«Cuando venga el Hijo del hombre…»

Comienza este domingo el tiempo litúrgico del Adviento, algo que la mayoría de los cristianos desconocen y a los que lo saben les trae sin cuidado. Según la tradición de la Iglesia, este tiempo está unido a la esperanza en la espera del Señor, que ha de venir (no sabemos cuándo) en gloria y majestad (no sabemos cómo) de nuevo hasta nosotros.

Hasta que llegue ese momento, Jesús está presente en medio de nosotros en su Espíritu resucitado y sacramentalmente en las especies consagradas de pan y de vino. Para los cristianos que saben del tiempo del Adviento, y su significado, lo viven, sobre todo, como preparación litúrgica a la Navidad.

Desde que a muchos ayuntamientos de nuestras ciudades españolas (algo que también sucede en América) les ha dado por instalar el alumbrado típico navideño en el mes de noviembre, y a veces antes, es como si la Navidad, y todo lo que ella social y culturalmente trae consigo, estuviera adelantándose. Un signo de nuestras sociedades, cada vez más laicas, que debemos interpretar y desentrañar.

Desde la perspectiva cristiana, la raíz de la esperanza, como virtud teologal, está en Dios, que ha hecho de la creación un proyecto universal de fraternidad y de amor. Esperanza que brota de la fe y de la escucha orante de la Palabra de Dios y que no debe dejarnos indiferentes ante los retos y problemas de relevancia local, nacional y mundial. La fe en Jesucristo es, al mismo tiempo, creencia y compromiso.

Fray Manuel Jesús Romero Blanco O.P.Fray Manuel Jesús Romero Blanco O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)

Del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.
En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.
Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».