Nos deja otra referencia de excelencia política y profesional: el «flaco» Miralles

Se nos fue “el flaco” Miralles… En una sucesión de noticias que nos informan acerca de la partida de tantos amigos, admirados como venezolanos insignes y profesionales competentísimos, nos queda celebrar lo que fue su vida entre nosotros y pedir al Señor que los acoja en su seno. Fue mucho lo que Fernando Miralles le dio al país, a la universidad y a la política, la cual ejerció con  honestidad, desprendimiento, eficiencia y un inmenso amor por Venezuela. Cualidades que hoy tanto echamos de menos en la plantilla política del país.

No encontramos mejor homenaje que reproducir el escrito de su hijo,  palabras llenas de una emoción que sólo podemos sentir quienes Dios nos concedió un padre ejemplar:

«Confieso que no estaba preparado para escribir estas líneas. No todavía. Aún sabiendo del carácter terminal de su enfermedad, tenía la esperanza que esa fortaleza que siempre caracterizó a mi padre lo ayudara a vencer a esa peste de vida tan tenebrosa.

En lugar de llorar su muerte (aunque lo hago), celebro su vida. Porque si algo es cierto es que el que lo conociera, algo tenía que decir de mi padre; definitivamente, una fuerza de la naturaleza.

Fernando Miralles Gouverneur nació en Caracas un 2 de octubre de 1941, en tiempos de aquella Venezuela en crecimiento, de esperanza, y de evolución. Creo que el haber crecido durante la gestación de la democracia en el país lo dejó marcado profundamente de por vida. Cuando cae la dictadura en 1958, mi padre cuenta con 17 años, empezando la vida al mismo tiempo que un país libre. Por eso, para el vivir en un país libre era como un derecho de nacimiento. Así fue hasta el final.

Jairo Cuba's tweet - "Falleció el doctor Fernando Miralles ...

Nunca quiso vivir fuera de Venezuela, y oportunidades tuvo de sobra. La única excepción fue unos años en New York (1961-1968) a donde llegó en 1961, escasamente teniendo 20 años, a estudiar ingeniería en Brooklyn Poly (luego que la UCV fuese cerrada por un tiempo). En New York, conoce a mi madre (Chinquita), se casan, y nacemos, en orden cronológico, yo (1966) y mi hermana Mariela (1968).

Recuerdo que una vez estando en New York, mi padre que mostró un local de venta de pollo frito en Queens en donde él trabajó limpiando pisos mientras estudiaba para ayudarse económicamente. El padre que yo conocí siempre tuvo una ética de trabajo impresionante, hasta que la enfermedad no lo dejó más.

Durante esa estadía de 7 años en USA, mi padre se volvió fanático del partido republicano, y de Richard Nixon muy particularmente. Eso fue materia de debate durante el resto de nuestras vidas pero a través de el aprendí a ver el lado positivo de un partido al que no apoyo, pero que respeto y no dejo de admirar.

A finales de 1968, graduado y ya ansioso de regresar a su Venezuela, emprendemos el viaje a Caracas, ya como familia (yo tenía 2 años; Mariela, escasos 6 meses). Su personalidad y su interés lo lleva a la política y coincide con el primer gobierno de la democracia cristiana presidido por Rafael Caldera. Deja su carrera de ingeniero de lado para dedicarse exclusivamente a ese país en construcción. Primero pasa por la DIEX (Dirección de Extranjería), y luego como vice-ministro de comunicaciones a la escasa edad de 30 años. En ese interín, nace mi hermano Francisco (Pancho) en Caracas.

Mi padre tenía ese don de hacer amigos en todas partes. Caminar con él por el centro de Caracas (lo cual hice muchas veces tanto de niño como de adulto) era un ejercicio lento; pues se paraba en cada cuadra para saludar a gente que lo conocía. Unos habían trabajado con el en la DIEX o en el ministerio, otros lo conocían de infancia. El «flaco Miralles» era un tipo popular, abrazaba a todo el mundo. Mi madre decía frecuentemente, que si no fuera por el mal genio que tenía mi padre (y lo tenía, quien lo conoció lo sabe), hubiese llegado muy lejos en la política.

Con el pasar de los años, ese mal genio fue cediendo y se convirtió en un buen humor casi constante, particularmente cuando sus hijos fueron creciendo y se hicieron adultos, y empezó a tener nietos. Siempre le he dicho a mis hijas que el padre que yo conocí no fue el abuelo que ellas conocieron 😁. Con ese buen humor, el le decía a Mónica que ella «nuera la que él quería» pero que ahora la quería mucho 😂. Una de las cosas con mi padre que más disfruté ver, fue esa relación que fue teniendo con mi esposa a través de los años.

Con la llegada de la nueva dictadura en Venezuela empezando el 1999, las cosas empezaron a empeorar (como para muchos en Venezuela). El se retira de la política (forzadamente, por supuesto), pero siempre le quedó aquello de seguir allá. Durante estos últimos 20 años, fue el eterno optimista. Yo hablaba con el al menos una vez por semana, y siempre me decía que Chavez (y luego Maduro) no duraban un mes más. «Ya esto está listo, estos tipos no duran ya».

Y como si fuera casualidad, ese declive del país se tradujo en un declive de su salud. El cáncer lo fue venciendo poco a poco, por casi 15 años. El país arruinándose, y el renuente a dejarlo, por mucho que le insistí (teniendo a todos sus hijos y nietos fuera, para qué quedarse?). En el fondo, siempre entendí que él jamás dejaría aquel país en el que nació y se hizo persona. Era su ciudad, sus calles, sus abrazos en todas las esquinas, sus amistades de toda la vida. El vivió un país que no viví yo, y cuando entendí eso, lo entendí a él.

Cada quien es producto de sus tiempos, y el tiempo de mi padre con nosotros fue una aventura hasta el final. Voy a extrañar sus constantes consejos, sus regaños (incluso hasta hace muy poco), su optimismo indoblegable acerca del país, nuestra mutua afición del boxeo (todavía hablamos de aquella pelea Ali-Foreman de 1974), nuestras «peleas» acerca de la política estadounidense (mejores que las de boxeo!), particularmente cuando era con un buen escocés y un puro de por medio, su facilidad para hacer amistades (tenía amigos en todos lados!) y para disfrutar la vida.

Prefiero no llorar su muerte (aunque si lo hago), pero si celebro su vida, y con gusto!. Fue una vida bien vivida, como debe ser. Esta tarde, como buen domingo, lo haré con un puro y escocés, como él lo hubiese disfrutado». ❤