Cardenal Porras: Ni con Maduro, ni con Guaidó, con el pueblo venezolano

El cardenal arzobispo de Caracas comenta la respuesta del Papa Francisco a la solicitud de Nicolás Maduro de intervención para facilitar un diálogo en Venezuela y aclara: El rol de la Iglesia no es el de mediación, sino el de impulsar la unidad entre todos.

La Iglesia no está ni con Maduro, ni con Guaidó. “Nosotros estamos con el pueblo de Venezuela”. Lo aclara el cardenal Baltazar Porras Cardozo. El arzobispo de Caracas comentó así la respuesta del Papa a la solicitud de Nicolás Maduro para un involucramiento del Vaticano en un pretendido diálogo con la oposición. Francisco le reprochó al mandatario su nula voluntad de avanzar en las conversaciones ya impulsadas, con su aval, a finales de 2016. “No nos sorprende en absoluto, esa ha sido la postura del Vaticano y el Papa desde sus inicios”, apuntó el purpurado.

Con una catarata de mensajes en el perfil oficial de la vicaría para los Medios de Comunicación de la Arquidiócesis de Caracas (@ArquiCaracas) en la red social Twitter, Porras ofreció una reconstrucción de hechos que aclara definitivamente cuál ha sido el rol de la Santa Sede, por un lado, y de los obispos, por el otro, en la extenuante crisis política, económica y social venezolana.

Además, confirmó algunos detalles clave para comprender la evolución diplomática de los últimos años. Ante todo, precisó que el Papa ha seguido, desde el principio y “muy preocupado”, la situación del país y que el Vaticano “siempre ha estado dispuesto a ayudar”. Como lo hizo en 2016, cuando se involucró en el primer intento de diálogo tras la petición expresa del gobierno y de la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (Mud).

No obstante, el cardenal fue muy claro al recordar que aquello “fue un fracaso” y eso hizo sentir a los enviados del Papa “que habían sido burlados”, porque nunca existieron ni condiciones específicas, ni una agenda clara para las conversaciones. Como lo delineó el mismo Jorge Mario Bergoglio, en su respuesta a Maduro del 7 de febrero último; la Santa Sede se sintió usada, pese a las promesas avanzadas incluso por escrito.

Aquel episodio permitió al régimen madurista ganar tiempo pero, al mismo tiempo, quemó prácticamente la única carta posible para lograr una salida institucional y pacífica a la crisis. Los reiterados intentos infructuosos por sentar en la misma mesa a oficialistas y opositores, realizados por el delegado vaticano Claudio Maria Celli durante al menos dos meses, irritaron en Roma. La proverbial paciencia de la diplomacia pontificia llegó a su límite el 1 de diciembre de 2016.

Ese día, el cardenal secretario de Estado Pietro Parolin escribió una inusual carta dirigida a los representantes del gobierno venezolano. Inusual por el duro tono de la misma. La situación lo ameritaba: por esos días, mientras los representantes de Maduro hablaban con la Santa Sede de paz y serenidad, otros personajes ligados al oficialismo pronunciaban encendidas declaraciones públicas en sentido contrario. Por eso, el mismo Papa llegó a advertir: “las palabras parecían deslegitimar los buenos propósitos que habían sido puestos por escrito”.

Faltaban cinco días para el 6 de diciembre de 2016, cuando estaba agendada una nueva ronda de conversaciones. Ya habían pasado dos meses del anuncio del diálogo y el gobierno no ofrecía gesto alguno de buena voluntad. De ahí que, en su carta, Parolin haya sido muy explícito a la hora de pedir avances para volver a la mesa, estableciendo incluso cuatro puntos muy concretos: Medidas urgentes contra la crisis alimentaria y de medicinas, liberación de presos políticos, restituir sus poderes a la Asamblea Nacional y un calendario para elecciones democráticas.

Aquella carta jamás tuvo respuesta, como lo reveló ahora el cardenal Porras. La historia posterior es por todos conocida: Maduro reprimió con sangre las protestas populares, impulsó el establecimiento de una nueva Asamblea Constituyente y se reeligió.

Con esos antecedentes, resultaba inviable que el Papa se involucrara una vez más en un diálogo sin agenda, rumbo y medidas concretas. El Vaticano corrió el riesgo una vez y resultó burlado, muy ingenuo creer en su vocación de reincidencia.

En sus mensajes de Twitter, el cardenal de Caracas precisó varias cosas más. Primero sostuvo que, en Venezuela, se ha creado una “imagen distorsionada” de Francisco, por culpa de la “manipulación” o las “lecturas” de sus palabras. Así, hizo referencia a la estrategia del oficialismo de presentar algunas frases del pontífice como avales al régimen. Por eso, instó: “No nos quedemos solamente con alguna frase que nos pueda parecer que no satisface las aspiraciones”.

Al mismo tiempo, fue muy enfático al sostener que los obispos venezolanos están en “comunicación permanente” con el Vaticano. “No estamos nosotros por un lado y el Papa por otro. El Papa, como lo ha ratificado en la visita ad limina que tuvimos en septiembre, no sólo está contento, si no que lo que nosotros hemos hecho es avalado y seguido por el Vaticano”, apuntó.

De esta manera, volvió a rechazar las consideraciones interesadas de quienes pretenden sembrar cortocircuitos inexistentes entre la Conferencia Episcopal Venezolana y la Santa Sede, como si las posiciones críticas de la primera no coincidieran con los pensamientos de la segunda.

“Una de las características reales del Papa Francisco es la descentralización de la Iglesia, no todo lo soluciona la cabeza, para eso están los episcopados de cada uno de los países para que afronten estas situaciones”, insistió Baltazar Porras.

Más allá de las clarificaciones de situación, el cardenal también estableció varios puntos de fondo ante la realidad del país. Urgió a encontrar una solución pacífica a la crisis, afirmó que “el poder legítimo y elegido por el pueblo es claramente la Asamblea Nacional”, pero advirtió que no es responsabilidad de la Iglesia fungir de árbitro entre Maduro y Guaidó.

“Cuando decimos que no estamos ni con uno ni con otro no significa que nos estemos lavando las manos sino que nuestra función primordial, como creyentes y como pastores, es buscar la unidad. Aquí no se trata de quitar a uno para poner a otro, se trata de unir porque tan venezolanos somos unos como los otros. Los que están al frente necesitan escuchar la voz del pueblo venezolano”, escribió.

Reconoció que existe una expectativa desproporcionada ante la ayuda humanitaria que puede ingresar al país, cuando este apoyo llegará a una parte muy pequeña de la población: a los más vulnerables, bien sea a los niños, a los ancianos a quienes sufren alguna enfermedad. No obstante, constató que la solicitud de ayuda pone en evidencia las necesidades que existen en el país.

“Tenemos años en una caída libre que requiere que pensemos todos en la dignidad de la vida de los venezolanos, sin distinción. Nuestro papel no es el de mediación. Estamos con la gente; en estos días hemos visto tanto a obispos como sacerdotes; les hemos pedido que acompañen a sus comunidades”, ponderó.

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