Un país enfermo

Juvenal Salcedo Cárdenas:

«Tuve hambre y me diste de comer, tuve frío y me cobijaste, estuve enfermo y me curaste…».

En  Venezuela la cita evangélica  es letra muerta. No hay medicinas para los enfermos. Los responsables no aparecen y cuando lo hacen es para decir que si hay medicinas pero tienen su precio, y… ¡qué precio!

A una diputada con cáncer terminal a quién le propusieron que si daba su voto al régimen tenía, al instante, la medicina. Cuando vi esto en la prensa explote y mi doña se acercó y me calmó: Tranquilo, si no, vamos a tener una con cancer terminal y tu infartado.

Nosotros los católicos tenemos la obligación de cuidar a los enfermos por mandato evangélico, pero el Papa Francisco, en su carta apostólica Amoris Laetitia, nos exhorta  al cuidado qué debemos tener  a los enfermos. La Iglesia, privilegia su atención sobre los ancianos y los desamparados en sus los hospitales y ancianatos.

Me pregunto ¿dentro de esta obligación qué hago yo?  Recojo dinero y oración en  épocas especiales Navidad, y no especiales, y para el ancianato hospital de las hermanitas de los pobres, que fundó La Madre Emilia de San José, que va camino de los altares.

Nos vamos de anécdota: una vez, en una sala de espera de un aeropuerto, había un grupo  grande de pasajeros. Un joven cuatrista sacó el cuatro de su estuche y empezó a tocar, vino el aplauso. Yo le dije en secreto, al oído, que iba a pasar mi gorra deportiva (Magallanes o Caracas). Y que después le explicaba. Así fue. Al terminar dije en voz alta gracias por su generosidad,  este dinero es  para el Ancianato de Montalban la Vega. Ahora  una segunda colecta es para el cuatrista (era una broma)  recogí y se lo di al cantante, quién me lo devolvió y dijo: para nuestros  ancianos enfermos.

Mi doña me dice: tú si eres asomado, y le contesto: estoy cumpliendo el mandato del Señor a través de San Pablo: Evangelizar a tiempo y a destiempo. Salió el sembrador a sembrar.  Si el que ofreció medicina por un voto lee esto y recapacita? No lo sé.

Yo también recapacité  ya  no agarraré el revólver para callar a  ese…No le pongo el calificativo porque no me publican. El tiro puede ser este artículo. Sólo Dios sabe.

Laus Deo.

Kissimmiee, 9 de febrero 2020.

Juvenal Salcedo Cárdenas