El Consenso de Ginebra

JD Mez, Madrid:

El pasado 22 de octubre, los gobiernos de 33 países, representantes de 1.600 millones de personas, firmaron un documento verdaderamente histórico en el que se rechaza que el aborto pueda considerarse un derecho humano. La resolución va dirigida especialmente contra los intentos de la ONU y sus agencias de promover en todo el mundo el aborto como parte de sus programas de salud y de condicionar la ayuda al desarrollo de los países pobres a la aceptación de estas políticas. El Secretario de Servicios Humanos y de Salud de Estados Unidos, Alex Azar, declaró: «Las agencias de la ONU ya no pueden reinterpretar y malinterpretar el lenguaje acordado sin rendir cuentas… Afirmamos que los gobiernos tienen el derecho soberano de hacer sus propias leyes para proteger la vida de inocentes y redactar sus regulaciones sobre el aborto».

 

Es de señalar que muchos de los firmantes poseen leyes permisivas de aborto, no se trata de un frente abolicionista. El asunto es más complejo y revela hasta qué punto los organismos internacionales se han convertido en agentes de intereses ideológicos y económicos sin la aprobación de los estados miembros y al margen de cualquier control democrático.

 

Esto alcanza niveles inaceptables en las cuestiones referidas a la eufemísticamente llamada «salud sexual», que incluye el derecho al aborto como plato fuerte del menú a expensas de las verdaderas necesidades sanitarias de la maternidad. Por ello, Azar, tras afirmar con rotundidad que no existe el derecho internacional al aborto, abundó en la necesidad de poner «la salud de la mujer en primer lugar en cada etapa de la vida».

 

Quizá lo más esperanzador es, como señalara el Secretario de Estado Mike Pompeo, que por primera vez existe una gran coalición internacional en torno al tema de defensa de la vida. Algo, por supuesto, sin la menor repercusión en España gracias a los medios que pretenden ser faro y guía de la opinión pública.

 

JD Mez Madrid

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Olot (Girona)