Reporte Católico Laico

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Mons Moronta: Homilía y Plegaria ante el Santo Cristo de La Grita, 2019

Mons Moronta: Homilía y Plegaria ante el Santo Cristo de La Grita, 2019

Acudimos con fe y voluntad de peregrinos ante el Icono del Santo Cristo de los Milagros de La Grita en este año dedicado a la Conversión personal y eclesial. Él nos inspira y alienta en nuestra vida eclesial. Cada día lo hemos venido haciendo más nuestro y lo hemos convertido en centro dinamizador de nuestra forma de vivir la fe, la esperanza y la caridad. Con ello reafirmamos nuestra fe en el misterio de la Encarnación: entonces lo reconocemos como uno de nosotros, identificado con nuestra cultura e historia, con nuestra misma gente y nuestra Iglesia local de San Cristóbal. A la vez, lo confesamos como el Cristo del “ROSTRO SERENO”. Ese Rostro nos permite verlo como el “siervo sufriente” que ha cumplido la voluntad de Papá Dios. Su “faz lumínica”, como cantamos en alguno de nuestros aguinaldos, revela el dolor redentor y la satisfacción por la misión cumplida, como se percibe en la hermosa sonrisa de sus labios.

En esta celebración, se nos presenta la hermosa ocasión de contemplar el “Rostro sereno” del Santo Cristo de La Grita. Lo contemplamos, al admirar la prodigiosa talla de 409 años que se yergue ante nosotros. De igual modo, lo contemplamos al escuchar  y meditar la Palabra de Dios proclamada hace unos instantes. Asimismo, lo contemplamos al reconocerlo en la fracción del pan. Es hermoso hacerlo contemplar a través de nuestro testimonio de vida creyente. Para eso hemos venido: para contemplar el “Rostro sereno” del Cristo de los Milagros. Pero, contemplarlo no puede quedarse sólo en mirarlo y apreciar sus rasgos. Es necesario dar un paso importante e irrenunciable: convertirnos para nuestros amigos y hermanos en el reflejo de dicho “Rostro sereno”.

Los diversos textos de la Escritura Santa, con frecuencia, hablan del rostro de Dios, rico en misericordia y lleno de ternura. Este le ofrece al creyente una seguridad y confianza en Dios. El rostro divino siempre ha dirigido su mirada a los suyos; sus ojos están pendientes de todos. A la vez, sus oídos escuchan las alabanzas que se elevan a Él, así como atienden los clamores del pueblo cuando sufre y de quienes se sienten abatidos por los opresores. Los creyentes hablan del rostro de Dios que dirige su atención a los seres humanos. Sin embargo, éstos no tenían acceso directo  al mismo. Excepción conocida fue la de Moisés, quien pudo ver a Yahvé cara a cara. El recibió como consecuencia de ello el resplandor de su gloria en su propia faz. Desde ese momento, debió vivir con un velo que le ocultara el rostro glorificado al que nadie podía mirar ni tener acceso.

Con la llegada de Jesús, Dios se hizo presente en la historia de la humanidad. A partir de ese momento no hubo necesidad de un velo que ocultara la gloria de Dios. Los anhelos de la gente se fueron cumpliendo: se realizó lo que la Palabra de Dios cantaba en los salmos: “tu rostro buscaré”. Ahora los seres humanos se encontraban ante Alguien que, sin velo alguno, mostraba la verdadera faz de Dios. Por eso, Jesús, ante la pregunta que le formulara Felipe, responde: “quien me ve a mí, ve al Padre”. Jesús es el gran revelador del Padre Dios mediante sus enseñanzas y acciones salvíficas, así como con toda su Persona. De allí que pudiera ser reconocido como el “testigo fiel”. Esto mismo explica porqué Jesús califica a sus discípulos como sus propios testigos, ya que ellos llegan a convertirse en reflejo del rostro de Dios.

Al contemplar el “Rostro sereno” ciertamente podremos descubrir el del Padre Dios. La leve sonrisa de satisfacción que se dibuja en él habla del cumplimiento de la voluntad salvífica de Papá Dios. Como lo dirá un gran teólogo de la Iglesia, “en el desconocido semblante de aquel abyecto, se refleja inmaculada y resplandeciente la voluntad del Padre” (Von Balthasar) Jesús ha ofrecido sacerdotalmente su vida. Lo ha hecho por amor y cual Cordero pascual inmolado entregó su cuerpo y derramó su sangre por la liberación de toda la humanidad. Las huellas de esa entrega hablan del sacrificio con el cual se consiguió la salvación. En la mencionada sonrisa de satisfacción está retratada la misericordia del Padre Dios.

Entonces, todo lo anunciado por Jesús en la Última Cena se transfigura en la Cruz. En su Oración Sacerdotal, Jesús explica lo que le dijo a Felipe: “Quien me ve a mí, ve al Padre. Desde la Cruz, en el “Rostro sereno” podemos percibir que el Padre y Jesús son una misma cosa. En ambos se lee el evangelio de la salvación: la página de la promesa y designio del Padre; la página viviente del cumplimiento y la inauguración de la plenitud del Reino de Dios. Por eso, al admirar el “Rostro sereno”, que no se ha ocultado a nadie con ningún tipo de velo, nos reconocemos como hijos del Padre. Gracias a la entrega del Señor Jesús, hemos podido llegar a ser hijos de Dios. Esto también se deja sentir en esa hermosa sonrisa que vemos en los labios entreabiertos del “Rostro sereno”.

En la Cruz, el misterio de la encarnación llega a su máxima realización. Es el colmo de la decisión de un Dios que se hizo hombre. Pablo nos lo recuerda hablándoles a los Filipenses y de una manera clara. El Dios hombre se abajó tanto hasta desprenderse de su condición divina. Así, la encarnación se hace redención de una manera más radical con la muerte sacrificial de Jesús. Es, de verdad, un misterio y como tal ve descubriendo la intencionalidad de Dios; ya lo hemos dicho y lo reiteramos: se trata de la salvación de los seres humanos sin excepción de ninguna clase.

El “Rostro sereno” nos brinda los elementos para re-descubrir en la humanidad de Jesús el también “rostro del hombre”. En primer lugar, la “Verdad” acerca del hombre encuentra en Jesús una hermosa realización. ¡Qué impresionante es poder ver en Jesús la mejor manifestación de lo que significa “ser hombre”! Dios-Hijo por quien fueron hechas todas las cosas –incluyendo al ser humano-, al encarnarse se hizo igual en todo al hombre menos en el pecado. Él, con sus enseñanzas y acciones, reafirmó lo que significa ser imagen y semejanza de Dios. En la Carta a los Colosenses, se profesa que Cristo es “imagen del Dios invisible”, lo cual hace desde su propia humanidad. Jesús nos enseña que todo ser humano posee una dignidad. Ésta, lamentablemente, se resquebrajó con el pecado. De allí la misión del Señor: derrotar al maligno y al pecado. Aunque Jesús, por ser Dios humanado, es inmaculado y no tiene pecado, ha cargado sobre sus hombros el destino de toda la humanidad. Entonces, se convierte en Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Precisamente, aunque muestran los signos violentos de la tortura y martirio, su “Rostro sereno” revela la imagen del “hombre nuevo”. Los ojos, cerrados plácidamente, demuestran que aguardan la Resurrección y, con ella, la nueva creación, con la cual se termina de abrir el horizonte y vocación de toda la humanidad a la plenitud. Esto es el “hombre nuevo” que se enrumba al encuentro definitivo con Dios, y para ello camina en la novedad de vida. En el “Rostro sereno” conseguimos contemplar la imagen del hombre, hijo de Dios Padre.

Ahora bien, en ese mismo “Rostro sereno” podemos reconocer los rostros de cada uno de nosotros así como el de todos nuestros hermanos los seres humanos. En la “faz lumínica” del Santo Cristo reconocemos el rostro bonito de nuestros niños y jóvenes que irradian esperanza e ilusión por la vida; el rostro curtido del obrero y del agricultor; el rostro lleno de sabiduría de nuestros ancianos; el rostro solidario de quienes atienden a los pobres y necesitados; el rostro de nuestra gente que manifiesta una fe profunda; el rostro de nuestros sacerdotes que muestran su compromiso en la configuración a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote; el rostro de nuestros laicos, fuerza evangelizadora; el rostro sudoroso de los miles de peregrinos que acuden ante el Santo Cristo de la Grita y al santuario de la Madre Consoladora en Táriba, con el esplendor de una religiosidad sincera; el rostro de toda una Iglesia con sabor a pueblo.

Pero también el Cristo de los Milagros muestra los signos de un dolor causado por los golpes y torturas. Las cicatrices y hematomas hablan del ensañamiento de sus verdugos. Al mirarlo con fe, reconocemos el rostro sufriente de tantos hermanos; el rostro de quienes están pasando hambre de verdad; el rostro de los niños a quienes no se les da las facilidades para trasplantes de médula o para recibir un tratamiento digno; el rostro de tantísimos enfermos sin cuidados médicos necesarios y urgentes; el rostro angustiado de los numerosos migrantes que salen del país en búsqueda de mejores condiciones de vida; el rostro triste de numerosos padres y abuelos que se quedan solos mirando cómo se van sus seres queridos; el rostro de los privados de libertad que ahora quieren ser colocados como carne de cañón; el rostro de los hermanos pemones que, indefensos, vieron como asesinaban a sus coterráneos; el rostro de los familiares de quienes están siendo torturados y hasta asesinados como es el caso del Capitán Acosta y el concejal Fernando Albán; el rostro lleno de perdigones y ahora sin ojos para ver en el joven Rufo Chacón; el rostro empobrecido del pueblo al cual pertenecemos.

Sin embargo, el “Rostro sereno” en no pocos casos no se deja mostrar porque no falta quien lo oculte con oscuros velos de maldad y pecado. Es el lamentable velo de quienes han hecho  la opción por la corrupción en sus variopintas manifestaciones; es el gris velo de los que promueven, defienden y realizan el aborto; es el tenebroso velo de los narcotraficantes y de quienes se siente los dueños de la vida de los demás; es el negro velo de los usurpadores que destruyen esperanzas; es el endurecido velo de los contrabandistas, “bachaqueros”, de los que matraquean y los miembros de los grupos irregulares; es el velo de los que prefieren vivir sumergidos en el pecado del mundo. A todos ellos los invitamos a que se conviertan, dejen la maldad y se unan a todos los que transfiguramos el “Rostro sereno” del Señor de los Milagros. Y este año, dedicado a la conversión en nuestra Iglesia de San Cristóbal, sería una excelente oportunidad para ello.

Ante todo esto, tenemos una garantía: el “Rostro sereno” es el del Salvador y Liberador. Es Él quien destruye todo tipo de velo que oscurece o desfigura el verdadero rostro del Señor en la humanidad. También es Él quien purifica el rostro sufriente de los más pobres y adoloridos, como lo hiciera la Verónica; y asimismo es Él quien sigue iluminando pascualmente la faz y la vida de quienes hen hecho la opción por el Reino.

Inspirados en la Palabra de Dios, podemos ahora sacar algunas conclusiones para nuestra vida yasí reiterar ante Dios y la sociedad el compromiso cierto de nuestra Iglesia de San Cristóbal. En primer lugar, es un momento para reafirmar y renovar nuestra existencia marcada por el Bautismo, mediante el cual llegamos a ser el rostro de Cristo. Esto nos conduce a tener plena conciencia de que nuestra identidad es sellada por el mismo Señor Jesús. Pablo nos da la clave al afirmar: “no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. Dicha identidad es reforzada con el sacramento de la confirmación. El Espíritu Santo nos da la fuerza para poder ser testigo convincente del Evangelio de Jesús. Por ser testigos, ciertamente, demostramos que somos el rostro vivo de Jesús hoy.

En segundo lugar, nos corresponde a cada uno de nosotros mostrar el rostro del señor y lo que ello conlleva. Así, también, como la Verónica, nos toca limpiar y purificar el rostro sufriente de los más pequeñuelos. Esto se explicita en el amor preferencial por los pobres y excluidos. Creer en Cristo y dar testimonio suyo exigen vivir esa opción preferencial y descubrir continuamente que los pobres son el sacramento de Cristo Redentor. A la vez, los creyentes y la Iglesia, con su testimonio de fe, caridad y esperanza, son el esplendor de la Verdad; esto es, el faro de la luz del mundo por excelencia. Al hacerlo, rompen la oscurana del pecado y pueden ayudar a la conversión de quienes están sumergidos en el fango del pecado. A la vez, con el testimonio de los creyentes, la gente debe percibir el “Rostro sereno” de Cristo y mirar en Él al Padre Dios.

En tercer lugar, sobre todo en estos tiempos de crisis, dificultades y desalientos, nuestra vida debe contagiar esperanza. Esta ha de llevarnos a tener la misma sonrisa del Salvador. No la sonrisa del conformista que parece no poder hacer nada. Tampoco la sonrisa masoquista de quien se acostumbra a “sobrevivir” en las dificultades como si no se pudiera hacer algo más. Nuestro rostro debe dibujar continuamente la verdadera esperanza, la de las bienaventuranzas, la de la gracia, la del protagonismo que hemos de hacer patente en la edificación del reino de paz, justicia, verdad y amor. Todos deben experimentar que estamos cumpliendo nuestra misión, y para ello, en nuestros rostros se debe manifestar la sonrisa de quien cumple la voluntad de Dios: del que en verdad nos hace libres.

Hoy, nuevamente, cuales peregrinos, renovamos nuestra fe en el Señor de los Milagros. La Palabra de Dios se vuelve a hacer presencia real en esta Eucaristía. Así nos llenamos de su fuerza para mostrar el verdadero rostro de Dios. Con la protección de nuestra Señora de los Ángeles, nos animamos a reafirmar que con nuestra vida, con nuestra caridad y con nuestro ejemplo, damos a conocer el “Rostro Sereno” del Señor de los Milagros. Amén.

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTOBAL.

PLEGARIA ANTE EL SANTO CRISTO DE LA GRITA

“TENGO UN SUEÑO”

  1. EL SUEÑO DE UN PASTOR.

1]

Ante el Ícono del Santo Cristo de La Grita podemos recordar, cómo, a lo largo de la historia, han existido hombres y mujeres de fe que han tenido sueños muy especiales. Ellos han dado a conocer mensajes de parte de Dios, vividos también en una profunda experiencia de fe. Jacob, nos relata el libro del Génesis (28, 10-19), tuvo el rememorado sueño de la escala que unía el cielo con la tierra, por donde subían y descendían ángeles de Dios. Este sueño incluía la reiteración de parte de Dios de concederle a Jacob una tierra propia para su descendencia, que sería tan grande hasta poder llegar a ser un pueblo.

2]

San Juan Bosco nos ha transmitido algunos de sus sueños.

Uno de ellos presentaba la nave de la Iglesia, siempre timoneada por el Sumo Pontífice y que saldría victoriosa ante los ataques de sus enemigos. Esa misma nave estaba acorazada por dos columnas protectoras, una, la de María Auxiliadora, Madre de la Iglesia; la otra, la Santísima Eucaristía. Hace 56 años, un líder religioso pronunció un famoso discurso ante una inmensa multitud, para pedir una sociedad fundamentada  en la igualdad y fraternidad, con pleno reconocimiento de los derechos civiles y libertades individuales. Fue Martin Luther King, quien sintetizó ese discurso con una frase que ha sido recordada permanentemente: “I have a dream” – “Yo tengo un sueño”.

3]

Con temor y temblor y con toda humildad, haciéndome eco de tantas ilusiones y esperanzas de nuestra gente, compartiendo las angustias y desolaciones del pueblo al que pertenezco y del que soy servidor y testigo, me atrevo  presentarle al Santo Cristo una plegaria en forma de sueño. No se trata de un mero ejercicio literario, ni de las fantasías que pueden surgir de una dura realidad casi imposible de solucionar. Es una plegaria hecha con la decisión de la fe, el entusiasmo de la esperanza y el ardor de la caridad. Ante el Santo Cristo presento el sueño de un pastor y de su grey.

  1. TENGO EL SUEÑO DE LOS HIJOS DE DIOS.

4]

¡Qué bonito es reconocer tu fuerza redentora por la cual podemos llegar a ser “hijos de Papá Dios”! Son muchas las consecuencias de esta realidad transformadora. Sueño por eso que, en medio de las tinieblas que ensombrecen a nuestra sociedad, sea respetada la dignidad humana de cada uno de nosotros, dignidad de donde brotan los así denominados derechos humanos, particularmente el derecho a la vida. Sueño que podamos ser reconocidos como personas, imagen y semejanza de tu Padre Dios, con nuestra masculinidad y feminidad, sin romperla con propuestas ideológicas que no tienen fundamento alguno.

5]

Sueño, Señor de los Milagros, que podamos vivir en fraternidad y solidaridad, sin distinciones, brechas ni divisiones. Sólo así podremos hacer realidad el encuentro y el diálogo que construyen convivencia, paz y auténtico desarrollo. No resulta fácil, ya que las fuerzas del maligno aúpan el egoísmo, la prepotencia y el ansia de poder. Vivimos en una sociedad y en un momento en los cuales se hace lo contrario: no se busca el bien común; quienes tienen el deber de proteger al pueblo y sus derechos humanos sólo fortalecen su una parcialidad política que no toma en cuenta el bienestar del pueblo; y, en vez de un verdadero diálogo sin la participación del pueblo, se realizan negociaciones que huelen más bien a pactos de élites, para consolidar los propios intereses. Por eso, aún así, soñamos con el respeto a la dignidad de todos, en especial de los más pequeños: te lo pedimos y que sea muy pronto.

6]

Sueño, Palabra Creadora, que las riquezas materiales de nuestra nación estén al servicio de todos sin excepción. Que ellas no sean fuentes de enriquecimiento para unos muy pocos, causa de corrupción e interés salvaje y devorador de multinacionales a las que no les duele el país. Señor, nuestro sueño lleva una plegaria dirigida a Ti: lo que sucede en el arco minero y lo que se pretende hacer en Valle Plateado y otros sitios de los Andes venezolanos sea frenado. No permitas la destrucción de la casa común que nos alberga. Que nuestro sueño haga realidad la enseñanza de tu Palabra de vida: que seamos tan hijos del Padre Dios y tan hermanos entre nosotros, para así poner todo en común y que nadie pase necesidad.

III.         TENGO EL SUEÑO DE LOS TESTIGOS DEL RESUCITADO

7]

Nos has convertido en testigos de tu Resurrección, y con ello nos has dado la fuerza del Espíritu Santo. Sueño que todos los miembros de la Iglesia en el Táchira y Venezuela seamos de verdad tus testigos. Contamos con los dones de tu Santo Espíritu para producir los frutos de amor, paz, misericordia, reconciliación… Sueño que podamos mantener las manos en el arado y seguir adelante venciendo toda dificultad y esperando contra toda esperanza. Sueño que seamos, en nuestro país, mediante nuestro testimonio, páginas vivas del Evangelio de la liberación.

8]

¡Qué hermoso es saber que nos has convertido en luz del mundo y sal de la tierra! Sueño que no nos dejemos vencer por el maligno Y la oscurana del pecado. Bien sabes cómo hay muchos creyentes en Ti que lamentablemente han hecho la opción por el pecado: tantos dedicados y sometidos a la corrupción; tanta gente dedicada al comercio de muerte con el narcotráfico; tantas personas que comercian con seres humanos en el tráfico de personas y la trata de blancas; tantos hermanos que prefieren la violencia como estilo de vida; tantos usurpadores de lo legítimo que destruyen la herencia recibida de nuestros antepasados… por ello, los que buscan la auténtica paz y libertad, prefieren a los testigos y no a quienes pontifican verdades a medias o imponen sus mentiras como si fueran la verdad.

9]

Tengo el sueño de seguir avizorando el futuro de nuestra Iglesia, con el gusto espiritual de ser pueblo. Es el sueño que ve a los sacerdotes, ministros al lado de su gente como pastores con olor a ovejas; a las religiosas decididas a caminar con el pueblo y con la conciencia de ser signos del Reino de Dios; a los laicos metidos en todas las comunidades haciendo real la fuerza de la Palabra y de la única Verdad que libera; a los jóvenes creyentes capaces de vencer los embates del individualismo para fortalecer la solidaridad; a los seminaristas, ilusión de esperanza para nuestra misma Iglesia… Tengo el sueño de ser fieles a tu Santo Espíritu en una Iglesia con sabor a pueblo que promueve y defiende la vida.

  1. TENGO EL SUEÑO DE SER TUS DISCIPULOS MISIONEROS.

10]

Como tus seguidores, por el bautismo, nos hemos identificado contigo. Tengo el sueño de ser el reflejo de tu rostro sereno. Tus discípulos lo pueden ser en el día a día de sus trabajos y acciones al actuar en tu nombre. Tengo el sueño de que, al hacerlo, podamos conseguir nuevos discípulos, recuperar a los entibiecidos e invitar a los hundidos en el fango del pecado a que se conviertan. A ellos, les decimos de tu parte que te den un amplio lugar en sus corazones (cf. JUAN CRISTOSTOMO).

11]

Tengo el sueño de poder reflejar en nuestros rostros la alegría de las bienaventuranzas siendo pobres de espíritu, misericordiosos y compasivos, limpios de corazón, constructores de la paz y libres de cualquier miedo ante incomprensiones, burlas y hasta persecuciones. Es el sueño de darte a conocer como lo que eres: el Dios humanado, salvador, testigo fiel, centro de nuestra existencia.

12]

Tengo el sueño de imitarte cual divino Maestro que eres. Por eso,  esperamos que ese sueño se pueda concretar con la caridad del buen samaritano, con la conversión de Zaqueo, dando de comer al hambriento y haciendo realidad el mandamiento del amor. Tengo el sueño de poner en práctica la enseñanza del pobrecillo de Asís y así donde haya odio, venganza, ventajismo, retaliación, sembremos el amor… Es el sueño de ser como Tú: capaces de despojarnos de nuestras prerrogativas y privilegios para estar de verdad al lado de los pobres, los pequeños, los excluidos y menospreciados. Es el sueño de ser discípulos capaces de entusiasmar a muchos a seguirte y hacer que siga creciendo el número de los que quieren salvarse.

  1.   QUEREMOS VENCER LAS PESADILLAS.

13],

Santo Cristo del Rostro Sereno, ante Ti, reconocemos que a veces tenemos algunas pesadillas perturbadoras de nuestra serenidad y que pretenden romper nuestros buenos sueños. En primer lugar, las más cercanas, efectos de nuestros egoísmos y pecados personales. Son esas pesadillas de creernos más y mejores que los demás, las del alejamiento de tu Padre Dios, las de la mediocridad y conformismo. Nos cansan y crean desilusión a la vez que nos encierran en laberintos de angustia y desconsuelo. Terminan por minar nuestra confianza en Ti.

14]

Las otras provienen de actitudes dentro de la sociedad. Son causadas por la indiferencia ante lo que debemos ser y hacer, las de una falsa esperanza que consiste en aguardar que otros sean quienes vengan a solucionar nuestros problemas. Son las nacidas del relativismo ético que pretende vaciar los principios y valores morales; secuela de esto lo constituyen la amoralidad, la negación de la centralidad de la persona humana y la falta de temor de Dios. Terminan por desalentarnos y prescindir de Ti.

15]

Y las peores pesadillas nacen del pecado del mundo. Nos toca sufrirlas por la prepotencia de quienes se consideran los dueños de un poder omnímodo. Es la pesadilla de la corrupción que destruye toda sana convivencia y desemboca en el menosprecio de la persona humana. Ese menosprecio es tal que no importa si el pueblo pasa hambre o los enfermos no son atendidos dignamente o los niños mueren de desnutrición. Con ese mismo menosprecio los ojos del corazón se ciegan y la inteligencia y el espíritu se embrutecen. Por ello, no duelen los perdigonazos en el rostro juvenil de Rufo Chacón y mucho menos las torturas que terminarán por asesinar a hermanos como el Capitán Acosta. Es una verdadera pesadilla que provoca tal miedo en quienes debían protestar ante la tortura y muerte del compañero que les impide reaccionar. Es la pesadilla del silencio cómplice, sólo para no perder los privilegios y posiciones adquiridas. No importa el dolor ni el empobrecimiento de la gente. Lo peor es que todo se pretende justificar con mentiras tras mentiras. Buscan  justificaciones en supuestas guerras económicas y fantasiosos ataques cibernéticos no existentes. En todo caso, si éstos existieran podríamos decir que son los que han vaciado la mente de los dominados por el pecado del mundo hasta endurecer su cerviz. Santo Cristo, porque somos capaces de soñar sueños de libertad, te preguntamos“¿Hasta cuándo vamos a soportar esta pesadilla que acogota al pueblo venezolano?”

  1. EL SUEÑO DE UNA IGLESIA CON SABOR A PUEBLO.

16]

Al comprobar nuevamente como miles y miles de peregrinos acuden a Ti con la confianza plena en tu amor, sueño con una Iglesia con sabor a pueblo, en salida y pobre con los pobres, que proclama la Palabra que hace arder los corazones y celebra la comunión de todos en la expresión eucarística de la Nueva Alianza. Soñamos con esa Iglesia de puertas abiertas que atiende solidariamente a todos, que camina las sendas de la humanidad y se la juega por la gente. En el Táchira es la Iglesia que soñamos y tratamos de edificar.

17]

Soñamos el sueño de los hijos de María del Táchira, quien desde su vivencia de madre dolorosa es consoladora. Soñamos poder seguir realizando las maravillas de tu Padre Dios, de su misericordia de generación en generación a través de la pequeñez de tus siervos. Soñamos poder cumplir la voluntad del Padre como lo supo hacer María, para enaltecer a los humildes y colmar a los hambrientos de bienes. Soñamos poder cumplir siempre el deseo de tu Madre y entonces hacer lo que Tú nos dices.

18]

Ante Ti, cuales peregrinos de todos los tiempos y lugares, reafirmamos que podemos hacer realidad los sueños que te hemos presentado, al imitarte y dar testimonio de tu amor. Sabemos que en las tempestades y pesadillas que nos azotan, Tú estás en nuestra barca y no permitirás que zozobremos. Te has hecho uno de nosotros y tus brazos amorosos nos sostienen y protegen. Con el empuje de tu gracia queremos que también nuestros brazos sostengan a los más débiles, acompañen a tu pueblo y acojan a quienes se arriesguen a regresar como lo supo hacer el hijo pródigo. Esos brazos están permanentemente abiertos para perdonar y purificar a los hundidos en el pecado del mundo, ayudándolos a asumir sus responsabilidades ante la justicia, No se cierran ni empuñan ningún mazo con el cual golpear y transmitir odio, venganza, ofensas, retaliación… Al contrario, están bien dispuestos para continuar edificando en Venezuela tu Reino de justicia, paz y libertad en el amor. Sabemos que eres el centro de nuestra vida, el principio y el fin, el único y verdaderamente eterno. Te proclamamos como el Dios humanado que, con el rostro sereno de tu entrega en la cruz liberadora has sido eres y serás por siempre el único y verdadero protector del Táchira y Venezuela. Amén.

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTOBAL

LA GRITA 6 DE AGOSTO DEL AÑO 2019.