La alegría ya viene

P. Raúl Arderí, SJ:

Hay una película chilena del 2012 que me ayuda a darle sentido a esta difícil Cuaresma del 2021. Su título es un monosílabo, No, y narra la campaña publicitaria que derrotó la dictadura de Augusto Pinochet en 1988. El tema musical de esta campaña tenía un estribillo contagioso: “Chile, ¡la alegría ya viene!”. Aparentemente no hay ningún referente religioso en esta frase, sino la creatividad de un pueblo que pudo vencer el miedo porque creyó que el futuro podía ser distinto y mejor. Sin embargo, la expresión: “¡la alegría ya viene!”, me ayuda a vivir desde la fe esta Cuaresma en medio de una grave crisis sanitaria a nivel mundial y una profunda crisis económica y social en nuestro país.

La Cuaresma es, sobre todo, camino de preparación a la Pascua, a la fiesta de la vida, a la victoria de Dios sobre el pecado y la muerte en este mundo. La Pascua es el sí definitivo de Dios a su Hijo Jesús, clavado en la cruz por vivir como lo hizo, por no echarse para atrás y por no renunciar al amor sin fronteras ofrecido, incluso, a quienes lo crucificaban.

La cruz no es una casualidad en la vida de Jesús; es, por un lado, la consecuencia de su ministerio, de sus gestos y sus palabras, y por otro lado, el resultado del pecado de la humanidad. Dios, resucitando a su Hijo, nos mostró que está a favor de la vida y no de la muerte, de la justicia y la reconciliación y no de la venganza, del perdón y no del odio.

Para mí, el mal hoy tiene muchas caras: las colas sin fin donde no se sabe si al final se podrá alcanzar un poco de comida o productos de primera necesidad, la inseguridad por la propia salud y la de los que yo quiero, la escasez de medicamentos, los actos de repudio y el linchamiento mediático, la falta de contacto con mis amigos o la comunidad cristiana como medida de protección contra el virus… Vivir la Cuaresma significa entonces confiar que ninguna de estas dificultades tendrá la última palabra y hacer lo poco que a mí me toca junto a mujeres y hombres de buena voluntad para que este deseo sea realidad. Vivir la Cuaresma significa cantar y esperar contra toda esperanza: Cuba, ¡la alegría ya viene!