Ella solo está dormida

Dra. Elizabeth A. Mitchell, SCD, recibió su doctorado en Comunicaciones Sociales Institucionales de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, donde trabajó como traductora para la Oficina de Prensa de la Santa Sede y L’Osservatore Romano. Es Decana de Estudiantes de Trinity Academy, una escuela privada católica independiente K-12 en Wisconsin:

Le toma mucho al Señor liberarnos de nuestras propias manos. Parece que la muerte es, a menudo, la puerta a través de la cual Dios tiene que hacernos pasar, para que confiemos enteramente en Él. 

En una conmovedora escena relatada en los Evangelios sinópticos, la joven hija de Jairo, un principal de la sinagoga, yace moribunda; y Jairo se apresura a buscar la ayuda de Cristo. (Cf. Mateo 9: 18-16; Marcos 5: 21-43; Lucas 8: 40-56.) “Mi hijita está a punto de morir. . . . Pero ven y pon tus manos sobre ella, para que se cure». (Marcos 5:23) 

Cuando Cristo parte con él, el alivio debe haber inundado a este hombre bueno y creyente. Y entonces, el Señor es detenido. La mujer con la hemorragia se adelanta de entre la multitud y parece reclamar para sí el milagro anticipado. La ansiedad y el desespero deben haber inundado al padre, que esperaba. Él parece haber perdido su oportunidad. “Mientras Cristo todavía hablaba, vino uno de la casa del principal, que dijo: ‘Tu hija está muerta. ¿Para qué molestar más al Maestro?’” (Marcos 5:35) 

A sabiendas, Cristo se vuelve hacia Jairo y le dice: «No temas, solo cree». (Marcos 5:36) 

Solo cree. 

Un escenario similar se presenta a María y Marta, cuyo hermano Lázaro agoniza y luego muere mientras esperan que llegue Cristo. «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». (Juan 11:21) Cristo les deja perder justamente aquello que ellas esperaban, una curación, para probar su fe en el milagro mayor, una resurrección. El proceso es enloquecedor. 

Pero Marta proclama su disposición a creer a través de lo imposible. «Aún ahora, sé que cualquier cosa que le pidas a Dios, Dios te la dará». (Juan 11:22) 

Aún ahora. 

Tanto Jairo como Marta han escuchado el «no todavía» del Señor; visto la bendición pasar  de lado; y ser dejados con la muerte y el fracaso, la decepción y el pesar. Sin embargo, si nos quedamos con ellos, en la fe, nos damos cuenta de que Cristo se demora para dar el regalo mayor. 

Cristo se demora intencionalmente, retrasando su llegada al lugar donde es necesitado, «Entonces, cuando escuchó que Lázaro estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba». (Juan 11: 5) Él necesita que confiemos en Él durante la aparente pérdida, para que nos abandonemos completamente en Sus propias manos amorosas. «Me alegro por ti, porque no estuve allí, para que pudieras creer». (Juan 11:15) 

San Pablo relata que, en sus propios sufrimientos por Cristo, también fue dejado por muerto, a confiar únicamente en Dios. “Estábamos tan absoluta e insoportablemente aplastados, que desesperábamos de la vida misma. . . para hacernos depender no de nosotros mismos, sino de Dios, que resucita a los muertos «. (2 Cor 1:8) 

En el clima pandémico de hoy, nos enfrentamos a un desafío similar en la Iglesia. El silenciamiento de la liturgia, apagada en todo el mundo, ha dejado a la Iglesia en un sueño agónico. El desánimo se siente palpablemente entre los pastores, por la respuesta anémica a la misa reabierta, la disminución de la vida sacramental, y las colectas poco menos que agotadas. No tienen más vino. 

Más aún, los disturbios y la violencia desatadas en todo el mundo son, parcialmente —pero sin lugar a dudas—, un resultado del vacío de gracia creado en la tierra por la ausencia del Santo Sacrificio de la Misa. Quitamos a Cristo de entre nosotros, sin comprender cuán completamente emanaba de la Eucaristía, silenciosamente,  el poder, la protección, la gracia, la bondad, el perdón y la unción, en todo el mundo. «El mundo podría sobrevivir más fácilmente sin el sol», señaló una vez San Padre Pío, «que sin el Santo Sacrificio de la Misa». 

Pero aún ahora, Cristo tiene reservada la resurrección. 

«Ella no está muerta, solo está dormida», declara Nuestro Señor a quienes están guardando luto en la habitación de la hija de Jairo. (Marcos 5:39) «Nuestro amigo Lázaro se ha quedado dormido, pero voy a despertarlo del sueño» (Juan 11:11) 

Justamente así llama Cristo a Pedro en  Getsemaní: “Hace unos momentos presumías de que morirías conmigo, y sin embargo, Simón, ¿estás durmiendo? Ahora me persiguen a muerte. . . y, Simón, ¿estás durmiendo? (Cf. Santo Tomás Moro, De Tristitia Christi

Cristo viene ahora para despertarnos del sueño de la muerte. Él extiende su mano y nos ordena que vivamos: «¡Muchachita, yo te digo, levántate!» (Marcos 5:41) «¡Lázaro, ven!» (Juan 11:43) 

Y a sus apóstoles en el jardín, también a su iglesia: “¡Levántense! partamos; vean que se acerca el que me entregará». (Mt 26:46) 

Es en el umbral de la muerte, cuando la oscuridad ha envuelto a la luz, y el Jardín es invadido por el Enemigo, cuando Cristo produce el milagro. Él permite la muerte, para realizar Su resurrección, si no tememos y solo creemos. La hora puede ser avanzada, el traidor puede acercarse, pero las puertas del infierno no prevalecerán. La Iglesia no está muerta; solo está dormida.  ¡Talitha cumi!

 Elizabeth A. Mitchell

Sábado 1 de agosto de 2020

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2020/08/01/she-is-only-asleep/?utm_source=The+Catholic+Thing+Daily&utm_campaign=411ff804f2-EMAIL_CAMPAIGN_2018_12_07_01_02_COPY_01&utm_medium=email&utm_term=0_769a14e16a-411ff804f2-244037001

Sobre el Autor 

La Dra. Elizabeth A. Mitchell, SCD, recibió su doctorado en Comunicaciones Sociales Institucionales de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, donde trabajó como traductora para la Oficina de Prensa de la Santa Sede y L’Osservatore Romano. Ella es Decana de Estudiantes de Trinity Academy, una escuela privada católica independiente K-12 en Wisconsin, y se desempeña como Asesora del St. Gianna and Pietro Molla International Center for Family and Life, y es Asesora Teológica de Nasarean.org, una misión que aboga por los cristianos perseguidos en el Medio Oriente.