Injusticia y Violación de los Derechos Humanos en Cuba

 

Juan Antonio Muller:

Trabajo presentado por Juan Antonio Muller Para el Libro Lesa Humanidad. Fundación Venezuela Positiva, Fundación Konrad Adenauer, Embajadas de Canadá y Finlandia, Caracas 2004.
Conmemorando el fusilamiento de Porfirio Ramírez y sus compañeros un 12 de Octubre.

Agosto 23. Efemérides en la lucha del pueblo cubano contra el Comunismo. –  UEPPC

El Contexto

 

Hablar de Injusticia y de Violación de los Derechos Humanos no es otra cosa que definir lo que ha representado el régimen comunista de Fidel Castro en sus cuarenta y cinco años de permanencia en el poder.

 

Miles de fusilados, de muertos en combate y de asesinados en cárceles. Decenas de miles de presos políticos, muchos de ellos torturados física y mentalmente, aislados por tiempo prolongado  del mundo exterior sin comunicación con su familia o amigos. Dos millones de exiliados y emigrados regados por toda la faz de la tierra. Once millones de ciudadanos sometidos a una vida ignominiosa, dirigida y vigilada por los cuerpos de seguridad del estado, los Comités de Defensa de la Revolución y los organismos de masas al servicio del partido y el gobierno.

 

El ciudadano común y corriente vive en una sociedad injusta, desamparado ante la carencia de un estado de derecho, sin libertad para moverse dentro del territorio nacional o fuera de este, obligado a leer lo que al estado le venga en gana, carente de libertad para expresarse u opinar, sin posibilidad de asociarse o de reunirse, coaccionado en su iniciativa individual, impedido de ejercer el credo religioso de su preferencia o de ganarse el pan con un trabajo digno de acuerdo a su capacitación.

 

Cuba bajo el totalitarismo castrista es una nación sumida en una pobreza extrema y sin esperanzas de superarla. De los cientos de miles de ciudadanos que han solicitado visa para salir a EEUU, el 60%, es decir casi medio millón,  son jóvenes menores de treinta años. En esa sociedad impera la cultura de la simulación y el “resuelve”. La mayoría de la población aparenta estar integrada a la revolución sin estarlo y otra buena parte es capaz de hacer lo indecible para sobrevivir dentro de una escasez de bienes materiales y de una carencia de valores morales.

 

El testimonio y los relatos que se presentan a continuación parte de los acontecimientos vividos y observados por el autor durante los dos primeros años del proceso revolucionario y posteriormente durante su detención, juicio y condena a nueve años de prisión cumplidos, en diferentes cárceles de la isla. El escrito ofrece una visión de las injusticias cometidas por un régimen sin escrúpulos y los diferentes mecanismos de represión y atropello contra la dignidad de las personas utilizados de manera sistemática.

 

 

Los Emigrados

 

Un episodio que marcará la intolerancia y el odio sembrado por la revolución fue el movimiento de emigración que comienza con la huída de Fulgencio Batista y sus seguidores a comienzos del año 1959 pero que se acentúa en la medida que el régimen se hace más totalitario y controla todos los aspectos de la vida del ciudadano común.

 

Los momentos más dramáticos del movimiento migratorio fueron los que a continuación se relatan.  El programa Peter Pan mediante el cual catorce mil niños fueron enviados por sus padres al exterior desde mediados de 1960 a 1962 para evitar la pérdida de su patria potestad o su adoctrinamiento marxista; la expulsión en 1961 de cientos de sacerdotes y monjas dedicados a la educación pública o privada así como a otras obras sociales.

Los vuelos de la libertad o de reunificación familiar, que se iniciaron a finales de 1965 hasta mediados de 1970, dos vuelos diarios, cinco días a la semana, desde Varadero en la provincia de Matanzas hasta Miami en el estado de Florida.

 

El asilo en 1979 de diez mil cubanos, en menos de 48 horas, en la embajada del Perú en La Habana, la solicitud  de dos millones de cubanos para abandonar el país y la salida a Cayo Hueso unos meses después, de ciento veinticinco mil cubanos por el Puerto de Mariel, al occidente de La Habana, utilizando todo tipo de embarcaciones.

 

La salida de miles de presos liberados por el régimen a finales de los años setenta y comienzo de los ochenta,  después de haber cumplido quince y veinte años de condenas y por último la fuga hacia EEUU a través de los años, pero particularmente en la década de los noventa, de decenas de miles de compatriotas en rudimentarias balsas y botes, muchos de los cuales no pudieron ver realizados su sueño de reunirse con sus familiares o de vivir en libertad con dignidad, al morir en el intento.

 

 

Los Juicios

 

Los fusilamientos masivos llevados acabo contra oficiales y soldados de la institución castrense, acusados de asesinatos y torturas, comenzaron sin juicio realizados por tribunales improvisados bajo leyes revolucionarias, desde los primeros días del triunfo. El objetivo de los fusilamientos, filmados por la prensa nacional y extranjera, fue sin duda sembrar el terror mediante la aceptación de la pena de muerte, aprovechando un clamor de “justicia revolucionaria” por parte de la ciudadanía ante los desafueros de la dictadura de Batista.

 

Entre los juicios más emblemáticos del proceso revolucionario por su arbitrariedad, destaca el de los 43 aviadores y técnicos de la fuerza aérea cubana acusados de genocidio por su presunta participación en operaciones antiguerrilleras contra los alzados en las montañas.

El 13 de febrero de 1959 el Tribunal Militar de Santiago de Cuba los absuelve por falta de pruebas, pero el propio Fidel Castro invalida el fallo, constituye otro tribunal, los juzga nuevamente por el mismo delito y en la misma causa, los condena a veinte años de prisión.

 

El Consejo de Guerra contra Hubert Matos, Jefe del Distrito Militar Número Dos y a otros 38 detenidos del Ejército Rebelde en octubre de 1959, acusados de traición y sedición fue otro juicio que causó conmoción en la ciudadanía. El propio Fidel Castro formuló públicamente la acusación contra Matos sin darle curso a su decisión de renunciar debido a la marcada orientación comunista del proceso.

 

 

 

 

Con anticipación o coincidiendo con los acontecimientos de Playa Girón en abril de 1961, fueron apresados los principales jefes de la lucha clandestina, entre los que estaban los estudiantes Virgilio Campanería, de leyes, Alberto Tapia Ruano de arquitectura, Julio Yebra de medicina, el ingeniero Rogelio González Corso y el abogado Humberto Sorí Marín coautor de la Ley de Reforma Agraria. Todos fueron ejecutados después de celebrarles juicios sumarísimos. Otros como el  estudiante de arquitectura Juanín Pereira fue apresado y ajusticiado sin juicio.

 

El juicio, humillación y condena en 1968, contra Aníbal Escalante, Joaquín Ordoqui y Edith García Buchaca y otros comunistas ortodoxos fundadores del Partido Socialista Popular, calificados como “la micro fracción”, acusados de conspiración, fortaleció el control de Fidel Castro sobre el Partido Comunista de Cuba enviando un mensaje a la Unión Soviética respecto a quien ejercía el poder absoluto sobre el partido.

 

En 1989 el general Arnaldo Ochoa, héroe de la revolución en la guerra colonial de Ángola, no pudo librarse de la voluntad del dictador, fue acusado de narcotráfico, condenado y fusilado con otros altos oficiales del Ministerio del Interior. El juicio celebrado en su contra, fue una burda manipulación, por lo que quedó en la opinión pública la sospecha de que existieron otras motivaciones distintas a la versión oficial.

 

Los juicios y condenas en diferentes épocas contra poetas y escritores de la talla de Heberto Padilla, Reynaldo Arenas y María Elena Cruz Varela así como los juicios amañados contra 75 intelectuales, periodistas y disidentes en marzo del 2003 y el fusilamiento, tras una pantomima de juicio sin defensa, de los tres secuestradores de una lancha para transporte en la Bahía de La Habana, son otras muestras de la opresión y del irrespeto por la justicia imperante en la Isla.

 

 

Los Combatientes

 

A principios de 1960 cuando era evidente la ruta totalitaria de la revolución bajo Fidel Castro, grupos dentro de las filas revolucionarias comenzaron a desertar y a organizar un proceso insurreccional para enfrentar dichos planes. El Frente Revolucionario Democrático formado por algunas organizaciones de la lucha contra Batista y otras creadas por emigrados de EEUU, asumió la dirección de la lucha desde afuera, mientras que internamente se iban organizando grupos guerrilleros liderados por oficiales rebeldes de origen campesino en la Sierra del Escambray ubicada en la región central de la Isla. Una vez derrotada en Bahía de Cochinos, el mes de abril de 1961, la brigada de exiliados que intentó constituir infructuosamente una cabeza de playa para fortalecer la lucha interna, el gobierno decidió llevar a cabo “la limpia del Escambray”.

 

Esta operación militar estuvo destinada a eliminar los focos guerrilleros, primero, mediante una labor de reubicación de los habitantes de la zona, hacia otros confines de la geografía nacional, con la finalidad de quitarle a los guerrilleros el apoyo logístico de sus simpatizantes en la región y por último con el lanzamiento de una ofensiva, palmo a palmo, que resultó en cientos de muertos y fusilados mientras que otros tantos eran apresados y condenados a prisión. Esta inhumana operación que obligó a miles de campesinos a abandonar sus tierras y propiedades de manera compulsiva, se mantuvo por varios años hasta que a mediados de los años sesenta, el régimen logra imponerse con su mayor caudal de fuerza y fuego sobre los grupos insurrectos en esta y otras regiones del país. Todavía para principios de los setenta grupos infiltrados mantienen en alto el espíritu de resistencia, pero ya para ese momento, su sacrificio, carece de posibilidades de  éxito.

 

Durante esta larga batalla fueron fusilados, sin juicio, entre otros muchos, Porfirio Ramírez, Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Santa Clara, los oficiales  del ejército rebelde Comandante Plinio Prieto y el Capitán Sinesio Walsh, el legendario Margarito Flores (Tondike), mientras que morían en combate Tomasito San Gil y Oswaldo Ramírez destacados jefes militares de los alzados, así como varios dirigentes de los grupos infiltrados desde el exterior.

 

 

Las Cárceles y sus Actores.

 

Durante los años sesenta y setenta como mecanismo de represión contra la insurrección, el gobierno hacinó a decena de miles de presos en las cárceles del país. Para tales fines se acondicionó en La Habana, para los detenidos por los cuerpos de seguridad del estado, la antigua Villa Marista, Casa Provincial y Campos Deportivos de los HH Maristas, desde donde después de varios días de aislamiento, interrogatorios y torturas mentales se les enviaba a los centros penitenciarios.

 

Entre estos últimos deben señalarse, La Fortaleza de La Cabaña, antiguo fuerte colonial, en cuyos fosos se ejecutaron muchos de los fusilamientos, dirigidos en su etapa inicial, por Ernesto Che Guevara; el Castillo del Príncipe, también de la época colonial; el Presidio Modelo en Isla de Pinos con capacidad para mil presos, el cual llegó a tener una población carcelaria de más de siete mil presos políticos en 1963. La cárcel de Boniato en Santiago de Cuba; el Castillo de San Severino en la ciudad de Matanzas; la prisión de Guanajay en Pinar del Río; la prisión del Combinado del Este en La Habana y decenas de granjas y campos de concentración que albergaron en inhumanas condiciones de vida a más de cien mil presos durante todos esos años.

 

Cuba es actualmente uno de los países de mayor índice de criminalidad. Cuatrocientas cárceles correccionales albergan a decenas de miles de presos comunes. También existen cerca de sesenta cárceles de mayor severidad para hombres y mujeres, que son aquellas, donde cumplen condenan o esperan por ella, más de cuatrocientos presos políticos, entre las que mencionaremos “Taco Taco” y “Cuatro y Medio” en Pinar del Río; Combinado del Este” en La Habana; “Kilómetro Siete” y “Kilo Cinco” en Camagüey y la cárcel de Guantánamo en la población del mismo nombre.

 

 

Las Torturas y los Asesinatos.

 

Las cárceles se convirtieron en sitios de torturas, no sólo físicas sino mentales. Durante las acciones militares para enfrentar el desembarco de exiliados por Playa Girón en abril de 1961, el gobierno efectúo el apresamiento y hacinamiento de decena de miles de sospechosos en estadios de béisbol y otras edificaciones deportivas.

 

El Plan para Dinamitar las Edificaciones del Presidio de la Isla de Pinos durante el segundo semestre de 1961, llevado a cabo por personal del Cuerpo de Ingenieros de las FAR utilizando TNT de fabricación soviética,  explosivo de alto poder expansivo, fue el más salvaje de todos. Se estimó, por el número de cajas instaladas, que la carga total fue de alrededor de tres toneladas por edificio. El sistema de detonación instalado a unas tres cuadras de las circulares estaba conectado por un sistema soterrado, que pudo ser desactivado por los presos, mediante un trabajo de hormiga, asesorado técnicamente por especialistas en explosivos que cumplían condena en dicho lugar.

 

El Plan de Trabajo Forzado, puesto en práctica en Isla De Pinos de 1964 a 1967, pone al descubierto la arbitrariedad del régimen pues ninguna de las condenas a años de presidio incluía el trabajo forzado como mecanismo de reinserción social. El plan comenzaba bajo tensión a las cinco y media de la mañana y no culminaba hasta el regreso de los bloques de trabajo a las seis o siete de la tarde. Tiros, golpes y bayonetazos se mezclaban con, gritos y amenazas creando una situación de miedo, soledad e impotencia entre los reclusos.

 

Hubo presos muertos y heridos por la represión de los sanguinarios guardias siguiendo órdenes superiores. Entre los muertos a causa del plan de trabajo forzado, deben mencionarse, entre otros muchos, los nombres de Ernesto Díaz Madruga, Julio Tang, Eddy Álvarez Molina, Diosdado Aquit y Danny Crespo. También tenemos que mencionar a Roberto López Chávez y a Pedro Luis Boitel a los que se dejó morir estando en huelga de hambre. Otros quedaron inválidos o perdieron la movilidad de sus extremidades inferiores a causa de disparos hechos a mansalva..

 

El presidio de Isla de Pinos fue testigo de variadas formas de castigos en las zanjas de albañales; en las celdas sin ventilación ni luz; durante las requisas, cuando quitaban libros, ropa, enseres y alimentos traídos con mucho sacrificio por la familia; o la suspensión de la correspondencia y de las visitas, que constituían mecanismos de presión y de tortura utilizados contra los presos. Todo lo anterior estuvo siempre acompañado de una alimentación insuficiente para enfrentar las arduas horas de trabajo en el campo o en las canteras de mármol. El paludismo, la hepatitis y la avitaminosis eran enfermedades cotidianas para las cuales no existían remedios. El hambre se constituyó en compañera inseparable de miles de presos durante los años de encierro.

 

El objetivo de estas presiones era conseguir la aceptación del Plan de Rehabilitación por parte de la población penal donde por contraste se ofrecía mejor alimentación y atención médica, visitas más frecuentes incluyendo las casas conyugales y una disminución de la condena, todo a cambio de estar dispuesto a recibir adoctrinamiento marxista. Este plan fue eliminado años más tarde, al reconocer las autoridades, que los presos que se acogían al plan, no eran reintegrados al nuevo modelo de sociedad, sino que lo hacían mayoritariamente para conseguir su libertad y poder así solicitar de inmediato autorización para salir del país.

 

A las granjas de San Ramón y Tres Macíos en la provincia de Oriente, verdaderos campos de concentración, entre otros muchos dispersos por la isla, llevaron en 1967 a un grupo de presos “plantados” que se negaron a ponerse el uniforme azul de los presos comunes. Los encerraron en unas celdas de castigo de 4 x 4 x 6 pies, tristemente conocidas como las gavetas. En una de estas metieron a seis presos donde pasaron meses en esa promiscuidad y hacinamiento sin higiene alguna. Sólo después de una huelga de hambre de dos semanas terminó para los castigados aquel calvario.

 

Otros campos de concentración lo constituyeron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), sistema penitenciario para toda persona considerada antisocial por la revolución. Creado a fines de 1965 en la provincia de Camagüey sus primeros inquilinos lo constituyeron religiosos, seminaristas, miembros de la secta Testigos de Jehová, personas que hubieren solicitado salir del país, homosexuales, escritores y artistas no integrados al proceso o jóvenes considerados inadaptados por imitar “conductas decadentes del capitalismo” como dejarse el pelo largo, vestirse fuera de lo normal, o escuchar música rock.  El pretexto para su reclusión era con la finalidad de rehabilitarlos a través de una disciplina militar y del trabajo forzado para que posteriormente pudiesen ser reintegrados a la sociedad.

 

Los primeros en ser recluidos tuvieron a su cargo la limpieza de los terrenos, la construcción de las barracas, la colocación de cercas, el cultivo y la cosecha de los productos básicos para su alimentación. El ensañamiento, los maltratos, la mala alimentación y el aislamiento fue la norma impuesta por las autoridades del plan. El régimen penitenciario se convirtió así en uno de trabajo esclavo. Se cuentan varios los muertos durante las revueltas y su correspondiente represión, Entre los más connotados recluidos en estos campos, figuraron entre otros, el actual cardenal de La Habana, Su Eminencia Jaime Ortega y el canta autor Pablo Milanés.

 

Entre los asesinatos más viles y de mayor repercusión a nivel mundial destacan, el derribamiento por los aviones Mig 29 de la fuerza aérea de dos avionetas de los Hermanos al Rescate el 24 de febrero de 1996 cuando murieron los cuatro pilotos, el hundimiento del Remolcador 13 de Marzo, el 13 de julio de 1994 provocado por unidades de la marina de guerra, donde perecieron ahogadas 43 personas de los cuales la mitad eran niños menores de diez años. El apresamiento de los tres secuestradores de una lancha de las que hacen el servicio a través de la Bahía de La Habana, su enjuiciamiento y fusilamiento, en menos de cuarenta y ocho horas, en marzo de 2003.

 

 

La Ofensiva contra Personas, Instituciones y Bienes.

 

En la continua carrera por controlar a los individuos e instituciones del país, la revolución no escatimó esfuerzos ni tuvo escrúpulos legales en la violación sistemática de los derechos fundamentales de las personas naturales y jurídicas.

 

 

 

 

Al terror implantado con la amenaza de unos juicios manipulados, de una prisión inhumana o una pena de muerte colgando, como hacha de verdugo, sobre el cuello de la víctima, el régimen  añadió actos ofensivos destinados a enfrentar a los que no se sometían por estos mecanismos de presión.

 

 

Los Comités de Defensa de la Revolución

 

Entre estos destaca la creación en septiembre de 1960 de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los integrados al proceso organizados cuadra por cuadra, barrio por barrio, en pueblos y ciudades, dispuestos a perseguir a los desafectos o “contrarrevolucionarios” acusados injustamente de actos de sabotaje y terrorismo. Los CDR vigilaban a sus familiares, amigos o simplemente vecinos sospechosos de no simpatizar con la revolución. Pero los CDR no se limitaron a esta actividad, se convirtieron con el tiempo en vigilantes contra los “delitos económicos” como el mercado negro, la sustracción de bienes de las empresas estatales o la tenencia de dólares, en momentos que esta no estaba oficialmente autorizada.

 

Los CDR también son encargados de efectuar el levantamiento de inventarios de las propiedades de las personas que abandonan el país a objeto de que fuesen confiscadas. Brindaban o negaban la autorización para el traslado de muebles y otros objetos y enseres personales.

 

Con el tiempo, la participación en los CDR, se hizo necesario para conseguir trabajo, vivienda, acceso a estudios secundarios y universitarios, becas, entrada en clínicas y hospitales, en definitiva para ser reconocido por la comunidad como un individuo integrado al proceso. La organización decidía quien tendría derecho a comprar un artefacto eléctrico o una bicicleta o quien podía recibir materiales de construcción para la refacción de su vivienda. Los CDR se encargaban de las movilizaciones de ciudadanos para realizar “trabajo voluntario” en faenas agrícolas o de la convocatoria de reuniones para comentar las noticias o los discursos del Máximo Líder, con el fin de revitalizar el espíritu revolucionario. Llegaron a conducir bajo una supuesta fachada de responsabilidad social, los programas de vacunación infantil o la limpieza de calles y terrenos baldíos.

 

 

La Confederación de Trabajadores de Cuba

 

Cuando los trabajadores cubanos crearon en 1939 la Confederación de Trabajadores Cubanos CTC, la concibieron bajo un sindicalismo unitario que practicaba en su seno el pluralismo de diversas tendencias políticas con reconocida sensibilidad social. El movimiento sindical, que agrupaba 33 federaciones y 2490 sindicatos, fue una de las primeras victimas en el propio año de 1959.

 

El primer aldabonazo fue contra la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). En el propio año de 1959 esta organización efectúa por primera vez en muchos años la elección libre de sus cuadros directivos. Los comunistas escasamente controlaron el 10% de los delegados al X Congreso de la CTC pero Fidel Castro se presentó personalmente ante la asamblea y forzó una candidatura única que incluía a los comunistas pero que excluía a los líderes obreros que provenían de la Juventud Obrera Católica o los de inspiración Social Cristiana dentro del Movimiento 26 de Julio.

 

Gradualmente el gobierno sustituye a los dirigentes electos en el X Congreso y designa en la dirección sindical a los viejos dirigentes obreros del partido comunista con Lázaro Peña a la cabeza. Con el control del movimiento obrero, el gobierno se lanza contra los derechos, conquistas y beneficios de los trabajadores, entre los que destacaban el derecho a constituir sindicatos libres, a la huelga, a la contratación colectiva, a elegir a sus dirigentes y representantes, todos ellos fueron eliminadas supuestamente de “forma voluntaria” mientras que otros derechos fueron groseramente conculcados.

 

Se decreta la congelación de los salarios, la deducción de importantes sumas para planes de industrialización y de creación de empleos y se instaura el “trabajo voluntario”, primero en las empresas estatales, y después de intervenidas, en las empresas privadas.

 

La utilización política de los sindicatos fue clave en el sometimiento del sector económico privado acusado de “explotador” y “oligarca”. Huelgas, paros y ocupaciones fueron las actividades preferidas para debilitar la gerencia empresarial y posteriormente aplicar los decretos de expropiación sin indemnización.

 

La CTC bajo la dirección oficialista ha negado al movimiento sindical, el logro de una sola aspiración, convirtiéndolo en un apéndice del estado, dueño de todos los medios de producción, exigiendo en todo momento, disciplina y mayor productividad, castigando cualquier cuestionamiento o disensión a los lineamientos gubernamentales.

 

En la década de los noventa, comienzan a escucharse voces de protesta, expresiones en defensa de los derechos humanos y poco a poco voceros sociales con vocación democrática, venciendo el terror, crean organizaciones independientes. Estas expresiones se manifiestan no sólo en el ámbito sindical sino que abarcan a los gremios profesionales, incluyendo a intelectuales y periodistas que realizan una encomiable labor a pesar de las restricciones y prohibiciones impuestas por el régimen.

 

Los grupos sindicales asumen la defensa de los derechos de la clase trabajadora, no sólo consagrados en los Convenios Internacionales ratificados por la República sino incluso, reconocidos por la propia Constitución Cubana y el Código Laboral, que admiten socarronamente, derechos consagrados en la Declaración Universal de lo Derechos Humanos.

 

Las Leyes Revolucionarias y las Expropiaciones

 

La incautación y expropiación de empresas, de forma masiva, comienza con la aplicación de la Ley de Reforma Agraria. Sin embargo, es necesario señalar que en múltiples ocasiones las intervenciones de las propiedades se efectuaron al margen de la ley. Este mecanismo de confiscación se aplicó posteriormente a las propiedades de viviendas y edificaciones con la implantación de la Reforma Urbana.

En ambos casos se ofrecía la propiedad a los pisatarios, en el caso de fincas, o a los inquilinos en el caso de las viviendas urbanas. En la práctica fue el estado el único y gran favorecido de estas confiscaciones pues nunca se entregaron títulos de propiedad a los supuestos beneficiarios.

 

Los Medios de Comunicación Social

 

A partir del primer año la revolución muestra sus garras con el propósito de eliminar la independencia de los medios de comunicación. En una etapa inicial, los periódicos de personeros de la dictadura fueron confiscados y convertidos en los baluartes propagandísticos de la revolución. Los diarios oficiales Revolución del Movimiento 26 de Julio, Combate del Directorio Revolucionario 13 de Marzo se unieron al periódico Hoy, órgano de los comunistas, constituyendo un frente ideológico frente a los diarios llamados de la “burguesía”: los periódicos matutinos Diario de La Marina, Información, Avance y el vespertino Prensa Libre.

 

Estos diarios fueron intervenidos de forma violenta por una minoría de sus obreros respaldados y apoyados por el gobierno, después de la campaña de “las coletillas”, avisos publicados en el mismo medio en respuesta a la línea editorial crítica de la revolución. La revista Bohemia, la de mayor circulación en Cuba, con amplio prestigio en América Latina y que había sido una defensora a ultranza de la revolución en su lucha contra Batista, enciende la polémica contra el comunismo, razón por la cual su director Miguel Ángel Quevedo comienza a ser hostigado hasta que debe asilarse en la embajada de Venezuela. Otro tanto, un poco más tarde, le ocurrió a la revista de orientación católica La Quincena cuando fue finalmente intervenida a raíz de la invasión por Playa Girón.

 

Para el triunfo de la revolución, Cuba contaba con una desarrollada industria de la radiodifusión, alrededor de ochenta estaciones AM y media docena de estaciones FM, las cuales junto a cinco canales de TV colocaban a la isla en una posición cimera entre otros países del hemisferio. La emisora más importante CMQ y su canal televisivo se enfrascaron en una polémica de carácter ideológico que culmina con su cierre a mediados de 1960.

 

Con estos episodios llenos de violaciones y transgresiones quedó conculcada definitivamente la libertad de expresión en Cuba.

 

 

La confrontación con la Iglesia Católica

 

La Iglesia Católica no escapó a la confrontación y a la ira revolucionaria. Fue la Iglesia la primera institución, que de forma moderada pidió en febrero de 1959, la suspensión de los fusilamientos.

 

En medio de la infiltración comunista en las FFAA y en la CTC, la Iglesia decide celebrar el Primer Congreso Nacional Católico. Al acto principal del evento celebrado en la Plaza Cívica (posteriormente conocida como Plaza de la Revolución) en noviembre de 1959, acudieron cerca de un millón de personas para venerar a la Virgen de la Caridad del Cobre cuya imagen había sido traída desde su santuario, en la provincia de oriente. El Congreso se convirtió en un acto de reafirmación de la fe cristiana del pueblo y sirvió para proclamar la justicia social y combatir el comunismo por ateo y negador de las libertades.

 

El gobierno intentó, desde muy temprano, dividir al clero, entre la Alta Jerarquía y los sacerdotes y se esfuerza por hacer distinciones entre los curas revolucionarios y los contrarrevolucionarios. Se acaricia  incluso la idea de crear una Iglesia Nacional independiente de Roma. Al no brindar estas tácticas resultados satisfactorios, el gobierno decide irse por la confrontación violenta.

 

El gobierno provoca enfrentamientos y altercados en la puerta de los templos utilizando turbas y grupos de choque. La confrontación arrecia con la Carta Pastoral de los obispos en agosto de 1960, cuya divulgación el gobierno trata de impedir, lo cual termina con el cierre de todos los programas de signo y orientación católica en la radio y la televisión.

 

Para finales de ese mismo año, la confrontación arrecia y se lleva a un punto culminante, se aumentaron los impuestos a los colegios privados administrados por las ordenes religiosas y se incrementó la acción de las turbas o grupos represivos frente a las edificaciones escolares impidiendo su normal funcionamiento.

 

Durante los sucesos de abril de 1961, cientos de sacerdotes y religiosas fueron arrestados incluyendo al episcopado en pleno. Todos fueron maltratados y vejados en sus personas. Iglesias profanadas y las sedes de importantes instituciones laicas de raigambre católica fueron cerradas durante aquellos días de terror revolucionario. Un mes más tarde todas las escuelas católicas y protestantes, donde estudiaban cerca de cien mil estudiantes, entre los niveles de primaria y de secundaria, fueron finalmente cerradas. Las escuelas de la Compañía de Jesús, de los HH Maristas, de los HH de La Salle, las Ursulinas, Teresianas y de las HH del Sagrado Corazón de Jesús sufrieron las consecuencias de esta acción confiscatoria. No fue excepción a esta acción contra los centros de enseñanza, la Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva regentada por los Padres Agustinos.

 

A propósito de los incidentes ocurridos durante la Procesión en honor de la Virgen de la Caridad del Cobre el ocho de septiembre de 1961, cuando muere abaleado uno de los jóvenes de la parroquia a manos de la policía, fueron detenidos curas y feligreses acusados de haber provocado los desórdenes. El joven muerto fue presentado oficialmente como revolucionario que había sido ajusticiado por los “contra revolucionarios”. Diez días más tarde el Obispo Eduardo Boza Masvidal párroco de la iglesia y otros 130 sacerdotes son expulsados de la Isla a bordo del buque de pasajeros Covadonga rumbo a España. Con este episodio, comenzó la etapa más negra de la Iglesia del Silencio bajo el régimen, ya declarado comunista, de Fidel Castro.

 

La Iglesia Hoy

 

La situación actual de la Iglesia Católica se corresponde con la frase del Cardenal Jaime Ortega arzobispo de San Cristóbal de La Habana “en Cuba estamos reducido al silencio”. Aunque exista la posibilidad de culto, en Cuba se asiste a un intento de marginar de la Iglesia. Sin embargo tras la histórica visita del Papa en 1998, se asiste a un crecimiento de la Iglesia en la Isla.

 

En septiembre del año pasado, la Conferencia Episcopal, escribió una Instrucción Pastoral: una toma de posición sobre la situación de la Iglesia en la sociedad, sobre la política y sobre la participación de los laicos en la vida social. De acuerdo con el documento la Iglesia proclama su tarea profética de hablar en defensa del hombre, de los derechos humanos y hoy reconoce que se encuentra entre dos fuegos. Algunos la quieren como partido político de oposición mientras otros, especialmente en el gobierno quieren una iglesia tranquila y dedicada enteramente al culto dentro de los templos.

 

En Cuba ya no hay escuela católica, la Iglesia no puede enseñar en la escuela pública, ni tiene acceso a la prensa. Publica sus documentos, pero sin eco alguno en los medios de comunicación controlados por el estado, el mejor ejemplo está en  que una carta pastoral de la jerarquía es más conocida en el extranjero que en el país.

La Iglesia ha denunciado con valentía la existencia de  una gran pobreza que dificulta que los ciudadanos lleven una vida normal. El que quiere casarse no encuentra casa,  los que consiguen cohabitan en ambientes muy pequeños, es un problema trasladarse de una zona a otra dentro de la ciudad y del país, también es angustioso encontrar los alimentos, calzado, vestido y otros bienes esenciales y tener los ingresos suficientes para pagar por ellos. Es común encontrar médicos que después de cumplir con su turno en el hospital se ponen a vender dulces o el caso de jubilados septuagenarios vendiendo maní a turistas y peatones,

todos ellos, con el sólo propósito de  conseguir más ingresos con que vivir.

También la Iglesia entiende que quien sale de la universidad casi siempre debe realizar tareas distintas de lo que ha estudiado y reconoce que la juventud no tiene esperanzas y no siente adhesión entusiasta a la vida social y política del país. Para muchos de estos jóvenes la única opción, el sueño más importante de su vida es dejar el país. Y ese sueño comprende e implica a todos, desde los católicos practicantes hasta los hijos de los dirigentes y figuras del gobierno y la administración pública. La emigración masiva según la Iglesia es la mayor amenaza para el futuro de la nación.

 

Fuera del reconocimiento de la Navidad como día festivo después de la visita papal, la Iglesia es ignorada en cuanto a sus posturas y peticiones. Ha sido convertida, por el régimen en una isla dentro de la isla.

 

 

El Control del Estado sobre el Individuo.

 

El Carnet de Identidad

 

El Carnet de Identidad fue impuesto a partir del año de 1970 para todos los mayores de 16 años. A diferencia de documentos similares en otros países, este carnet, establecido según el patrón soviético, contiene una información detallada del portador, historial laboral, registro familiar e incluye indicadores sobre su filiación política e identificación con el proceso.

 

El Expediente Laboral

 

Además de este carnet las empresas, en su mayoría propiedad del estado, son obligadas a llevar el Expediente Laboral de todos los obreros y empleados en nómina. Este expediente recoge todas las actividades del  trabajador desde su primer trabajo y registra los méritos y deméritos logrados durante su vida laboral. La asistencia a las “jornadas de trabajo voluntario”, el pago de la cuota sindical, el cumplimiento de tareas internacionales son parte de los méritos y su contra parte, que constituyen los desméritos, el ausentismo, la impuntualidad  en el trabajo y su falta de integración a la revolución. El problema del ausentismo alcanzó proporciones tan alarmantes, que el gobierno decretó en 1971 la Ley contra la Vagancia, la cual penalizaba tanto el desempleo como el ausentismo y permitía el procesamiento de los trabajadores por tales motivos.

 

 

El Expediente Acumulativo Escolar

 

De igual manera existe para los niños y jóvenes estudiantes el Expediente Acumulativo Escolar, este documento registra los datos académicos, pero no se limita a ello, evalúa la conducta ideológica y política del niño y de su familia. Consta en este registro, su filiación a los organismos de masa juveniles tales como la Unión de Pioneros, la Unión de Jóvenes Comunistas y los Comités de Defensa de la Revolución, así como su disposición a las jornadas de trabajo voluntario al campo. Los maestros son los encargados de mantener y efectuar seguimiento al expediente, convirtiéndose de esta manera, en los intermediarios de un nuevo instrumento de control por parte del estado. El tener un expediente revolucionario significa para los jóvenes la posibilidad de continuar sus estudios en la universidad e incluso de tener acceso a las carreras destinadas a los integrados al proceso.

 

 

La Libreta de Abastecimiento.

 

Quizás el instrumento de control que más incide en la vida cotidiana de los ciudadanos es la

libreta de “abastecimiento”, mejor conocida como de “racionamiento”. Instaurada en marzo de 1962 bajo el falso supuesto de una distribución igualitaria de bienes y alimentos entre la población ofrece a través suyo, el número de calorías aceptado por Organización de la Alimentación y la Agricultura de las NNUU. La libreta se ha convertido en el objeto cotidiano de preocupación y angustia del ciudadano, debido a que normalmente lo que  ofrece mensualmente no alcanza para una alimentación adecuada de los miembros de la familia.

 

Las madres y amas de casa deben estar muy pendientes de la llegada de los productos para formar las colas desde muy temprano para alcanzar lo que le corresponda sobre todo si llegan algunos productos que no están racionados, de los que se denominan “por la libre”. Los productos que se venden por la libre se distribuyen hasta donde alcancen por orden de llegada. De ahí la importancia de estar entre los primeros de la cola. Entre los productos por la libre deben señalarse el bollo de pan de 7onzas, media botella de cerveza y una de ron mientras que entre los racionados deben señalarse  los cigarrillos, el azúcar, los huevos, el arroz, el café, la leche condensada o el aceite de cocinar entre otros.

 

 

El Período Especial

 

En los últimos años, específicamente durante “el período especial” con motivo de la desaparición de la Unión Soviética y de sus subsidios millonarios, el gobierno decide la dolarización de la economía y una política más liberal en cuanto a los precios de bienes y servicios y a la actividad económica. Muchos productos, no incluidos en la libreta, pueden conseguirse libremente en las tiendas dolarizadas o “shopping”, en estos sitios se pueden adquirir, sí se poseen dólares o pesos convertibles. Esta situación ha creado una deplorable discriminación dentro de la población. Escasamente un 15% de ella con familiares en el extranjero y que reciben remesas en dólares, tienen acceso, junto a turistas y miembros del alto gobierno y las fuerzas armadas, a estos sitios privilegiados, fuera del alcance de las grandes mayorías.

 

También se produjo durante el periodo especial, una cierta apertura en la constitución de empresas como los “paladares”, restaurantes de carácter familiar que después de un gran auge inicial, han tenido que cerrar por motivo de las enormes cargas impositivas, la imposibilidad de contratar empleados y las dificultades para conseguir alimentos. Algo similar ocurrió con los trabajadores informales mejor conocidos como los “cuenta propistas”, es decir, los que operan por cuenta propia. Vendedores de artesanías,  libros, revistas y discos viejos, dulces y galletas caseras y otras chucherías comenzaron a proliferar pero en pocos años el gobierno decide arremeter contra ellos debido a su “mentalidad capitalista”.

 

Sin embargo el racionamiento, se expandió durante esta época, a todos los bienes de consumo y muchos productos alimenticios y otros bienes de consumo pasaron de “por la libre” a estar racionados, haciendo más difícil su obtención por la población. Este sistema, vendido y publicitado como igualitario, es en verdad un ejemplo más del desprecio del régimen por la persona humana.

 

 

La Disidencia

 

El movimiento por los derechos humanos en la Cuba de Castro, tiene una larga historia de lucha, represión, cárcel y exilio. Desde la década de los ochenta comienza este movimiento a hacerse oír tanto en la isla como en el exterior. Pero es a partir de mediados de los noventa, cuando se articula con mayor fuerza y presión.

 

El documento de los 10 y el de la Patria es de Todos dan inicio a una disidencia más consciente por parte de intelectuales, periodistas y profesionales que no ha cesado en su empeño por lograr mayor respeto para los derechos de las personas consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

Las críticas de los disidentes se han centrado en los lineamientos del Partido Comunista que hablan de unidad pero se oponen al consenso, que proclaman que son mayoría pero se niegan a convocar elecciones, que vinculan a la patria con la revolución y el socialismo ignorando que por definición, patria es el país en que se nace.

 

Los ataques y denuncias se dirigen posteriormente al gobierno, cuya filosofía no es servir al pueblo sino ser su dictador, cuyo discurso es convertir al imperialismo yanqui en el enemigo necesario para hacerlo responsable de todas sus ineficiencias y errores, cuyos contratos con empresas extranjeras permiten la explotación de los trabajadores.

 

El Instituto de Estudios Económicos dirigido por profesionales independientes se ha dedicado a denunciar la realidad que el estado pretende ocultar: no hay medios de transporte, no hay suficiente agua disponible para las ciudades y regadíos, la dramática disminución de la producción agropecuaria por la desincorporación de superficies cultivadas o por la  falta de mantenimiento de maquinaria agrícola convertida en chatarra.

 

Entre la disidencia que ha logrado el aislamiento internacional del régimen de Castro y la solidaridad de grupos como Reporteros sin Fronteras y de intelectuales de diversas ideologías, destacan Elizardo Sánchez, Gustavo Arcos, Vladimiro Roca, Antonio Bonnes, René Gómez, Beatriz Roque Cabello, Oscar Elías Biscet, Oscar Espinosa y Raúl Rivero. Los últimos cuatro, condenados a más de veinte años de prisión en marzo del año pasado, por supuesta “traición a la patria”.

 

El Proyecto Varela del Movimiento Cristiano de Liberación liderado por Oswaldo Payá, premio Sajarov por la Paz del año 2002, otorgado por la Unión Parlamentaria Europea, ha alcanzado unas dimensiones no previstas por sus creadores. El proyecto logró inicialmente la recolección de once mil firmas conforme con la constitución, solicitando un referendo que permita flexibilizar la rigidez legal existente. Ha continuado con la recolección y ya va por más de treinta mil firmas, reclamando el reconocimiento de los derechos a la libre expresión, a la libre asociación, al libre movimiento, a la libre constitución de empresas y a una amplia amnistía para los presos políticos.

 

La disidencia se ha desarrollado igualmente dentro de la fuerza laboral. Desde el mismo momento de su constitución en 1995, el Consejo Unitario de Trabajadores Cubanos CUTC, solicitó formalmente su legalización y presenta su Acta Constitutiva ante el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia. Durante ocho largos años no han obtenido una respuesta, ni siquiera negativa, clara demostración del desconocimiento al estado de derecho. Sin embargo la CUTC no se ha cruzado de brazos y en ese tiempo  creó el Instituto Cubano de Estudios Sindicales Independientes (ICESI), el Buró de Asesoramiento Jurídico Independiente Laboral (BAJIL), la Agencia de Prensa Sindical Independiente APSIC) y la Biblioteca Sindical Independiente. Organismos dedicados a la formación sindical, a la defensa y asesoramiento jurídico y a la divulgación de las violaciones e injusticias cometidas, contra los trabajadores, por el estado empleador.

 

En 1998 el Secretario General de la CUTC Pedro Pablo Álvarez consigue participar en el XI Congreso Latinoamericano de la CLAT celebrado en la Ciudad de México. En 1999 la CUTC obtiene su filiación a la CLAT y al año siguiente convoca su Primer Congreso, razón por la cual, se incrementa el hostigamiento del gobierno en su contra y observadores internacionales invitados al evento, son devueltos en el propio aeropuerto José Martí. La poderosa Confederación Mundial del Trabajo (CMT) reconoce y afilia a la CUTC en enero de 2001 lo que ha permitido a la central sindical, acceder a la solidaridad internacional.

 

La CUTC ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos, incorporando a su lucha aspiraciones legítimas de los trabajadores, como la estabilidad familiar, la promoción personal, la superación intelectual, el desarrollo integral y el respeto por los derechos humanos. La lucha, que el movimiento sindical independiente conduce, se ha enfocado también al establecimiento de la justicia social y la superación de las desigualdades y la pobreza, hoy más presentes bajo el socialismo marxista, que nunca antes en la historia republicana de la isla de Cuba.

 

Los líderes de la CUTC han enfrentado de manera tranquila pero con la firmeza del acero las peticiones fiscales en su contra de cadena perpetua y de 20 años de condena, así como las maniobras de infiltración por parte del tenebroso Departamento de Seguridad del Estado.

 

 

El Deporte como Política

 

El régimen totalitario ha utilizado el deporte de alta competencia como medio de propaganda para difundir supuestas bondades del sistema y obtener un importante reconocimiento internacional. De ahí que la estrategia política haya convertido al sistema en una formidable máquina para producir atletas, los cuales han realizado la hazaña de obtener en treinta años unas 60 medallas de oro mientras que en toda la historia olímpica desde París en 1900 hasta Munich en 1972, sólo se habían cosechado tres medallas doradas.

 

Esta política se vio reforzada con la eliminación del deporte profesional que impedía que boxeadores, peloteros y otros deportistas destacados abandonaran el deporte aficionado que es el fundamento de las competencia olímpica. No en balde más de la mitad de las medallas de oro de los cubanos, en las olimpíadas, corresponden al boxeo y al béisbol. Quizás sea bueno recordar cuando allá por el año 1962, en la oportunidad de inaugurar la primera serie nacional de béisbol aficionado el Dictador declaraba con orgullo “ hoy comienza la era del béisbol libre , que sepultará al béisbol esclavo”, refiriéndose al béisbol profesional.

 

Sin embargo esta circunstancia no desmerita el desempeño individual en campo y pista, donde en los últimos años ha habido luminarias de la categoría de Juantorena, Sotomayor, Pedroso y Niurka Nontalvo, como tampoco los éxitos alcanzados en otras disciplinas como el judo, lucha o el volibol por deportistas y equipos.

 

Con el descalabro de la Unión Soviética y la suspensión de los subsidios a Cuba, el gobierno enfrentó la dura realidad de tener que reducir la capacidad de las escuelas de deportes para la alta competencia y en consecuencia tener actuaciones cada vez más modestas en las Olimpíadas. Al mismo tiempo Cuba ha comenzado a exportar el excedente de entrenadores deportivos a otros países con la intención de generar divisas para su maltrecha economía. Tal es el caso de los miles de entrenadores deportivos enviados a Venezuela y a otros países en los últimos años.

 

Otro problema tiene que ver con el número cada vez mayor de deserciones de brillantes peloteros en los últimos años. Desde 1991 cuando el pitcher estrella René Arocha abandonó el país y comenzó a jugar en las Grandes Ligas, cerca de 220 jugadores de béisbol han seguido el mismo camino, lo cual ha convertido el béisbol en la isla en un entretenimiento de baja calidad. Sólo en el año de 2003 decenas de destacados jugadores abandonaron el país, unos en destartaladas lanchas otros aprovechando giras por el extranjero como es el caso, del as del montículo José Ariel Contreras, hoy jugando para el equipo de los Yanquis de New York. Algunos como Kendry Morales, Bárbaro Cañizares y José Ibar no corrieron igual suerte, pues los servicios de inteligencia detectaron que pensaban abandonar el país y fueron apresados antes del intento.

 

Lo más grave para las autoridades cubanas es que han tenido que separar y expulsar a destacados jugadores de los equipos nacionales lo cual habla de peloteros descontentos y deseosos de emigrar hacia Estados Unidos donde se juega mejor béisbol y se pagan salarios mucho más altos. Este último aspecto contrasta con el salario mediocre que se gana en Cuba y con el nivel de vida miserable al cual los peloteros están sometidos.

 

 

La Ofensiva Económica

 

Para el año de 1968 el gobierno decidió aplicar una ofensiva revolucionaria para eliminar definitivamente cualquier vestigio de actividad o iniciativa privada dentro de la economía. Pequeños negocios tales como fruterías, abastos, bodegas, heladerías, quincallas, zapaterías, cafés, restaurantes, dulcerías, sastrerías, barberías, peluquerías, talleres de mecánica, latonería y pintura, son confiscados y sus dueños pasan a ser empleados del estado, el único y gran propietario en la Cuba comunista.

 

Para el año de 1970, después del fracaso de la producción azucarera motivada en parte por la reducción de la superficie de cultivo, dedicada al cultivo de arroz, frutales y otros renglones y en parte por la escasez de cortadores de caña, el gobierno decide aumentar significativamente  la producción azucarera con la finalidad de pagar, mediante trueque, el suministro de la Unión Soviética en combustible, alimentos, maquinaria e insumos básicos para la economía. Se lanza el programa de la Zafra de los Diez Millones, bajo el criterio de la tradicional ventaja comparativa de Cuba en la producción y exportación de azúcar. El plan fracasa y con ella el derroche de recursos financieros y humanos así como el desastre ambiental como resultado de la tala indiscriminada de bosques para la siembra de caña.

 

En abril del año 2002, cuando el gobierno anunció el proceso de “restructuración” o de redimensionamiento de la industria azucarera, se decretó el fin de hábitos de vida en el campo cubano que habían perdurado por siglos desde la colonia, nos referimos a los seis meses de actividad febril por razones de la zafra azucarera.

 

La “restructuración” llevada a cabo por planificadores y burócratas, incluía la desactivación de 71 centrales azucareros, desmantelados la mayoría, para obtener repuestos, los otros restantes, convertidos en museos. De los 85 que quedaron, 71 se dedicarían a la producción de azúcar crudo y los 14 restantes producirían mieles para unos supuestos planes de alimentación animal.

 

En el aspecto agrícola el “redimensionamiento” contaba con planes estatales para utilizar 700.000 hectáreas de los mejores suelos para alcanzar rendimientos de 54 tons / ha en zafras de cien días. Otras 127.000 hectáreas para la producción cañera de mieles. En resumen el gobierno dueño y señor de esa gran finca que es Cuba pensaba satisfacer la demanda doméstica e internacional. Esto no ha sido posible y se conoce de conversaciones de funcionarios gubernamentales cubanos con productores norteamericanos para adquirir azúcar refinado de los EEUU.

 

Pero el mayor atentado de este plan fantástico ha sido dejar en la calle, de la noche a la mañana, a más de 100.000 trabajadores así como sacar de la producción 1.378.000 hectáreas de tierras cultivadas. El gobierno pretende pagar, a los nuevos desempleados sus salarios caídos y darles, de manera casi mágica, entrenamiento para nuevas faenas. Ese desprecio por las personas, en este caso, trabajadores humildes del campo pero ampliado a otros sectores sociales,  es uno de los rasgos peculiares del estado totalitario, dueño de personas y bienes.

 

La economía cubana es hoy un desastre total, continúa siendo productora de bienes primarios, pero en volúmenes muy disminuidos. Analistas independientes colocaban el desempleo en un 27%, para el año de 1996. La industria azucarera escasamente llega en la actualidad a 2.4 millones de toneladas de cerca de 6.0 millones en el pasado. La industria minera del níquel sostenida a duras penas por el capital extranjero, aporta muy poco al producto interno bruto. La industria tabacalera se ha reducido a un  tercio y escasamente puede competir con los productores de República Dominicana y de Honduras que utilizan semilla traída desde Cuba. El turismo, una importante fuente de divisas ha sufrido los embates del terrorismo internacional y hoy es bastante menos floreciente. Al país sólo le quedan las jugosas remesas de los emigrados en un monto superior a los mil millones de dólares y la generosa ayuda del gobierno de Venezuela que aporta una buena parte del gasto público.

 

 

El Epílogo

 

El relato de lo que ha acontecido y acontece en la Isla de Cuba, bajo el régimen totalitario, ha provocado tal desesperanza en el pueblo cubano, especialmente entre la juventud, que como ha señalado la Iglesia Católica, la única opción válida es la salida del país. Esta falta de ilusión se acompaña por un comportamiento ajeno a los valores éticos existentes en cualquier sociedad normal. La simulación y la mentira, el robo y la prostitución proliferan en la sociedad cubana en parte a consecuencia de las dificultades económicas, pero también debido a la falta de principios y de valores éticos entre las nuevas generaciones. El hombre nuevo, ese “gran mito” de la revolución, ha terminado siendo un autómata, sin principios ni pensamiento propio, que sigue sin cuestionar, la voz del amo, Fidel Castro y los dueños de su vida, el Estado y el Partido.

 

 

Deseamos cerrar este testimonio haciendo un reconocimiento a la brillante exposición del escritor cubano exilado en Madrid, Carlos Alberto Montaner, en el cierre del Congreso Internacional de Cultura Cubana celebrado del 29 al 31 de enero próximo pasado en la capital española.

 

“Los revolucionarios no venían a erigir instituciones. Los revolucionarios no crean instituciones. No venían a crear los cauces para que las personas libremente construyeran sus vidas: eran, como todos los revolucionarios de la historia, los dueños de verdades absolutas. Estaban llenos de certezas, y, en algunos casos, de buenas intenciones, pero incluso los que tenían vocación democrática no entendían que la democracia no es más que un método para tomar decisiones colectivas, y no el fin último de la república, que es la salvaguarda de los derechos individuales con su delicado equilibrio de poderes y contrapoderes.”

 

“Nos enfrentamos, como sabemos, a un gobierno metódicamente empeñado en ocultar la realidad, en distorsionar los hechos, en ejercer la censura, en callar a los inconformes. Esa es la misión básica del totalitarismo: arrancarles las palabras a las personas y sustituirlas por un ruido artificial y ajeno. Una vez efectuada esa monstruosa falsificación se obtiene el resultado buscado: la uniformidad, la sociedad coral, afinada y triste, que repite incesantemente las palabras del otro, las palabras del Jefe implacable.”

 

“Esa perversa acción del Estado comunista instalado en Cuba hace casi medio siglo, define nuestra primera tarea: prestarles nuestra voz a los cubanos en la Isla. Transmitirles nuestras vivencias de mujeres y hombres libres, compartir con ellos las lecturas de los libros que no pueden leer, las ideas que les son vedadas y los sueños a los que no los dejan asomarse.”

 

“En la medida en que logremos este objetivo estaremos todos, ellos y nosotros, más cerca de la libertad. Incluso más: cuando llegue, como decía Andrés Eloy Blanco, un poeta venezolano que también conoció la opresión y el exilio, cuando llegue, repito, “el día grande de soltar los prisioneros”, todo será más fácil y rápido si las buenas ideas, claras y resueltas, están en su sitio y la palabra lista para defenderlas.”

 

 

Caracas Febrero de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

 

Juan Clark, Mito y Realidad, Testimonios de Un Pueblo, 2ª Edición, Saeta Ediciones Miami-Caracas, 1992.

 

Testimonio de los Testigos y sus Vivencias: El Presido Político en Cuba Comunista, Icosocv Ediciones Caracas 1982.

 

Hugh Thomas, Cuba, The Pursuit of Freedom, 1ª Edición, Eyre & Spottiswoode, London 1971.

 

Carmelo Mesa-Lago, Buscando un Modelo Económico para América Latina ¿ Mercado, Socialista o Mixto ? Chile, Cuba y Costa Rica,  1ª Edición en Español, FIU y Nueva Sociedad, 2002.

 

 

El Autor

 

Juan Antonio Muller, cubano de nacimiento, naturalizado venezolano desde hace treinta años, estudió arquitectura en la Universidad de La Habana y ha cursado Post Grados en Desarrollo Económico y Comercio Internacional en Georgetown University y Catholic University of America en Washington D.C. EUA.

 

Fue funcionario del Banco Mundial hasta 1974 y posteriormente en Caracas con el Fondo de Inversiones de Venezuela hasta 1979. Se ha desempeñado desde entonces como Asesor de Empresas especializado en la Formulación y Evaluación de Proyectos.

 

Fue apresado el 14 de septiembre de 1960 en su patria natal, y llevado ante el Tribunal Revolucionario del Distrito de La Habana, quien lo juzgó junto a otros estudiantes de la Universidad de La Habana, por delitos contra los Poderes del Estado. En el juicio el Fiscal Fernando Flores Ibarra pidió una sanción de veinte años de privación de libertad para cada uno de los implicados, en fecha 30 de noviembre de 1960.

 

Posteriormente fue condenado a nueve años de reclusión, los cuales una vez cumplidos, el 13 de septiembre de 1969, fue puesto en libertad, según certificación de los Tribunales Revolucionaros de la República de Cuba.  Durante esos nueve años estuvo recluido en la Fortaleza de La Cabaña, en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, en la Cárcel de Boniato en Santiago de Cuba y en la Cárcel de Guanajay en Pinar del Río desde donde recuperó su libertad. Salió de Cuba rumbo a México, en condición de exilado, el 5 de enero de 1970.