Un poema de Efraín Subero a la Virgen del Valle

Horacio Biord Castillo:

El 8 de septiembre, día de la Natividad de María, se conmemora la advocación mariana más popular del Oriente venezolano: la Virgen del Valle, patrona de toda esa amplia región del país. El Oriente de Venezuela formó parte de la extensa diócesis de Guayana con sede en Ciudad Bolívar, hoy arquidiócesis, de la que se han desprendido la también arquidiócesis de Cumaná (estado Sucre) y las diócesis de Barcelona (estado Anzoátegui), Maturín (estado Mongas), Margarita (estado Nueva Esparta), Ciudad Guayana (estado Bolívar), Carúpano (estado Sucre) y El Tigre (estado Anzoátegui) y los Vicariatos Apostólicos del Caroní (estado Bolívar), de Puerto Ayacucho (estado Amazonas) y de Tucupita (estado Delta Amacuro). En 1911 el papa aprobó la coronación canónica de la imagen, acto que llevó a cabo el obispo diocesano, Mons. Antonio María Durán. En 1921 Mons. Sixto Sosa la declaró patrona de la diócesis. Con la erección de la diócesis de El Tigre, en 2018, el santuario de la Virgen del Valle en esa ciudad se convirtió en catedral diocesana.

El santuario de la Virgen del Valle, que es una basílica menor, se encuentra en el hermoso pueblo de El Valle del Espíritu Santo en la isla de Margarita, pueblo natal del general Santiago Mariño, héroe de la independencia y llamado con justicia el Libertador de Oriente, y es uno de los santuarios más visitados en toda Venezuela. La veneración de la Virgen del Valle es muy popular y muchos hombres y mujeres llevan en su nombre el apelativo de esta advocación mariana: del Valle. Su diminutivo es, generalmente, Vallita, término cariñoso que también se le aplica a la amable Virgen marinera.

En muchas ciudades del Oriente se hacen concurridas procesiones y en algunos sitios se saca la imagen o las imágenes que los devotos llevan en lanchas o botes por el mar o por el río Orinoco, como en Ciudad Bolívar, en testimonio de profunda devoción. En la zona de Puerto Píritu, estado Anzoátegui, y los pueblos de los alrededores los indígenas cumanagotos y otros pobladores locales la veneran con especial cariño y organizan grandes fiestas, en las que no faltan, por supuesto, el canto del cumpleaños y una enorme torta que se reparte entre los asistentes entre otros obsequios, muchas veces ofrecidos como pago de promesas. Son muy hermosos los altares domésticos, adornados con flores, ramas, hojas y telas. En las comunidades indígenas kari’ñas del estado Anzoátegui se viste la imagen, en altares y grutas construidos en las casas, con el traje femenino tradicional: la naava, de vistosos colores. La señora Inés Pérez, siempre entusiasta, cada año le confecciona llamativos trajes a la imagen de la Virgen del Valle que preside su hogar en La Frontera, entre Caripe y Teresén (estado Monagas).

El poeta Efraín Subero (1931-2007), nativo de Pampatar en la isla de Margarita, licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela y doctor en Letras por la Universidad Católica Andrés Bello, donde fue profesor durante muchos años en las escuelas de Letras y Comunicación Social, además de cofundador de la revista Montalbán junto al padre José Del Rey Fajardo, s. j., y fundador y primer director del Centro de Estudios Literarios, antes de pasar a la Universidad Simón Bolívar de donde llegaría a ser Director de Extensión Universitaria, además de individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua (sillón letra “I”) y autor de una extensa y valiosa obra de crítica literaria, folclor literario, divulgación antológica y documentación, le dedicó una hermosa copla de rima consonante en uno de su primeros poemarios, Isla de luz en el amor anclada (1957, p. 11). El poema se titula “De la Virgen marinera”:

Sembrando lunas de nácar

en el surco azul del mar

va una linda sirenita

que nadie puede mirar

Todos los versos son octosílabos con rima consonante en el segundo y el cuarto, que tienen la particularidad de añadir una sílaba métrica adicional a las siete precedentes debido a la ley del acento final (un monosílabo tónico como mar y un bisílabo agudo como mirar). En muchos sitios de Oriente, se habla de sirenas o sirenitas como encantos o espíritus acuáticos de los indígenas. Así lo recoge, en una hermoso pasaje de su novela Memorias de una antigua primavera (1989), sobre la fundación de El Tigre (estado Anzoátegui), la novelista Milagros Mata Gil, quien también es miembro de la Academia Venezolana de la Lengua en calidad de correspondiente por el estado Bolívar.

La idea de no poder mirar a la Virgen o a una deidad, en este caso acuática, se repite y se relaciona con la luz, el esplendor y la fuerza emanada por la entidad. Un simple mortal no puede ver la luz divina sino por gracia especialmente concedida. Por ello, dice el poeta, sobre el azul del mar manchado de blanco por la espuma como el traje de la Virgen, ofrendada con tantos exvotos, entre ellos hermosas perlas, “va una linda sirenita / que nadie puede mirar”. Que la Virgen del mar y las perlas, la Señora de las islas y el extenso Oriente desde la costa del Caribe al costo del Orinoco, bendiga a sus devotos y a todas las personas de buena voluntad.

 

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com