India Carú y la espectacular cascada de un paraíso llamado “Bailadores”

Venezuela está cargada de bellezas exóticas, tanto como las leyendas que cuentan sus pobladores en una suerte de tradición cultural que hace vida con el practicante catolicismo de la hermosa región andina.

Famoso por sus exuberantes fresas y rosas de inigualable belleza, Bailadores es un de los más hermosos refugios ecológicos de los andes venezolanos. Está enclavado en el Páramo la Negra, un exótico jardín que se oculta entre bruma y neblina en lo más alto de la nación sudamericana.

Rodeado de árboles centenarios y hermosas trinitarias, un sitio de paso obligado es su plaza Bolívar, ubicada justo al frente de la iglesia; una humilde infraestructura de arquitectura colonial caracterizada por el acogedor silencio que sólo rompen los pájaros.

Su imponente belleza se oculta como un secreto bien guardado de esta pujante región de cultivos. Y es que en sus valles producen los insumos de las ensaladas que comercializan famosas cadenas de comida rápida en todo el país… y más allá; mientras sus aromáticas rosas engalanan los matrimonios católicos en países vecinos.

Sus parajes forman parte de la sierra andina, la cual incluye diversos sitios turísticos entre los que figuran Las Tapias, la Mesa de Adrián, Las Playitas, Bodoque y La Villa; así como San Pablo, lugares que hacen juego con las no menos famosas “Aguas Termales de Duri”.

 

BAILADORES

Nackort – CC BY-SA 3.0

Curiosa leyenda indígena…

En sus entrañas hay exóticas caídas de agua… Tan exóticas como las curiosas historias indígenas que con celo guarda la cultura de los pobladores de esa bella región, quienes de memoria cuentan lo ocurrido para mantener viva una tradición centenaria.

Cuenta la leyenda que una mañana los corazones de los indios Bailadores saltaban de alegría porque la princesa Carú se casaría con el hijo del cacique de los indios Mocotíes, un valiente y apuesto guerrero.

Todo estaba listo para sellar el compromiso que haría feliz a la hija del cacique Toquisái, pero ocurrió algo inesperado. Los centinelas notaron con preocupación que se avistaban a lo lejos unos “seres extraños”, quienes raudos avanzaban sobre enormes bestias.

Listos para el combate, los Bailadores se enfrentaron en un cruento choque con los invasores que llenó de sangre las montañas. Y en la lucha sin pausa perdió la vida el simpático novio de la india Carú.

Como un puñal en el corazón, el dolor destrozó el alma de la hija de Toquisái, quien desconsolada buscó la ayuda del Dios de la vida para que le devolviera a su amado y juntos pudieran continuar el camino de felicidad truncado.

Por amor, la india tomó el cuerpo del muchacho y cargó con él en busca de lo más alto de la montaña, para una vez en la cúspide suplicar que le devolvieran la vida de su amado. Pero las fuerzas no le alcanzaron…

Agotada, sin poder avanzar un paso más, arrancó a llorar profundamente. Y fueron tanto su dolor y su pena, que dejándose ganar por la tristeza y sin poder hallar nuevas fuerzas, también ella acabó muerta.

Conmovido por su amor, el “Dios de la montaña” recogió sus lágrimas concediéndole que bañara esas tierras, para que quienes llegaran hasta sus entrañas recordaran a la india Carú.

Desde entonces, una cascada de “lágrimas eternas” baña las tierras entre sollozos que emanan de dos corazones indígenas.

 

Belleza natural y exótica

Ubicado a 90 kilómetros de Mérida y 833 kilómetros de Caracas, Bailadores fue fundada en 1601 siendo un centro de cultura indoamericana. De acuerdo con los historiadores, su población formaba parte de la cultura andina general Timoto-Cuica.

Sus valles y montañas están rodeadas de hermosísimas caídas de agua, bajas temperaturas y cultivos de belleza sin igual. Bailadores forma parte de las imponentes sorpresas de Mérida, uno de los espacios turísticos más exóticos de Venezuela.

Carlos Zapata/Aleteia Venezuela | Nov 09, 2019