¿Qué es un cardenal?

Luis Alberto Machado Sanz:

 

1-La dignidad cardenalicia fue creada por primera vez durante el pontificado de Silvestre I (314-335) y se las otorgó originalmente a los párrocos de las iglesias de Roma, ya que tenían el privilegio de elegir a su Obispo y por consiguiente al Papa: no olvidemos que el Papa, además de Papa es el Obispo de Roma.

 

Por otra parte la palabra “Cardenal” viene de “Cardinis” que significa bisagra, ya que eran considerados las bisagras de la Iglesia. En consecuencia no se trata del pájaro rojo que inspira a los Cardenales de San Luis o los Cardenales de Lara como mucha gente cree.

 

 

“Esto es rojo como signo de la dignidad del oficio de cardenal y significa que estás preparado para actuar con fortaleza, hasta el punto de derramar tu sangre por el crecimiento de la fe cristiana, por la paz y armonía entre el pueblo de Dios, por la libertad y la extensión de la Santa Iglesia Católica Romana» (palabras del Papa al nuevo cardenal cuando lo enviste como tal).

 

Los cardenales son conocidos también con el nombre de «purpurados», en referencia al color rojo púrpura de la birreta que reciben del Papa en el consistorio. Birreta del color de la sangre, como dice el mismo rito de esa ceremonia, para significar que deben estar dispuestos a portarse con fortaleza, hasta el derramamiento de la sangre, por el incremento de la fe cristiana en el mundo, por la paz y la tranquilidad del Pueblo de Dios y por la libertad y la difusión de la Santa Iglesia Romana.

 

Es de recordar también que el color rojo de nuestra bandera nos recuerda la sangre que derramaron nuestros libertadores por nuestra Independencia.

 

 

Los nuevos cardenales reciben en el consistorio la birreta y el anillo cardenalicio como «signo de esa dignidad, de solicitud pastoral y de más sólida unión con la Sede del Apóstol San Pedro» (el consistorio es el acto formal en la que el Papa formalmente nombra a los cardenales, el nombramiento de los cardenales e imposición de la dignidad cardenalicia es un acto exclusivo del Santo Padre)

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Los consistorios concluyen con la oración de los fieles, el rezo del Padrenuestro y la bendición final por parte del Sumo Pontífice.

 

2-El Papa le asigna a cada Cardenal una iglesia de Roma («Título» o «Diaconía») como signo de su participación en el cuidado pastoral del Papa por la Ciudad de Roma; en consecuencia, al Cardenal José Humberto Quintero, el Papa San Juan XXIII lo elevó al rango cardenalicio con los títulos de San Andrés Apóstol y San Gregorio del Monte Celio,  al Cardenal José Alí Lebrún el Papa San Juan Pablo II le asignó la diaconía de la Iglesia de San Pancracio, al Cardenal Castillo Lara, el Papa San Juan Pablo II le asignó la diaconía de iglesia de nuestra Señora de Coromoto, al Cardenal Jorge Urosa el Papa  Emérito Benedicto XVI le asignó la diaconía de iglesia de Santa María de los Montes, al Cardenal Baltazar Porras, el Papa Francisco le asignó la diaconía de la iglesia de San Juan Evangelista y Petronio.

 

 

3-El sacramento del orden sacerdotal tiene 3 grados:

Diácono, presbítero y obispo.

Una vez que a un hombre lo ordenan de Obispo, no lo pueden ordenar más nunca de más nada en su vida, el cargo de Cardenal no forma parte del sacramento del “Orden Sacerdotal”. El cardenalato no es un sacramento, es una dignidad eclesiástica. A un cardenal no lo ordenan de cardenal. Lo antes dicho implica que no se recibe el Orden Sacerdotal al recibir el capelo cardenalicio que acredita a un determinado hombre como cardenal.

Una vez que un hombre es ordenado de Obispo, que es la plenitud g del Sacramento del Orden Sacerdotal, no es ordenado más nunca de más nada. Con el Papa sucede algo similar, veamos:

 

El poder del Papa para ser Papa, le viene directamente del propio Jesucristo:

 

 “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del Reino de los Cielos y lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mateo 16, 13-20).

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El Papa es el Sumo Pontífice, es también el Obispo de Roma, pero  al Papa, no lo ordenan de Papa, lo entronizan como Papa; es decir,  lo entronizan como sucesor de San Pedro y Pontífice Máximo y Universal, pero al aceptar ser Papa, no es ordenado como Papa.

Tenemos 4 elementos que hay que separar, que son:

Orden Sacerdotal, Cardenalato, Obispado y Papado.

Son 4 elementos distintos así entre ellos se presenten coincidencias y se entremezclen.

Hay 3 sacramentos que se reciben una sola vez, que son para toda la eternidad, ya que imprimen en el alma un sello espiritual y eterno que se llama “Carácter».

Un bautizado será eternamente un bautizado, así se fuere al infierno. Al bautizado, el sacramento del bautismo no se lo quita ni Dios. Igual pasa con el Sacramento de la Confirmación en el que se recibe al Espíritu Santo de una manera especial (en el bautismo también se recibe al Espíritu Santo pero en la Confirmación se recibe de una manera especial). Por lo tanto, al Confirmado, ni el Espíritu Santo le quita el sacramento de la Confirmación así cometiera los pecados más atroces.

Igual pasa con un sacerdote. Un sacerdote es sacerdote para toda la eternidad, así se fuera al infierno. Ni Dios le quita el sacerdocio.

Por lo tanto, no es canónicamente correcto decir “ex cura” o “ex obispo”.

Muchas veces, se ha escuchado que periodistas dicen: “el ex obispo fulano”, fulano no es ningún “ex obispo”, sigue siendo “obispo” y lo será para toda la eternidad.

Lo que mal laman un “ex obispo” o un “ex sacerdote” pueden ejercer su ministerio sacerdotal, en casos muy excepcionales, tales como por ejemplo, absolver en peligro de peligro de muerte, en guerras, en catástrofes, etc.

Benedicto XV, en la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917, decretó que todos los cardenales debían ser sacerdotes. En 1962, el Papa Juan XXIII ordenó que todos los cardenales debieran ser obispos. De acuerdo al Código de Derecho Canónico de 1983, para ser promovidos a cardenales, el Papa «elige libremente entre aquellos hombres que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal».

E s verdad que al día de hoy, existen cardenales que no son obispos, como por ejemplo el sacerdote francés Albert Vanhoye, rector del Pontificio Instituto Bíblico y Secretario de la Pontificia Comisión Bíblica. Es sacerdote jesuita y no fue ordenado obispo, pero para esto se le tuvo que otorgar una dispensa, igual sucede con el cardenal Roberto Tucci, también sacerdote jesuita quien fuera jefe se seguridad del Papa San Juan Pablo II y creado cardenal por este Papa, al que también hubo que darle una dispensa para que no fuera ordenado de obispo.

 

4-Los cardenales son escogidos por el Papa para asistirle en el gobierno de la Iglesia y son ellos quienes eligen al nuevo Papa cuando la sede queda vacante. Durante siglos el nuevo Papa ha sido escogido entre los cardenales. Sin embargo esto ha tenido sus excepciones, como por ejemplo sucedió en el caso de San Celestino V. Veamos:

 

Tras la muerte, en 1292, del Papa franciscano Nicolás IV, en el cónclave para elegir su sucesor, durante casi dos años hubo arduas luchas y deliberaciones para la elección de su sucesor. Como los cardenales no se podían poner de acuerdo en la elección de un nuevo Papa, fueron a buscar en las laderas del monte Mailla, a Pietro Angelari de Murrone. Éste también era franciscano y además vivía en una cabaña, en estado de retiro ascético. En dos palabras: un ermitaño. Lo llevaron al cónclave y le ofrecieron ser Papa. Aceptó y tomó el nombre de Celestino V. Era el año 1294.

 

Al poco tiempo dijo lo siguiente:

 

Yo de esto no entiendo nada”.

 

Y al poco tiempo renunció. Quizás la única medida importante que llegó a dictar fue la creación de la Orden de los Celestinos.

 

El cardenal Benedicto Caetano lo sucedió con el nombre de Bonifacio VIII.

 

¿Y sabe usted amable lector lo que hizo el Papa Bonifacio VIII con el Papa Emérito Celestino V?

Pues lo mandó a encarcelar en uno de los calabozos de un castillo en la cuidad de Ferentino. Le mandó a poner un guardia permanente en la puerta del calabozo para que no pudiera salir más allá del calabozo. Celestino V murió al poco tiempo, el día 19 de mayo de 1296, es como que si al día de hoy, el Papa Francisco hubiera mandado a encarcelar en un calabozo, al Papa Emérito Benedicto XVI.

Que el pesimista, que el que piensa que el mundo va de mal en peor, que todo está perdido, que por favor medite en este último hecho, porque fuera imposible que al día de hoy, un Papa con la bondad del Papa Francisco pudiera haberle hecho semejante cosa a un Papa Emérito como lo es Benedicto XVI, no olvidemos que recientemente San Celestino V fue muy recordado cuando Benedicto XVI renunció.

 

A este santo asceta, como lo era Celestino V, la historia le hizo justicia porque posteriormente fue canonizado. La fiesta de San Celestino V se celebra el 19 de mayo.

 

5- ¿Qué es un “cardenal «in pectore»?

San Juan Pablo II nombró un Cardenal «in pectore” pero nunca se supo quién fue porque nunca lo reveló.

Un cardenal «in pectore», es un Cardenal que ha sido promovido a la dignidad cardenalicia por el Romano Pontífice pero que reserva su nombre, por ello lo de «in pectore», no adquiere ninguno de los deberes o derechos de los cardenales hasta que el Romano Pontífice haga público su nombre, pero a los efectos de su precedencia, se atiende al día en el que su nombre fue reservado «in pectore”.

 

 

 

«In pectore» es una expresión que viene del latín: “lo llevo en el pecho”.

 

El caso de un Cardenal «in pectore» se debe a que a veces, se dan determinadas circunstancias políticas o de cualquier otro tipo, que hacen que el Papa nombre a un cardenal en secreto hasta el momento que considere oportuno que lo debe revelar y cuando el Papa lo revela, su nombramiento tiene efecto retroactivo al momento que previamente lo anunció.

 

6-San John Fisher:  Cardenal «in pectore».

 

San John Fisher, Obispo de Rochester, Inglaterra, fue un cardenal «in pectore» del Papa Pablo III, le tocó el problema del cisma de la Iglesia de Inglaterra con Enrique VIII.

 

No nos vamos a meter ahorita en un asunto tan complejo como lo fue el cisma de la Iglesia de Inglaterra, que creó la Iglesia Anglicana. Brevemente diremos que Enrique VIII estaba casado con Catalina de Aragón, hija de los reyes católicos: Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

 

Enrique VIII le pidió al Papa, la declaratoria de nulidad de su matrimonio con Catalina de Aragón, el Romano Pontífice le negó la declaratoria de nulidad. Debido a esto, Enrique VIII, aconsejado por Thomas Cranmer y Thomas Cromwell, crea un cisma, al romper con el Papa y religiosamente hablando, separarse de La Santa Sede. Lo antes dicho no es otra cosa que un cisma.

 

El rey Enrique VIII decidió hacerse con la autoridad suprema de la Iglesia en Inglaterra e impuso la obligación de tomar el juramento llamado «Oath of Supremacy» aprobado por el Parlamento en 1534. («Juramento de Supremacía»).

 

Dicho juramento consistía a que en materia eclesiástica, el rey de Inglaterra pasaba a estar por encima del Papa. Dicho juramento consistía en reconocer que el rey de Inglaterra es «la cabeza de la iglesia de Inglaterra» y no el Papa, tal como sigue siendo para los anglicanos al día de hoy («episcopales» en USA). Para los anglicanos la actual reina Isabel II sigue siendo la cabeza de la iglesia de Inglaterra.

 

San John Fisher era miembro de la cámara de los Lords, desde donde lanzó una muy severa protesta cuando se propuso en el Parlamento, el aceptar que Enrique VIII fuese la cabeza de la iglesia de Inglaterra. Por lo tanto, a San John Fisher se le conminó a que jurase «Oath of Supremacy que anteriormente mencionamos. Fisher rehusó. Por lo tanto, en abril del 1534, el prelado Fisher, de 66 años, comenzó su prisión de 15 meses en la Torre de Londres.

 

El rey envió un mensajero confidencial para ofrecerle la libertad si asentía al juramento en secreto, «solo para los oídos del rey». Fisher volvió a rehusar y dicha negativa selló su martirio.

 

Durante su prisión, el Papa Pablo III lo nombró cardenal «in pectore». Sin embargo, al poco tiempo, el mismo Papa reveló la identidad del nuevo cardenal. Cuando Enrique VIII lo supo se enfureció y exclamó lo siguiente:

 

«Pues ese capelo se lo colgará de los hombros porque no tendrá cabeza para llevarlo».

 

Fisher fue llevado a juicio acusado de traición por negar la autoridad del rey sobre la Iglesia y lo declararon culpable. Algunos jueces lloraban cuando lo condenaron a muerte el 17 de junio de 1535. Minutos antes de ser ejecutado, junto al verdugo, dijo lo siguiente:

 

«Voy a morir por Jesucristo y por la Iglesia Católica. Con mi muerte quiero dar testimonio del Papa como jefe único de la Iglesia. Hasta el cielo… hijos…».

 

Fue decapitado con un hacha. Era el 22 de junio de 1535.

San John Fisher fue enterrado junto a la iglesia de All Hallows en Barking. Su cabeza fue exhibida en el Puente de Londres por dos semanas y después echada al río Támesis. Erasmo dijo de él, lo siguiente”:

 

«No hay en la nación hombre más instruido ni obispo más santo».

 

Enrique VIII, antes de que Fisher suscitara su ira, lo elogiaba abiertamente diciendo que «no otro príncipe o reino, tiene tan distinguido prelado». Su buen amigo, Santo Tomás Moro, que compartió con él la prisión y que también murió mártir de la fe, escribió de San Juan Fisher, lo siguiente:

 

«No conozco a ningún hombre que compare con él, en sabiduría, conocimiento y virtud probada”.

 

A Santo Tomás Moro también le pidieron que jurara el «Oath of Supremacy», pero se negó respondiendo lo siguiente:

 

«Tengo que obedecer a lo que mi conciencia me manda y pensar en la salvación de mi alma. Eso es mucho más importante que todo lo que el mundo pueda ofrecer. No acepto esos errores del rey».

Al haberse negado Tomás Moro y John Fisher, a jurar el “Juramento de Supremacía”, estaban cumpliendo lo que dijo San Pedro, en compañía de los demás apóstoles, que fue lo siguiente:

 “Hay que obedecer a Dios antes que los hombres” (Hechos De Los Apóstoles, 5,29).

En la madrugada del 6 de julio de 1535, a pocos días de la decapitación de San John Fisher, le comunicaron a Santo Tomás Moro que lo llevarían al lugar del martirio. Santo Tomás Moro se colocó su mejor vestido. Con el buen humor que siempre tuvo, dijo al salir de la prisión lo siguiente:

«Por favor, denme mi abrigo. Doy mi vida pero lo que sí no quiero, es coger un resfriado».

También le dijo al verdugo que tuviera cuidado con su barba, que quería morir con la barba completa y no con la barba mochada.

La ejecución de Santo Tomás Moro, tuvo lugar en el patio de la misma Torre de Londres. Fue poco ante de las nueve de la mañana. Su cuerpo fue enterrado la iglesia de San Pedro Ad Vincula. Su cabeza, luego de ser sancochada, fue expuesta en el Puente de Londres durante un mes, hasta que Margarita Roper, su hija, sobornó al encargado de tirarlo al río, para que se la entregara a ella.

Con el paso de los siglos, en Inglaterra, se fue atenuando la discriminación respecto a la Iglesia Católica. En 1850, fue restablecida en Inglaterra la jerarquía católica. Así fue posible iniciar las causas de canonización de numerosos mártires: estamos hablando del Cardenal Juan Fisher, Tomás Moro y 53 mártires más. En 1886, El Papa León XIII beatificó al Cardenal Juan Fisher y a Santo Tomás Moro, y en 1935, fueron beatificados por Pio XI, con ocasión del IV centenario del martirio de ambos.

La fiesta litúrgica de ambos santos mártires se celebra el 22 de junio, que como antes dijimos, fue el día del martirio de San John Fisher, Cardenal «in pectore». Posteriormente, en Roma, el día 31 de octubre de 2000, año vigésimo tercero del Pontificado de San Juan Pablo II, Santo Tomás Moro fue proclamado por dicho Papa, como patrono de los gobernantes y de los políticos.

 

Luis Alberto Machado Sanz

 

Abogado

 

machadosanz@gmail.com

 

@caballitonoble