Pronunciamiento ex-rectores de ULA

MENSAJE AL CLAUSTRO UNIVERSITARIO DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES Y A LOS
MERIDEÑOS EN ESTA HORA CRÍTICA DEL PAIS Y DE LA UNIVERSIDAD.

Quienes suscribimos, ex–Rectores de la Universidad de Los Andes, hondamente
preocupados por la prolongada situación calamitosa que atraviesa nuestra institución
y lealmente interesados en contribuir con la búsqueda de salidas institucionales que
permitan superar los cuellos de botella que estrangulan la marcha de la Academia aún
en medio del ambiente hostil que se vive en el país, hemos decidido comunicar
públicamente la apreciación que nos merece esta primera aproximación al problema
actual.

No escapa a nuestro examen que la crisis de la Universidad representa una realidad
compleja que tiene raíces profundas. Por el tiempo transcurrido desde que
comenzaron sus primeras manifestaciones, por la resiliencia del diseño estructural
tradicionalista de la institución, por el crecimiento no planificado de las funciones que
cumple en la práctica, por la extensión geográfica de sus actividades, por la ausencia
de acuerdos racionales equilibrados entre las obligaciones del Estado con la
Universidad y de ésta con la sociedad, y por los defectos y errores de las actuaciones
de quienes hemos sido encargados de su dirección. El más elemental sentido de
responsabilidad pauta que a estos problemas no se les puede –ni se les debe- sacar el
cuerpo, pero su abordaje implica un esfuerzo que requiere una preparación intelectual
y organizativa de cierta complejidad. Reconozcamos de una vez, sin embargo, que los
universitarios hemos incurrido en la omisión de asumir integralmente el mandato que
subyace en el texto de la norma suprema que elevó al rango constitucional la
consagración del principio de autonomía universitaria, y que el examen de los grandes
problemas, a pesar de las dificultades, debe comenzar cuanto antes.

No obstante lo dicho, en esta ocasión queremos referirnos a la identificación de
algunos de los signos más relevantes del cuadro de postración que afecta a la
Universidad en esta coyuntura, y que pasamos a resumir en la siguiente relación
meramente enunciativa:

 La pandemia del coronavirus que afecta al país y al mundo se ha cebado también
con la Universidad provocando prácticamente su cierre total a lo largo del año 2020.
Todos sabemos del control político que el gobierno nacional ha impuesto sobre el
manejo informativo de la crisis sanitaria pero, por mandato del artículo segundo de
la Ley especial que las rige, “las Universidades son Instituciones al servicio de la
Nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante
su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”.
Estimamos que la Universidad ha desatendido este mandato.

La Universidad ha sido sometida por el gobierno de la República, sin pausa y desde
hace ya una buena cantidad de años, a un acoso financiero que ha asfixiado su
funcionamiento global. La base de ese acoso se encuentra en la pérdida de rumbo
de la economía del país pero el proceso de hiperinflación padecida por la nación a lo
largo de los últimos cuatro años al igual que a todos los venezolanos, ha pulverizado
el ingreso de los universitarios, causando su radical empobrecimiento y provocado la
descapitalización humana acelerada de la Institución que ha visto emigrar a
docentes, estudiantes y trabajadores.

Los desacuerdos internos de los sectores de opinión universitarios y las
contradicciones públicas de los más altos órganos de dirección de la Universidad han
determinado la actual fragilidad de las bases de apoyo de los mandatos de los
organismos y de las personas que ejercen el gobierno institucional. La máxima
autoridad de la Universidad que es el Consejo Universitario está integrado,
mayoritariamente, por académicos que tienen el mandato vencido o por encargados
que suplen a los titulares que se han jubilado o han renunciado. En estas
condiciones no debe extrañar que la fatiga, la pérdida del interés, la rutinización de
las funciones y el desapego terminan por erosionar el cumplimiento de obligaciones
legales. Un caso patético es el excesivo retraso convertido en incertidumbre sobre la
factibilidad de la expedición de certificaciones requeridas para buscar trabajo o
seguir estudios fuera de la Universidad y del país, papeles en tramitación que se
extravían o se pierden y la tentación que tales hechos configuran para el tráfico de
influencias y las corruptelas.

La Universidad no ha podido ni sabido ofrecer alternativas a la suspensión de las
clases presenciales por causa de la pandemia del coronavirus, con grave perjuicio
para los estudiantes de pre y postgrado. La situación límite la ha constituido la no
realización de las pasantías clínicas de los estudiantes de medicina en el 2020, hecho
sin precedentes en la vida universitaria.

El asedio de la pandemia del coronavirus y de las privaciones económicas, junto con
el descuido de todos quienes en mayor o menor grado deben responder por la
preservación del patrimonio universitario, han permitido el deterioro de los diversos
campus de la Institución, en Mérida y fuera de ella, el de los equipos, edificaciones,
instalaciones y jardines, lo cual convierte a la Universidad en espacio expuesto al
expolio de quienes encuentran en el abandono el estímulo para el despojo y la
destrucción de bienes que, en última instancia, pertenecen a todos los merideños.

Acometer la tarea de salir del abismo en que hemos caído en el país y en la
Universidad no es asunto sencillo ni de unos pocos. Hay que pasar de los diagnósticos a
las propuestas concretas, no buscando culpables sino soluciones factibles de corto,
mediano y largo plazo, consultar, estar dispuesto a oír pero, sobre todo hay que dar
un primer paso que dé comienzo de nuevo a la marcha, tan pronto como nos
acordemos en los objetivos a perseguir, entre los cuales ocupa lugar importante la
definición del modelo de Universidad que debe funcionar para sustituir el actual,
siempre sobre la base legal que nos ofrece la Constitución, asumiendo paralelamente y
de inmediato tareas para resolver en el corto plazo problemas evidentes y lograr la
incorporación de los ulandinos, los merideños y de todos los que en algún momento
han hecho vida en la Universidad para lograr que la institución salga airosa de este
nuevo reto. Ahora bien, el primer paso debe ser dado por quienes tienen las mayores
responsabilidades.

Mérida, 12 de enero de 2021.

José Mendoza Angulo

Néstor López Rodríguez

Genry Vargas Contreras

Léster Rodríguez Herrera