El grito que nadie escucha

Carlos Roa (*):

Si en algo hemos progresado los venezolanos en nuestra lucha por el país, es en el entendimiento por parte de la comunidad internacional de la tragedia que atravesamos.

Muy lejos han quedado los días en los cuales, tras eficientes y muy costosos lobbys internacionales –pagados con nuestro dinero–, las denuncias de los atropellos a los derechos humanos en nuestra tierra eran silenciadas con el razonamiento de que todo sucedía en el marco de un gobierno electo democráticamente.

El domingo 20 de septiembre, el canciller del régimen madurista, Jorge Arreaza, protestó airadamente el maltrato a su personal por parte de la cancillería brasileña de Itamaraty, tras la visita del secretario de Estado del gobierno estadounidense, Mike Pompeo a la nación vecina.

Uno de los tweets de su cuenta en la red social del pajarito azul, reza lo siguiente: “Con su característico odio ideologizado, @ernestofaraujo repite el guion hollywoodense de Washington contra Venezuela. Debería trabajar directamente para Trump. Con su perfil, podría llegar a ser ayudante de algún halcón subsecretario de Estado. Brasil debe rescatar su DIPLOMACIA”.

Es interesante que él mismo sea quien escriba en mayúsculas la palabra “diplomacia” cuando se refiere a sus pares brasileños, ya que está aludiendo a uno de los ministerios de Relaciones Exteriores más prestigiosos del continente, cuya excelencia trasciende gobiernos y se mantiene referencialmente en el tiempo.

Y, por cierto, no cabe menos que decir que sentimos aquello que en Venezuela llamamos “pena ajena”, al leer el tono y el vocabulario con el cual, quien se dice un canciller, se dirige al servicio exterior más admirado de la región. Suponemos, para nuestro alivio, que, por supuesto, no será tomado en serio, como viene sucediendo desde hace bastante rato con las metidas de pata de estos funcionarios que no tienen ni idea de lo que están haciendo.

Pero el asunto va mucho más allá por estos días, porque la bravata del señor Arreaza fue un grito que nadie escuchó, ante la conmoción internacional que ha causado el reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre Venezuela, donde se establece que el régimen encabezado por Nicolás Maduro es responsable de crímenes de lesa humanidad desde al menos el año 2014.

De hecho, medios internacionales como el diario El País de España, han colocado el informe, que ellos mismos califican como “demoledor” a manera de telón de fondo para la visita del alto funcionario estadounidense a Brasil. Pompeo, entre otras duras palabras, dijo que “Washington trabajará para llegar al ‘lugar correcto’ en la resolución de la crisis que azota al país sudamericano”. 

No parece que ninguna de las cajas sonoras que se pretendan hacer estallar desde el poder para acallar el horror que transita nuestro país desde hace años, pueda ser lo suficientemente estruendosa como para acallar esta noticia.

Lejos de ello, esto pica y se extiende.

Sobre el informe en cuestión, el mismo Arreaza dijo que está «plagado de falsedades» y procede de «una misión fantasma dirigida contra Venezuela y controlada por gobiernos subordinados a Washington». Tal como con la visita de Pompeo a Brasil, sigue respirando por la herida. Declaraciones escuchadas con sordina por una opinión pública internacional que aún procesa conmocionada la información de las 443 páginas dadas a conocer por la ONU.

Ni siquiera sus socios circunstanciales, que solamente están pendientes de ver qué se llevan de esta feria de repartos en la que se convirtió a Venezuela, los toman en serio ya. No hay vuelta atrás. Los hijos de Chávez se quedaron sin capital político ante el mundo desde hace rato. Nadie los escucha.

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