Hagan esto en memoria mía

Michael Pakaluk, erudito en el estudio de Aristóteles y Ordinario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino:

“Esto es mi cuerpo, el cuerpo entregado en nombre de ustedes. Hagan todos esto, en mi memoria». (Lc 22:19) Así, una traducción bastante rígida y literal, que conserva el orden de las palabras y las rarezas del idioma original, connotando claramente algo extraño y misterioso. ¿Qué significa?

 

Cuando era protestante, escuchaba que la Eucaristía es únicamente un memorial; no diferente del Lavatorio de los Pies o del Vía Crucis, porque Jesús así lo dijo: era «para un recuerdo».

 

Por supuesto, eso no tiene sentido. Un recuerdo no necesita ser únicamente un recuerdo; y la propia cosa recordada, o algo cercano a ella, puede ser el medio para recordar. Por ejemplo, tiene mucho sentido que una pareja casada considere su unión íntima como un recuerdo de su boda, su acto original de unión, pero ¿es acaso necesario decir que un acto que puede procrear un hijo es difícilmente un «mero» recuerdo?

 

Me he preguntado sobre el origen de este moderno argumento protestante, basado en las palabras «hagan esto en recuerdo  mío». Los Padres y los escolásticos parecen no haberse preocupado por ello. Aparentemente, no vieron la amenaza de un argumento falso aquí. Creo que hay dos razones para ello.

 

La primera es que estaban muy en sintonía con la forma en que los pronombres que señalan, como “esto” y “mi”, estaban siendo utilizados en la Última Cena.

 

Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino plantea un problema interesante, que es el siguiente: la palabra de Dios puede efectuar lo que ella significa. Por lo tanto, concedemos que la declaración de Jesús «Este es mi cuerpo», al ser pronunciada, puede hacer que el pan se convierta en su cuerpo. Sin embargo, cuando Jesús comienza a decir esa declaración, la palabra «esto» se refiere al pan, que aún no se ha convertido en su cuerpo. Por lo tanto, “Este es mi cuerpo” significaría “Este pan es mi cuerpo”, lo cual es una declaración falsa.

 

Santo Tomás de Aquino resuelve el problema enfatizando que Jesús no dijo, después de todo, «Este pan», sino simplemente «Este»; que en el contexto debe significar, «Aquello que subyace y está escondido aquí por las apariencias que ves y tocas.» Al comienzo de la declaración, «Este es mi cuerpo», sostiene él, nada más se recoge y a nada más se hace referencia; y, al final, aquello que subyace y está oculto es, de hecho, su cuerpo. De modo que el enunciado nunca es falso y se vuelve verdadero, precisamente, en efectuando lo que este significaba.

 

Ustedes pueden ver que Padres y Doctores que pensaron profundamente de esta manera, cuando luego vinieron a «Esto deben hacerlo, todos, para recordarme». Ellos entienden «Esto», como señalando exactamente lo que se acababa de hacer. Y, si lo que se acababa de hacer había convertido el pan en el cuerpo del Señor, entonces, obviamente, «esto», que hacemos hoy, también lo hace.

 

La segunda razón es que, sintonizados como estaban con la importancia de «esto», habrían visto instantáneamente la importancia similar de «mi».

 

En este punto debemos dar un paso atrás y entender que la palabra griega traducida como “recuerdo” (anamnēsis) significa, estrictamente, ser impulsado a percibir de nuevo a alguien o algo que usted había percibido antes, a través de alguna semejanza o alguna asociación. Es importante destacar que aquello que usted es inducido a  percibir nuevamente puede existir en el presente; es sólo su propio conocimiento previo lo que está en el pasado.

 

Un ejemplo que tomo de Platón (Fedón, 74) aclara esto. Supongamos que Simmias y Cebes son amigos tan cercanos que nunca se les ve separados. Usted está familiarizado con ambos. Usted llega un día a su casa y ve a Cebes en ella. Inmediatamente, usted piensa o “percibe” que Simmias también está en la casa de usted. Y cuando él entra desde otra habitación, es verdadero decir que Cebes, a través de su presencia, le llevó a usted a percibir a Simmias, allí también.

 

Usted puede darse cuenta de lo engañoso que resulta llamar a tal proceso una «remembranza». Y aún así, probablemente sea la mejor palabra en inglés para referirse a ello, o «recuerdo». Estrictamente, está siendo impulsado por una semejanza o asociación a percibir una vez más a alguien o a algo conocido por usted. (El latín, commemoratio, está más cerca del griego, que los equivalentes del inglés).

 

Usted puede ver, entonces, que los Padres que entendían el griego de ninguna manera se sentirían tentados a creer que, porque el acto era para una anamnesis, Jesús no estaba realmente presente en el acto. El lenguaje «mí», de Nuestro Señor, sugería más bien lo contrario. Él no dijo «hagan esto para recordar mi vida», o «mi sacrificio», o «mis enseñanzas, sobre las que leerán más adelante en los evangelios». Él estaba allí, presidiendo “eso”, respecto de lo cual les ordenó a todos repetirlo regularmente; y “mi” sugeriría que a través de “eso” lo volverían a percibir.

 

Si esta verdad no es lo que tan hábilmente enseña la aparición de Nuestro Señor después de la Resurrección en el camino a Emaús, entonces no sé qué pueda serlo. Seguramente no es una coincidencia que este episodio se encuentre en el único evangelio, el de Lucas, que incluye el lenguaje sobre la remembranza.

 

Algunos hombres que habían percibido al Señor anteriormente en Jerusalén están caminando por el sendero. Nuestro Señor aparece, pero «los ojos» de los hombres, dice Lucas, no lo reconocen. (24:16) Es decir, solo la apariencia es diferente, no lo que subyace.

 

Si él no les hubiera impedido reconocerlo, entonces simplemente lo habrían visto directamente; es decir, no habría habido lugar para que entrara en juego la anamnēsis, «remembranza». Tal como sucedió, ya encontrándolo disimulado, sus «corazones arden dentro de ellos». ¡Ellos lo perciben! Aunque todavía no lo entienden.

 

Pero entonces “mientras estaba con ellos a la mesa, tomó pan, pronunció la bendición, lo partió y se los dio” —casi el mismo lenguaje que Lucas había usado para la Última Cena. Con eso, ellos perciben una vez más. . . no un recuerdo del pasado distante, sino a Él, realmente presente con ellos.

Michael Pakaluk

Tomado/traducido por Jorge pardo Febres-Cordero, de: https://www.thecatholicthing.org/2021/03/30/do-this-in-remembrance-of-me/?utm_source=The+Catholic+Thing+Daily&utm_campaign=4e9055c8ed-EMAIL_CAMPAIGN_2018_12_07_01_02_COPY_45&utm_medium=email&utm_term=0_769a14e16a-4e9055c8ed-244037001

Martes, 30 de marzo de 2021

Sobre el Autor:

Michael Pakaluk, erudito en el estudio de Aristóteles y Ordinario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino, es profesor en la Busch School of Business de la Catholic University of America. Vive en Hyattsville, MD con su esposa Catherine, también profesora en Busch School, y sus ocho hijos. Su aclamado libro sobre el Evangelio de Marcos es Las memorias de San Pedro. Su próximo libro, Mary’s Voice in the Gospel of John: A New Translation with Commentary, que se publicará en febrero de 2021 en Regnery, ya está disponible.