La crisis: Violencia, fragmentación y anomia

 

La actual crisis que vive Venezuela puede caracterizarse como un proceso en el que la violencia, la fragmentación y la anomia se conjugan para generar un cuadro socio-económico y cultural de excepcional gravedad. La violencia se toca con la fragmentación y la anomia, y se potencian mutuamente. Entender lo que estas dimensiones de la crisis significan puede ser un primero paso en el camino de una recuperación.

Al reflexionar sobre sobre la crisis trato de evitar simplificaciones ideológicas asumiendo que la complejidad de esta realidad, como toda realidad, nos desborda. La tendencia de las ideologías es a reducir todo a una dimensión determinada, o a tratar de producir una explicación de la realidad en términos de una causalidad definida en forma reduccionista o restrictiva[1].

Las ideologías son como anteojos que quizás permitan ver ciertos aspectos de la realidad mejor, pero desdibujan la totalidad y no facilitan una comprensión cabal, con consecuencias negativas en la vida concreta de las personas[2].

Lo que Venezuela vive tiene características peculiares de su historia y de las dinámicas de ésta, pero en tanto que proceso humano tiene algunos rasgos comunes con fenómenos ocurridos en otros tiempos y lugares, me referiré entonces a algunos escritores y situaciones de otros tiempos y lugares; tomar en cuenta esas experiencias puede ayudarnos a entender las propias que se mueven en este fluir turbulento de la historia venezolana que nos han llevado a un retroceso notable, a estadios de la historia en lo socio-económico, en lo político y en lo cultural que parecían superados; también me referiré a intelectuales venezolanos.

Tres escritos que me han venido a la memoria: el poema “Los Doce” del ruso Aleksandr Blok, la novela “Lobo Estepario” del premio Nobel alemán Herman Hesse, y el ensayo de la filósofa judía alemana Hannah Arendt sobre Rosa Luxemburg[3], ella también judía, pensadora y líder revolucionaria polaca.

Violencia.

La violencia, tanto física como sicológica, es un rasgo prominente de la realidad venezolana actual; enfoco este rasgo en el contexto de la autoproclamada revolución que nos ha traído la agudización y la expansión de una violencia que hace estragos, tanto en el ámbito de los derechos humanos y políticos, como en la economía, la sicología de la población y la sociedad en el sentido más amplio.

Estamos ante una revolución con ansia totalitaria puesta en práctica con una violencia sistemática e incremental que va arrasando todo y la meta supuestamente de justicia y equidad, si es que estuvo sinceramente motivada, se ha ido diluyendo dejando los postulados vacíos de significado real.

Una parte de la intelectualidad venezolana creyó y fomentó este “proceso”, que después pasó a llamarse “revolución”, y con eso dio un salto al vacío apoyando a un militar golpista para que obtuviera por los votos lo que no logró con las armas.

Algunos probablemente no pensaban que era un salto al vacío, otros quizás sí, pero lo consideraban necesario pensando que el fondo del abismo quedaba más cerca y ahora están espantados. Un tercer grupo siempre supo a dónde quería llegar y todavía trata de liquidar lo que queda para asegurar la victoria de un proyecto que es sin embargo cada vez más difuso y contradictorio en su contenido.

Para esta reflexión me inspiró parcialmente el poeta ruso de Alexandr Blok[4] con un poema de él que leí hace tiempo, en el que aborda el proceso de la violencia revolucionaria en los sucesos de 1.917 en Rusia, conocidos como la Revolución Bolshevique, y lo hace en términos del caos producto del quiebre de un orden social corroído, quiebre al que él le da la bienvenida, sin ignorar la tormenta destructora que desata.

Una parte significativa de la intelectualidad rusa le dio la bienvenida a ese proceso “revolucionario”, como sucedió también entre nosotros. Algunos en Rusia consideraban que el colapso y el caos era un camino necesario, aunque otros aspiraban a cambios importantes pero en base a una transformación ordenada[5]. Blok aceptó dar el salto al abismo de la revolución.

La imagen dominante del poema es una tormenta en el que  el carácter central es “los doce”[6], aludiendo a los apóstoles de Cristo. La revolución tenía para él características cuasi religiosas con sentido de misión y de justicia que lo asemejaban al cristianismo, de ahí el título, pero con aspectos de fanatismo violento y destructor, que él reconoce.

En Venezuela, desde mi punto de vista, experimentamos una situación semejante, también con características cuasi religiosas. Más adelante, al abordar la anomia, veremos lo que Hannah Arendt tiene que decir acerca de la negativa de la revolucionaria polaca judía Rosa Luxemburg de asumir el marxismo como una especie de dogma religioso[7].

Entre nosotros el aspecto religioso ha sido más complejo, porque además del fanatismo de una ideología como el marxismo en su versión cubana, se ha introducido el culto cuasi idolátrico de la personalidad, al estilo de Stalin o Mao,  y se ha añadido el sentido de lo mágico religioso, incluso satánico, como instrumento de dominación, apuntando al quiebre de los valores religiosos propios del cristianismo católico: la libertad y la solidaridad, y los derechos humanos en general.

Con Blok se puede subrayar la mentalidad que se desarrolla de cara a un cambio caótico que no es sólo socio-económico y político sino también, y más radicalmente aun, cultural, y que conlleva violencia sicológica; esa es la radicalidad que resalta el psicoanalista venezolano Javier Guevara con respecto a Venezuela[8]. Se dio en Rusia y se está dando en Venezuela, pero ni allí ni aquí, ni en China ni en Cuba se llegó a un cambio humanizante, se produjo lo contrario.

Se sintió en época de Chávez la necesidad de un cambio radical, y ahora también se siente; el fracaso del intento de golpe de estado del 4 de febrero de 1.992 fue quizás un presagio de lo que vivimos, un fracaso estruendoso que significa la ruina para todo un país.

Pero hay que preguntarse si en esta nueva ocasión de exigencia de cambio sabemos hacia dónde realmente queremos y debemos ir como país, porque hará falta claridad mental y moral para salir del caos. La ausencia de una moral que dé forma y contenido al proceso de reconstrucción terminará en un nuevo fracaso. Este tema de la moral lo aborda Arendt en relación con Luxemburg[9].

Todo este proceso destructor lleva en definitiva a una pregunta acerca de la identidad y acerca de la dinámica socio-cultural. Pero hay que advertir, con Arturo Uslar Pietri, que la identidad no es estática; tenemos que saber quiénes somos pero también permitir el desarrollo de nuestras potencialidades, cosa que él dice no había sucedido en Venezuela[10], y todavía no ha sucedido.

 

Fragmentación.

La crisis cultural, con sus consecuencias socio-políticas, es parte de la realidad venezolana actual, y uno de sus rasgos fundamentales es la instintividad, el quiebre entre razón y emoción. En Venezuela hoy la instintividad reina suprema, la irracionalidad domina el campo, y el marco de valores que puede dar coherencia a la vida nacional se ha ido diluyendo –como en Alemania o Rusia entre las dos guerras mundiales- y hemos entrado en el reino de la voluntad personal de los que tienen en sus manos la fuerza bruta y la ejercen sin escrúpulos, como en los casos de Stalin y Hitler, o Castro.

La fuerza bruta se sostiene en la armazón de la fuerza primigenia de un pueblo que no ha logrado un mínimo equilibrio de los innumerables matices y contradicciones de su historia, es lo que Hesse ve para Alemania, y es lo que Arturo Uslar Pietri delineó en diferentes ensayos[11] con respecto a Venezuela, pero también Rómulo Gallegos en Doña Bárbara[12]. La imposición por la fuerza bruta irracional es una dinámica cultural no superada entre nosotros y que ahora se expresa con renovada fuerza, y cuya cara más visible es el militarismo[13]. Claro está que el fenómeno no es exclusivamente venezolano, como señalé arriba, pero entre nosotros tiene características propias.

La crisis cultural, con sus consecuencias socio-políticas y personales, la aborda Hermann Hesse[14] en su novela “El Lobo Estepario”[15] y nos ayuda a entender mejor procesos tan complejos. Él apunta al sin sentido en una cultura de las apariencias donde todo está cuadrado –sociedad burguesa la llama él- pero en proceso de colapso, y con una ideologización que no permite hacerse cargo de la realidad que se va deslizando hacia una guerra, la Segunda Mundial.

Es verdad que para Hesse el contexto social es sólo un aspecto, aunque significativo, que incide sobre la vivencia personal de quien está profundamente divido en su interior, y en una lucha difícil de soportar entre lo racional y lo instintivo que habita en cada ser humano.

Hesse, a pesar de que a veces esboza una dicotomía como la descrita, hace notar de manera significativa que la situación del ser humano es mucho más compleja que eso. Por esa razón en el “teatro mágico”, al final de la novela, una de las opciones es desarmar y reconstituir los múltiples  aspectos de la personalidad como en un tablero de ajedrez en el que las piezas se ordenan de diferente manera en diferentes juegos y producen así diferentes historias. La imposibilidad de entendernos a nosotros mismos, al no tomar en consideración la fragmentación interior, la diversidad que habita en nosotros, cierra las posibilidades de evolución de la historia personal, con consecuencias en lo social.

En la Venezuela de hoy se hace evidente para mí que el trabajo de recuperación del país no es simplemente el de un retorno a la democracia, al imperio de la ley y el desarrollo de una dinámica socio-económica positiva que mire al bien común, sino más aún una cuestión de identidad y cultura, que en definitiva toca a cada persona[16].

Se requiere una atención a la persona para salir de una fragmentación que abarca la doble moral, el inmediatismo, la actitud del “vivo”[17], todo lo cual es manifestación de una personalidad mal desarrollada, mal formada, mal orientada, incapaz de construir su persona y una cultura sobre base firme. De nuevo, es en el fondo un problema de identidad personal y nacional.

Arturo Uslar Pietri, viéndolo desde el ángulo de lo negativo, con respecto a la identidad histórica, dice lo siguiente:

Los tres siglos de vida colonial en los que literalmente se hace el país y cobra algunos de los rasgos más característicos de su fisionomía física y espiritual se reducen a un puñado de anécdotas de la resistencia de los caciques y de las cuitas de los conquistadores. Es como si toda la existencia colonial no hubiera sido otra cosa que el alba del día de la Independencia; y el siglo y medio posterior de vida nacional, el largo y melancólico crepúsculo vespertino de ese día sobrehumano de gloria. Es casi como si lo único digno de la historia que tenemos hubiera comenzado en 1810 y hubiera concluido para siempre en 1830. Toda la historia de un país reducida a un lapso menor que la vida de una generación[18].

 

Dicho simplemente: hay que reconstruir desde las raíces superando la fragmentación a la vez que la visión reductiva de la historia, y desarrollando las diversas vertientes de las potencialidades que constituyen la nacionalidad, a esto apuntaba Arturo Uslar Pietri[19].  Es un trabajo personal, hay que insistir en ello, en el que se conjuguen positivamente la diversidad interior de cada uno con la diversidad en la sociedad que con su cultura forma el marco del desarrollo personal.

Anomia.

Un elemento esencial en este proceso, como venimos sugiriendo, es la existencia de un marco de valores dentro del cual pueda darse el dinamismo reconstructivo para salir del caos. Rosa Luxemburg[20], al menos como Hannah Arendt la entiende[21], puede ilustrarnos acerca de la vivencia de los valores morales en medio del caos y la violencia que a ella le costaron la vida. ¿Cómo encontrar el camino en medio del caos? ¿Sobre qué base se vive la vida como persona en sociedad?

Arendt apunta a la actitud moral de Luxemburg, que se asentaba en su experiencia de la familia judía a la que pertenecía[22]; esa base moral hacía que su visión del socialismo marxista, fuera muy suya e independiente; según Arendt, Luxemburg nunca hizo del marxismo una religión, para ella era un instrumento de análisis, en su apreciación el más brillante desarrollado hasta ese momento, pero que ella utilizaba con criterio propio. Luxemburg se negaba a renunciar a una auténtica libertad, de ahí su discrepancia con Lenin con respecto a la “dictadura del proletariado”[23].

Arendt enfatiza que la falta de moral hundió la revolución que se propiciaba en Europa oriental, y Luxemburg era muy crítica de esa falta de moral dentro del movimiento revolucionario[24].  Evidentemente en Alemania surge el nacional socialismo, que se consideraba a sí mismo anti-marxista y anti revolucionario, pero que tenía unos rasgos totalitarios que lo convertían en otro tipo de revolución igualmente carente de principios morales y terriblemente destructiva.

Aquí entonces resalta otro elemento que se hace presente en la Venezuela de hoy: un movimiento supuestamente revolucionario y socialista profundamente contaminado por una falta de parámetros morales que vacía la “revolución” de cualquier pretensión liberadora.

En Venezuela estamos en búsqueda de una moral profundamente radicada en la sociedad que nos permita entendernos y desarrollarnos. Una moral que desarraigue definitivamente, como tanto añoraba Arturo Uslar Pietri, la tóxica “viveza criolla”[25]. Si tomamos la referencia a Rosa Luxemburg,  pensamos para  Venezuela los valores que se hacen posibles en la familia y que ella proyecta hacia la sociedad como elemento de diversidad dentro la unidad y posibilidad real de vida[26].

Lo que Arendt tiene que decir acerca de Lessing[27], trasladando su pensamiento al siglo XX, es también interesante en términos de una reacción al deterioro socio-cultural de Alemania entre las dos guerras; ella señala la posición de Lessing como una toma de conciencia personal que decide “huir” en una “emigración interior”[28] como forma de mantener vivos los valores en un “residuo” o un “resto” (ella no usa ninguno de esos dos términos). Esta huida significa no dejarse conquistar por la ideología totalitaria, para  preservar una “semilla” que pueda después florecer. Una buena parte de esto tiene que ver con la lucha por mantener la pureza del lenguaje y la claridad en el pensamiento que conlleva, por eso la “huida” en definitiva es una lucha contra a anomia que es caldo de cultivo de la tiranía.

Con o sin “huida” esa “purificación” del lenguaje es sumamente necesaria, es un elemento fundamental en la lucha contra el totalitarismo[29]; la distorsión del lenguaje como algunos han hecho notar en el contexto venezolano, es rasgo de todos los totalitarismos, con respecto a las consecuencias basta referirse también a la novela 1984 de Aldous Huxley.

Esto supone, entre otras cosas, el rescate del lenguaje de la nacionalidad para darle sus verdaderas y legítimas dimensiones en un marco racional; igualmente con respecto al lenguaje referente al “pueblo”, para liberarlo de las distorsiones demagógicas. La anomia está relacionada con la falsificación del lenguaje que implica no sólo una falsificación moral sino también una alienación de la realidad.

En Venezuela, como señalé, estamos en el reino de la instintividad en la que se ha dado un salto al vacío en busca de un ideal que ni siquiera estaba realmente arraigado moralmente; salto que ni se entendió ni si midió adecuadamente. Esa instintividad no ha sido superada en la crisis, en ella están inmersos incluso muchos de los que denuncian la actual situación y dicen buscar una salida. El caos, la violencia y la inmoralidad son elementos a tomar en cuenta y superar desde el reconocimiento de la inviabilidad de la paz y el progreso en la dinámica que se vive actualmente.

Lo que nos toca es buscar la unidad interior y exterior, personal y social, unidad que reconoce la complejidad. El primer paso es reconocer la realidad, tarea difícil, porque la irracionalidad desatada en la crisis representa un serio obstáculo. La confusión tiende a multiplicarse exponencialmente.

El proceso de reconstrucción no puede ser sólo la presentación de un plan teórico sino la multiplicación de gestos con una mediación que proponga caminos concretos de encuentro que comprometan más allá de un diálogo abstracto o de mera formalidad no del todo sincera[30].

Es necesario ver al ser humano y su fragmentación interior, con todas sus consecuencias sociales, para poder reconstruir. Hace falta tener parámetros que orienten y formen, para que la democracia no convierta los valores y la moral en una especie de ítem de mercado en el cual escojo a mi gusto, porque eso genera conflictos muy difíciles de resolver que terminan destruyendo el marco social y la convivencia.

Excursus sobre la vida monástica en la crisis.

Para ubicarnos en este contexto debo decir que los monjes somos radicales, no revolucionarios, si revolución significa destrucción, y en la historia revolución ha sido casi siempre sinónimo de destrucción, como señala Arendt[31]. El monacato ha tendido más bien a construir lenta y perseverantemente –desde las raíces- creando las bases para una civilización o para su revitalización. Lo ha hecho con el aporte de valores que se encarnan primero en la comunidad monástica, no sin dificultades, y de ahí en ocasiones han pasado a la sociedad aunque no sea más que implícitamente, es lo que sucedió en Europa Occidental en la Edad Media con el monacato que seguía la Regla de San Benito Abad.

En la comunidad monástica entramos en esta compleja red de relaciones al interior de la persona e interpersonales desde la perspectiva del Espíritu que da vida y fuerza, que guía en el desarrollo hacia la plenitud, lo que supone un dinamismo incesante y a menudo dialéctico: Dinamismo de la voluntad de Dios y el libre albedrío, de los deseos y de las voluntades. No todo está en nuestras manos para resolver, especialmente en situaciones tan complejas, pero debemos hacernos verdaderamente disponibles para la reflexión y la acción.

La huida del monje hacia la soledad, hacia un punto para el cual no hay circunferencia, en definitiva tiene el valor de proteger y fomentar, de ubicarse fuera del caos en busca de un sentido válido para la vida humana en camino hacia su plenitud, sin doblez de corazón[32] –como pide San Benito- y con verdad y transparencia en el lenguaje[33] y de forma coherente con la realidad que se reconoce objetiva y serenamente.

  1. Plácido Álvarez, o.c.s.o.

Nuestra Señora de Los Andes, Mérida, Venezuela.

6 de octubre del 2020.

Memoria de San Bruno.

[1] Jorge Luis Borges se asoma a este problema en uno de sus cuentos, dice: Los metafísicos de Tlön… saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos. “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, en Ficciones p. 18. Editorial Oveja Negra, Buenos Aires, 1984.

[2] A esto apunta Borges en el mismo cuento diciendo: la realidad termina cediendo ante la fantasía, dice Cf. P. 29.

[3] Tomado de la antología: Humanity in Dark Times. Harcourt, Brace & World. N.Y. 1968. Pp. 3ss

[4] 1880-1921.

[5] Comunistas contra socialdemócratas. En una hábil manipulación del lenguaje los comunistas se llamaban a sí mismos “mayoría” (bolsheviques) cuando en realidad eran minoría y lograron endilgarle el título de “minoría” (mensheviques) a los socialdemócratas que eran en realidad mayoría.

[6] Es el título del poema: Los Doce.

[7] Rosa Luxemburg, en Humanity in Dark Times. Harcourt, Brace & World. N.Y. 1968. Pp. 38.

[8] Javier Guevara, entrevistado por Hugo Prieto para Prodavinci.

[9] Ver más abajo, p. 8.

[10] En “El rescate del pasado”. Medio milenio de Venezuela, Libros de El Nacional, Caracas, 2008. P. 413.

[11] Un ejemplo: “Tradiciones y legado moral”  en Medio milenio de Venezuela, pp. 519-521.

[12] Doña Bárbara, representante de la barbarie, contra Santos Luzardo (santos luz) representante de la honestidad y la norma civilizada.

[13] Ver “Tradiciones y legado moral”, en Medio milenio de Venezuela, pp. 519-521.

[14] 1.877-1.962

[15] 1.927

[16] Cf. “La angustia criolla”, en Medio milenio de Venezuela, Libros de El Nacional, Caracas, 2008. Pp. 491-493.

[17] Cf. “Tío Tigre y Juan Bobo” Ibíd., p. 323-327. “El mal de la viveza”, p. 329-335.

[18] “El rescate del pasado”, en Medio milenio de Venezuela, p. 421.

[19] “El mestizaje creador”, Ibíd. Pp. 235-240.

[20] 1.871-1.919

[21] Men in Dark Times, p. 33ss.

[22] Ibíd, p. 41.

[23] Arendt dice Men in Dark Times, p. 52: Es sin duda la cuestión republicana, en vez de la nacional, la que la separaba a ella más  decisivamente de los otros. En esto ella estaba completamente sola, aunque de forma menos obvia, con su énfasis en la absoluta necesidad no sólo de libertad individual sino también pública en toda circunstancia.

[24] Men in Dark Times, p. 51: Su compromiso con la revolución fue primordialmente un asunto de moral. .. Ella no vivió lo suficiente para ver lo acertada que había estado y observar el terrible y rápido  deterioro moral de los partidos comunistas. Cf. pp. 52-53. P. 54.

[25] Ver “El mal de la viveza” ”, en Medio milenio de Venezuela, Libros de El Nacional, Caracas, 2008, pp. 329-335. Y “Tío tigre y tío conejo”, Ibíd. pp 323-327.

[26] La Conferencia Episcopal Venezolana ha tratado el tema, así como el Primero Concilio de la Iglesia en Venezuela; ver el documento sobre la familia.

[27] Men in Dark Times, pp. Viii. 3ss., intelectual alemán del siglo XVIII.

[28] Ibíd, p. 22.

[29] Arendt dice hablando de catástrofes políticas y desastres morales y el deterioro que las precedió: No era de modo alguno visible a todos, ni era fácil de percibir, porque hasta el mismo momento en que la catástrofe alcanzó a todo y todos, estaba encubierta no por realidades sino por el altamente eficiente lenguaje y lenguaje ambiguo de casi todos los oficiales representativos quienes, sin interrupción y con las más ingeniosas variaciones, desestimaban con sus explicaciones los hechos desagradables y las preocupaciones justificadas. Ibíd. P. VIII

[30] Esto lo ha señalado la Conferencia Episcopal  Venezolana.

[31] On Revolution. Penguin Press, 1963. Cf., p. 18. 21. 35. 36. 49.

[32] Cf. Regla de San Benito 4, 14.

[33] Ibíd., 4, 28.