El último viaje de De Gaulle

Medio siglo después, el parador de Jaén aún recuerda la estancia del militar y político francés.

Viajaba en un Citroën Tiburón negro hacia el último viaje de su vida: España. Charles André Joseph Marie de Gaulle cruzó sin problema la frontera de Hendaya a Irun un 3 de junio. Le acompañaban ocho personas desplazándose en dos automóviles gemelos. A su lado, su esposa, Yvonne, y en el asiento delantero, junto al conductor, el coronel ayudante, organizador de todo un periplo por la península Ibérica, viaje al que se quiso dar un carácter estrictamente privado.

Era primavera de 1970 y el militar que en su día dirigió la resistencia francesa contra los nazis y luego fundó la V República hacía 14 meses que había dejado la presidencia de Francia. El general quería conocer las rutas de Napoleón en España y ver diferentes puntos donde se libraron batallas de peso. En su agenda estaba también un largo deseo, conocer a otro general: Francisco Franco, dos años más joven. “Es inteligente. Tiene bastante imaginación y buena memoria. Pero le he encontrado viejo, muy viejo”, le comentó a Gregorio Marañón Moya. El diplomático español fue su anfitrión tras el discreto primer y único encuentro entre ambos militares, ofreciéndole su casa de Toledo.

La casa de Marañón fue el único edificio particular en el que de Gaulle se alojó en España. Para el resto del viaje, el coronel ayudante fue reservando habitaciones en diferentes paradores de las zonas que más interesaban a su general: Santillana del Mar, Cambados, Jarandilla de la Vera, Ojén y Jaén. Este último fue el que más le marcó en el viaje y viceversa, pues cuando se cumplen 50 años de su visita, aún se le recuerda.

La idea original de Gaulle era quedarse un par de días en el castillo de Santa Catalina de Jaén, fortificación de larguísima historia sobre una colina a 800 metros de altura con vistas espectaculares. Allí, el arquitecto José Luis Picardo levantó un edificio de nueva planta sobre las ruinas de un antiguo castillo árabe y se abrió un parador en 1965. Al general le inspiró y entusiasmó el castillo hotel y alargó su estancia prácticamente a una semana. La tranquilidad del lugar, al que se había prohibido terminantemente el acceso de periodistas o personas no alojadas, fue determinante para trabajar en su libro de memorias día y noche.

A De Gaulle le gustó tanto la calma del parador que alargó su estancia para trabajar en sus memorias

De Gaulle recortó su agenda de actividades e incluso canceló una entrevista prevista con el príncipe Juan Carlos. Solo salió dos veces del parador: una para visitar Granada y otra para conocer Córdoba. Despachó en dos horas la primera ciudad y en la segunda solo estuvo 30 minutos ojeando la mezquita-catedral y alrededores. Tras esos viajes fugaces, que dejaron boquiabiertos y decepcionados a sus anfitriones, a lo Bienvenido míster Marshall , regresaba a su habitación para volver a preparar sus memorias. A pesar de tener programado un viaje a China, el expresidente tenía la sensación de que el tiempo se le agotaba, y aquel parador-castillo le inspiró para dar un buen empujón al segundo volumen del libro Mémoires d’espoir (Memorias de esperanza), recordando su última etapa como jefe de Estado, que en su recta final coincidió con un Mayo del 68 que no acabó de entender.

El tour de De Gaulle siguió por Andalucía, Extremadura y La Rioja con estancias breves y terminó el 26 de junio, cuando los dos Tiburón cruzaron la frontera tras recorrer 4.343 km por carreteras españolas. Fue su último viaje: murió 136 días más tarde de un aneurisma en Colombey-les-Deux-Églises dejando sus memorias inconclusas.

Sobre esos días, en el parador de Santa Catalina se ha editado un pequeño libro que reciben todos los huéspedes en su habitación, incluida la 231, antigua 13, donde se alojó el matrimonio De Gaulle. El cambio de numeración llegó tras unas importantes reformas en las que se invirtieron cuatro millones de euros y 15 meses, para reabrir el 1 de marzo de este año, 15 días antes de la declaración del estado de emergencia. De nuevo en marcha, la visita del estadista francés sigue siendo un buen reclamo para el establecimiento, con huéspedes que quieren dormir en la misma estancia, aunque curiosamente una de las habitaciones más demandadas es la 401, donde las leyendas dicen que habita un fantasma… ¿El del general?

JAVIER ORTEGA FIGUEIRAL, JAÉN-SERVICIO ESPECIAL

12/10/2020

La Vanguardia