Llamamiento del Papa Francisco en el “Día de la conciencia”

Pope Francis speaks to journalists on his flight back to Rome, Italy November 1, 2016. REUTERS/Ettore Ferrari/Pool - RTX2RDL8

En memoria de Sousa Mendes.

Hoy es el “Día de la conciencia”, inspirado en el testimonio del diplomático portugués Aristides de Sousa Mendes, que hace ochenta años “decidió seguir la voz de la conciencia y salvó la vida de miles de judíos y otros perseguidos”, ha recordado el Papa Francisco en la audiencia general.

Desde la biblioteca del Palacio Apostólico, este miércoles, 17 de junio de 2020, el Santo Padre ha exhortado a “que se respete siempre y en todas partes la libertad de conciencia” y que “cada cristiano dé ejemplo de coherencia con una conciencia recta e iluminada por la Palabra de Dios”.

Sousa Mendes, un fascista justo

En la primavera de 1940, Sousa Mendes era el cónsul general de Portugal en Bordeaux, Francia, cuando la blitzkrieg (guerra relámpago) nazi desbordó las defensas francesas en Sedán, el 14 de mayo.

Una multitud de refugiados de diversas nacionalidades, entre ellos miles de judíos, llegó a la ciudad francesa con la esperanza de obtener una visa de tránsito hacia Portugal para luego viajar a América.

A pesar de las directivas del gobierno del dictador portugués Antonio de Oliveira Salazar, que prohibían a sus diplomáticos extender visas a judíos expulsados de sus países de origen, Sousa Mendes emitió miles de permisos de tránsito no sólo en Bordeaux sino también en Bayona y en las calles de Hendaya, en la frontera con España. Gracias a su gestión alrededor de treinta mil refugiados recibieron ayuda, entre ellos diez mil judíos que evitaron una muerte segura en las cámaras de gas.

Desobedecer

Él arguyó que fue un comando de su dios: “Si tengo que desobedecer, prefiero que sea una orden de los hombres y no una del Señor”, dijo entonces, místico, recoge en su relato el periodista Martín Caparrós. Y desobedeció: “A partir de ahora daré visas a todos; ya no hay nacionalidades, razas o religiones”, dijo.

El Gobierno de Portugal entonces lo suspendió, lo juzgó y lo echó del servicio. Pero, sin embargo, honró a su conciencia y dio aquellas visas: un papel sellado era, todavía, un compromiso. Según Caparrós, Aristides de Sousa murió arruinado en 1954. Más tarde, en 1966 el Yad Vashem –Memorial del Holocausto, en Jerusalén– lo declaró “justo entre los hombres” y plantó 20 árboles para su memoria. Desde entonces, se celebran numerosos homenajes en su memoria.

(zenit – 17 junio 2020)