Julio Portillo: homenaje a Mons Roberto Luckert

Discurso de Orden del Académico de la Historia Julio Portillo

     en Homenaje a Mons. Roberto Luckert y a propósito del

                                  Día de la Zulianidad

 

 

Traigo el propósito de no pronunciar un Discurso de Orden largo, son unas breves palabras con tres motivos. Uno de carácter colectivo, que es conmemorar los 199 años de la declaración de independencia de Maracaibo, otro a propósito de la doble nacionalidad de Monseñor Luckert y finalmente el que también nos congrega aquí, que es rendir este homenaje a un gran zuliano. Creo que la mayor virtud de una disertación sería sin duda, su brevedad, el dejar preocupados, entusiasmados o hasta airados a los oyentes, ojalá pudiera lograrlo en esta ocasión.

 

Agradezco al Dr. Guillermo Lugo Sarcos y al movimiento llamado “Zulia Libre” y por supuesto a la  Academia de Historia del Estado Zulia y a su Presidente Juan Carlos Morales Manzur, la convocatoria de este acto, mi escogencia para pronunciar estas palabras y por supuesto la presencia de Ustedes.

 

Lo que no hagamos los zulianos por nosotros mismos, por la conmemoración de nuestras efemérides, no esperemos que lo hagan los poderes públicos nacionales. Por eso que importante fue por decisión del Gobernador Oswaldo Alvarez Paz, de decretar la bandera del Zulia, que se estudiara en una catedra obligatoria la Historia del Zulia y plantear por la calle del medio la necesidad del proceso de descentralización. Permíteme Oswaldo agradecerte estos loables propósitos que tuviste y pedir un aplauso para ellos.

 

La vida me impuso un deber con mi tierra y me siento satisfecho de haberle correspondido. Fue por nuestra propia iniciativa que le imprimimos desde Caracas con la Fundación Zuliana esplendor al bicentenario del natalicio del General Rafael Urdaneta; hace ya diez años, gracias al apoyo del Gobernador Pablo Pérez, no dejamos pasar inadvertido el bicentenario del nacimiento de Rafael María Baralt y logramos que las Academias de la Lengua de Colombia y la República Dominicana se unieran a esta conmemoración y estamos empeñados desde la Academia de Historia del Zulia, en que el bicentenario de la declaración de independencia de Maracaibo, que se conmemorará dentro de un año, el 28 de enero del 2021, le sirva al Zulia de estímulo para ir por los fueros de la reclamación de su auténtica autonomía.

 

No voy a examinar para Ustedes en esta mañana las razones que tuvo Maracaibo, para no unirse al movimiento del 5 de julio de 1811. La fidelidad al Rey de España que hubo de ganarle para el escudo de la ciudad, el emblema de “muy noble y leal”,  ni los motivos de diversa índole, que van desde la buena influencia que ejercía el Gobernador Fernando de Mijares y su esposa, la lejanía de Caracas, el propio desarrollo de esta región y las aspiraciones bien guardadas que tenía esta ciudad de ser desde sede de otra Capitanía General hasta todo lo que expresó ese inolvidable hijo de esta tierra José Domingo Rus, cuando pidió a las Cortes de Cádiz en 1813, que nos dieran Universidad, Catedral, Obispado, Seminario y vida propia, distinta de Caracas.

 

Señores, cuando dentro de un año, a esta misma hora,  gritemos “Alto a los Tiempos” para conmemorar este bicentenario de la República Democrática e Independiente de Maracaibo”, se supone que habremos anticipado con diversos actos, el recuerdo de esta efemérides. Estuve empeñado como Cronista de Maracaibo en proponer que se nos dejara intentar hallar el original del Acta de la Independencia y fundamentamos hipótesis de que pudiera encontrarse en Nueva York, La Habana, Santo Domingo, Sevilla o Bogotá. Expusimos cálculos de carácter histórico para justificar estas presunciones.

 

Propusimos obras conmemorativas que iban desde la recuperación definitiva de la Avenida pionera de Maracaibo de Los Haticos, hasta la creación de un Museo de Bellas Artes, un Faro para el Puerto, un Instituto de Altos Estudios para formar una generación de buenos gobernantes para el Zulia y hoy venimos a proponer también, la convocatoria de un gran congreso de historiadores que analicen este hecho, e igualmente  que coloquemos en el Panteón del Zulia, un cenotafio con los nombres de los patriotas zulianos que aquel 28 de enero de 1821 declararon la independencia.

 

Hay que exaltar como lo hicieran los doctores Vinicio Nava Urribarrí, Gabriel Quintero Luzardo, Antonio Márquez Morales, Marlene Nava,

Alfredo Rincón, Jorge Sánchez Meleán, Rutilio Ortega, Germán Cardozo,  Juan Carlos Morales Manzur, Ángel Lombardi Boscán, Jesús Semprun Parra y tantos otros no solo,  el valor de la declaración de independencia y la incorporación como República a la Gran Colombia de Bolívar, en paridad con Venezuela, Colombia y Ecuador, sino igualmente el aporte del Zulia a la independencia de Sur-América, Cuba y Puerto Rico.

 

En segundo lugar, dije en comienzo, que me iba a valer de la doble nacionalidad de Monseñor Roberto Luckert León, de venezolano y alemán, para rendir hoy un reconocimiento al aporte alemán al desarrollo de Venezuela. Muchas veces por los desvaríos de Alemania en la primera y segunda guerra mundial, este aporte ha sido disminuido, puesto de lado o hasta ignorado.

 

Desde la presencia de Alexander von Humboldt en ese viaje a lo que él llamó las Regiones  Equinocciales hasta el presente los alemanes no han hecho otra cosa que apoyarnos. Y sino que lo diga ese nuevo espaldarazo que le ha dado hace unos días, esa extraordinaria mujer, más de siete veces reelecta, demócrata cristiana, Canciller de Alemania, que es Ángela Merkel, al Presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó.

 

Aunque recibimos de botánicos, geógrafos, viajeros, pintores, médicos alemanes, verdaderos aportes en sus especificas ciencias y artes, poco destacados han quedado los relatos de carácter histórico que los germanos hicieron al conocimiento de la Venezuela de los siglos XVIII, XIX y XX. Exaltan en los mismos el aporte de los civiles al progreso de Venezuela y acusan a los militares de vampiros y sanguijuelas que no solo explotaban a la tropa, sino que se enriquecían a costa del erario público y eran maestros de la adulancia y el endiosamiento, como que hubo una época, después de la muerte del Libertador Simón Bolívar en que el ejército lo componían cuatro mil hombres algunos presidiarios liberados y vagabundos y había dos mil generales.

 

Los alemanes hicieron grandes aportes en Ciudad Bolívar, Cumaná, Caracas, La Guaira, Coro, pero sobre todo en Maracaibo. Y es a propósito de esta referencia, cuando permítanme rendirle un recuerdo tembloroso de sentimiento y cariño a algunos alemanes con los cuales por diversos motivos me vinculé personalmente.

 

Al gran arquitecto Dirk Bornhorst, que aunque nacido en Hamburgo en 1927, no hizo otra cosa que amar a Maracaibo. Premio Nacional de Arquitectura. Vivió en China y Japón, pero su corazón siempre estuvo en Maracaibo. Arquitecto, Profesor universitario de Diseño y Urbanismo, todo un poeta estructural, que en sus conferencias en la Universidad del Zulia, exaltó el agua, el olfato, el tacto, la acústica, la vegetación y en general el valor que tiene en el arquitecto las ideas de soñar.

 

Arnold Zingg Aranguren a  quien ayudé en la edición y prólogo de su obra “La Familia Zingg Aranguren”. Empresario heredero del legado que su padre Gustavo Zingg, dejara en el Zulia. Cuanta ayuda secreta ofreció Arnold a innumerables zulianos, de la que fui testigo. Cómo lamenté que con ocasión de su muerte no viniera a Maracaibo, precisamente por no tener un Museo de Bellas Artes con seguridad, su extraordinaria colección de obras de arte, con pinturas desde el siglo XVI y entre las cuales pude ver un retrato de Simón Bolívar pintado por Goya en 1824. Como me hubiera gustado que Arnold estuviera vivo para ofrecer su testimonio al Vaticano sobre los encargos que le solicitó en apariciones el Dr. José Gregorio Hernández, al cual le dedicó su libro, financió una Escuela con su nombre y a su propia casa la llamó Quinta José Gregorio Hernández.

 

El tercer venezolano-alemán al que quiero recordar en esta mañana, es a nuestro inolvidable historiador, abogado, cronista, sociólogo y gran amigo Kurt Nagel von Jess. A él me unió una sólida amistad. Prologó uno de mis libros, me unió a su propósito permanente de preservar la memoria fotográfica de Maracaibo, lo sucedí como Cronista de Maracaibo y a su muerte las Academias  de la Historia y de Ciencias Jurídicas del Zulia, me escogieron para pronunciar el discurso de despedida en sus exequias. Creo que el mejor  recuerdo que puedo hacer hoy a su memoria es calificarlo como un verdadero mecenas, porque son innumerables las personas a las que brindó su asesoramiento en diversas disciplinas y sobre todo fue un enamorado de Maracaibo.

 

Finalmente acudo en esta mañana a ser portador del homenaje que la Academia de Historia del Zulia y el Movimiento Zulia Libre le rinden a Monseñor Roberto Luckert León. Que naciera en Maracaibo el 9 de diciembre de 1939, de padre alemán y madre trujillana,  ordenado sacerdote en 1966, Vicario General de la Arquidiócesis de Maracaibo en 1977, Obispo de Cabimas en 1985 y Obispo y Arzobispo de Coro desde 1993.

 

Se trata, Señores, de un hombre que vale tanto como un pueblo, que se ha empeñado como ninguno, en fortalecer la débil memoria histórica del pueblo zuliano, precisamente para estimularlo a que reclame sus derechos, no de provincia sino de nación zuliana dentro de la nación venezolana.

 

Monseñor Luckert se ha convertido hoy en el Oráculo de los venezolanos. Emula a lo que fue Demóstenes para los griegos, Cicerón para los romanos, o el papel que han desempeñado en la Historia de Venezuela Juan Vicente González, Fermín Toro, Cecilio Acosta, José Rafael Pocaterra, Jorge Olavarría y el propio Monseñor Mariano Parra León.

 

Excelencia, reciba este homenaje sincero de sus paisanos. Vengase definitivamente para Maracaibo y haga de esta ciudad su tribuna para seguir propagando la fe cristiana y para defender a su pueblo. Yo le sigo agradecido por el Prólogo que hizo de  mi libro “Arte Sacro en Maracaibo”, donde me estimulo en la labor de rescatar el patrimonio religioso católico del pueblo zuliano.

 

Termino diciéndole que Usted es un caballero andante, que no quiere permanecer sordo e indiferente ante los trágicos momentos que vive el país, pero sobre todo Usted es un amigo. A Usted se le h visto en los hospitales, en las cárceles, en los cumpleaños, en las horas difíciles y dice el Profeta de Gibrán que “En la dulzura de la amistad, donde hay risas, penas y placeres compartidos, en el rocío de las cosas pequeñas, es donde se encuentra a  verdaderos amigos con los cuales uno puede contar”.

 

Muchas gracias.