Leyes necesarias e inmigrantes forzados

RCL les invita a leer a Raúl Fernández Rivero.-

Hay asuntos que cada país maneja acorde a sus leyes, sus posibilidades, al criterio de sus ciudadanos y a ciertas normas internacionales de aprobación conjunta.

Pero es elemental que para entrar a un país tengas la cortesía de, al menos, tocar a su puerta.

No obstante, existen casos en todas partes al Norte, al Sur, al Este y al Oeste, donde situaciones particulares ocasionan que ciudadanos de otros países traten desesperadamente de entrar sin pedir permiso, motivados por la desesperación de la persecución o las limitaciones tanto a libertad de pensamiento como a la libertad de emprendimiento o porque son sometidos a la amenaza de grupos delictivos que les explotan en su propia tierra, o debido a Gobiernos que no respetan los mínimos derechos a la vida , a la alimentación, a la salud y a la seguridad personal.

Tal es el caso de Venezuela. Un país que fuera, por decenas de años, lugar de refugio de los perseguidos por las dictaduras militares y hoy se ve en la angustiosa situación de ver a sus hijos rodar por los caminos de la América del Sur buscando refugio.

Ahora entendemos más a los Centroamericanos, que caminan cientos de kilómetros con los ojos puestos en la primera Potencia Mundial, tal como los insectos corren hacia la luz brillante en la noche obscura.

Pero ningún país puede afrontar la llegada masiva de refugiados. Algún control debe existir. Y es un derecho de los países que reciben refugiados tener esos controles.

Lo que no está bien es hacer campañas contra los refugiados, ellos son víctimas no son, en su mayoría, depredadores.

No hubo nunca una campaña contra los italianos que crearon la Cosa Nostra, la famosa mafia Italiana, ni la hay contra los chinos que tiene su mafia y bien cruel, en las costa oeste. Ni contra la mafia rusa de la costa este. Pero si contra los latinos a quienes acusa de asesinos y violadores.

En USA los únicos pobladores autóctonos son los nativos americanos. Del Mayflower a la fecha, todos son inmigrantes o descendientes de ellos. Y esa «melé» de razas e idiomas, de culturas y de ideas, de creatividad e inteligencia es la que dio vida a la que hoy es la nación primera entre las primeras.

Sería demasiado largo hacer una lista de los latinos que han aportado beneficios y riqueza cultural o económica a la Nación del Norte. Y la solidaridad con los hermanos debe ser una constante entre los que tenemos un mismo origen.

Leyes y controles son requisitos. Campañas despreciándolos no son necesarias.

Muy simple. Los latinos debemos ser solidarios con los latinos, tal como los asiáticos han sido solidarios con los de Asia y los europeos con los que llegan de Europa.

Raúl Fernández Rivero

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