Volvámonos a Dios

Julio César Arreaza:

 

Desde el lugar que ocupamos nos hemos permitido reflexionar con preguntas que traslucen nuestra visión del mundo de hoy:
¿Debemos- regresar o no- a la «normalidad» que nos ha traído hasta aquí?
¿Será que formamos parte de un sistema adictivo de vida que nos apaga cada vez más el tiempo que importa de verdad vivir?
¿Se evidencia el excesivo consumismo vicioso del que somos causantes y sufrimos a la vez?
¿Es el corona el verdadero virus o más bien lo sería el sistema de sociedad humana creado por nosotros?
¿Se siente el gran alivio o respiro de la naturaleza durante este paro repentino de las actividades frecuentes de nuestras vidas que ha tocado?
¿Es la conciencia colectiva nuestra real salvación?
Vemos con claridad que todo esto es un proceso de cambio y transformación del mundo.

Resulta ciertamente válido y entendible, pues forma parte de nuestra naturaleza humana, que nos resistamos inicialmente al cambio o a la idea de concebir algo distinto a lo que estamos acostumbrados a vivir. Pero es que los cambios, sobre todo los fuertes, son los que llevan, verdaderamente, a ser mejores personas.
La conciencia del sistema insostenible en el que nos movemos- finalmente nos caería la locha- viene siendo cada vez más visible y tenemos que forzarnos, hoy más que nunca, a provocar que ese inviable sistema de vida sea una realidad pasada.
Cancelemos de una vez y superemos el hábito pernicioso de esperar siempre de las cosas un beneficio inmediato, y enfoquémonos en uno duradero. En uno humano.
Ha llegado la hora de conectar con nosotros mismos, con el todo, de una manera tan conjuntamente poderosa que no quede dudas del proceder individual y social.
Parece bastante sencillo cuando se pone en papel, pero sabemos lo mucho que cuesta ponerlo en práctica.
Abandonemos el pensamiento enrevesado y equivocado, y más bien apliquemos, tal cual, la simple lógica de observar lo que nos grita el universo, analicémonoslo y asumámoslo en la práctica. El viraje de conducta indudablemente redundaría para nuestro bien. Insistimos en que todo esto no nos es contrario en el fondo, sino que podemos intuirlo, sentirlo, saberlo y aprehenderlo por naturaleza. Simplemente lo hemos bloqueado por nuestro acelerado modo de proceder, de vivir, sin atender al destino que merecemos y nos corresponde.
Le damos gracias a Dios, el creador, por habernos dotado de una conciencia humana que hace posible entender la encrucijada que se nos presenta y poder tomar el camino correcto que conduce, con una mejor humanidad y mundo, a un salto de civilización; teniendo en cuenta la duración de los ciclos y las claras ideas y los compromisos de construirlos mejores, donde las energías estén más balanceadas y los aprendizajes realmente sean aplicados.
Todo depende de ti, de mí, de nosotros.

Decimos como en el mayo francés: “Párate mundo que me quiero bajar”. Tenemos hoy la oportunidad de bajarnos y volvernos a Dios para tomar conciencia del extravío. El desafío es construir entre todos con la nueva conciencia surgida un mundo mejor.

No más prisioneros políticos, torturados, asesinados, ni exiliados!