Valera Bicentenaria: fecunda experiencia de sinergia entre ciudadanía e Iglesia

Francisco González Cruz:

 

La ciudad de Valera cumple 200 años el día 15 de febrero de 2020, al tomarse como su punto de partida la  creación de la Parroquia Eclesiástica de San Juan Bautista de Valera por el Doctor Don Rafael Lazo de la Vega, Obispo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, por solicitud de varios residentes de la aldea que ya se empezaba a desplegar. Don Gabriel Briceño de la Torre, habitante del pueblo de Mendoza, junto al Presbítero Miguel Fajardo, quien ya oficiaba misa en un pequeña capilla de tierra y palma, se empeñan en que en la extensa meseta modelada por los ríos Motatán, Momboy y Escuque, debería fundarse una ciudad. Dibujan un plano y deciden que la urbe debe iniciar su andadura partir del templo situado en el corazón de la planicie. Solicitan a Mercedes Díaz la donación de unos terrenos, asunto que a la muerte de la señora Díaz concretan y amplían sus herederos y parientes en 1818. Otros habitantes del caserío donan más terrenos para la iglesia, la plaza, la casa de gobierno, una escuela y solares para la venta. Con esas donaciones e ingresos se va levantando la ciudad, en una experiencia fecunda de sinergia entre la ciudadanía y la iglesia.

Nacía así la urbe hoy Bicentenaria, con las cuatro funciones principales organizadas por sus primeros vecinos: el templo para el encuentro ante Dios, dar gracias y solicitar favores; la plaza para el encuentro cordial de los vecinos y el intercambio de bienes y servicios; la casa de gobierno para el encuentro ciudadano, elegir sus representantes para la ciudad ordenada; y la residencias para convivir juntos, con casas pegadas unas a otras y dejar la aldea atrás. Luego otros vecinos y sus representantes ampliaron su extensión, construyeron el acueducto, hicieron escuelas, edificaron el hospital, pusieron telégrafo y teléfono, levantaron teatros, fundaron clubes, establecieron fábricas y lugares de comercio y ese portento cultural que fue y debe seguir siendo el Ateneo de Valera.

La expansión de la ciudad también se da la sinergia ejemplar cuando 71 años después de fundada la parroquia eclesiástica, en 1891, Juan Ignacio Montilla como Presidente Municipal adquiere los terrenos del llano de San Pedro y con Agrimensor Américo Briceño Valero traza la expansión urbana y planifica las parcelas para la Iglesia de San Pedro, la Plaza, las cuadras, manzanas, calles, los enlacen con el casco central, los caminos para otros lugares y demás previsiones.

Mencionar las mujeres y hombres que han hecho posible la ciudad es larga tarea, pero un  restringido listado de los más emprendedores, la lista a los sacerdotes y religiosas más emprendedores además del Presbítero Miguel Fajardo estarías el padre Miguel A. Castro, Pbro. Escolástico Luque, José de los Ángeles Cano, Pbro. y Médico Dr. Guillermo Parra Farías, el sacerdote y arquitecto Augusto Pavageau, el sacerdote jesuita y arquitecto Luis María Gogorza y Soraluce, el Presbítero Monseñor Dr. Miguel Antonio Mejía, el Pbro. José Humberto Contreras, el padre Juan de Dios Andrade y Monseñor Eberto Godoy Briceño, entre muchos otros. Las hermanas de Santa Ana, las Hermanas Lourdistas y más recientemente Las Salesianas de gran labor educativa.

Desde su nacimiento la ciudad crece alrededor de su templo de San Juan Bautista,  el cual luego de varias construcciones  levanta su airosa edificación de estilo gótico y que se ha convertido en el ícono más importante de Valera. Su construcción se plantea cuando la ciudad cumplía 100 años, en 1927 se inician los trabajos cuya culminación se logra en 1953, gracias al esfuerzo de algo más de cinco lustros de trabajo de un grupo de personas almas piadosas de esta colectividad. Como describe textualmente el cronista Juan de Dios Andrade: «desde cualquier sitio que se contemple la ciudad de Valera, vénse despuntar, impetuosas y esbeltas, las torres del templo de San Juan Bautista, interpretando su imponente simbolismo, como si se tratase de una constante invitación hacia el más allá, hacia la luz, hacia el infinito, una inmensa sinfonía de piedra, una suma de todas las fuerzas de una época, que hoy se muestra orgullosa en los cielos de nuestra querida Valera». (Cita de Bracamonte, Pedro (2019) La Casa de Dios en Valera).

Grupos de ciudadanos, seglares o religiosos, mujeres y hombres, desde el nacimiento de Valera se han organizado para hacer ciudad, desde la sociedad “Amantes del Progreso” para el primer templo parroquial en 1821, la Hijas de María en 1884 de amplia proyección religiosa y social y en 1905 nace ese portento que fue el «Ateneo de Valera” hasta 2008 hasta cuando sus instalaciones fueron confiscadas por decreto del alcalde Temístocles Cabezas.  La Sociedad Civil ha sido la gran protagonista de Valera a los largo de estos 200 años: el Hospital La Paz, sus primeras  escuelas, sus acueductos, teatros, clubes, los gremios, la Universidad Valle del Momboy, el Centro de Animación Juvenil, la Escuela de Liderazgo y Valores de la UVM, la Asociación de Comerciantes e Industriales, la Sociedad Anticancerosa, diversos grupos culturales y deportivos, y cientos de otra iniciativas en una lección de creación de capital social admirable. Hoy lamentablemente en crisis.

Algunos gobiernos ayudaron, otros fueron indiferentes y otros francamente estorbaron, pero la ciudad cogió impulso y fue “dinámica y progresista”, y su influencia se extendió mucho más allá de sus linderos, incluso más lejos de los límites trujillanos. La ciudad toda se convirtió en lugar de encuentro, y aquí llegaron, desde de los cuatro puntos cardinales de Trujillo, Venezuela y del mundo, muchas personas a quedarse o a hacer diligencias. Y así durante varios años Valera respondió cabalmente a sus desafíos. La celebración de su sesquicentenario fue una expresión cabal de esa impronta valerana. Hoy el Bicentenario es reflejo del general deterioro.

Las ciudades en el mundo  tienen otros desafíos que se agregan a los tradicionales “asuntos propios de la vida local”. Ahora  deben ser globales e insertadas de manera eficaz en la sociedad del conocimiento, que es sustantivamente una sociedad urbana. Así Valera tiene importantes desafíos que asumir. Sus  ciudadanas y ciudadanos tenemos el deber de asumir plenamente la responsabilidad de hacer una buena ciudad, porque lo bueno o lo malo que sea será el resultado de lo bueno o lo malo que sean sus ciudadanos. Está de moda hablar de “ciudades inteligentes” o “Smart Cities”, para relacionarlas con el uso de las nuevas tecnologías. Pero en términos tradicionales  ciudades inteligentes siempre las ha habido, y Valera fue inteligente, como lo demuestra su corta y fecunda historia, llena mujeres y hombres que la hicieron líder entre las ciudades del occidente del país. Pero también las hay estúpidas, que se abandonan a la improvisación, a la corrupción y al vicio.

Las ciudades inteligentes valoran su patrimonio natural y cultural, su capital inmaterial, su capital social, sus edificaciones emblemáticas, su pasado, presente y su futuro. Además, aprovechan con sabiduría las nuevas tecnologías para la gerencia de sus servicios, para darle conectividad a sus habitantes y organizaciones. Promueve la creatividad y la innovación, se preocupan por contar con un buen gobierno, una sociedad civil organizada, buenos diseños urbanísticos, adecuadas estructuras, excelentes funciones, fluida movilidad, eficiente equipamiento, espacios públicos de calidad, comercios y servicios eficaces, lugares atractivos y todo lo que haga de ella un espacio de calidad, para sus habitantes y para los que la visitan.

Las ciudades estúpidas son aquellas que no toman decisiones para su desarrollo.  Son muchas las razones que llevan a que, a pesar del potencial de inteligencia que tenga la ciudad, se comporte estúpidamente. Son las creencias tóxicas, el fanatismo, la división, la procrastinación, el sectarismo, la codicia, la corrupción y muchas otras. Una ciudad estúpida no tiene plan o proyecto de lo que sueña ser. No tiene objetivos. No prevé. Una ciudad estúpida no consulta con sus ciudadanos, ni con expertos, ni aprende de experiencias exitosas. Una ciudad estúpida deja pasar el tiempo y las oportunidades. Una ciudad estúpida no celebra. La ciudad y los ciudadanos pagan muy caro la estupidez. Ven con envidia como otras ciudades avanzan y la suya propia se queda balbuceando su fracaso. Y se inmoviliza. Cae en la crisis de autoestima.

¿Cómo se han sacudido su estupidez las ciudades que lo han hecho? De muchas formas. Por ejemplo: la realización de un evento político, deportivo o una feria significativa. O provocando un cambio con alguna obra de arte o un símbolo que motive a la ciudadanía. Aprovechando una tragedia como un sismo o algo parecido para su renacimiento bajo otra cultura. O recordando sus mejores tiempos y construir el futuro con un sueño “retro proyectivo”.  Convocando a sus mejores talentos y provocando el cambio. O aprovechando un cumpleaños o una celebración importante.

Este es el tiempo de las iniciativas ciudadanas que, activas tomar el poder o presionan a sus gobiernos a  hacerse cargo de las transformaciones e insertarse con audacia en los procesos que mueven a convertirse en ciudades sostenibles, creativas, innovadoras e inteligentes, que hacer grata la vida de sus habitantes. Ciudades de calidad.

El Bicentenario de Valera es la oportunidad histórica que nos da el devenir para que sus ciudadanos se hagan cargo de hacer la Valera posible.

FGC/