¡Perdonar siempre!, reiteró el Papa Francisco, en Asís 2016

porciuncula«Si perdonamos, el Señor nos perdona»

El Papa Francisco llegó este jueves 4 de agosto a la Basílica de Santa María de los Ángeles en Asís (Italia), para celebrar los 800 años de la “Fiesta del Perdón” y rezar en silencio en la Porciúncula, desde donde exhortó a las personas a no vivir encerrados en el rencor, pues el perdón es la vía maestra para llegar al paraíso.

La “Fiesta del Perdón” conmemora la indulgencia plenaria concedida en 1216 por el Papa Honorio III a petición de San Francisco.

El Santo Padre fue recibido en Asís por el Arzobispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo, Mons. Domenico Sorrentino; por la Presidente de la Región de Umbría, Catiuscia Marini; el prefecto de Perugia, Raffaele Cannizzaro; y la alcaldesa de Asís, Stefania Proietti.

Posteriormente, en la Basílica fue recibido por el Ministro General de la Orden Franciscana de los Frailes Menores, P. Michael Anthony Perry; el Ministro Provincial, P. Claudio Durighetto; el Custodio de la Porciúncula, P. Rosario Gugliotta.

Acto seguido, el Pontífice ingresó a la Porciúncula, que es una pequeña capilla dentro de la basílica y cuyo nombre que significa “pequeña porción de tierra”.

En este lugar, rezó en silencio por varios minutos y luego dio una meditación sobre la parábola de los dos deudores, que narra cómo un siervo, a quien el rey le perdonó una gran deuda, no supo ser misericordioso con otra persona que le debía una cantidad de dinero mucho menor.

El Papa explicó que en esta parábola “Jesús nos enseña a perdonar” y por tanto, “como Dios nos perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal”.

Sin embargo, advirtió que aunque Dios “no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos”, “demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz”. “El mundo necesita el perdón”, afirmó.

la porciuncula

Y el perdón, señaló, es “la vía maestra” para llegar al paraíso; ese lugar al que San Francisco de Asís quiere que lleguen todos los hombres y por eso, recordó el Papa, pidió a Honorio III la indulgencia plenaria.

“¿Qué cosa más hermosa podía pedir el Poverello (Pobrecillo) de Asís, si no el don de la salvación, de la vida eterna con Dios y de la alegría sin fin, que Jesús obtuvo para nosotros con su muerte y resurrección?”, expresó el Pontífice.

El Papa señaló que el modo de actuar del siervo, que no supo perdonar, “no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites”.

“Así pues, lo que nos propone es el amor del Padre, no nuestra pretensión de justicia. En efecto, limitarnos a lo justo, no nos mostraría como discípulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz  sólo en virtud del amor del Hijo de Dios. No olvidemos las palabras severas con las que se concluye la parábola: ‘Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano’”.

«Que levante la mano el que no tiene necesidad perdón», dijo el Papa Francisco, al concluir su visita a la Porciúncula. Con su saludo agradecido, por la cercanía y acogida que recibió, improvisó unas palabras, dirigiéndose a miles de fieles que lo esperaban ante la Basílica de Santa María de los Ángeles:

«Les agradezco mucho por su acogida y le pido al Señor que los bendiga. Les agradezco por su voluntad de estar cerca. Y no se olviden: ¡Siempre perdonar, siempre! Perdonar de corazón y, si se puede,  cercarse al otro, pero perdonar. Porque, si nosotros perdonamos, el Señor nos perdona. Y todos nosotros tenemos necesidad de perdón… ¿Alguien aquí no tiene necesidad de perdón?… ¡Que levante la mano!… Todos tenemos necesidad de perdón.

Ahora, recémosle juntos a la Virgen y luego les daré la bendición.

Ave María…

¡Y, por favor, recen por mí!»

En Asís, el Obispo de Roma dejó también un recuerdo escrito en español, en el refectorio de los frailes franciscanos:

«Bendigamos al Señor, porque es grande su misericordia. Gracias por vuestro testimonio y les pido, por favor, que recen por mí.

Fraternalmente,

Francisco»