Juan Maragall: “En Venezuela no hay un seguimiento a la calidad de la educación”

En la serie 𝗗𝗲𝘀𝗮𝗳í𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗲𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗲𝗻 𝗽𝗮𝗻𝗱𝗲𝗺𝗶𝗮 consultamos la perspectiva de los expertos en políticas educativas para comprender la situación venezolana. Coinciden en que la falta de recursos tecnológicos en el hogar y las fallas de los servicios básicos influyen en la profundización de la desigualdad en el acceso a la educación y en que el proceso de enseñanza-aprendizaje ha sido desvirtuado, dejando en manos de los padres, madres y cuidadores responsabilidades que no le corresponden. Los expertos también ofrecen recomendaciones para escuelas, docentes y padres.

Los estudiantes venezolanos iniciaron un nuevo año escolar el miércoles 16 de septiembre. Las clases son dictadas a distancia. Escuelas y familias se preguntan cómo asegurar el éxito para los alumnos a pesar de la incertidumbre, las fallas de conectividad y las deficiencias en los servicios básicos. Esta es la segunda entrega de Desafíos de la educación en pandemia, una serie sobre la perspectiva de los expertos en políticas educativas para comprender la situación venezolana. En esta oportunidad habla Juan Maragall, educador venezolano, secretario de Educación del estado Miranda entre 2008 y 2017. Actualmente es parte de los especialistas en educación del Banco Interamericano de Desarrollo.

l cierre de las escuelas es producto de una balanza. De un lado está la seguridad sanitaria, y del otro lado están las consecuencias del cierre de las escuelas. Esta balanza, en este momento, está inclinada hacia el cierre sanitario, lo que tiene un peso que debemos tener presente.

Primero, hay una pérdida importante de aprendizajes. Se han hecho distintas estimaciones y sabemos a estas alturas que tanto en matemáticas como en lenguaje se espera 50% de desaprendizaje. Es decir, los niños van a olvidar, o se verán retrocesos, en lo que ya sabían en lenguaje y matemática. También hay una pérdida de cobertura, es decir, vemos alumnos que abandonaron la escuela por el cierre y que no van a regresar. Para Venezuela no tenemos cifras, pero a nivel latinoamericano se estima que la pérdida de estudiantes será entre el 3% y el 14%. Esto tiene un impacto en el futuro, según las estimaciones de estudios pasados sobre niños que no pudieron ir a la escuela en uno o dos años. Se calcula que en el futuro, por cada año que dejes de estudiar, podrías tener una pérdida de alrededor del 10% en tus ingresos familiares anuales de manera permanente.

Después hay una afectación desde el punto de vista de la edad. Sabemos que los menores de 9 años están más afectados por el cierre de las escuelas que los mayores, porque tienen menos capacidad de aprender desde casa. Y también tenemos información de que los niños de sectores socioeconómicos más bajos tienen más dificultades para tener apoyo en el hogar. Tanto porque no tienen conectividad, como porque no tienen condiciones para el aprendizaje en casa ni están acompañados por adultos con un nivel educativo que les permita apoyarlos en el aprendizaje. Todo indica que la mayoría de los niños, es decir, un porcentaje mayor, está en esta situación.

Por lo tanto, hay que hacer todos los esfuerzos posibles para el regreso a clases. Ahora, ¿cómo regresar a clases presenciales? El cómo requiere de un diálogo transparente y franco entre las autoridades sanitarias y las escuelas. Las autoridades sanitarias tienen que dar información sobre cómo son las condiciones y el comportamiento del virus en las diferentes localidades, porque las escuelas no pueden tomar las decisión de reapertura si el virus está en una fase de crecimiento en la zona donde se encuentra. Esto quiere decir que debe haber una apertura para comprender que habrá unas zonas donde sí se podrán abrir las escuelas, y otras zonas donde no. Será algo progresivo.


Foto Roberto Mata | RMTF

Hay que hacer una inversión para llevar a las escuelas a tener condiciones físicas de infraestructura y condiciones sanitarias que permitan establecer, al momento de su apertura, los protocolos mínimos de funcionamiento durante la pandemia de covid-19. El otro componente es garantizar a los docentes condiciones de seguridad y salud. No olvidemos que un porcentaje muy importante de los profesores, se estima que entre el 15% y 25%, superan los 60 años.  Y, por supuesto, deben tener condiciones laborales dignas y favorables para que puedan asistir regularmente a las escuelas.

Sobre las condiciones de reapertura, es posible que sea necesario activar el aprendizaje mixto, porque los alumnos no van a poder ir todos los días a la escuela. No todos pueden estar al mismo tiempo en la escuela por condiciones de distanciamiento. Eso implica que los alumnos irán una o dos veces a la semana a clase, y el resto de los días deberán estudiar en casa, con las limitaciones comentadas antes. La mayoría de los países llaman a esta dinámica educación híbrida.

En Venezuela no hay un seguimiento de la calidad de la educación. No sabemos cómo es el desempeño en lenguaje ni en matemáticas, y tampoco sabemos cómo están las habilidades científicas de nuestros alumnos. No hay ninguna evaluación, ni nacional ni internacional, que lo esté registrando. No se le está dando valoración ni prioridad al aprendizaje. Y la covid-19 está, de alguna manera, profundizando esa situación de abandono. Esto es grave porque lo que está asociado a calidad de vida y al proyecto de vida exitoso, es decir, lo que está asociado al desarrollo económico, es el aprendizaje, no la asistencia a la escuela. Asistir a la escuela no es suficiente.

La otra preocupación fundamental es que la calidad de un sistema educativo a nivel mundial está determinada por la calidad de sus docentes. En Venezuela, la carrera docente como profesión está totalmente destruida y abandonada. Es decir, no se ha invertido en las universidades y en los pedagógicos que forman a nuestros docentes y se ha politizado todo el sistema de selección y contratación de maestros. Esto en los últimos 20 años ha destruido la calidad académica de nuestros docentes.

El paso más importante para recuperar la educación en Venezuela es recuperar la calidad de la profesión del maestro. Ahí necesitamos valorar la profesión, necesitamos que aquellos que desean estudiar educación estén bien formados por universidades y pedagógicos con recursos, y una vez que estén formados necesitamos seleccionarlos por concursos de mérito y no por filiación político-partidista. Una vez que son seleccionados tienen que tener una carrera docente que tenga una trayectoria profesional que reconozca sus méritos y sus avances. Una vez que la persona está en carrera se le debe garantizar un salario adecuado. 

Este es un trabajo de Indira Rojas en el marco del proyecto de Prodavinci y el Centro Pulitzer: COVID-19 llega a un país en crisis: Despachos desde Venezuela

 Indira Rojas / Correo del Caroní