Coronavirus: Papa Francisco reza por las familias en este momento difícil

“Para que no pierdan la paz en este momento y logren llevar adelante toda la familia con fortaleza y alegría”, dijo Francisco en su homilía en el sexto día de oración en casa Santa Marta por la pandemia del coronavirus en Italia y en el Mundo.

Este sábado, 14 de marzo de 2020, en la capilla de Casa Santa Marta, el papa Francisco ofreció la misa por las familias que viven momentos difíciles debido al coronavirus y, en especial, rezó por aquellas que tienen una persona discapacitada o niños pequeños en casa por la cuarentena. “Continuamos rezando por las personas enfermas de esta pandemia. Hoy quisiera hacer una especial oración por las familias. Familias que de un día al otro se encuentran con los niños en casa. Las escuelas están cerradas por seguridad y tienen que gestionar una situación difícil, manejarla bien, con paz y también con alegría”. 

Las autoridades italianas solicitaron a la mayoría de 60 millones de ciudadanos de quedarse en casa, si no para ir a comprar comida, medicinas o por motivos justificados. La policía solicita una autocertificación a las personas que encuentran en la calle, a pagar sanciones, multas o hasta la cárcel.

Italia, declarada ‘zona roja’, anoche superó el millar de muertes con coronavirus tras sumar 188 en 24 horas. A fecha del 12 de marzo se han detectado un total de 15.113 casos y 1.258 altas desde que el virus entró en el país, el 21 de febrero.

“De manera especial, pienso a las familias con personas con discapacidad”, dijo el papa Francisco. “Los centros de asistencia y centros diurnos para las personas con discapacidad que están cerrados. La persona se queda en familia. Recemos por las familias para que no pierdan la paz en este momento y logren llevar adelante toda la familia con fortaleza y alegría”, aseguró.

Ayer, varios alcaldes del norte y el sur de Italia, cerraron parques o jardines públicos por la violación de las medidas de seguridad sanitaria, como mantener una distancia de un metro entre las personas en la calle. En Roma, las iglesias parroquiales reabrieron ayer para no dejar solos a los fieles que necesitan los sacramentos, la oración y el conforto espiritual, como rezó el Papa ayer, aludiendo “a medidas drásticas que no siempre son buenas”.

En la homilía, el Papa reflexionó sobre la parábola del hijo pródigo y rezó para que Dios conceda la gracia de entender el amor gratuito y auténtico del Padre por el Hijo y, así en las relaciones interpersonales. “El problema es vivir en casa pero no sentirse en casa, porque no hay relación de paternidad, de hermandad, solo la relación de compañeros de trabajo”. 

La cuarentena se extenderá a cada vez más familias. La OMS ha declarado asimismo que la pandemia ha tocado a 140 países en el mundo con más de 145.000 pacientes. Europa es el epicentro de contagios, después de China donde inició todo en diciembre 2019. Los casos de infectados de coronavirus en Europa aumentan más que al inicio de la crisis en China.

Jesús juzgado por estar entre los pecadores 

En su predicación, el Obispo de Roma inició analizando la parábola del hijo prodigo presente en la lectura  del Evangelio, según San Lucas (15, 1-3. 11-32). “Esta parábola Jesús la dice en un contexto especial. Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: “Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos. Y Jesús les respondió con esta parábola”. 

 ¿Qué dicen? Los pecadores se acercan en silencio, no saben que decir. Pero su presencia dice tantas cosas. Querían escuchar. ¿Qué dicen los doctores de la ley? Critican, murmuraban, decía el Evangelio, buscando de cancelar la autoridad que Jesús tenía con la gente. La gran acusación: Este come con los pecadores, es uno impuro”. El Papa luego indicó que “en la parábola emerge el drama de este problema”. 

La gente necesita una guía

¿Qué sienten las personas? “La gente siente necesidad de salvación. La gente no sabe distinguir bien, intelectualmente: ‘Yo necesito encontrar a mi Señor’ ¡No! La gente tiene necesidad de una guía, de un pastor. Y la gente se acerca a Jesús porque ve en él a un pastor, tiene necesidad de ser ayudada en la vida. Siente esta necesidad.

Los demás, los doctores, se sienten sobrados, ‘estudié en la universidad, hice un doctorado, conozco todas las explicaciones de la ley, todos los casos, las actitudes de la casuística, y se sienten suficientes y desprecian la gente, desprecian a los pecadores”. 

El padre sabe sufrir en silencio

¿Qué dice la Parábola? El hijo pide al Padre: ‘dame el dinero que me voy’. El padre da, pero no dice nada, de pronto pensó en alguna travesura que hizo cuando era joven. Un padre sabe sufrir en silencio. Un padre vigila el tiempo. Deja pasar los malos momentos.

Muchas veces la actitud de un padre es “hacerse el tonto” frente a los faltas de sus hijos. El otro hijo regaña al padre: “Fuiste injusto”, dice. ¿Qué escuchan estas personas en la parábola? El muchacho siente el deseo de comerse el mundo, de ir más allá, de salir de casa, y quizás la vive como una prisión, y también tiene la suficiencia de decirle a su padre: “Dame lo mío”. Siente el coraje, vamos.

 ¿Qué siente el padre? El padre siente dolor, ternura y mucho amor. Entonces cuando el hijo dice esa otra palabra: “Me levantaré – cuando recupera el sentido – me levantaré e iré a ver a mi padre”, encuentra al padre esperándole, le ve de lejos. Un padre que sabe esperar el tiempo de sus hijos.

Indignación del hijo mayor   

¿Qué siente el hijo mayor? Dice el Evangelio: “Se indignó”, siente ese desprecio. Y muchas veces indignarse es la única manera de sentirse digno para esa gente. Estas son las cosas que se dicen en este pasaje del Evangelio, las cosas que se sienten. 

¿Pero cuál es el problema? El problema – empecemos con el hijo mayor – el problema es que ´él estaba en casa, pero nunca se dio cuenta de lo que significaba vivir en casa: cumplía con sus deberes, hacía su trabajo, pero no entendía lo que era una relación amorosa con su padre. 

“El hijo se indignó y no quiso entrar.” “¿No es esta mi casa ya?” … pensó. Lo mismo que los doctores de la ley. “No hay orden. Este pecador vino aquí y le dieron una fiesta. ¿Y yo qué?” El padre dice una palabra clara: “Hijo, siempre estás conmigo y todo lo que es mío es tuyo.” Y de esto, el hijo no se daba cuenta, vivía en casa como en un hotel, sin sentir esa paternidad… Tantos “hoteleros” en la casa de la Iglesia que se creen los amos.

El abrazo sin tantas explicaciones 

Es interesante, el padre no dice una palabra al hijo que vuelve del pecado, sólo lo besa, lo abraza y le hace festejar; al otro tiene que explicárselo, entrar en su corazón: tenía el corazón blindado para sus concepciones de la paternidad, de la filiación, del modo de vida. 

El Papa contó un anécdota al respecto:  “Recuerdo que una vez un viejo y sabio sacerdote, un gran confesor, era un misionero, un hombre que amaba mucho la Iglesia, y hablando de un joven sacerdote que estaba muy seguro de sí mismo, muy creyente… que era un valor, que tenía derechos en la Iglesia, dijo: “Pero yo ruego por éste para que el Señor le ponga una cáscara de plátano y lo deje deslizar, le hará bien”. Como si dijera, suena como una blasfemia: “Le hará bien pecar porque necesitará pedir perdón y encontrar al Padre”.

El problema es sentirse en casa

“Tantas cosas nos dice esta parábola del Señor, que es la respuesta a los que le criticaron porque iba con los pecadores. Pero también muchos hoy en día critican, a la gente de la Iglesia, a los que se acercan a la gente necesitada, a la gente humilde, a la gente que trabaja, incluso a los que trabajan para nosotros. 

Que el Señor nos dé la gracia de entender cuál es el problema. El problema es vivir en casa pero no sentirse en casa, porque no hay relación de paternidad, de hermandad, sólo la relación de compañeros de trabajo”, concluyó.

Ary Waldir Ramos Díaz | Mar 14, 2020/Aleteia.org