Cuidado, familia y libertad

Beatríz Briceño Picón:

A la memoria de Vicente Alejo Ribera

Con tres palabras se pueden escribir tres mil historias diferentes, se  hacen versos y cuentos o se arman retazos de alegría y dolor. Pero tambien es posible tejer sueños en un mundo fragmentado y desintegrado como el que nos ha tocado vivir.

El Papa Francisco nos invitó, el pasado 1 de enero, a dar cuerpo y desarrollar una cultura del cuidado, dentro de esta sociedad de servicios donde el individualismo y la falta de orientación ha consumido la  grandeza del corazón de millones de familias. Cuidar es servir pero no han ido de la mano. Por eso se impone el rescate humano del servicio poniendo  la meta en cuidar con amor, con respeto, con grandeza, porque se valoran las personas más que las cosas y porque la solidaridad  y la justicia van más allá de la remuneración o el lucro.

Quise dedicar a la memoria de Vicente Alejo Ribera estas tres palabras porque me propongo, entre otras cosas, rescatar a este hombre que no fue de carne y hueso sino el sueño de profesional y ciudadano para nuestro país, que tuvo Mario Briceño Iragorry al final de su vida. Vicente Alejo es el tercer Ribera de la zaga familiar de su retablo novelado sobre Venezuela. Pienso que como buen médico y excelente persona puede caminar este año del brazo de José Gregorio  Hernández por los caminos de nuestra dolorida patria.

Cuando Alfonso Ribera, en su lecho de muerte, recibe a su hijo alejado del hogar, le entrega un legado para una fundación que proteja a los hijos sin padre.  Vicente Alejo acepta el gesto porque conoce sus debilidades y ve más allá del dinero un acto de   reparación y grandeza. Soledad, la madre le explicó que su padre quería que él presidiera esa empresa generosa. Y Vicente Alejo hizo una lista de nombres connotados, encabezada por Rafael Vegas, Ministro de Educación y gran autoridad en paidología y otros educadores y políticos de ese nivel para que le acompañaran. Pero Soledad le respondió: Pero eso es un saco de gatos, Vicente!!

Sí eso es lo que siempre ha necesitado Venezuela: un saco de gatos, de mujeres y hombres reunidos en torno a obras de justicia y alcance social. Hombres y mujeres que se junten no por ideales de poder o de lucro sino por razones de cuidado y servicio. Gente que se reúna en torno a una mesa, no para hartarse o hacer de sibaritas sino para hablar que es la manera de entenderse la gente y superar las diferencias.

Si queremos gozar del don maravilloso de la libertad no hay otro camino que el diálogo y la reconstrucción social, empezando por la familia y por cada persona como ser dotado de libertad, capacidad de hacer amigos y  un futuro de esperanzas.

Hemos de pedir al 2021 que nos despierte de los males  que nos ha dejado la politiquería y un pobre virus y nos dispongamos a romper el egoísmo y la indiferencia que nos hicieron descabalgar del proyecto  que Dios tiene para nosotros, sus hijos. Y termino como MBI concluyó su única obra novelada : En el principio fue el Verbo. Los pueblos que hablan coronan su camino…

 

Beatriz Briceño Picón

Periodista UCV-CNP

Fundación Mario Briceño Iragorry