Reporte Católico Laico

/

Tierra arrasada

Tierra arrasada

RCL les invita a leer a Carlos Canache Mata.-

Los que detentan el poder desde hace más de veinte años protagonizan una de las peores gestiones económicas de nuestra historia republicana, a pesar de la bonanza petrolera que les ha tocado administrar. Tal aseveración se fundamenta, no en arrebatos de oposición alimentados por la pasión política, sino en indicadores, cifras y análisis aportados por diversas y autorizadas fuentes. Las consecuencias del desatino de un modelo económico equivocado –el autodenominado “socialismo del siglo XXI”- han llevado al país a la situación-límite de la emergencia que ahora sufre.

Estamos en el sexto año consecutivo de recesión, que comenzó en el 2014, antes de las sanciones que contra el régimen han venido aplicando países de la comunidad interncional. La CEPAL  (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) proyecta para este año 2019 una caida de la economía venezolana, es decir del PIB, del 23%, pero según la última previsión actualizada hecha por el Fondo Monetario Internacional (FMI) será del 35%. Un economista profesor de la Universidad de Harvard, Kenneth Rogoff, ha dicho que “ni el colapso de Zimbabue con Robert Mugabe, la caída de la Unión Soviética y la desastrosa crisis de Cuba en la década de los noventa supera el desplome de la economía venezolana”. Se ha quintuplicado la deuda pública.

Tenemos la tasa de inflación más alta de América Latina y el mundo, en el pasado mes de julio la tasa de cambio del bolívar con respecto al dólar se depreció en más del 50%, y para el viernes 9 de este mes de agosto la cotización del dólar de las mesas de cambio cerró en 13.225,19 bolívares y en cerca de 14.000 bolívares las transacciones en el mercado paralelo, por lo que el sueldo de los venezolanos (40.000 bolívares) se ubica en alrededor de los 3 dólares por mes. El deterioro del salario real ha originado una importante contracción del consumo, por lo que no ha causado sorpresa que José Graziano da Silva,  director de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) haya señalado que “al menos 21,2 millones de venezolanos pasan hambre”, en el marco de una situación de pobreza extrema al recibir un ingreso menor de 1,25 dólares diarios, umbral establecido por las Naciones Unidas para tal situación. Eso ha provocado la gran diáspora de alrededor de cinco millones de compatriotas que se han ido de nuestra tierra al exterior  en busca de nuevos horizontes.  La “pulverización del valor del bolívar” y  la hiperinflación se deben,  entre otras razones, como lo recuerda el economista José Guerra, a “los déficits fiscales que en los últimos cinco años han promediado 15% del PIB, del cual más de la mitad se financia con creación de dinero por parte del BCV”, es decir, con dinero inorgánico.

El pasado 31 de julio se cumplieron 105 años del comienzo de la era petrolera en Venezuela con la explotación en 1914 del pozo Zumaque 1, Estado Zulia, y la subsiguiente explotación en 1922 del pozo el Barroso 2 en Cabimas, pasando a ser de un país agrícola que dependía de la exportación de café y cacao a un país productor y exportador de petróleo. Cuando Hugo Chávez accedió al poder en 1999, producíamos unos 3 millones 500.000 barriles diarios de petróleo, que bajaron a 2 millones 894.000 barriles diarios en el año 2012, caída que se profundizó a partir del  año 2013,  mucho antes de que el Gobierno de EEUU impusiera sanciones sobre PDVSA, sus filiales y empresas asociadas.  Según la OPEP, la producción petrolera de Venezuela fue de 741.000 barriles diarios en el segundo trimestre del año 2019, y  la firma británica IHS Markit pronostica que caerá a menos de 500.000 barriles en el año 2020. La destrucción y militarización de la industria petrolera continúa.

Teníamos el mejor sistema eléctrico y el mejor sistema de vías de América Latina, los servicios públicos funcionaban. Todos conocemos el desastre en que se encuentran actualmente.

La dictadura que ahora encabeza Nicolás Maduro ha arreciado las políticas de tierra arrasada, también aplicadas a la Constitución Nacional y las instituciones que ella establece.