos, marcaron mi caminar… Papá fue un libro abierto. Lleno de amor, paciencia, sabiduría y buenos ejemplos”.