¿Qué Hay de Malo con Bostock?

Michael Pakaluk, erudito sobre Aristóteles, y Ordinario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, quien actualmente se desempeña como decano de la Escuela de Negocios de Busch en la Catholic University of America.

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero

Creo firmemente que todo lo importante se puede decir, no en tres palabras, como sostenía Wittgenstein, sino en 1000 o menos. Por lo tanto, deseo explicar en la columna de hoy el razonamiento en la reciente decisión de la Corte Suprema en Bostock, y qué tiene de malo, principalmente.

Es importante criticar el razonamiento de la Corte, porque, en una desorientada arrogancia, sostiene que cualquier lamento respecto de las consecuencias prácticas de su decisión pertenece al ámbito de la política, más que a lo que dice la ley.

La Corte sostiene que, como una consecuencia innegable y lógica, discriminar en el empleo debido a la orientación homosexual o el estado transgénero de alguien es discriminar por razones de sexo y, por lo tanto, viola el Título VII de la Ley de Derechos Civiles de 1964.

No sostiene esto, como han dicho algunos comentaristas, porque redefina el «sexo», como incluyendo orientación homosexual o género. En vez de ello, la Corte dice, más bien explícitamente, que pretende adherirse a cómo se entiende sexo desde 1964, como la constitución biológica de alguien, dirigida a la procreación.

Por el contrario, la Corte razona de la siguiente manera. Discriminar sobre la base de algo es hacer que ese algo suponga una diferencia de juicio, cuando uno es confrontado por dos descripciones de los hechos que, salvo por ese algo, son idénticas.

Considere estas dos descripciones de los hechos:

    Smith es blanco, Smith recibe una evaluación de desempeño «justa»

    Smith es negro, Smith recibe una evaluación de desempeño «justa»

Parece indiscutible que si uno despidiere o atacare a Smith en el segundo caso, pero no en el primero, entonces uno ha hecho una discriminación basada en la raza, ya que la diferencia de raza es la única diferencia entre ellos.

Pero considere ahora estas descripciones de los hechos:

    Smith es mujer, Smith se siente atraída por los hombres

    Smith es hombre, Smith se siente atraído por los hombres

Y también estas:

    Smith es mujer, Smith se viste y actúa como lo hacen las mujeres

    Smith es hombre, Smith se viste y actúa como lo hacen las mujeres

Por vía de un razonamiento de paridad con el caso no controversial, aparentemente, alguien que despidiera o atracara a Smith en la segunda descripción de los hechos en estos ejemplos, pero no en la primera, estaría haciendo discriminaciones sobre la base del sexo. Tenga en cuenta que «sexo», aquí, es la simple diferencia biológica entre hombre y mujer.

En la superficie, el razonamiento es ingenioso. De paso, uno también debería decir que la opinión está escrita con una claridad excepcional, con entusiasmo y con una obvia intención de persuadir. No es de extrañar que la Corte sostuviera, confiadamente, que la discriminación por estos nuevos motivos era directamente contraria al Título VII, por consecuencia lógica inmediata.

Entonces, ¿qué hay de malo con ella? Muchas cosas. Algunos han señalado, correctamente, que esta prueba de descripción de los hechos no captura lo que se entiende por «discriminación por razón de» en 1964. Uno solo necesita consultar los discursos de los líderes de derechos civiles de la época, y la legislación de derechos civiles precedente, a nivel estadal, para ver que la frase significaba, en particular, «discriminación envidiosa» o «prejuicio» – una disposición a favorecer a una raza sobre otra, o a un sexo sobre otro, para negar a la otra raza o sexo una genuina igualdad de oportunidades. 

Pero las decisiones de empleo que mencionan orientación sexual o estado transgénero no hacen nada por el estilo.

En realidad, el Título VII implica que los empleadores tomarán nota del sexo o la raza; no, que los ignorarán; porque la ley tiene como objetivo fomentar la igualdad y la cooperación entre las razas y los sexos; no, aniquilar las diferencias.

Imagine una firma de abogados blancos segregacionistas, en 1965, que no quisiera contratar a un abogado negro. Calculan que pueden evitar contratar al talentoso solicitante negro, y cualquier responsabilidad legal, al decirle a un solicitante blanco, igualmente talentoso, que diga que es negro y que se presente a la entrevista de trabajo con la cara pintada de negro, y con una peluca. Imagínese que hubieran usado, en defensa de su contratar al candidato blanco, la lógica de Bostock: “Bueno, ¡ciertamente no podíamos favorecer al solicitante negro sobre el solicitante de cara negra, ya que eso habría sido discriminar por razón de la raza!»

Del mismo modo, partiendo de la lógica del caso Bostock, favorecer a una mujer sobre un hombre biológico que finge ser mujer sería una discriminación basada en el sexo, un resultado, por cierto, que conducirá a una mayor división en nuestra sociedad; no, a la armonía que contemplaba el Título VII.

Pero más condenatorio es, que la prueba de la descripción de los hechos ni siquiera funciona como lo desea la Corte de Bostock. Obviamente, uno no puede completarla como se requiere, respecto del transgénero:

    Smith es mujer, Smith tiene características sexuales secundarias femeninas

    Smith es hombre, Smith se somete a tratamiento hormonal y cirugía plástica para imitar las características sexuales secundarias femeninas

Los casos no son «idénticos, excepto por una diferencia en el sexo biológico». La propia Corte, cuando dice que aplicará la prueba, ni siquiera lo hace:

    O suponga el caso de un empleador que despide a una persona transgénero identificada como hombre al nacer pero que ahora se identifica como mujer. Si el empleador retiene a un empleado que, salvo por eso, es idéntico, que fue identificado como mujer al nacer, intencionalmente penaliza a una persona identificada como hombre al nacer por rasgos o acciones que tolera en un empleado identificado como mujer al nacer.

Ahora convierta estas afirmaciones en descripciones de los hechos:

    Smith fue identificada como mujer al nacer, Smith ahora se identifica como mujer

    Smith fue identificado como hombre al nacer, Smith ahora se identifica como mujer

Claramente, el Título VII es, desde cualquier estándar, irrelevante para esta diferencia de juicio, ya que el hecho variable en el lado izquierdo [de las descripciones de los hechos] no es «Smith es hombre» versus «Smith es mujer», como se requiere. ¡La Corte echó a perder su propia presentación de su caso!

Es demasiado esperar que esta Corte sea lógica. Pero se deduce, lógicamente, que un empleador que tuviera la política de, simplemente, no contratar a personas que se identificaran de manera diferente a cómo habían sido identificadas, no violaría el Título VII, ya que, según el propio lenguaje de la Corte, la prueba requerida de descripción de los hechos no aplica.

Uno puede encontrar varios otros errores graves en el razonamiento de la Corte en Bostock. ¡Pero los cristianos que rechazan estos argumentos chapuceros están, según alegan algunos, motivados por un ánimo irracional!

 Michael Pakaluk

Martes 23 de junio de 2020

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de The Catholic Thing

Sobre el autor:
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Michael Pakaluk, un erudito sobre Aristóteles, y Ordinario de la Academia Pontificia de Santo Tomás de Aquino, se desempeña como decano de la Escuela de Negocios de Busch en la Catholic University of America. Vive en Hyattsville, MD con su esposa Catherine, también profesora en la Escuela Busch, y sus ocho hijos. Su libro más reciente, sobre el Evangelio de Marcos, Las Memorias de San Pedro. Su próximo libro, La Voz de María en el Evangelio de Juan, está pronto a salir de Regnery Gateway.