Escolapios: Mensaje del Papa por el Seminario sobre el Pacto Educativo Global

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Del 12 al 14 de noviembre.

(zenit – 12 nov. 2020).- El Papa Francisco ha enviado un mensaje al prepósito general de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías (Escolapios), el padre Pedro Aguado Cuesta, con motivo de un seminario sobre el Pacto Educativo Global.

Se trata del IX Seminario de Formación de Educadores, promovido por dicha Orden y por la Comisión de Educación de las Uniones de Superiores y Superioras Generales, en curso del 12 al 14 de noviembre a través de la plataforma telemática de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).

En su mensaje, Francisco agradece la invitación a este evento “sobre el desafío de la reconstrucción del pacto educativo global” y saluda a los responsables de los distintos Institutos de Vida Consagrada que participarán y “a todos los que hacen posible ese seminario”.

Vanguardia de la tarea educativa

La Vida Consagrada “ha estado siempre a la vanguardia de la tarea educativa”, destaca el Papa poniendo como ejemplo al fundador de los Escolapios, san José de Calasanz, “que levantó la primera escuela de niños”.

“De esta fuerte raíz, han surgido en todas las épocas de la historia distintos carismas que, por don de Dios, han sabido acomodarse a las necesidades y desafíos de cada tiempo y lugar”. Hoy “la Iglesia los llama a renovar ese propósito desde la propia identidad, y les agradezco que hayan tomado este testigo con tanto empeño y entusiasmo”, se lee en el texto.

Después, el Pontífice recuerda que el Pacto Educativo Global incluye siete compromisos esenciales, que sintetiza “en tres líneas de acción concreta: centrarse, acoger e implicar”.

Centrarse

“Centrarse en lo importante”, describe, “es poner la persona en el centro”. Valorizar la persona, “hace de la educación un medio para que nuestros niños y jóvenes puedan crecer y madurar, adquiriendo las capacidades y los recursos necesarios para construir juntos un futuro de justicia y de paz”.

Por ello, continúa el Obispo de Roma, “es imprescindible que el objetivo no se pierda de vista y se disipe en los medios, en los proyectos y en las estructuras”.

Acogida

Para lograrlo, “es necesaria la acogida” y esta supone “ponerse a la escucha del otro, de los destinatarios de nuestro servicio, los niños y los jóvenes. Implica que los padres, alumnos y autoridades —principales agentes de la educación— presten oído a otro tipo de sonidos, que no son simplemente los de nuestro círculo educativo”.

“Se necesita incentivar a nuestros niños y jóvenes para que aprendan a relacionarse, a trabajar en grupo, a tener una actitud empática que rechace la cultura del descarte”, expone el Sucesor de Pedro. Asimismo, es importante que aprendan “a salvaguardar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, en el respeto de los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular”, agrega.

Implicar

Finalmente, el Papa Francisco, define la última línea de acción, implicar, como “decisiva”: “Implicar e implicarnos supone trabajar por dar a los niños y jóvenes la posibilidad de ver este mundo que les dejamos en herencia con un ojo crítico, capaz de entender los problemas en el ámbito de la economía, la política, el crecimiento y el progreso, y de plantear soluciones que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral”.

A continuación, sigue el mensaje completo del Papa.

***

Mensaje del Santo Padre

Al Reverendísimo

Padre Pedro Aguado Cuesta

Prepósito General de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres

de la Madre de Dios de las Escuelas Pías

Reverendo Padre:

Agradezco su invitación al evento promovido por la Unión de Superiores Generales y la Unión Internacional de Superioras Generales sobre el desafío de la reconstrucción del pacto educativo global que, con motivo de la pandemia, se celebrará online del 12 al 14 de noviembre próximos. Saludo a los responsables de los distintos Institutos de Vida Consagrada que participarán y a todos los que hacen posible ese seminario.

La Vida Consagrada ha estado siempre a la vanguardia de la tarea educativa. Ejemplo de ello es vuestro fundador, san José de Calasanz, que levantó la primera escuela de niños, pero también los religiosos que lo educaron en Estadilla y mucho antes los monasterios medievales que preservaron y difundieron la cultura clásica. De esta fuerte raíz, han surgido en todas las épocas de la historia distintos carismas que, por don de Dios, han sabido acomodarse a las necesidades y desafíos de cada tiempo y lugar. Hoy la Iglesia los llama a renovar ese propósito desde la propia identidad, y les agradezco que hayan tomado este testigo con tanto empeño y entusiasmo.

Como saben, son siete los compromisos esenciales del pacto educativo global que se está promoviendo. Siete compromisos que quiero sintetizar en tres líneas de acción concreta: centrarseacoger e implicar.

Centrarse en lo importante, es poner la persona en el centro, en «su valor, su dignidad, para hacer sobresalir su propia especificidad, su belleza, su singularidad y, al mismo tiempo, su capacidad de relacionarse con los demás y con la realidad que la rodea». Valorizar la persona, hace de la educación un medio para que nuestros niños y jóvenes puedan crecer y madurar, adquiriendo las capacidades y los recursos necesarios para construir juntos un futuro de justicia y de paz. Es imprescindible que el objetivo no se pierda de vista y se disipe en los medios, en los proyectos y en las estructuras. Trabajamos para las personas, son ellas las que forman las sociedades, y estas las que estructuran una única humanidad, llamada por Dios a ser su Pueblo de elección.

Para conseguirlo, es necesaria la acogida. Esta supone ponerse a la escucha del otro, de los destinatarios de nuestro servicio, los niños y los jóvenes. Implica que los padres, alumnos y autoridades —principales agentes de la educación— presten oído a otro tipo de sonidos, que no son simplemente los de nuestro círculo educativo. Eso evitará que se cierren en su propia autorreferencialidad y hará que se abran al grito que brota de todo hombre y de la creación. Se necesita incentivar a nuestros niños y jóvenes para que aprendan a relacionarse, a trabajar en grupo, a tener una actitud empática que rechace la cultura del descarte. Asimismo, es importante que aprendan a salvaguardar nuestra casa común, protegiéndola de la explotación de sus recursos, adoptando estilos de vida más sobrios y buscando el aprovechamiento integral de las energías renovables y respetuosas del entorno humano y natural, en el respeto de los principios de subsidiariedad y solidaridad y de la economía circular.

La última línea de acción es decisiva: implicar. La actitud de escucha, definida en todos estos compromisos, no puede entenderse como un mero oír y olvidarse, sino que tiene que ser una plataforma que permita que todos se comprometan activamente en esta labor educativa, cada uno desde su especificidad y responsabilidad. Implicar e implicarnos supone trabajar por dar a los niños y jóvenes la posibilidad de ver este mundo que les dejamos en herencia con un ojo crítico, capaz de entender los problemas en el ámbito de la economía, la política, el crecimiento y el progreso, y de plantear soluciones que estén verdaderamente al servicio del hombre y de toda la familia humana en la perspectiva de una ecología integral.

Queridos hermanos: Acompaño con mis oraciones los esfuerzos de todos los Institutos representados en este evento, y de todos los consagrados y laicos que trabajan en el ámbito de la educación, pidiendo al Señor que, como siempre ha hecho, también en este momento histórico la Vida Consagrada sea una parte esencial del pacto educativo global. Los encomiendo al Señor, y pido a Dios que los bendiga y que la Virgen Santa los cuide.

Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Fraternalmente,

FRANCISCO

Roma, San Juan de Letrán, 15 de octubre de 2020

© Librería Editora Vaticana