Papa Francisco: también la compasión es el lenguaje de Dios

La compasión es como «la lente del corazón» que nos hace comprender las dimensiones de la realidad, es el lenguaje de Dios, mientras tantas veces el lenguaje humano es la indiferencia. Es el tema del que habló el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, que reanudó ayer tras la pausa de verano

Abrir el corazón a la compasión y no cerrarse en la indiferencia. Es la fuerte invitación que hizo esta mañana el Papa Francisco durante su homilía de la Misa celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. “La compasión, de hecho, nos lleva por el camino de la verdadera justicia», salvándonos así de estar encerrados en nosotros mismos. El Pontífice hizo esta reflexión a partir del pasaje del Evangelio de Lucas propuesto por la liturgia del día (Lc 7, 11-17) en el que se narra el encuentro de Jesús con la viuda de Naín, que llora la muerte de su único hijo mientras es llevado a la tumba.

El Evangelista dice que Jesús tuvo compasión. Y el Papa observó que es como si dijera que el Señor «fue víctima de la compasión». Había mucha gente acompañando a esa mujer, pero Jesús ve su realidad: ella se queda sola a partir de ese momento y hasta el final de su vida, es viuda, y ha perdido a su único hijo. Es, precisamente, la compasión, lo que nos hace comprender profundamente la realidad:

“ Nuestro Dios es un Dios de compasión y la compasión, podemos decir, es la debilidad de Dios, pero también su fuerza ”

La compasión te hace ver las realidades como son; la compasión es como la lente del corazón: realmente nos hace entender las dimensiones. Y en los Evangelios, Jesús a menudo siente compasión. La compasión es también el lenguaje de Dios. No comienza, en la Biblia, a aparecer con Jesús: fue Dios quien dijo a Moisés «He visto el dolor de mi pueblo» (Ex 3,7); es la compasión de Dios, lo que manda a Moisés a salvar al pueblo. Nuestro Dios es un Dios de compasión, y la compasión – podemos decir – es la debilidad de Dios, pero también su fuerza. Lo que más nos da a nosotros: porque fue la compasión lo que lo movió a enviarnos al Hijo. Es el lenguaje de Dios, la compasión.

La compasión no es un sentimiento de pena
La compasión «no es un sentimiento de pena», que se experimenta, por ejemplo, cuando se ve morir a un perro por la calle: «pobrecito, sentimos un poco de pena», observó Francisco. Sino que es «involucrarse en el problema de los demás, es jugarse la vida allí». En efecto, el Señor se juega la vida y va allí.

El Papa Francisco tomó otro ejemplo del Evangelio de la multiplicación de los panes cuando Jesús les dice a los discípulos que le den de comer a la multitud que lo siguió mientras ellos querían despedirla. «Los discípulos eran prudentes», dijo el Papa. Y prosiguió: «Creo que en ese momento Jesús se enfadó en su corazón», teniendo en cuenta su respuesta: «¡Denles ustedes de comer!”. Su invitación es a hacerse cargo de la gente, sin pensar que después de una jornada así habrían podido ir a las aldeas a comprar el pan. «El Señor – dice el Evangelio – tuvo compasión porque veía a aquellas personas como ovejas sin pastor», recordó el Papa. Por un lado, el gesto de Jesús, la compasión y, por otro, la actitud egoísta de los discípulos que «buscan una solución pero sin compromiso», que “no se ensucian las manos, como diciendo que esta gente se las arregle”:

“ ¿Normalmente miro hacia otro lado? ¿O dejo que el Espíritu Santo me lleve por el camino de la compasión? ”

Y aquí, si la compasión es el lenguaje de Dios, muchas veces el lenguaje humano es la indiferencia. Hacerse cargo hasta aquí y no pensar más allá. La indiferencia. Uno de nuestros fotógrafos de L’Osservatore Romano, tomó una foto que ahora está en la Limosnería, que se llama «Indiferencia». Ya he hablado antes de esto. Una noche de invierno, frente a un restaurante de lujo, una señora que vive en la calle tiende la mano a otra señora que sale bien abrigada del restaurante, y esta otra señora mira hacia otro lado. Esto es indiferencia. Vayan a ver esa fotografía: eso es indiferencia. Nuestra indiferencia. Cuántas veces miramos hacia otro lado… Y así cerramos la puerta a la compasión. Podemos hacer un examen de conciencia: ¿Normalmente miro hacia otro lado? ¿O dejo que el Espíritu Santo me lleve por el camino de la compasión? Que es una virtud de Dios….

El Papa afirmó además que lo conmueve una palabra del Evangelio de hoy, cuando Jesús le dice a esta madre: «No llores». Y subrayó que se trata de «una caricia de compasión». Jesús toca el ataúd y le dice al niño que se levante. Entonces el joven se sienta y comienza a hablar. Y el Papa destacó precisamente el final, en el que se lee: «Y se lo devolvió a su madre».

Lo devolvió: un acto de justicia. Esta palabra se usa en la justicia: devolver. La compasión nos lleva por el camino de la verdadera justicia. Siempre debemos devolver a los que tienen un cierto derecho, y esto nos salva siempre del egoísmo, de la indiferencia, del encerrarnos en nosotros mismos. Continuemos la Eucaristía de hoy con esta palabra: «El Señor tuvo gran compasión». Que Él también tenga compasión por cada uno de nosotros: la necesitamos.