Las mujeres de la Casa de Austria: religión y poder

El Palacio Real de Madrid acoge, a partir del próximo día 5, una muestra con un centenar de tesoros, préstamos excepcionales de los monasterios de Las Descalzas Reales y La Encarnación.

Visitar en un día dos monasterios (Las Descalzas Reales y La Encarnación) y una exposición con sus tesoros en el Palacio Real debería premiarse con una indulgencia plenaria o una bula papal. Emprendimos hace unas semanas tan agotadora «yinkana» artístico-religiosa por estos espacios emblemáticos de los Austrias. Junto a la Corte de Carlos V y Felipe II en el Alcázar y El Escorial, donde abundaba la testosterona, había otra Corte, más sutil y velada, femenina, pero también muy poderosa, cuyos tentáculos llegaban a Portugal, Flandes, Florencia… «Existía una red con mujeres de gran religiosidad, muy hábiles en el manejo político y en la compra de obras de arte, grandes mecenas y coleccionistas. Son dos Cortes que actuaban en paralelo a la Corte del Rey, y en ocasiones a la contra de los validos. Eran a la vez conventos y palacios. Los dos monasterios funcionaban como centros religiosos y de poder», explica Fernando Checa, ex director del Prado y comisario de la exposición «La otra Corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de Las Descalzas y La Encarnación». Al primero de ellos se lo conoce también como el pequeño Escorial. Es su versión femenina. Resume a la perfección esta dualidad de poder político y religioso un retrato de la emperatriz María de Austria viuda, pintado por Pantoja de la Cruz, en el que aparece con un rosario en la mano izquierda y, a su lado, una corona.

Detalle del «Retrato de la emperatriz María de Austria», de Juan Pantoja de la Cruz. Monasterio de Las Descalzas Reales
Detalle del «Retrato de la emperatriz María de Austria», de Juan Pantoja de la Cruz. Monasterio de Las Descalzas Reales – PATRIMONIO NACIONAL

Las Descalzas Reales es un monasterio franciscano de clausura, habitado hoy por 18 monjas clarisas coletinas y, desde 1994, Bien de Interés Cultural con Categoría de Monumento. Se halla en la plaza de San Martín. La Encarnación, en la plaza del mismo nombre, a un paso del Palacio Real, es también de clausura. Viven once monjas agustinas recoletas. Ambos son Patronatos Reales (están bajo la protección de los Reyes de España y son gestionados por Patrimonio Nacional) y lugares muy especiales, de visita obligada en Madrid: albergan incontables tesoros y son historia viva de este país. Algunos de esos tesoros han salido, excepcionalmente, para la exposición. Para ver otros, como el «Cristo yacente» de Gaspar Becerra, pinturas de Sebastiano del Piombo, Luca Giordano, Tiziano o Zurbarán, o la majestuosa escalera con pinturas como el Calvario y el Balcón Real (en Descalzas Reales) y «La Última Cena» de Carducho, pinturas de Van der Hamen o el relicario de San Pantaleón, cuya sangre se licúa una vez al año, el 27 de julio (en La Encarnación), por citar solo unos ejemplos, habrá que visitar estos dos monasterios. En La Encarnación aún está la capilla que se creó para acoger «La Anunciación», de Fra Angelico, que llegó en 1611, donada por el duque de Lerma. En el XIX la pintura salió para el Prado.

«Retrato de la emperatriz María de Austria», de Antonio Moro. Detalle
«Retrato de la emperatriz María de Austria», de Antonio Moro. Detalle – MUSEO DEL PRADO

Las Descalzas Reales fue fundado por Juana de Austria en 1559 en el palacio que pertenecía a Alonso Gutiérrez, tesorero de Carlos V. Allí nació Juana en 1535 y, veinte años después, compró el edificio a sus herederos. Hija de emperador (Carlos V), hermana de Rey (Felipe II), esposa de Príncipe (Juan de Portugal) y regente en España, «tuvo un poder político inmenso –explica Checa–. Era una mujer inteligente, una coleccionista muy importante, aficionada a la música y al teatro». Gracias a su confesor, Francisco de Borja, fue la única mujer jesuita en la Historia. Murió a los 38 años. «Siempre altiva… ¡Cuidadito con ella!», apunta Checa. Se aprecia su altivez en los tres retratos que cuelgan en la muestra: dos de Sánchez Coello. En uno porta en su regazo a uno de sus perritos, regalo de su suegra, Catalina, cuyo retrato también cuelga en la muestra. Mujer muy culta y una de las más ricas de Europa, fue ella quien crió a Sebastián, el hijo de cuatro meses al que Juana dejó en Portugal y nunca más vería. Está presente en la exposición con dos retratos. Uno de ellos, de Sánchez Coello, encontrado recientemente en Viena.

«Retrato de Sor Margarita de la Cruz», de Matías de Torres. Detalle. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid
«Retrato de Sor Margarita de la Cruz», de Matías de Torres. Detalle. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid – PATRIMONIO NACIONAL

Otra de las protagonistas es María de Austria, hermana de Juana. Hija de emperador (Carlos V), esposa de emperador (Maximiliano II, con quien tuvo 15 hijos) y madre de dos emperadores (Rodolfo y Matías), «no era tan lista, ni tenía tanto poder político como Juana. Tampoco tenía intereses culturales tan amplios como su hermana, pero sí una gran religiosidad. Era más contrarreformista y Juana más renacentista», advierte Checa. Tras enviudar, acabó arruinada en Viena. En 1580, ya muerta Juana, puso rumbo a Madrid y se instaló en las Descalzas Reales con su hija Margarita. Allí llevó una vida retirada. Antonio Moro la retrató en todo su esplendor en un cuadro cedido por el Prado.

«Retrato de Sor Ana Dorotea», de Rubens. Detalle. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid
«Retrato de Sor Ana Dorotea», de Rubens. Detalle. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid – PATRIMONIO NACIONAL

Su hija sí ingresó como religiosa con el nombre de Sor Margarita de la Cruz. Era muy devota del Niño Jesús. Se exhibe una figurita que llevaba en el bolsillo de su delantal. También fue monja Ana Dorotea, hija bastarda de Rodolfo II y una gran aficionada al arte. Ambas aparecen en la muestra en sendos retratos, pintados por Matías de Torres y Rubens, respectivamente. Isabel Clara Eugenia, hija de Felipe II e Isabel de Valois, es otra de las mujeres poderosas de la Casa de los Austria. Gobernadora de los Países Bajos, quedó viuda del archiduque Alberto. Su madre murió siendo ella muy pequeña y se educó en las Descalzas Reales. Regaló al monasterio la excepcional serie de tapices «El triunfo de la Eucaristía», compuesta por 20 paños. Encargó sus bocetos a Rubens, de quien fue su principal mecenas. Fueron tejidos en Bruselas en los talleres de Jan Raes. Es la serie prínceps. Tres de ellos lucen en la muestra. En uno aparecen Lutero y Calvino aplastados por herejes. Una amplia selección de estos tapices se exhibe habitualmente en un salón en Descalzas Reales. Los demás se hallan almacenados en la llamada cueva de las alfombras. Isabel Clara Eugenia tomó los hábitos en Austria, donde murió. La vemos en la exposición vestida de franciscana en un retrato de Van Dyck.

Arca de San Víctor, de Wenceslao Jamnitzer, donado por la Reina Ana de Austria. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid
Arca de San Víctor, de Wenceslao Jamnitzer, donado por la Reina Ana de Austria. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid – PATRIMONIO NACIONAL

Tras visitar La Encarnación, y antes de poner rumbo a Las Descalzas Reales, tenemos cita con Fernando Checa en el Palacio Real, donde se ultima el montaje de la muestra. Organizada por Patrimonio Nacional y patrocinada por la Fundación Banco Santander, reúne, del 5 de diciembre al 15 de marzo de 2020, 110 piezas maestras salidas excepcionalmente de estos dos centros de clausura e importantes instituciones españolas y extranjeras. A través de once salas, vamos conociendo a las mujeres de la Corte de los Austria: sus gustos y aficiones, sus objetos más preciados. A Juana de Austria le gustaba la pintura flamenca y el arte italianizante. Cuelga su cuadro favorito, «La Virgen del papagayo», de Adriaen Isenbrant, que quiso colocar sobre su sepultura. Impresionante, un tapiz («La revista de las tropas en Barcelona»), de la serie «La Conquista de Túnez», que Juana heredó de su tía María de Hungría. El que se exhibe es de la serie prínceps del Palacio Real.

Uno de los tapices de «El triunfo de la Eucaristía», de Rubens. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid
Uno de los tapices de «El triunfo de la Eucaristía», de Rubens. Monasterio de Las Descalzas Reales, Madrid – PATRIMONIO NACIONAL

Entre las joyas salidas de Descalzas Reales, siete grabados de Durero (de su serie «La Pasión pequeña»), que se muestran por primera vez; el Arca de San Víctor, obra maestra en plata, azabache y esmaltes de Wenceslao Jamnitzer, que donó la Reina Ana de Austria… Se ha reunido una espléndida selección de relicarios en carey, lapislázuli, cera, coral o nácar, procedecentes de Japón, México, Filipinas… Tanto Descalzas como La Encarnación atesoran sendos relicarios que son auténticas joyas. Procedente del segundo, «El nacimiento de Cristo», de Bernardino Luini, en cuyo reverso aparece «El Cordero Pascual». Parte de uno de los relicarios que se exhiben fue realizado por el propio emperador Maximiliano II, gran aficionado a la orfebrería.

«Cristo yacente», de Gregorio Fernández, junto al cuadro «La Dolorosa, María Magdalena y San Juan», de Felipe Diricksen. Monasterio de La Encarnación, Madrid
«Cristo yacente», de Gregorio Fernández, junto al cuadro «La Dolorosa, María Magdalena y San Juan», de Felipe Diricksen. Monasterio de La Encarnación, Madrid – PATRIMONIO NACIONAL

El núcleo de la exposición es una estupenda selección de escultura policromada barroca española: una «Dolorosa» y un «Ecce Homo», firmados y fechados por Pedro de Mena en 1673 (Descalzas Reales) y tres piezas maestras de Gregorio Fernández: una «Magdalena penitente» en su armario original (Descalzas Reales); un «Cristo atado a la columna», que se acaba de restaurar (las llagas de su espalda ponen los pelos de punta) y un sobrecogedor «Cristo yacente» (ambos de La Encarnación). Se ha recreado la disposición que en su día tuvo la sala capitular de este monasterio. Sobre el «Cristo yacente», el cuadro «La Dolorosa, María Magdalena y San Juan», de Felipe Diricksen, y una inscripción del Credo. A ambos lados, las esculturas «San Agustín» y «Santa Mónica», de Juan González. En la sala, espléndidas pinturas de Ribera, Pereda y Bartolomé Román. En unas vitrinas, piezas del Terno de las calaveras, que se usó en los funerales de Felipe II. La muestra acaba con un espacio dedicado al ritual de la muerte. Se exhibe el túmulo funerario de Juana de Austria y retratos de religiosas muertas. Como el de Sor Mariana de San José, discípula de Santa Teresa de Jesús y primera priora de La Encarnación. Este monasterio, que quedó unido al Alcázar mediante un pasadizo, fue fundado en 1611 por Felipe III y su esposa, Margarita de Austria-Estiria, que falleció antes de su apertura en 1616.

Nuestra «yinkana» acaba en Las Descalzas Reales. Concretamente, visitando la capilla donde está enterrada Juana de Austria, presidida por una espléndida estatua orante, en mármol blanco, de Pompeo Leoni. Se halla a un lado del altar. No es visitable para el público porque es muy pequeña y su acceso muy estrecho. Cae ya la noche sobre Madrid.

Natividad Pulido/ABC de España