Influencers de este tiempo

Beatríz Briceño Picón:

 

Soy una apasionada de ese empeño de tantos laicos católicos por transformar el mundo desde dentro. Pero reconozco que hay demasiados influencer del mundo del espectáculo, de los medios y de otros tantos sectores, que han ahogado con la fuerza de la imagen, de la música y de la publicidad, la riqueza de muchos, quizá más necesarios y más potentes. Me voy a concretar a la huella y la inspiración que han dejado tantas mujeres católicas, muy concretamente las que recordaremos en la conmemoración de los 90 años de la rama femenina del Opus Dei, el 14 de febrero de este año 2020.  Ya lo dije, en otra ocasión, que en estos meses pensaba bucear y compartir muchos detalles de la herencia de dos de ellas. Una, la beata Guadalupe Ortiz (así resolví abreviar su apellido) y otra la doctora Jutta Burggraf (1952-2010), una humanista, teólogo, que me ha robado el sueño porque transmitir sus obras es un trabajo realmente urgente en este momento del mundo.

Nos dijo Mariano Fazio, vicario general del Opus Dei, en su ensayo Transformar el mundo desde dentro, que desear ser un influencer en el ámbito donde nos movemos no es falta de humildad. Se trata de poner al servicio de los demás lo que hemos recibido de Dios.  Y en esta línea mi modesto aporte de hoy es animar a muchos a lograr que Jutta sea una auténtica influencer de influencers en el siglo XXI.  Muy especialmente en este aniversario que nos encamina a la década del centenario femenino del Opus Dei.

En el acto académico que se celebró en su memoria, en la Universidad de Navarra, en el primer aniversario de su muerte, intervinieron dos mujeres y un sacerdote, profesor de la facultad de teología.  Las intervenciones lucieron como tres joyas en un collar de agradecimientos. Inefable. Realmente quedó claro que Jutta fue una auténtica influencer.  El profesor Morales subrayó que “la figura de Jutta Burggraf encarna una teología abierta a la cultura y al mundo personal de relaciones humanas. Trabajó siempre en los puntos neurálgicos de la teología, y dentro de una visión de unidad se ocupó especialmente del significado del quehacer teológico; la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo; la antropología teológica centrada en la idea de la persona y de la secularidad; el sentido de la libertad; la unión de los cristianos; y la mujer en el marco de una teología de la Creación y del cuerpo humano.”

Jutta, concibió su existencia como un arte de vivir. Con la savia de toda la humanitas, que aprendió a conjugar con la filosofía y la teología, regaló a este siglo libros inspiradores que mueven al amor a Dios y al prójimo. Su filiación divina abrevó en las enseñanzas de San Josemaría y fructificó en aspectos tan ricos como la libertad, la misericordia y el perdón. Puede decirse, también, que fue alumna dilecta de la teología del cuerpo de Juan Pablo II y admiró de cerca al Cardenal Ratzinger, su paisano y maestro, que luego fue el Papa Benedicto XVI, con quien compartió en importantes ocasiones. Su capacidad de diálogo y visión de futuro la llevaron a conversar con personas de todas las edades y todo tipo de intereses. Su figura menuda y amable, nunca impositiva, cercana y agradecida, no pasaba sin dejar un aroma de oportunidad y de cercanía.

Jutta Burggraf es colaboradora de todas las familias – mujeres, hombres, jóvenes- de todos los tiempos. Pero no habla como teóloga, filósofa o educadora, sino como una cristiana, como influencer que es, sin llamarse tal. Para las familias del Opus Dei y todos los cristianos de nuestro tiempo, el legado de Jutta es un tesoro que seguirá dando frutos de humanidad y servicio. Su legado nos facilitará ser los influencer que el mundo necesita.

 

 

Beatriz Briceño Picón

Periodista UCV-CNP

Fundación Mario Briceño Iragorry