Iglesia venezolana denuncia crítica situación de indígenas y explotación minera

Boletín del Centro Arquidiocesano Monseñor Arias Blanco:

A continuación presentamos un resumen del comunicado emitido, este 20 de mayo, por la Conferencia Episcopal Venezolana y otras organizaciones de la Iglesia católica, sobre el agravamiento de las condiciones de vida de las comunidades indígenas del sur del país, tras el inicio de la pandemia del coronavirus y el extractivismo.
 

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«El impacto que el Covid-19 y la cuarentena social están teniendo en Venezuela también se hace sentir en las poblaciones indígenas. Esta situación sanitaria viene a profundizar el grave deterioro de las condiciones de vida de los pueblos indígenas en general, y de los amazónicos en particular, producto de la sistemática exclusión de sus derechos a los bienes y servicios necesarios para una vida digna (…)

En este contexto, la incertidumbre que genera la pandemia se suma a la situación de abandono de los pueblos indígenas y al nefasto influjo de la explotación minera, con las consecuencias de evidentes peligros para el futuro de estos pueblos, según consta en lo dicho por los mismos indígenas, los obispos y las organizaciones misioneras presentes en la zona. En sus informes se destaca:

1. No se conoce sobre un protocolo específico para la atención de los pueblos indígenas en caso de contagio del virus SARS-CoV-2. En algunas comunidades se realizan operativos de prevención y se exigen medidas de higiene, sin garantizar el servicio de agua potable e ignorando la precariedad económica de las familias, que les impide invertir en artículos de limpieza o higiene, tan necesarios para la prevención de la enfermedad del Covid–19.

2. Los dispensarios y puestos de salud en las comunidades indígenas no cuentan con la mínima presencia de personal sanitario y dotación que permita resolver situaciones médicas básicas.

3. Con contadas excepciones, como el regreso a sus comunidades por río de un grupo de Yekuanas desde Puerto Ayacucho (46), muchos indígenas han quedado atrapados en las cabeceras de los municipios donde se encontraban y no existe una propuesta para volver a sus hogares.

4. En poblaciones pequeñas, la cuarentena obligatoria impide a los indígenas trabajar en sus conucos y dedicarse a la pesca, reduciéndolos así al hambre y a otras consecuencias. En los lugares de mayor densidad poblacional, la falta de transporte y de suministro de combustible dificulta la comercialización de los productos agrícolas, pescados y artesanías, intensificando la ya precaria realidad que viven los pueblos indígenas.

5. La situación educativa es alarmante. Desde el inicio de este año escolar, los educadores han denunciado que la falta de combustible impide a los estudiantes llegar a los establecimientos educativos. La llegada de la pandemia agravó esta situación. El plan “Toda Familia una escuela” del MPPE es impracticable en las comunidades indígenas. En la mayoría de ellas no hay electricidad, no hay señal de televisión ni de internet. Nos preguntamos, ¿qué pasará? ¿se perderá todo el año escolar? ¿la desigualdad y asimetría en el acceso a la educación retrocederá a niveles del pasado? ¡No es justo! La inacción y el silencio no pueden ser una opción de políticas públicas.

6. La impunidad está a la orden del día. La “sed del oro del sur” no tiene límites, llegando a niveles de una “renovada idolatría”. Esta actividad minera desbocada hace revivir dantescas escenas de incursiones violentas y armadas para oponerse a poblaciones que se resisten a ver destruidas sus tierras, sus aguas y sus culturas. La resistencia indígena, tan alabada en otros momentos, ahora, no es tolerada. Hay también que decir que algunos indígenas se siguen arriesgando al trabajo en las minas y a la posibilidad de contaminación con el virus.

Ante esta situación, exigimos en nombre del Dios de la Vida, Padre de Jesucristo y Creador de todo cuanto existe, que se detenga esta barbarie y se realice ante la pandemia un plan de atención para los pueblos indígenas, so pena de ser partícipes de este genocidio en desarrollo.

Es necesario pensar cómo asistir a las comunidades indígenas en el caso de un confinamiento prolongado y en la etapa de post pandemia. Es prioritario adelantar planes de vacunación masiva para las enfermedades endémicas ya presentes en sus regiones. El Estado, de manera subsidiaria, debe ofrecer apoyo económico y alimenticio a las familias indígenas reducidas a la miseria y al hambre.

Por otra parte, se hace impostergable dotar a los centros de salud de lo necesario para garantizar la lucha contra el SARS-CoV-2 y las otras enfermedades típicas de la región.

Finalmente, queremos reconocer el trabajo silencioso y heroico de tantos misioneros y misioneras, quienes enfrentando dificultades inmensas, en medio de tantos sufrimientos y corriendo la misma suerte de nuestros hermanos indígenas, hacen presente el amor misericordioso de Dios que alimenta, cura, consuela y restablece la dignidad humana. Y a nuestros hermanos indígenas, una vez más les recordamos que no están solos, sus anhelos y pesares son también los de la Iglesia (…)».

El comunicado puede ser descargado y leído en su totalidad en la publicación original

Signos de los Tiempos. N° 59 (15 al 21 de mayo de 2020)