En Caracas podemos visitar al Santo Niño de Belén

Marielena Mestas Pérez:

Así como son una tradición específica y distintiva de la navidad en Venezuela las misas de aguinaldo, existen también prácticas que con los años han prevalecido, unas y otras que lamentablemente han desaparecido por diversas circunstancias.

Cierto es que la carta al Niño Jesús, el arbolito y las hallacas, con sus variaciones correspondientes, son infaltables para los venezolanos.

Otro tanto puede decirse de los pesebres, hoy día algunos menos apegados a las costumbres antiguas y con reinterpretaciones propias de cada hogar. Unos de menores dimensiones, otros más grandes, pero siempre motivo de encuentro y alegría familiar.

En estos tiempos, más allá de que no se encuentren en el país, los venezolanos que se hallan en el exterior también siguen dándole vida, con afecto, añoranza y convicción, a todas estas tradiciones familiares.

Recientemente comentábamos que hasta hace algunas décadas era frecuente destinar una habitación o salón, preferiblemente con ventanas con vista a la calle para ubicar el pesebre de modo tal que los transeúntes pudieran detenerse a admirar las primorosas elaboraciones domésticas, muchas de tamaño considerable. También era recurrente recibir agrupaciones musicales que visitaban al Niño Jesús cantando melodías navideñas, como parrandas y aguinaldos, en honor al recién nacido.

A continuación vamos a referirnos a una bella devoción, hoy día desconocida, esperando que si visitan el templo de San Francisco, ubicado en el centro de Caracas, puedan ubicar y admirar la antigua imagen el Santo Niño de Belén. Pero antes conozcamos su historia y cómo llegó hasta nuestra tierra.

Indica el padre Braulio Velasco, SJ (2001: 43) que en 1677 la Serenísima República de Venecia, Italia, “obtiene de los Padres Custodios de los Santos Lugares la posesión de la imagen del Niño Dios que en las noches de navidad se expone a la veneración de los fieles  en el sitio donde nació nuestro Salvador”.

Entonces, para que fuera reemplazada la imagen original, el Consejo de Venecia solicitó hacer una talla idéntica para que se quedara en Jerusalén.

Para tal fin encargaron a cuatro reconocidos escultores, eligiendo una que calificaron de exacta y que, por tanto, llegó a Belén. En 1677 ya era venerada esta pieza en Belén, presidiendo las fiestas navideñas hasta 1697.

Curiosamente, hoy la bella talla se encuentra en el templo de san Francisco gracias a Mariana de Austria, Reina de España, y a fray Luis de Aranguren, franciscano.

Refieren versiones antiguas que la soberana quería la imagen del Santo Niño de Belén y, por tanto, envía a fray Luis con otra para que sustituya a la honrada en Tierra Santa. El fraile cumple con el encargo, pero la reina fallece antes de su regreso a España. Al llegar de Jerusalén con la talla y no sabiendo qué destino darle a la imagen, resultó que fue  designado Comisario de Indias en 1707. Entonces, es él quien trae consigo la bella imagen a Caracas y es él quien la “deposita en el Convento Franciscano de la Inmaculada Concepción de Caracas”, precisa Velasco.

El padre Braulio toma una cita  del 24 de enero de 1708 según se asienta en el llamado Libro “Becerro”, que contiene el primer inventario de dicho convento. “ … y un Niño Jesús que dejó el P. Fray Luis de Aranguren, que es el que trajo de Jerusalén… su valor no se pone aquí por ser de tanta estimación la alhaja, que no se le halla precio… y todos quedaron inmensamente admirados y  devotos, al ver la maravillosa perfección del Santo Niño. Sin el menor recelo o engaño debemos creer que Fray Luis de Aranguren trajo el Santo Niño de los lugares santos de Jerusalén… Papeles solicitados por el Padre lo acreditan”.

Afirma Velasco que en el siglo XVIII la imagen recorría en procesión el interior del templo la noche de Navidad. También cuenta que durante el octavario presidía el templo desde el presbiterio.

Pasadas las fiestas se colocaba en una urna de vidrio, siendo expuesto hasta el inicio de la Cuaresma junto al retablo de la Virgen de la Soledad. Entonces, era reservado, cubriéndose con una cortina hasta el próximo 24 de diciembre hasta que “Avanzado el año 1764 el Santo Niño de Belén obtiene el trono que merece: el actual retablo del Santo Niño de Belén que preside toda la nave derecha. Es obra del insigne maestro Domingo Gutiérrez”. Alllí puede admirarse todo el año, menos en la octava de Navidad, que permanece en el centro del presbiterio, en la nave central.

Ojalá cuando estos tiempos aciagos de pandemia culminen muchas personas devotas del Niño Jesús se acerquen al templo de san Francisco a visitarlo. Mientras, compartimos este hermoso rosario.

Rosarito al Niño Jesús

(Dado a conocer por el padre Braulio, quien afirma que era muy popular en tiempos de la Colonia)

Está estructurado en cuatro partes. Cada una comienza con esta invocación:

Niño bendito, triunfante y glorioso

como Dios Todopoderoso

haz que mis penas se vuelvan gozo

Pues eres un Dios misericordioso.

A continuación repetimos diez veces  cada una de las cuatro invocaciones siguientes intercaladas con diez Ave Marías.

1.- Bendita  sea ¡Oh María! La hora en que fuiste escogida para ser madre de Dios.

2.-  Bendita sea ¡Oh María! La hora en que nació el Niño Jesús.

3.- Bendito sea ¡Oh María! Aquel primer abrazo que diste al Niño Jesús, hijo de Dios.

4.- Bendito sea ¡oh María! Aquel primer alimento que diste al Niño Jesús hijo de Dios.