La aspiración? una Venezuela en paz

RCL les invita a leer a Elinor Montes.-

Durante estos 20 años de “Socialismo del Siglo XXI” se ha producido un cambio cultural importante en la gente de lo que fue Venezuela, hoy convertida en Cubazuela.

La cultura de la muerte promovida desde el Estado-Partido, ha instalado en una parte de la población una cultura de la sobrevivencia, en la que el ¡sálvese quien pueda! está presente en el día a día, la gentileza y las buenas costumbres han sido desalojadas por el atropello y por la ley del más fuerte; la honradez y la competencia han sido desplazadas por el abuso, el rebusque y la piratería. El trabajo como medio de servir al prójimo y procurarse el pan ha perdido todo valor, entre otros, por los salarios de hambre que niegan una vida digna y la posibilidad del ascenso social en una generación, que venía alcanzando la gente de Venezuela durante los 40 años de democracia mediante la educación y el trabajo honrado. El menoscabo y la desnaturalización de la educación y el trabajo; la promoción de la ignorancia, de la delación y de la violencia contra la disidencia, así como la lealtad suprema al Estado-Partido, mediante el castigo de la disidencia y la premiación con bolsas de comida al lumpen y con jugosas ganancias a los cuellos blancos, ha hecho olvidar a esa parte de la sociedad los valores trascendentes de la persona humana: la fe en Dios, la caridad, la libertad, la justicia, la conciencia, el perdón y el bien común que, manifestados en la vida cotidiana con la familia, en la escuela, en el trabajo, en la calle…, garantizan la convivencia en paz.

La otra parte de la sociedad, más numerosa, los ciudadanos, día a día luchamos por el rescate de los valores como factor esencial en la Venezuela que deseamos construir, una Venezuela de verdadera paz, de allí que cueste entender cómo se puede restablecer la democracia y reconstruir un país, compartiendo el Poder con aquéllos que lo han destruido, que su sentido de vida es el poder por siempre, que consideran a la gente cosa desechable, que no tienen límites, ni moral, que son capaces de hacer “lo que sea” para lograr sus objetivos y que hasta la saciedad han demostrado que no comparten el poder.

La democracia es imposible sin libertad, justicia, igualdad y paz entendida en su sentido más amplio.

“La paz es un valor y un deber universal; halla su fundamento en el orden racional y moral de la sociedad que tiene sus raíces en Dios mismo, “fuente primaria del ser, verdad esencial y bien supremo”. La paz no es simplemente ausencia de guerra, ni siquiera un equilibrio estable entre fuerzas adversarias, sino que se funda sobre una correcta concepción de la persona humana y requiere la edificación de un orden según la justicia y la caridad.

La paz es fruto de la justicia (cf. Is 32, 17), entendida en sentido amplio, como el respeto del equilibrio de todas las dimensiones de la persona humana. La paz peligra cuando al hombre no se le reconoce aquello que le es debido en cuanto hombre, cuando no se respeta su dignidad y cuando la convivencia no está orientada hacia el bien común. Para construir una sociedad pacífica y lograr el desarrollo integral de los individuos, pueblos y Naciones, resulta esencial la defensa y la promoción de los derechos humanos.

La paz también es fruto del amor: “La verdadera paz tiene más de caridad que de justicia, porque a la justicia corresponde sólo quitar los impedimentos de la paz: la ofensa y el daño; pero la paz misma es un acto propio y específico de caridad”. (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 494).

Ciertamente lo ideal es que a través de un proceso de negociación se llegue a un acuerdo que permita el rescate de la democracia y la reconstrucción de nuestra Venezuela, sin embargo, para que no sea un simulacro más a los que nos tiene acostumbrados el régimen, sino una verdadera negociación, las partes tienen que estar dispuestas a ceder para llegar a puntos de encuentro que permitan el objetivo final, el asunto aquí es que lo que aspiran quienes detentan el poder niega lo que aspiran los ciudadanos representados por la dirigencia democrática, en escenarios así las negociaciones tienden a hacerse infinitas, esperemos que la dirigencia democrática nacional e internacional sepan poner un plazo y límites.

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