Las cinco vías de Santo Tomás de Aquino para probar la existencia de Dios

 Luis Alberto Machado Sanz: 

1-Primera Vía

 

La primera es la vía del movimiento: la realidad del cambio o del movimiento (en sentido aristotélico) exige necesariamente la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible fundarse en una serie infinita de iniciadores del movimiento.

 

A tal efecto, Santo Tomás de Aquino dice lo siguiente:

 

…»todo lo que se mueve es movido por otro.  Pero si lo que mueve a otro es, a su vez movido, es necesario que se mueva un tercero, u éste a otro. Más no se puede seguir indefinidamente, porque así no habría un primer motor y, por consiguiente, no habría motor alguno, pues los motores intermedios no mueven más que en virtud de movimiento que reciben del primero, lo mismo que un bastón nada mueve si no lo impulsa la mano. Por consiguiente, es necesario llegar a un primer motor que no sea movido por nadie, y a éste es al que todos entienden por Dios» (Suma Teológica,  l, q.2, a.3.).

 

 

“La semilla, que, al negarse- según la Ley de la Negación-, reproduce la vida, tiene que contener vida. Y contiene vida por la mata o el árbol que la produce. Y así sucesivamente. La vida la ha recibido de otro. No tiene la vida por sí misma. Y si no existiera un Ser, que Él mismo fuera la Vida, que no tuviera necesidad de recibir la vida de ningún otro ser, la vida no existiría. Es así que la vida existe, luego tiene que existir ese Ser. Y a ese Ser lo llamamos Dios.

 

 

Y la misma argumentación se aplica a los procesos a que refiere la Ley de Transformación. Estos no se realizan por sí mismos, sino por la actividad de agentes que tampoco explican su propia actividad. Y ellos no podrían tener la actividad, si no existiera un Ser que por sí mismo tuviera actividad, y a ese Ser lo llamamos Dios”.  Fin de la cita.

 

La anterior cita explica muy bien lo “del primer motor” y está expresada en el libro “Afirmación Frente al Marxismo. Libro de Luis Alberto Machado, mi papá” y aparece en el primer capítulo, cuyo título es »SI DIOS NO EXISTE…»

 

 

Segunda Vía

 

La segunda es la vía de las causas eficientes: puesto que las causas eficientes forman una sucesión y nada es causa eficiente de sí mismo, hay que afirmar la existencia de una primera causa.

 

En esta segunda vía, Santo Tomás de Aquino dijo lo mismo que Cicerón antes de morir:

 

«Causa causorum, miserere mei»: “Causa de las causas ten compasión de mí”.

 

Aristóteles vivió del 384 antes de Cristo, al 322 antes de Cristo. Cicerón vivió del 3 de enero del 106 antes de Cristo, al 43 antes de Cristo. Santo Tomás de Aquino nació a finales de 1224 o principios de 1225 y murió el siete de marzo de 1274. En consecuencia, Cicerón no conoció el pensamiento de Aristóteles tampoco conoció el cristianismo y además le era imposible saber que muchos años después iba a nacer Santo Tomás de Aquino.

 

Basado en Santo Tomás de Aquino y Cicerón, esta segunda vía la cita mi papá cuando en Afirmación Frente al Marxismo, dice que »Dios existe. La inteligencia humana puede, por sí sola, demostrar su existencia a través del mundo visible, remontándose a los efectos de la causa» (fin de la cita).

 

Como dato histórico complementario  no olvidemos »Las Catilinarias», que fueron 4 discursos de Marco Tulio Cicerón, pronunciadas por su oratoria magistral contra Catilina luego de haber sido descubierta y reprimida, una conjura encabezada por Lucio Sergio Catilina para dar un golpe de estado. La más famosa es la siguiente:

 

“Quo usque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”

 

»¿Hasta cuándo Catilina, abusarás de nuestra paciencia?»

 

Tercera Vía

 

Tercera vía: «Vía de los seres contingentes»

 

 

“Esta vía, también llamada argumento de la limitación en la duración, afirma que “hay cosas que empiezan a ser y dejan de ser, y que por tanto pueden no ser; estas cosas se llaman contingentes. Pero si todas las cosas fueran así, es decir contingentes, entonces alguna vez no hubo nada; porque lo que se puede decir de cada parte del conjunto, se puede decir del conjunto entero, a saber que alguna vez no existió. Pero de la nada no sale nada. Por ello, debe existir un ser necesario para que haya estas cosas o seres. Este ser absolutamente necesario existe por sí mismo y es causante de la existencia de los demás seres, y se llama Dios”.

 

Pongamos la lupa en “de la nada no sale nada”:

 

Veamos el caso de la oscuridad. La oscuridad es la falta de luz. Del prisma de luz salen los 7 colores, de la oscuridad no sale nada. Un cuarto estará oscuro mientras no le entre luz. Supongamos que un cuarto está cerrado, hermético a la luz. Ergo, estará oscuro. Lo único que hay que hacer es abrir las ventanas para que entre la luz del exterior y automáticamente dejará de estar oscuro, para acabar con la oscuridad lo único que hay que hacer es encender la luz si es de noche o correr las cortinas y subir las persianas si es de día y con esto la oscuridad se disipará al instante ya que será absorbida por la luz.

 

Bien dice el Evangelio de San Juan:

 

 “La luz resplandece en las tinieblas, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:5).

 

 

Vamos a copiar algo que escribió Laureano Márquez que en nuestra opinión  es una forma muy acertada la tercera vía de Santo Tomás de Aquino para demostrar la existencia de Dios:

 

 

“Una mecha no se enciende sola” 

 

 

“Digamos que el mundo comenzó con un “big bang”, como dicen estos ateos, la pregunta es: ¿Quién encendió la mechita? ¿Ah? La respuesta es obvia: Dios, dado que una mecha no se enciende sola, no habiendo ninguna existencia racional para el momento del inicio de la explosión”. Fin de la cita (“Una mecha no se enciende sola”. Comentarios a “Dios también debate”: Laureano Márquez)

 

 

Cuarta Vía

 

“La cuarta vía se deduce de la jerarquía de valores que encontramos en las cosas. Pues nos encontramos que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros valores se dan en las cosas. En unas más y en otras menos. Pero este más y este menos se dice de las cosas en cuanto que se aproximan más o menos a lo máximo. Así, caliente se dice de aquello que se aproxima más al máximo calor. Hay algo, por tanto, que es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser; pues las cosas que son sumamente verdaderas, son seres máximos, como se dice en II Metaphys. Como quiera que en cualquier género, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género -así el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro-, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección, le llamamos Dios.

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Suma Teológica I, cuestión 2, artículo 3.

 

“La cuarta es la vía de los grados de perfección: puesto que todas las cosas existen según grados (de bondad, verdad, etc.), debe también existir el ser que posee toda perfección en grado sumo, respecto del cual las demás se comparan y del cual participan”.

 

Al copiar esta cuarta vía me vino a la mente la estrofa de la canción “Que Viva España” de Manolo Escobar y que es la siguiente:

 

“Entre Flores, Fandanguillos y alegrías

nació mi España la tierra del amor

solo Dios pudo hacer tanta belleza

y es imposible que puedan haber dos.

y todo el mundo sabe que es verdad

y lloran cuando tienen que marchar”.

 

Resaltamos la frase “solo Dios pudo hacer tanta belleza” ya que Dios es la belleza suprema, analógicamente hablando se pudiera decir que Dios es la belleza de las bellezas

 

En lo particular, la fidelidad de los perros hacia los seres humanos nos recuerda la fidelidad de Dios para con los seres humanos:

 

 

 

«Y dije: «¡Ah, Yahvé, Dios del Cielo, tú eres grande y temible! Tú guardas tu alianza y tu fidelidad a los que te aman y cumplen tus mandamientos”. (Nehemías 1, 5)

«Tu amor lo tengo ante mis ojos y tomo en cuenta tu fidelidad”. (Salmos 26, 3)

 

 

Lo antes dicho nos hace recordar el cuadro del Sagrado Corazón de Jesús con la leyenda “amigo que nunca falla”.

 

 

Esta Cuarta vía también pudiera estar muy bien expresada en el capítulo 1 del libro del Génesis:

 

“1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 

 

 1:2 Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.  1:3 Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.  1:4 Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas: 5 Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche.  Y fue la tarde y la mañana un día…1:31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera

 

 

Quinta vía: 

 

El ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin.

El gobierno del mundo. El orden del universo.  

 

 “El reloj lo hizo el relojero, el mundo lo hizo Dios, no hay reloj sin relojero, no hay mundo sin creador”

 

En esta quinta vía Santo Tomás de Aquino dice lo siguiente:

 

“Vemos, en efecto, que cosas que carecen de conocimiento, como los cuerpos naturales, obran por un fin, como se comprueba observando que siempre, o casi siempre, obran de la misma manera para conseguir lo que más les conviene; por donde se comprende que no van a su fin obrando al caso, sino intencionadamente. Ahora bien, lo que carece de conocimiento no tiende a un fin si no lo dirige alguien que entienda y conozca, a la manera como el arquero dirige la flecha. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, y a éste llamamos Dios”. Suma Teológica, 1

 

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Volvamos a citar “Afirmación frente al marxismo” ya que también habla de esta quinta vía:

 

“Ante una simple máquina de fotografía, a nadie se le ocurre pensar en que ella hubiera podido existir en que ella hubiera podido existir, sin que un ser inteligente la hubiera ideado y construido. Pues bien, el ojo es una  “máquina de fotografía» incomparablemente más perfecta que cualquiera de las que pueda inventar el hombre. »El que ha inventado el ojo-preguntaba Newton-¿podía desconocer las leyes de la óptica?».

 

Pensar que la organización material de un ojo se debe a la casualidad o a la naturaleza del ojo, lo cual viene a ser lo mismo, es igual a decir que »El Quijote» pudo no haber sido la obra de un escritor, sino de alguien que arrojó al azar sobre una superficie plana todas las letras en él contenidas, las cuales por azar cayeron en la misma forma que se lee en esta obra. Es sencillamente absurdo.    

Y, si esto puede afirmarse de un ojo, ¿qué decir de la combinación de los millones y millones de moléculas que componen todos los cuerpos del universo en perfecta consideración? Una inteligencia infinita- Dios- rige el universo”.

 

Leyendo  esta quinta vía nos recordamos de la canción que nos enseñaron las monjas de Villa Loyola en el colegio San Ignacio que nos decían lo siguiente:

 

 

“El reloj lo hizo el relojero, el mundo lo hizo Dios; no hay reloj sin relojero, no hay mundo sin creador” 

 

Dios hizo el universo y le dio al relojero la capacidad de crear a través de la memoria, inteligencia y voluntad que le otorgó. Es decir, Dios nos dio la capacidad de crear, lo cual nos hace semejantes a Dios:

 

«Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Macho y hembra los creó».

 

Génesis 1: 27

 

Ahora bien, en el plano humano, es al relojero al que directamente le toca hacer el reloj y no a Dios. Evidentemente que Dios estará siempre dispuesto a darle al relojero luz para su inteligencia y calor para su voluntad, además siempre estará dispuesto a perdonarlo y a ayudarlo en todo lo que necesite; pero eso sí, es el propio relojero y no Dios el responsable de que su reloj dé o no la hora y no se debería culpar si el relojero es culpable o negligente de por no haber hecho el reloj o haberlo hecho mal.

 

Y para que el reloj dé bien la hora se requiere que el relojero cree un orden dentro del reloj, es decir las piezas deben ser las adecuadas y estar en el preciso lugar.  Además los mecanismos de funcionamiento deben ser los adecuados, y si ese reloj da bien la hora la persona que lo utiliza estará tranquilo, y por lo tanto en paz; todo lo anterior como consecuencia del orden que el relojero puso previamente en el reloj.

 

Lo anterior implica, que tanto en el plano divino como en el humano, no puede haber orden sin ordenador; el orden no es producto del azar, como acabamos de ver, un reloj no es un conjunto de piezas al azar, un reloj es el producto del orden de un relojero que previamente ordenó el reloj para que diera la hora. De la misma manera la magistral novena sinfonía de Beethoven no fue el fruto del azar de la combinación de 7 notas musicales que se combinaron a sí mismas y que produjeron tan magna obra; no, el llamado “himno de la alegría”, la novena sinfonía, tuvo un creador-ordenador llamado Beethoven e  igualmente pasa lo mismo con el orden del universo que no puede ser producto del azar, ese orden del universo requirió de un ordenador y ese ordenador es Dios. El universo es la firma de Dios es Dios. 

 

 

La luna sigue un orbita ordenada en torno a La Tierra y ésta en torno al sol e igualmente los planetas en torno al sol; y este orden que vemos en el sistema solar tenemos que aplicarlo también en torno a las demás galaxias y constelaciones, separadas entre sí por años luz; es decir, a astronómicas distancias de 300.000 kilómetros por segundos durante año.

 

Un día tiene 86.400 segundos, un año tiene 31.536.000,00 segundos; si a 31.536.000,00 le multiplicamos 300.000, tenemos una distancia de  9.460.800.000.000 de kilómetros; es decir, un año luz es una distancia de aproximadamente 9,5 millones de millones (billones) de kilómetros, pero es el caso que hay estrellas, galaxias y constelaciones que están en perfecto orden a miles de años de luz; cifras que por lo menos en nuestros muy limitados conocimientos de matemáticas no sabemos cómo se dice:

 

 

Ese orden no puede ser producto del azar; este orden del universo tiene que tener un ordenador al que llamamos Dios. Por otra parte, el sol en cualquier parte del mundo sale por el este y se pone por el oeste; dependiendo de las estaciones y con las excepciones del Polo Norte y el Polo Sur, y dependiendo de cada sitio en particular, en todas partes del mundo amanece en la mañana y oscurece en la tarde; en los meses de junio, julio y agosto siempre será verano en el norte e invierno en el sur; mientras que en los meses de diciembre enero y febrero será a lo inverso.

 

En base a este orden es que los seres humanos hemos creado los horarios; si no fuera así, sería imposible la convivencia en La Tierra; si no supiéramos a qué hora saldrá el sol o a qué hora se pondrá; y si cada día tuviéramos que adivinar por donde saldrá el sol y no tuviéramos la certeza que saldrá por el oriente; o si no tuviéramos la certeza que se pondrá por el oeste; o si tuviéramos que adivinar cuándo sería verano en el norte o en el sur, etc; lo que habría sería un permanente caos, no podría ser posible ni la convivencia entre los seres, ni el progreso, ni prácticamente nada.

 

Ahora bien, todo este extraordinario y maravilloso orden, tiene que tener un ordenador y ese ordenador supremo es al que llamamos Dios.

 

Aún el azar tiene un orden creado previamente por un ordenador. Por ejemplo: el azar del juego: el juego está diseñado para que la Casa gane, por lo menos al largo plazo; por ejemplo: la ruleta; ésta está diseñada para que en el largo plazo, la Casa siempre gane, entre otras cosas que La Casa tiene a su favor el 0 y el 00 ya que el apostador no puede apostar dichos números; esto quiere decir que la Casa siempre tendrá más probabilidades de ganar porque tiene más números más apostables a su favor.

 

Este sencillo ejemplo de la ruleta también es aplicable a la naturaleza: cierto: los cromosomas se aparean y sacan a un ser humano; pero ese ser humano será único, no hay repetición; tanto es así porque no hay 2 huellas digitales iguales; pueden haber seres humanos muy parecidos pero nunca iguales; el hecho que no haya 2 huellas digitales iguales tampoco es fruto del azar; en esto también se ve un orden así tenga un cierto ámbito de “libertad”, si es que esta palabra aplica aquí; este orden tampoco es fruto del azar, tiene que haber sido ordenado por Alguien Superior, y ese Ser Superior no es otro que Dios

 

Además, si se aparean un hombre y una mujer, saldrá: o un hombre o una mujer, pero no podrá salir un caballo o un hipopótamo; eso del “hombre elefante” son cosas de cine, no de la vida real; esto es otra manifestación del orden que requiere un Supremo Ordenador, que no es otro que Dios.

 

 

2- Mi papá rezaba la siguiente oración de Santo Tomás de Aquino y también me la enseñó:

 

«¡Oh inefable Creador nuestro, que con los tesoros de tu sabiduría formaste tres jerarquías de ángeles y las colocaste con orden admirable en el empíreo cielo, y distribuiste las partes de todo el universo con suma elegancia!

Tú, Señor, que eres la verdadera fuente de luz y de sabiduría y el soberano principio de todo de todo, dígnate infundir sobre las tinieblas de mi entendimiento el rayo de tu claridad, removiendo las dos clases de tinieblas en que he nacido: el pecado y la ignorancia.

 

Tú, que haces elocuentes la lengua de los infantes, instruye mi lengua y difunde en mi labios la gracias de tu bendición.  

 

Dame agudeza para entender, capacidad para retener, método y facultad para aprender, sutileza para interpretar, gracia y abundancia para hablar.  Dame acierto al empezar, dirección al progresar y perfección al acabar. 

 

¡Oh Señor!, que vives y reinas, verdadero Dios y hombre, por los siglos de los siglos.  Amén».

 

LUIS ALBERTO MACHADO SANZ

 

Abogado

 

machadosanz@gmail.com

 

@caballitonoble